Hoy 23 de octubre, Tindaya cumple un año. Como aún nos estamos conociendo, un año después, todo me lleva al día del parto en el que la pequeña de la casa, llegó a este mundo como quiso… y como yo tanto soñé.

Aquel olor.
Aquellos sonidos.
Los pensamientos.
Amor y movimiento.

Un rato solo para nosotros y la sensación de no tener el control de nada, pero a la vez, de tener más poder que nunca.

-Lo estás haciendo genial. Una contracción menos.

No había miedo en la voz de Rubén. Había ánimo. Había (y hay) admiración. Me deja hacer. Sabe estar.

“Que buen equipo hacéis” – nos dijeron.

cumpleaños

A Sara (la matrona de planta) le tocaba relevo. Por un momento pensé que no quería que se fuera y después, recordé las palabras de Carol “el paritorio eres tú”. Y es verdad, no puedes depender de una persona. Sin embargo, me seguían leyendo la mente y se quedó hasta el último momento para darle el relevo a su tocaya de paritorios. Cuando se fue, yo ya había descubierto que la nueva Sara, también leía mis gestos.

Me quitaron el camisón. Busqué el suelo. Frío. Yo era como una llama de fuego.

-¿Quieres una colchoneta? -Quiero el suelo.

Me pusieron un espejo para no perderme la llegada. Gritar y gemir me ayudaba más que nada. El aro, de fuego. Busqué mis motivos. En mi cabeza solo se repetía una palabra: PUEDO. Aún PUEDO un poco más. Visualizaba aquel PUEDO, escrito en mayúsculas en un muro de piedra.

Me habían avisado: “Si fuera un dolor inasumible perderías el conocimiento”, pero yo estaba más consciente que nunca y recibía cada nueva intensidad con calma.

Más tensión, más cansancio… hay que guardar fuerzas. Esto es una maratón.

algo que recordar

Escuché: “¿Cómo quieres parir?”. Yo ya estaba en cuadrupedia, no podía contestar y pensé… “no es mi voluntad”. Mi cuerpo me estaba colocando en aquella posición. Mi hija elegía como nacer. Yo solo la ayudaba confiando en que sabría nacer… y lo hizo.

Pude levantarme para subirme a la cama mientras ella gritaba como una loca hasta que llegó al pecho para engancharse. Estaba tan consciente como yo. Test de Abgar 10/10/10.

Nos dejaron con la luz baja. Todo el mundo tenía lágrimas de alegría. Menos yo. No pude llorar. Solo podía mirar a Tindaya. Estábamos en otra dimensión. Después de año y medio con tres abortos y algún que otro susto durante el embarazo, después de pincharme heparina a diario, después de luchar contra mi cabeza cada día para no transmitirle el miedo… Habíamos hecho cumbre. Nuestro Everest personal tenía nombre de montaña sagrada: “Bienvenida Tindaya”.

Rubén lo grabó todo y por una vez no se parecía en nada a lo que yo viví. ¿No te gustaría poder parir después de esto? Le pregunté. Prefiero grabarlo y verlo, respondió. Yo, una vez más, prefiero vivirlo.

lucy tindaya

La primera noche no pude dormir. Tenía un chute tan brutal de adrenalina que me duró varios días. La naturaleza tenía incluso eso pensado… No vale con parir y quedarte echa polvo, tienes que poder cuidar de un bebé.

Decían que mi bisabuela, después de parir, se iba al colegio a dar clase. Ahora entiendo por qué. Pasaron varios días con ese chute. Todos mis sentidos estaban más agudos que nunca: olía, oía y saboreaba todo por mil. No dudé en nada. No flaqueé ni un segundo.

Mi abuelo era obstetra. Solía decir que nunca había visto a mujeres más BELLAS que las recién paridas. Me miré al espejo y por fin lo entendí. Luminosa. Radiante. Gran(diosa).

Un año después, hoy, entiendo la importancia que tiene lo que pasa en un parto. Por mi parte, para poder con TODO lo que viene después. Por la suya, para enfrentarse a la vida de una manera muy determinada.

Feliz cumpleaños Tindaya y gracias por traer equilibrio, por tus caras de chanchito, miradas penetrantes y ganas de cariño. Por ponérnoslo fácil y por hacerte querer tanto. Por lo mucho que ya nos has dado y por todo lo que venga. Te necesitábamos mucho, parece que eso lo tienes muy claro.

Y sí, también, felicidades a mi yo de hace un año por lo bien que lo hizo aquel día en concreto y por lo mucho que luchó todos los meses anteriores para poder vivir todo esto de ahora.

madre e hija

Nota: si quieres entender lo mucho que significó aquel día y este de hoy, te invitamos a que escuches la quinta temporada de nuestro podcast Hola, Mundo. El primer diario en viaje, de un viaje incierto… con final feliz.

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