Argentina

Published on enero 28th, 2018 | by ruben

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Salta y Jujuy

No lo tenías planeado, pero de golpe, dejas Buenos Aires para recorrer Salta y Jujuy durante 7 días en coche…

Habías estado en Argentina otras dos veces, pero cuando todo el mundo te insiste tanto en que vayas a Salta y Jujuy a pesar de conocer ya Buenos Aires, Iguazú, Península Valdés, Ushuaia, Chaltén y Calafate… por algo será. Así que decides no aplazarlo más. Tienes que acabar con este sinvivir de una vez y no te queda otra que volar hasta el aeropuerto de Salta para hacer un recorrido entre quebradas y pueblos.

7 días en coche

¿Qué habrá por allí? ¿A qué se debe tanta fama? ¿Por qué todo el mundo te recomienda que vayas a esa zona? Quieres salir de dudas y para ello, en lugar de depender de excursiones que no duran lo que te gustaría o autobuses que no salen desde donde tú quieres, decides alquilar un coche. Tienes que reconocer que después de las experiencias en Colombia y Sudáfrica, está resultando un medio de lo más cómodo (sobre todo viajando con niños). Paras donde quieres, avanzas siempre de pueblo en pueblo sin tener que volver al punto de partida, llevas todo contigo… Y ahí estáis, en vuestro pequeño y humilde cochecito con 7 días y 1.700 km por delante para conocer la zona.

La ruta

Subes por la preciosa carretera de la cornisa RN9 en dirección a San Salvador de Jujuy pero pasas de largo (tu objetivo son los pueblos y lugares poco poblados). Por el camino, empiezan a presentarse laderas llenas de colores a uno y otro lado de la carretera. Después de ver la Paleta del Pintor de Maimara sigues hacia Tilcara donde te espera la Garganta del Diablo y de allí a Humahuaca. Te dejas para otra ocasión el Cerro de los 14 Colores (que te pilla un poco a desmano) e Iruya porque está demasiado al norte y vuelves sobre tus rodadas hasta Pulmamarca donde vive el Cerro de los 7 Colores y desde donde irás a Las Salinas Grandes. Sin palabras.

Desde allí se supone que puedes ir hasta San Antonio de los Cobres donde está el Tren a las Nubes (que solo sale los martes y los sábados y hace un recorrido de ida y vuelta hasta el Viaducto de la Polvorilla a 4.200 metros de altura), pero todo el mundo te dice que no deberías hacerlo con un coche tan poco preparado. Haces caso a los lugareños y das tooooooda la vuelta pasando por Salta y subiendo por la 33. Por el camino te sigues preguntando si podrías haber ido por el otro lado, pero bueno… no queréis pasaros de listos como en Taman Negara (y menos con un bebé de un año a bordo).

Al final, el rodeo no es tan grave ya que la subida por la Quebrada del Toro es de lo más pintoresca. En San Antonio de los Cobres vuelves a preguntar si es posible ir por la 40 hasta Cachi pasando por La Poma. Todo el mundo, al ver tu pequeño utilitario te dice que “mejor no”. Y vueeeeeelves por el mismo sitio para llegar a Cafayate por la 68. Una carretera que sí o sí querías recorrer… “pero solo una vez”.

Por la Quebrada de las Conchas es imposible no parar cada 2 o 3 kilómetros: el pueblo fantasma de Alemania, La Garganta del Diablo (otra más… “pero bueno, ¿no había más nombres?”), El Anfiteatro, El Fraile, El Sapo, el mirador de Las 3 Cruces, Casa de Loros, El Obelisco, Los Castillos… ¿Pero quién puso todo esto aquí y tan junto? Y es que el paisaje es exageradamente bonito tal y como te habían avisado.

Cuando los viñedos empiezan a aparecer, es que estás llegando a Cafayate. Un pueblo perfecto para hacer base y desde el que hacer excursiones a alguno de los lugares de interés de la zona… o para visitar bodegas (¡ejém!). Una vez disfrutada la zona, la siguiente parada es Cachi. Por un lado, solo te quedan un par de días para tu vuelo y por otro, no quieres volver a dar oooootra enorme vuelta.

Esta vez, decides guiarte por tu instinto y no hacer mucho caso a lo que te dicen para lanzarte de una vez por todas a recorrer un tramo de la famosa RN40. Por el camino te dejas impresionar por la Quebrada de las Flechas y paras en Angastaco y Seclantás (te ha faltado ir a Los Molinos, pero querías llegar a Cachi de día).

