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Published on febrero 14th, 2018 | by lucy

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9 cosas que aprendí viajando con mi bebé

¿Se puede aprender de un bebé viajando? Claro que sí.

De nuestro viaje de un año alrededor del mundo, volvimos enamorados de los niños viajeros. El brillo de sus ojos, sus dosis de creatividad, su independencia, su capacidad de adaptación… Nos atrevemos a afirmar que fueron ellos los culpables de que nos animáramos a esto de ser padres. Aunque claro, una cosa es verlo desde fuera por un ratito “jaja-jiji” y otra ponerlo en práctica 24 horas los 7 días de la semana.

Habíamos visto parejas de otros países con bajas de maternidad y paternidad largas que aprovechan el primer año de vida del bebé para hacer todos juntos un viaje largo en familia. Sabíamos que era más que posible, estábamos seguros de querer hacerlo, y aun así, teníamos nuestras dudas sobre si nosotros seríamos capaces.

A los miedos que traíamos de serie, se sumaban los que nos llegaban desde fuera, que si “un niño necesita dormir siempre en la misma cama”, que si “va a extrañar su comida”, que si “lo va a pasar mal tantas horas metido en un avión”…

Sobre esto de vagar por el mundo ya teníamos algunas tablas, pero sobre lo de ser padres empezábamos de cero.

Así que, cuando otros “expertos” te recomiendan que mejor abandones la idea de salir de España con un bebé de 5 meses, honestamente, se te ponen de corbata. Piensas en todo lo malo que puede pasar, en que a tu bebé nadie le ha preguntado si quiere irse de viaje, en que igual se te está yendo la olla con esto de la vida alternativa… Miedos y dudas. Dudas y miedos. Dos compañeros de viaje con los que a todos nos toca aprender a lidiar.

Aunque todavía se desconoce muchísimo sobre el universo de los bebés, los estudios científicos le otorgan cada vez más importancia a cómo influye en la personalidad de los seres humanos lo que sucede en los primeros años de vida. Son los años en los que se asientan conceptos básicos tan importantes como el bien y el mal, la imagen personal o la confianza en uno mismo y en los demás.

Aunque desde las primeras semanas ya estuvimos haciendo escapadas por España, con 5 meses recién cumplidos y el kit de vacunas básicas puestas, nos embarcamos con Koke en nuestro primer viaje largo en familia al que llamamos chincheta trip. 9 meses repartidos entre Tokio, Shanghai, Nueva York, París, Colombia, Sudáfrica y Argentina.

Ha sido un año muy intenso. Cargado de momentos que recordar y en el que nos hemos tenido que ajustar y acoplar a una nueva situación: la de ser tres nubes surcando los cielos, en lugar de dos. Algunos problemas nunca aparecieron, y otros, hubo que irlos resolviendo sobre la marcha. Por eso, aquí están las 9 cosas que hemos aprendido viajando 9 meses con un bebé por 4 continentes:

1.- Un destino más conocido no tiene por qué ser el más idóneo para viajar con un bebé.

París y Nueva York son dos de las ciudades más visitadas del mundo y sin embargo, no han sido dos de los destinos más “kids friendly” del viaje. Es cierto que en ambas, hay muchos parques y planes para hacer con niños pero, manejarse en el metro con un carrito es bastante complicado, muchos restaurantes no tienen tronas (o muy pocas) y las personas se sorprenden (por no decir otra cosa) si te ven aparecer con un bebé en según que sitios. Nos ha gustado pasar por dichas ciudades, pero no son las que nos lo han puesto más fácil.

Definitivamente, el destino mejor preparado del viaje con rampas, ascensores y salas de lactancia súperequipadas por todas partes, ha sido Tokio.  Colombia, la otra gran sorpresa. Obviando que el carro no es una opción, se trata de un destino que nos lo ha puesto muy fácil. Hemos encontrado tronas para bebés hasta en pequeños bares de carretera y lo más importante, una gran empatía y disposición de los colombianos para ayudarnos. Hay niños por todas partes y todo el mundo entiende sus comportamientos. Es cierto que no hemos encontrado muchos cambiadores específicos para bebés, pero por ese mismo motivo, nadie se extrañaba si improvisábamos uno encima de dos sillas o en el banco de un parque.

2.- Es más fácil entretener y estimular a un bebé de viaje que dentro de casa.

