Hasta ahora, hemos intentado inspirarte y animarte a cumplir sueños viajeros. A partir de este momento, también te recordaremos que la vida no suele colocarse del todo antes de dejarte hacer lo que quieres.

Seguro que a diario recibes varios correos electrónicos informándote de cambios en las condiciones de uso de casi cualquier cosa. Tu banco, tu seguro, la red social en la que entras sin ganas, la app que vigila tus movimientos y preferencias, la plataforma que te conoce más de la cuenta y encima, te tutea.

Sí, recibir este tipo de mails ya es algo “normal”. Y por eso, casi nadie lee esas cosas. Bajamos hasta el final, buscamos el botón y aceptamos. O rechazamos. O cerramos la pestaña y seguimos con nuestra vida, que ya bastante tiene.

Siguiendo la moda, vamos a realizar algunos cambios en nuestras condiciones.

Hasta ahora, hemos intentado inspirarte y animarte a cumplir sueños viajeros. A partir de ahora, vamos a añadir una cláusula nueva: dejaremos de colaborar con la idea de que ya habrá otro momento mejor.

No porque nos hayamos puesto intensos o porque nos haya dado por hablar como si hubiéramos descubierto el sentido de la vida al mirar los posos de café frente a una montaña. Sino porque llevamos años viendo lo mismo.

Gente que sueña con un viaje. Que pregunta, mira, se imagina allí e incluso que se emociona un poco. Pero que justo después, empieza a negociar consigo misma como negocian las grandes empresas con sus textos legales: estirando, aplazando, suavizando, posponiendo.

“Ahora no.”
“Con la que está cayendo…”
“Con niños, mejor más adelante.”
“Tan lejos…”
“Ya iremos otro año.”
“Cuando haya menos trabajo.”
“Cuando todo esté más tranquilo.”

Y esa parte la entendemos perfectamente. De hecho, si algo hemos aprendido viajando es que casi nunca es un buen momento del todo para hacer nada importante. Siempre hay una razón para esperar. A veces tiene forma de prudencia y otras de cansancio. A veces de pura logística. Y a veces, simplemente, de miedo disfrazado de elegante excusa.

No estamos diciendo que haya que hacer un viaje a pesar de cualquier circunstancia. Hay límites reales, presupuestos reales, trabajos reales, hijos reales, padres reales, cuerpos cansados y vidas bastante menos inspiradoras de lo que se ve en algunas fotos.

Pero también hay otra molesta verdad verdadera: muchas veces no renunciamos porque no podamos, renunciamos porque seguimos esperando unas condiciones ideales que no suelen llegar.

Esperamos que el mundo se arregle un poco, que el trabajo afloje, que los niños crezcan, que el verano siguiente encaje mejor, que el entorno nos lo valide… Esperamos, en el fondo, que la vida nos mande un correo claro diciendo: “Ahora sí. Es el momento justo”.

Y la realidad es que la vida, no suele mandar esos correos.

Manda otras cosas: facturas, resfriados, noticias feas, reuniones, cumpleaños del cole.. Comentarios bienintencionados de gente que os quiere, pero que no siempre sabe mirar desde vuestro lugar.

“¿A China?”
“¿Ahora?”
“¿Con niños?”
“Ya iréis otro año.”

Y seguramente lo dicen con cariño. Pero el cariño, a veces, también es demasiado conservador. Quiere proteger. Por si acaso. Y proteger, muchas veces, consiste en dejarte exactamente donde estás.

Por eso queríamos avisarte de este cambio en nuestras condiciones. A partir de ahora, no solo queremos inspirarte. A partir de ahora, además de enseñarte sitios, contarte historias y compartir viajes, también vamos a recordarte que, “otro año”, no siempre es un plan. A veces es una renuncia con buena prensa. Lo sabemos porque nosotros también hemos vivido ahí. En ese lugar en el que llegas a creer que ya harás algo cuando todo encaje un poco mejor.

Y, sin embargo, muchas veces lo que cambia una vida no es que por fin se den las condiciones perfectas. Es que un día decides que no vas a seguir negociando con tus excusas como si fueras el departamento legal de tu propia rutina.

También queremos decirte que el ruido de alrededor no debería decidir por ti.
Que el miedo ajeno no siempre tiene razón, que no todo lo que parece sensato es lo mejor que puedes hacer y que hay decisiones que, si las dejas demasiado tiempo en manos del entorno, acaban disueltas en él.

No hace falta retozar en la temeridad, confundir deseo con irresponsabilidad o salir corriendo a reservar un vuelo por orgullo. Hace falta algo más difícil y menos épico: sentarse a mirar una decisión alejándote del ruido que sueles tener alrededor y hacerte una serie de preguntas que responder con honestidad…

-Si no fuera por lo que opina todo el mundo, ¿querría?
-Si no fuera por el miedo de alrededor, ¿lo haría?
-Si no estuviera esperando el momento perfecto, ¿me lanzaría?

Nosotros no podemos responder eso por ti. Solo avisarte del cambio. En nuestras condiciones. Puedes rechazar o aceptarlas.

Rechazarlas te seguirá dejando, más o menos, en el mismo lugar.
Aceptarlas quizá no te resuelva la vida, pero puede llevarte un poco más lejos.

Y, a veces, un poco más lejos es exactamente donde empiezan las cosas.

Dejar un comentario