Reflexiones

Published on septiembre 14th, 2015 | by ruben

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La familia mochilera

Reconócelo, nunca imaginaste que tendrías una familia mochilera

¿Sabes el momento en el que te conviertes en mochilero y te haces un blog para contar esa vuelta al mundo que tanto deseabas hacer y cuando vuelves te quieres ir de nuevo y entonces un día tu madre, su novio y tu hermano te dicen que se quieren ir contigo durante dos semanas para ser mochileros también?… ¿Sí?… Pues exactamente eso es lo que pasó poco antes de iniciar el #massalaHDtrip.

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Madre: Estaba yo pensando que a ver si en verano, cuando estéis viajando… nos unimos en India un par de semanas para viajar como vosotros.

En primer lugar, ole, ole y ole. Hay que ver lo que es capaz de hacer una madre por ver a un hijo. Si Mahoma no va a la montaña…

Inciso: resulta que hay madres que nunca never ever se han movido con mochila por el mundo. No han dormido en un dorm, ni han viajado 14 horas en buses locales de esos en los que cualquier cosa es posible, ni se han metido en “uno de esos baños”. Esto, no es grave. No solo es algo que se aprende y a lo que uno se adapta rápido, sino que además, al hacerlo es cuando esta forma de viajar engancha tanto. “El problema” es que hay madres en el mundo a las que no les gustan las muchedumbres, las incomodidades extremas y la suciedad. Es decir… India. Y este, es el caso.

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Por eso, una vez que sueltas encima de la mesa “lo incómodo” que puede llegar a resultar India, propones quedar en Tailandia. Un país fácil para viajar. Cómodo, con buena comida y muy variado sin necesidad de tener que recorrer grandes distancias. En definitiva: quieres que la primera experiencia mochilera y asiática de tu familia no sea muy dura para… “que guste”. Está claro que hacer una primera inmersión muy muy extrema en esta forma de viajar (si no es algo que realmente apetece), puede resultar muy negativa y eso no es lo que tú quieres, la verdad.

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¡Vamos allá!

Por eso, después de siete intensas semanas por India, interrumpes el #massalaHDtrip para darte un descanso y debutar como guía durante 19 días por tierras tailandesas. Por delante está el deseo de que esta forma de viajar guste, la curiosidad de ver cómo tu familia se adapta a ciertas situaciones y las ganas de volver a recuperar la capacidad de sorpresa a través de otros ojos que se enfrentan por primera vez a según qué “momentos”.

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Y es que, cuando has pasado por un par de sitios, hay cosas que ya no te llaman tanto la atención: ver de nuevo a una familia de cinco personas sobre un scooter, el enésimo poste eléctrico con su inseparable e imposible número de cables infinitos, esa forma de conducir en la que se adelanta en el momento más inoportuno e inseguro, los abundantes baños públicos que no se pueden rozar con un brazo por si te desintegras, etc. Querías volver a disfrutar de esa sensación en la que todo es nuevo. Donde nada tiene sentido. Donde todo es sorprendente… El primer puesto de comida callejera. La primera camioneta en la que una vez llena, caben 30 personas más. Ese rollo de papel higiénico en lugar de servilletas. El respeto a los mayores. El primer templo. La primera cascada. El primer tuk-tuk…

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Para ser sinceros, al final te puede la presión y preparas más el viaje de lo que lo sueles hacer. No dejas tanto cabo suelto a la improvisación. No estás dispuesto a perder horas infinitas por si sale o no un bus o por si hay o no un hostel donde dormir. Incluso… añades un punto de lujo ya que “al cambio no es tanto y… estamos de vacaciones”.

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Piensas en un recorrido variado de ciudad (Bangkok), ruinas (Sukhothai), jungla (Khao Sok) y playa (Koh Tao) y cruzas los dedos para que todo salga bien. De alguna manera, percibes una responsabilidad en formato “que la experiencia sea perfecta” que no habías sentido antes.

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Algo que en principio te resulta excesivamente contradictorio ya que cuando te mueves con la incertidumbre como compañera de viaje, es cuando suelen cobrar vida ese tipo de situaciones que tanto te enganchan de moverte así. Y ahí, es cuando te enfrentas cara a cara a “la gran dicotomía de este experimento”: vacaciones vs. viaje largo.

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Partamos de la premisa de que cuando uno lleva todo el año trabajando y “solo tiene dos o tres semanas de vacaciones”, no está para perder el tiempo ni para sufrir en exceso. Salvo excepciones, si llevas 350 días (uno tras otro) esperando dicha bocanada de aire fresco, no te la quieres jugar a que algo salga mal. Prefieres ir con las cosas más o menos atadas. Más o menos seguras. Más o menos controladas. Aun buscando algo de aventura, lo importante es disfrutar, descansar y que nada te estropee el momento.