Los colores de las montañas en la quebrada de las Conchas, las luces de neón de Times Square, los saltos de las ballenas de Hermanus, el olor a ramen recién hecho de las calles de Tokio, los grafities de las paredes de la Comuna 13 de Medellín, los barcos que recorren el Sena, el tren más rápido del mundo en Shanghai, el mercado de las flores de Bogotá, las diferentes facciones y comportamientos de las personas en cada lugar… Si viajar es entretenido para un adulto, para un bebé que lo tiene todo por descubrir, todavía más.

La etapa infantil es la de mayor capacidad de aprendizaje para un ser humano. Podemos ver los avances y descubrimientos de los bebés casi a diario. Por eso, siempre se dice que los niños “son como esponjas”. El viaje multiplica la experiencia sensorial de los 5 sentidos dándonos la oportunidad de exponernos a un número mayor de texturas, olores, imágenes, sonidos y sabores diferentes. Y es que el mundo es una fuente inagotable de estimulación. 

Al poco tiempo de empezar el viaje nos dimos cuenta de que estábamos cargando con juguetes a los que Koke no hacía ni caso y que siendo tan pequeño, cualquier objeto era susceptible de convertirse en un entretenimiento. ¿Quién querría jugar con un sonajero cuando está delante de un río de agua fresquita en el que sumergir las manos?

3.- El viaje también le da superpoderes al bebé.

Las enfermedades eran uno de los grandes miedos que teníamos antes de salir. Nosotros tenemos nuestra teoría particular sobre los beneficios terapéuticos del viaje, pero no sabíamos si sería extrapolable a un bebé. Tanto fue así, que organizamos una ruta antimosquitos por Colombia manteniéndonos la mayor parte del tiempo en altura y en Sudáfrica nos pensamos mucho lo de entrar con él al Parque Kruger (claramente uno de los momentos que más disfrutó del viaje y dicho sea de paso, dónde no vimos ni un mosquito).

Koke ha comido en los mismos restaurantes callejeros que nosotros, ha estado por encima de los 4.000 metros de altura, ha probado frutas tropicales, se ha bañado en el mar, ha jugado con la arena y hasta un día se metió en la boca un chicle que pilló por el suelo de una gasolinera (ascazo máximo). Durante todo el año, no se ha puesto malo ni una sola vez. Ni una diarrea, ni un día de fiebre, ni unos mocos. Nada. Cero. Su primer constipado se lo pilló cuando volvimos a España ya con 13 meses. Su primera diarrea y la primera vez que vomitó… adivinad dónde estábamos. Pues sí, en España. Mucha casualidad ¿no?

Y es que resulta que las enfermedades se transmiten mucho más en espacios cerrados que estando al aire libre y cuando estamos de viaje nos pasamos el día en la calle. Estar expuesto al viento, a la lluvia, al sol y a una alta actividad física y emocional cada día, hacen que Koke coma bien y que duerma mejor (aunque su cama no sea la misma cada día). Así que las probabilidades de contagio de un bebé, son infinitamente mayores en una guardería cerca de su casa, que de viaje por el mundo. Por supuesto que, para casos de necesidad y por si acaso, siempre hay que tener un buen seguro de viaje.

4.- Un bebé es un arma de socialización masiva.

Si esto es algo que ya sucede sin necesidad de irnos lejos de casa, de viaje, las interacciones se multiplican. Si tener la piel más blanca que la leche y los ojos claros nos hacía difícil pasar desapercibidos, cuando sumas un bebé al equipo, es totalmente imposible evitar que la gente se acerque. Esta situación, nos ha traído un nuevo universo de posibilidades para interactuar con los locales: conversaciones espontáneas y varias situaciones a las que antes no estábamos acostumbrados. En según qué lugares, esto puede resultar incluso agobiante, pero la mayoría de las veces es un “abre puertas”. Así es como surgió la serie “Koketeando con”, en la que fuimos analizando los comportamientos de los locales frente a un bebé extranjero (una forma de hablar de la percepción que hemos tenido de la gente de cada lugar, a través de los ojos de un bebé). Este año hemos koketeado con los japoneses, los chinos, los yanquis, los parisinos, los colombianos, los sudafricanos y los porteños.

5.- La manera de evitar el estrés cuando se rompe la rutina es… que no haya rutina.