Una vez allí, recorres el pueblo con tranquilidad y esperas que nada se tuerza al día siguiente para poder llegar a tu vuelo de las 12:30 que sale desde Salta. Se supone que se tarda unas tres horas y media así que… cruzáis los dedos y que sea lo que la carretera quiera. Al fin y al cabo, un poco de emoción no viene mal.

Madrugáis y aun así, no puedes evitar parar cada dos por tres en el Parque Nacional de los Cardones para ver combinaciones de llamas y cactus y alucinar con la recta inca del Tin-Tin. Para rematar, hay que bajar la embarrada Cuesta del Obispo y es ahí, entre curva y curva y ante un paisaje increíble, cuando esperas no pinchar… o lo que sea.

Al final, no era tan complicado (suele ser así) y llegas al aeropuerto hasta con tiempo de desayunar por segunda vez. Eso sí, con la mosca tras la oreja por si tenías que haberte lanzado a recorrer más tramos de la RN40. Una vez más, (y como en muchos otros sitios) lo único que tienes claro es que te ha falta mucho por hacer y vas a tener que volver.

Las sensaciones

Es difícil explicar lo mucho que transmite esta zona. La mayor parte del tiempo estás en medio de la nada (lo cual es mucho). Alucinando con el paso del tiempo por la tierra y los múltiples colores que permanentemente riegan las laderas. En medio de ese ambiente andino que tanto te gusta y tanta curiosidad te produce.

Rodeado puntualmente de gente poco dada a la efusividad. Poco dada a la excentricidad. Poco dada a llamar la atención. Gente pausada por la altura. Callada por el azote del viento. Comedida por la vertical presencia del sol. Gente acostumbrada a la presencia de estrellas y la ausencia de ruidos. Gente que solo encuentras por estos lares y que te recuerdan mucho a los habitantes del sur de Bolivia. Gente introvertida. Gente diferente. Gente buena. Buena gente.

Lo que queda

Quedan las ganas de volver. De volver muchos más días. De llegar mucho más lejos. De perderte por esas carreteras (simbólicamente hablando, claro) con un 4×4. Ganas de más quebradas, de más colores, de más subidas y bajadas. Ganas de seguir contando llamas a 4.000 metros de altura. De probar más vino en los llanos. Ganas de más Salta. Ganas de más Jujuy. Queda un gran sabor de boca y muchos paisajes en la retina.

La fama de Salta y Jujuy es más que merecida y tienes que admitir que esta zona, en su conjunto y para visitar durante varios días, pasa a ser tu favorita de Argentina desde hoy. Hala, ya está dicho.

Y ahora… a volver a pasear por San Telmo para seguir reflexionando sobre lo muy egoísta que eres.

 

 


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7 Responses to Salta y Jujuy

  1. Carol says:

    Me recomendaron ir por el norte de argentina y la verdad que no me defraudo , paisajes increibles y gente muy amable. Preferentemente ir en temporada de otoño e invierno ya que en el verano es estacion de lluvias.

  2. Vicky says:

    Hola chicos!
    Nosotros pasamos hace un mes por estas tierras y también nos dejaron alucinados! No sabíamos nada de esta zona y cómo nos sorprendió! Lo bueno de llegar sin expectativas! 😉
    Como siempre, impresionante ver vuestras fotos!!
    P.d.He podido ver también el sindrome del eterno viajero 2 (la vuelta) y me ha hecho pensar mucho sobre las sensaciones que voy a sentir cuando vuelva de este viaje que empezó “sin billete de vuelta” pero del que se que volveré… Un trabajo impresionante!

    • ruben says:

      Hola Vicky! Totalmente de acuerdo, esa zona es una maravilla. Sin duda. Y sí… en algún momento, la vuelta se te hará dura. Descoloca. Desconcierta. Pero antes o después… te haces con ella y aprendes a disfrutarla. De momento, sigue a tope con el viaje. Gracias por comentar! #muac

  3. Belen says:

    Buenisima la descripción del norte argentino, lugares llenos de paz y armonia con buena gente y riquisima comida.

  4. Verónica Olmos says:

    También es una de mis zonas preferidas en Argentina! Una cosita es: “Purmamarca”. Saludos!

  5. M.J. Sánchez says:

    Genial, como siempre.

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