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Es así. Es normal. Lo entiendes. Pero te encuentras en una especie de calle sin salida. Una sensación que choca fuertemente contra “tus honorables principios mochileros”. Sabes que cuando te dejas llevar, “pasan cosas”. Pero también eres consciente de que no puedes dejarte llevar en exceso por “lo que pueda pasar”, por si no pasa nada de nada o por si los días se os van mientras esperáis y dais vueltas buscando no se sabe qué. No quieres que ese sea el recuerdo. No quieres que ese sea el sabor de boca final.

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Entonces, te preguntas, ¿qué es lo ideal a la hora de viajar? Nada y todo. Definitivamente, no existe una forma única e ideal de viajar. Además de que cada uno tiene sus gustos y sus preferencias, cuenta mucho lo que le pides al viaje… y en qué momento te llega este. Por eso, según los ingredientes que le pones al viaje, es lo que el viaje te acaba dando.

Y el viaje, os da risas. Anécdotas. Sorpresas.

Os da que una madre se acabe lanzando a un río para que la corriente la lleve hasta poder agarrarse a una liana que cae justo en medio. Os da que las cosas acaben valiendo lo que valen y no lo poco que cuestan “al cambio”. Os da que en solo un par de semanas, un puesto callejero pase de ser algo sucio y de lo que desconfiar, a un sitio al que hay que volver. Os da que un viaje en tren de 13 horas sea toda una experiencia de la que presumir por whatsapp.

Y concretamente a ti, te da que aprendas a cambiar tu ritmo de viaje de vez en cuando. Te da que te relajes un poco con lo de ajustarte enfermizamente a tu presupuesto diario. Y sobre todo, te da que te des cuenta cómo eras tú antes viajando y lo mucho que has aprendido durante este tiempo.

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Ni chica ni limoná… pero está bien así

Entre estos y otros desencuentros mentales, sientes que has sido… un poco menos mochilero de lo habitual. Que no has enseñando del todo como sueles viajar. Te quedas con la duda de si tendrías que haber “apretado un poco más” para llegar al tipo de viaje que conoces o si eso habría sido un gran error. Piensas en que tú has necesitado bastante tiempo viajando para entender según que cosas y que todo el mundo necesita su proceso para llegar por sí solo hasta ahí (si quiere). Te quedas con que tu familia se lo ha pasado bien (o eso te han dicho). Que han visto que “otra forma de viajar” es posible y que han disfrutado de ella. Y a ti… a ti te ha encantado enseñarles “tu mundo”. Tenerles cerca y que hayan sido motivo para darte un pequeño respiro. Sin duda, ellos han sido “tus vacaciones dentro del viaje”. Pero sobre todo, te quedas con el sabor de boca de que estos 19 días, han sido algo que recordar.

 


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24 Responses to La familia mochilera

  1. carmen says:

    Hay que ver Rubén, pero Qué bonito escribes! Me ha encantado y me he sentido reflejada, yo he sido la madre con novio que ha viajado tan lejos para ver cómo vive su hija mochilera, que en 4 meses ha evolucionado a persona desenvuelta, superfeliz y qué sabe disfrutar de cada momento!
    Te seguiré leyendo, yo cuando me jubile voy a ser mochileraaaa!!!
    Carmen

    • ruben says:

      Y lo bien que te lo vas a pasar de mochilera jubilada! Qué gran decisión y qué buen plan. Ya verás, ya! Te van a salir alas. Grandes. Fuertes. De esas que brillan con el sol y que te llevan lejos 😉

  2. silvia says:

    Desde luego tiene que ser una experiencia diferente a lo que estáis acostumbrados, pasar de 2 a 5 y de “lo que surja” a “planear más los pasos” pero seguro que ha sido muy enriquecedor para todos y no dudo que se lo hayan pasado genial 🙂

    ¡Muy grande la foto de los 5 “chungos del barrio”!

    No se si mis padres algún día les dará por lo mochilero con nosotros, pero si llega ese día espero que sea especial como os ha pasado a vosotros con los vuestros .

    Saludos

    • ruben says:

      Todo es proponérselo (aunque en nuestro caso salió de ellos). De repente te dicen que sí y descubren una nueva forma de viajar (con sus cosas buenas y con las malas). Pero seguro seguro, que no lo olvidariais. Un beso!!!

  3. Laura says:

    Hermoso artículo!!! Y hermosa oportunidad para mostrarles nuestro mundo y nuestra forma de vivir a las personas que más queremos.

  4. Tere says:

    Como bien dices, hemos sentido, olido,disfrutado y sobre todo porque estabais vosotros, volveremos a repetir si queréis , no quiero otros guías que vosotros, los mejores y no es amor de madre. Nos habéis enseñado que hay mas mundo y formas de vida , siempre os apoyare en como queráis vivirla. Os quiero

  5. Antonio Santana says:

    Gracias guapos, ha sido muy rico, gracias por hacerlo inolvidable por haberme divertido tanto por aguantarme y hacerme tan feliz en estas vacaciones y el amore
    Que bonito!!!