Esto no significa que hayamos sumado al bebé a una vida de caos. Tenemos unas horas más o menos acotadas para comer, dormir y bañarnos cada día, pero son flexiblemente aproximadas. Son las rutinas que hemos definido en función de “lo que nos pide el cuerpo” a los tres, más que al despertador. Es muy evidente cuando un bebé tiene hambre o sueño y desde luego, no hay reloj que conozca mejor sus necesidades que él mismo.

Aparte de las rutinas básicas, Koke no sabe lo que va a suceder cada día, y muchas veces, nosotros tampoco. Pero esto, lejos de ser un problema, se ha convertido en una ventaja. Ninguno de los tres nos desestabilizamos cuando las cosas no salen como esperábamos y él, se levanta contento cada día hagamos lo que hagamos.

Tenemos nuestros propios rituales que nos hacen sentir como en casa. Comemos y dormimos juntos, bailamos en cada nuevo hogar, escuchamos ciertas canciones… pero todo lo demás cambia cada día. Estar en casa es “estar juntos” y no importa tanto ni el lugar, ni las cosas que nos rodean.

6. – El viaje es tiempo de calidad compartido en familia.

Cada balbuceo, cada avance motriz, cada nuevo descubrimiento… No nos hemos perdido nada. Todo el tiempo que durante este año hemos podido dedicarnos los tres, nos ha ayudado a conocernos, entendernos y adaptarnos a la nueva situación de ser tres. El viaje es una actividad en la que todos crecemos y en este caso, lo hemos hecho juntos.

Hemos podido responder a los cambios que han ido surgiendo en función de la etapa en la que se encontraba Koke de una manera flexible. Sin prisas. Invirtendo el tiempo que hemos necesitado para cada actividad.

7.- Nadie puede opinar mucho sobre cómo lo haces cuando estás a 10.000 km de distancia.

Opinólogos, espontáneos, amigos de amigos y otras personas que con buena intención ofrecen sus consejos sobre crianza (a veces incluso sin tener hijos) basados en su experiencia personal (que no tiene por qué tener nada ver con la tuya). Los consejos son consejos cuando se dan una vez. A partir de ahí, se convierten en comentarios innecesarios (incluso molestos) que gracias al viaje, nos hemos ahorrado en un alto procentaje. Pero esto no significa que no necesitemos ayuda. Dice el proverbio que hacen falta dos personas para tener un bebé y toda una tribu para educarlo. En este año, nos ha gustado no estar todo el tiempo solos y haber compartido experiencias con los abuelos en Colombia y en Sudáfrica.

8.- Lo que nos ha funcionado a nosotros puede no servirte a ti y lo que te sirve a ti, ser inútil para nosotros.

En Argentina tuvimos la posibilidad de juntarnos con varias familias viajeras. Fue un momento maravilloso del viaje porque pudimos compartir tiempo con personas que se enfrentan a problemas muy parecidos a los nuestros. Sin embargo, nos llamó la atención que cada una hacía las cosas completamete diferentes a las otras en materia de crianza. Algunos llevaban a sus hijos a la guardería, otros no; algunos hacían lactancia prolongada, otros no; algunos intervenían más en sus juegos, otros menos… Cada unidad familiar es un mundo y al final, lo importante es que los miembros de la familia estén felices con la vida que tienen. Y esto es aplicable a la vida de una familia que viaja mucho, poco o nada.

9- Y ya para terminar: donde hay un deseo siempre hay un camino y donde no lo hay, una excusa.

El respeto a las necesidades básicas y los ritmos vitales de un bebé, no están en absoluto reñidos con el viaje, pero eso no significa que el día a día vaya a ser igual que cuando estábamos los dos solos. Nos ha tocado adaptar el ritmo a cada uno de los momentos vitales de Koke. Al principio organizábamos jornadas de visita más cortas y las hemos ido aumentando poco a poco. Lo mismo con los trayectos en coche. Pero en ambos casos, la sorpresa nos la hemos llevado nosotros. Él se ha ido adaptando mejor a todo que nosotros mismos.

¿Y ahora qué?

Así termina este primer año de vida como familia viajera. En este momento nos encontramos en un impas entre viaje largo y viaje largo (sí, nos hemos quedado con ganas de más y pronto revelaremos cómo, cuándo y dónde). Nos ha gustado tanto la experiencia que tenemos que repetir cuanto antes, mejor. “Lo malo” es que ahora Koke ya anda, así que nos tocará rehacer el modus operandi una vez más. Aunque eso, no va a impedir que sigamos cumpliendo la promesa que le hicimos desde el otro lado de la barriga a Koke: regalarle el mundo.

