Empecemos con un ataque de sinceridad/realidad/objetividad: el mundo ya estaba mal.

Por mucho que nos empeñemos en buscar el lado bueno de las cosas, no podemos ignorar lo malo. No podemos evitar que nos afecte. Es más, cada uno de nosotros deberíamos de intentar hacer algo, por poco que sea, para reconducir esta autopista de no retorno por la que circulábamos a alta velocidad.

Y llegó la pandemia.

Este frenazo en seco, ha sido, está siendo y puede que lo sea por un tiempo… un golpe duro. Muy duro.

Tal y como nosotros lo veíamos, parecía tratarse de que el planeta, se estaba reseteando. Había decidido tomarse un respiro de nosotros. De alguna manera, parecía un aviso. Uno más. Y no deben de quedar muchos, todo sea dicho.

Por unos instantes, fuimos de los soñadores que llegamos a pensar en que después del gran peaje de vidas desaparecidas y otras muchas rotas, podríamos salir reforzados. Mejorados. Conscientes. Llegamos a pensar, ilusos, que nos daríamos cuenta de que era el momento de que ya, por fin, teníamos que ponernos a cambiar lo que quedaba para hacer un mundo mejor.

Había quedado claro que el planeta no nos necesitaba. Los animales recuperaban su terreno. Los mares parte de su vida. Los bosques se tomaban un respiro.

Pero no. Nosotros seguíamos a “lo nuestro”. Incluso peor.

Durante estos últimos dos meses, hemos podido sentir mucha división alrededor. Mucho odio gratuito. Mucho reproche. Mucha ineptitud. Hemos visto amigos y familiares discutir. De puertas hacia adentro y de redes hacia afuera.

(Y entonces, nosotros vamos y hacemos este vídeo)

 

Para cuando todo pase…
Promete no quejarte si a veces hace demasiado frío.
Si el sol quema mucho, o si llueve cuando no te conviene.
Promete que te molestarán menos los atascos, la hora punta, las reuniones.
Promete no enfadarte si llegas tarde.
Si hay mucha gente en todas partes.
Si madrugas mucho.
Si resulta que “no tienes tiempo para ti”.
Promete no venirte abajo si los días se repiten.
Si cada lunes estás de lunes… y el viernes siempre queda lejos.
Promételo.
Promete que harás todo aquello que has estado echando tanto de menos.
Para cuando todo pase, promete no rendirte, no agobiarte, no hundirte…
Si te has dado cuenta de que la vida que tenías, te gusta más de lo que pensabas.

(Silencio)

¿Quiere decir que lo ideal es volver a la vida que teníamos antes?

Pues la verdad es que… puede que sí. A decir verdad, nosotros ya estábamos bien antes del 16 de marzo. Incluso del 8. Muy bien. Es más, en lo que a nosotros concernía, la vida que habíamos conseguido tener, era la que siempre quisimos. Viajar por el mundo en pareja, luego en familia y ahora, en camper. Teníamos un nuevo viaje largo por delante. Era una vida con sus dificultades e incertidumbres, pero llena de momentos de libertad. Pero encima y dentro de todo lo malo, vivíamos en un mundo en el que la pelea estaba en reducir los plásticos, acabar con el maltrato animal, extinguir la violencia de género… Eran valores por los que valía la pena discutir y “enfrentarse”. Pero la verdad es que nos parece que no vale la pena pelearse ni un segundo por pretender tener la razón en quién es más o menos inepto. En quién es más o menos patriota. En quién es más o menos culpable. Añádanse todas las incongruencias y pérdidas de tiempo sin sentido que se quiera.

Quizás sea mejor volver a la vida de antes. Porque al menos, incluso algunas cosas que no nos gustaban tanto, puede que ya no nos parezcan tan graves.

¿Un atasco de una hora? Bueno… seguro que podemos vivir con ello.

2 Comentarios

  1. Ana Lia Pagadizabal Responder

    BELLISIMO….

    Para que mas palabras. Bellisimo. Gracias.

    Saludos desde Tandil, Argentina.

    Ana Lia

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