    • ruben says:

      A ti, por las risas y la compañía en los taxis. Habrá más! 😉

    • lucy says:

      Gracias a vosotros por enseñarnos que se puede tirar de una mochila por muchos motivos: pero que el más bonito de todos es el de hacerlo por amor (en todos los sentidos). Bueno y gracias también por darnos ese gran momento con el bálsamo de Tigre. Inolvidable. Os esperamos en próximas aventuras con los brazos abiertos!

  6. Antonio G. says:

    Menudas fotos!

    Sobre todo la de la familia en plan Cherif que conquista un terreno. Muy grandes!!!

    Enhorabuena por ese viaje “diferente” tan complicado como dicen algunos en los demás comentarios. Llevarse a la familia es jodido, y mucho más coordinarlos para que se adapten a tu viaje. Una Odisea.

    Un abrazo chicos!

  7. Dani Keral says:

    jejeje, como mola. Y la foto de todos en vuestra pose de chulos es lo más.
    Esta parte de mi viaje con M está siendo algo parecido… un poquito de aquí, un poquito de allí… Con algo más de impro, pero ajustada a 22 días. Y Auroville como guinda del pastel 🙂

  8. María says:

    Me ha encantado la historia! Y estoy segura de que para tu madre fue una experiencia de “mochilero extremo” 😉 espero poder hacer lo mismo algún día con mi familia!
    Enhorabuena por el blog y un abrazo!

  9. ¡Qué experiencia más chula! Yo tuve la suerte de viajar mucho con mis padres cuando era más peque y me encantaría ser yo ahora la que los guiara.

    Y me refiero a guiarles in situ me, porque en la distancia lo hago siempre ya que cada vez que se van de viaje me piden que les organice “las cosas que hay que ver” 😛

    ¡Un saludo!

  10. Mia says:

    Ay, tú de poca fe. Si a mí no me importaba si vivís en Madrid (y no es que me quejo, volveré seguro) o en un pueblo desconocido de 100.000 sino que me abristeis la puerta ;). Me imagino que hubieran viajado con vosotros a donde sea y después pues… lo que sea, porque estabais juntos.

  11. Carol says:

    Me encanta esta experiencia que habéis vivido. Y me da mucha envidia. Es algo que siempre he deseado hacer yo con mis padres. Ya no te hablo de llevarlos de mochileros. Si no tan sólo de llevarlos. Ellos nunca han viajado fuera de España. Y aunque he intentado más de una vez “llevármelos” a algún lugar del mundo para que vieran porque soy tan feliz cuando viajo. Y que sintieran en su piel que el mundo es maravilloso, más allá de los libros o los documentales. Nunca lo he conseguido. Y dudo que ya lo consiga. Muchas veces cuando estoy por el mundo disfrutando de lugares que me ponen la piel de gallina o incluso me hacen saltar la lagrimita de la emoción… no puedo más que pensar en ellos. Dándoles las gracias por darme la vida y deseando que ojalá ellos pudieran estar allí. Disfrutando de la grandeza del mundo.

    En fin, que me pongo romanticona. Pero en serio, que me parece una experiencia fantástica la vuestra. Y esa sensación de ver los lugares y situaciones cotidianas con otros ojos, tiene que ser grande. Es como redescubrirlos. Y por cierto, a mi también me hubiera pasado como a vosotros con el “chute de responsabilidad”. También hubiera pecado de “exceso de control” me temo.

    Un abrazo.

    • ruben says:

      Sabes?… Una vez que ya los tienes allí, contigo. Hay momentos en los que te preguntas si lo estarán disfrutando. Tú casi ni te enteras de lo que te rodea en ese momento. Quieres que sientan, que vean, oigan y huelan… Que se enamoren del momento. De la experiencia. De “lo que pueda ocurrir”. Es una sensación rara, la verdad. Inténtalo Carol… aunque sea cerca cerquita. Aunque sea con chute de sobreresponsabilidad. Ya sabes… será “algo que recordar” 😉

  12. Jose Agra says:

    Parece que al final todos disfrutasteis, ¿no?.
    ¿Te puedo mandar a los míos?

  13. German says:

    Ja ja, buena experiencia! Y yo no me preocuparía por el exceso de control. Yo hago siempre todo lo posible para evitar sorpresas y… bueno, cuando uno viaja, son inevitables! ^_^

  14. sara says:

    Bieeeen! Más papis que se unen al mochilerismo! Y entiendo perfectamente eso de que nada puede salir mal, los dolores de cabeza para cuadrar transporte…

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