Y tú, ¿qué has aprendido viajando con tus hijos? ¿Todavía no te has animado a hacerlo? Cuéntanos tus impresiones en los comentarios.


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23 Responses to 9 cosas que aprendí viajando con mi bebé

  1. Chris Vel says:

    Genial post! La verdad es que yo no tengo peques (en un futuro me gustaría) y siempre veo vídeos de gente que se va de viaje con tus peques y me imagino que tendrá su parte complicada, pero en general se les ve disfrutando, en cambio a mis amigos que tienen vamos ni se les pasa por la cabeza es como si les dijera de ir a la Luna…. yo tengo un perrito (un chowchow de 2 años) y se que no es comparable pero siempre que puedo me lo llevo de viaje, gracias a internet tenemos un montón de consejos y posibilidades para organizar un viaje “chulo”…. por eso cuando veo estos videos y blogs, admiro lo que la gente hace.

    • lucy says:

      ¡Hola Chris! Es cierto que viajar con niños exige un esfuerzo mayor que cuando íbamos los dos solos. Ahora, lo que nos parece duro de verdad es sacarlos a las 7 de la cama, desayunar a toda velocidad para no llegar tarde a la guardería, dejarlos allí 6 horas, chuparte un atasco para llegar a la oficina, salir corriendo otra vez para recogerlos… Eso sí que nos parece titánico y la mayoría de la gente lo hace a diario. Muchas veces son esas mismas personas las que nos dicen eso de “es muy difícil viajar con niños”, cuando en realidad la vida que llevan requiere muchos más esfuerzos y sacrificios que el viaje. Dicen que dónde hay un deseo hay un camino y dónde no lo hay, una excusa. Y los niños son la mejor excusa que existe para cualquier cosa.
      Lo bueno es que, como dices, gracias a las redes cada día hay más familias que entienden los beneficios de los viajes para toda la familia y todo lo que les aportan a los niños en términos educativos. Muchas gracias por el comentario y ¡abrazos para ti y el chowchow viajero!

  2. oscar says:

    Enhorabuena familia!
    Me esta encantando el Blog, tenemos una hija de un añito, Victoria, y desde siempre hemos viajado juntos. Casi tiene mas destinos que meses y como bien dices se adapta perfectamente, nos adaptamos perfectamente.

  3. laura says:

    Que pasada yo también quiero hacer un viaje con mi hijo es una forma de adquirir cultura y de abrir su mente.

    • lucy says:

      A nosotros nos gustó tanto la experiencia que este año hemos repetido. Ahora seguimos viajando con un bebé pero que ya anda 😉 Nuevos retos y nuevos aprendizajes. Espero que te animes a viajar con tu niño, es un tremendo regalo. Gracias por el comentario.

  4. Hola Lucy, a nosotros también nos pasaba lo mismo al principio. Teníamos dudas y miedos ante nuestro primer viaje con nuestro bebé. Y la verdad que solo se superan de una manera: viajando!

    Cuánta razón tienes al decir que el mundo es una fuente inagotable de estimulación para los bebés. Ellos descubren el mundo, pero nosotros lo redescubrimos con su mirada y aprendemos más.

    Viajar con nuestro hijo nos obliga a viajar con más calma y así podemos saborear mejor los lugares por los que pasamos. Y nos acerca a los locales. Tal como dices, viajar con niños abre puertas.

    ¡Enhorabuena por este post tan bonito!

    • lucy says:

      Una de las primeras palabras de Koke ha sido “afa” (jirafa). Con 13 meses señalaba el dibujo de una jirafa que había en el cristal de la biblioteca del barrio de sus abuelos. Otras madres con niños de la misma edad no daban crédito. Los niños aprenden qué es una jirafa a través de los dibujos, de las películas y empiezan a llamarlas por su nombre más adelante.

      No creo que Koke sea superdotado, pero sí que su proceso de aprendizaje es diferente al de otros niños. Sabe lo que es una jirafa y tiene una gran motivación para querer usar esa palabra porque la ha visto en realidad. Esto es algo que venimos observando desde que empezó a hablar. Si entendiéramos los enormes beneficios que el viaje puede tener sobre los niños en su aprendizaje seguramente los utilizaríamos más como excusa para seguir viajando, en lugar de todo lo contrario. ¡Gracias por el comentario! Un abrazo familia.

  5. Chupeteros says:

    Qué enseñanzas más preciosas. Ahora que por fin ha llegado el pequeño y ya está en casa, toda la información me parece poca ^^ ¿Es normal? Hahaha, supongo que es lo más natural del mundo sentir estas inseguridades pero, por otro lado, me invaden unas enormes ganas de aprender.

    ¡Muchas gracias por vuestro blog y por todos los tips que nos regaláis!

    • lucy says:

      Enhorabuena por ese pequeño. Y lo mejor de todo es que por mucho que leas, te va a tocar vivirlo en primera persona para creértelo de verdad 🙂 Lo bueno es que ahora tenemos las redes para poder ayudarnos unos a otros así que, ya sabes dónde encontrarnos si te agarra el ataque. Un abrazo y ¡a disfrutar del pequeño!

  6. Vane says:

    Divino Post!! Yo aún no tengo hijos pero me encanta leer sobre diferentes experiencias 😉 Saludos desde Buenos Aires Lucy!
    Ese bebé esta super bello ♥♥♥♥

    • lucy says:

      Solo hemos tardado un año en escribirlo… 🙂 Seguro que en los próximos viajes seguimos aprendiendo más. Muchas gracias por el comentario Vane.

  7. Irene says:

    Que bonito Lucía ❤❤❤❤❤

  8. Julia says:

    “Estar en casa es “estar juntos” y no importa tanto ni el lugar, ni las cosas que nos rodean.” Creo que es, quizás, el mejor regalo que le podéis hacer a Koke, estar juntos, que aprenda que el hogar no es un sitio físico. Aiiiis me muero de amor con vosotros

    • lucy says:

      Se habla mucho de la importancia de generar un vínculo muy fuerte con las personas en la primera etapa de la vida. Los bebés vienen con esa sabiduría de serie. No les importa si han nacido en un lugar con más o menos comodidades, solo si papá y mamá están cerca. A veces se nos olvida eso (a nosotros incluidos). ¡Gracias bonica!

  9. De los bebés se puede aprender mucho. Su “simplicidad” se convierte en su mayor virtud.

    • lucy says:

      Si nos fijamos en las capacidades de un bebé y las extrapolamos a nuestra edad adulta, seríamos superhombres. ¡Gracias por el comentario!

  10. Tamara says:

    Genial post como siempre Lucy.
    Muy identificada en todos los puntos, me encantó el 7 y nosotros también hemos bailado en cada nueva casa de nuestro primer viaje con Oliver.

    Otra de las cosas que nosotros hemos aprendido es que, pegarse un baño en el fregadero puede convertirse en el juego más divertido del mundo ( no tanto para el que le toca fregar el suelo )

    Muchos besos, estamos deseando conocer vuestras nuevas aventuras

    • lucy says:

      Bailar y viajar son mis dos actividades preferidas. Bailar por el mundo ya es lo más, solo mejorable por bailar en familia por el mundo 😉
      El suelo de ese baño que sale en la foto, lo dejamos tan limpio que nadie se imaginaría lo que había sucedido allí dentro la noche anterior (muahahahaha) 😛 Gracias por el comentario y muchos más besos.

      (Deseando contar las nuevas aventuras)

  11. ¡Que buen post! Me ha encantado el número 7, así te evitas quedarte sin amigos.

    • lucy says:

      Lo de poner tierra (o mar) de por medio… ayuda mucho el primer año. Luego cuando ya empiezas a conocer a tu bebé y te sientes más seguro llega la segunda fase de “soy un junco bajo el agua” ante los comentarios. Aunque según como te pille el día puede resurgir el momento “con lo agusto que estamos de viaje” Seguimos aprendiendo a volver :p ¡Ya sabes!

  12. ¡Enhorabuena chicos! Que suerte Koke se tener unos padres tan inquietos 😉 , ha viajado más con un año que muchos de mis amigos jajaja. Un abrazo a a los 3.

    • lucy says:

      Si ellos son felices sin viajar, pues lo celebramos también 🙂 Cada loco con nuestra locura, ¿verdad? Un abrazo grande y gracias por el comentario.

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