Si te has preguntado cuál es el presupuesto diario en el norte de India en plan mochilero sin sufrir, aunque sin lujos, aquí va un artículo lleno de consejos con el que te vas a hacer una idea.

Actualizado 11/03/18

Es muy difícil, por no mentar la palabra prohibida “imposible”, dar una valoración general de qué o cómo es India. Un solo país formado por millones de realidades diferentes, de etnias, de razas… Con creencias para todos los gustos, con gastronomías diversas, con varios idiomas. Si las generalidades son injustas, en India lo son todavía más. Cambiar de provincia y a veces incluso de ciudad, significa empezar de nuevo una y otra vez.

Probablemente, junto con China, e incluso a una escala mayor, es el país (de los que hemos visitado) con más exigencia psicológica para los viajeros. India te mantiene en un constante reto por fuera y por dentro. Te obliga a revisar tus valores, te llena de dudas, te sorprende, te hace reír, te hace llorar y en muchos casos se convierten en un lugar al que querer volver una y cien veces más.

La gente

Hindús, musulmanes, budistas, católicos, sikhs… Cada uno con su propia forma de entender la vida, de vestir, de comer… pero todos juntos, compartiendo espacios públicos. En algunas zonas en completa armonía y en otras, no tanto. Es impresionante la diversidad de etnias y razas que conviven mezcladas. Poco tienen que ver las facciones de las caras de las zonas montañosas con las del desierto de Rajasthan o con las de Calcuta.

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Mientras te enfrentas al regateo diario para cada servicio que necesites por insignificante que sea, no faltan los que se vuelven locos por hacerse una foto contigo, los que te invitan a sus casas, los que se levantan en el tren para dejarte sitio y los que mientras te despistas, te lo quitan. Son tantas las personas y las formas de vivir que existen que no hay forma de conformarse con un “los indios son de esta manera”. Los hay adorables pero también insoportables. Tremendamente hospitalarios, como los sijs, o todo lo contrario como los “guardianes”- timadores de la puerta de la mezquita principal de Delhi.

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La única generalidad a la que agarrarnos es que todos todos, son tremendamente comunicativos. Muchos hablan inglés y los que no, igualmente te seguirán hablando como sea aunque les digas que no les entiendes. De la misma forma que hay cosas que son muy complicadas, la interacción no es una de ellas. Lo difícil es no relacionarse. Si buscas estar contigo mismo solo te queda el refugio del vipassana.

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La comida

Veganos que beben leche, vegetarianos, fructívoros, onmívoros… Hay quienes no prueban el pescado, quienes no tocan el cerdo y quienes no se acercan a la vaca. Es una de las preguntas más comunes cuando conoces a alguien: ¿tú qué comes? En este sentido es un país tremendamente tolerante con lo que cada uno quiera llevarse al estómago. En muchas celebraciones hay incluso cocinas diferentes para satisfacer los gustos de todos los comensales. Eso sí, en la mayoría de los casos, la vaca no se toca (lo que hay en las carnicerías musulmanas y que venden como “beef” es una especie de buey). La convivencia entre tantas opciones hace que se produzcan muchos sincretismos en todos los ámbitos de la vida, incluidas las formas de alimentarse.

India es el reino de las especias y para desgracia de algunos, de los picantes. Aquí una pequeña selección de los platos más comunes:

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Thali. El menú del día. Una de las formas más económicas y seguras de comer ya que tienen mucha rotación. En cada lugar tienen su especialidad. Se sirve en una bandeja con cavidades que alojan los diferentes ingredientes que casi siempre tienen que ver con arroz blanco, legumbres, verduras, salsas varias y chapatis. En la mayoría de los sitios se puede repetir hasta que revientes o tu boca este más ardiente que un noruego dormido al sol en verano.

Chapatis. Rotis, naan, papad (una especie de roti crujiente), paratha (naan relleno)… Vienen a ser “el pan nuestro de cada día” y acompañan a cualquier comida incluido el desayuno. Los hay genéricos o con otros ingredientes como cebolla, queso, ajo, verduras, huevo… Se amasan a mano y se hornean o se hacen a la plancha. ¿Cuantos chapatis al día se consumirán en toda India? Dejémoslo en “infinitos”.

Legumbres. Otro de los alimentos básicos del que además existen muchas variedades. No hay más que darse una vuelta por los mercados callejeros para ver la cantidad de especies de dal (lentejas) o de chana (garbanzos) junto con otras legumbres de todos los colores que ni siquiera eres capaz de catalogar.

Platos vegetarianos. Más de la mitad de la población del país es vegetariana por lo que en casi todas partes hay variedad de estos platos: shali panner (queso fresco con tomate), palak panner (espinacas con queso), mutter mushrooms (champiñones y guisantes en salsa), hamburguesas y albóndigas (kofta) veganas rellenas de verdura y patata… La lista de salteados de vegetales remojados con especias y salsas es… sí, infinita también.

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Arroces, pulaos y biriyanis. Vegetarianos, con carne, con marisco, arroz blanco, marrón, alargado, grueso, fino… Aunque uno pudiera pensar que los chapatis ya cubren la función del pan, el arroz tampoco suele faltar en ninguna mesa.

Samosas, puris y otras fritangas. Masas rellenas fritas y listas para comer o sin rellenar listas para ser mojadas en alguna salsa. Las venden por todas partes, son baratas y están ricas (ojo que a veces pican de más).

Carne. Aunque la mayoría de la alimentación sea vegetariana, en la India no es imposible encontrar carne cocinada de diferentes maneras. Pollo, cabra y cordero son las más comunes y dependiendo de la zona, las encuentras en salsa verde, tandoori, tika massala, estilo kebap, con frutos secos, con mantequilla, con salsa de yogur o leche de coco. Con toda esa cantidad de especias la variedad es enorme aunque eso sí, la carne siempre es un poco más cara que el resto de la comida. A no ser que vayas a un restaurante estilo western, no sueñes con encontrar un enorme filete esperándote. Ni  siquiera en los restaurantes musulmanes se cocinan raciones de ese tamaño para una persona pero que no cunda el pánico… con hambre nunca te quedas.

En la zona de las montañas hay además mucha influencia de la gastronomía tibetana. Sopas de noodles, momos (dumplings) y queso de yak son algunos de las novedades que se pueden encontrar.

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Bebidas. El alcohol es caro y no es de consumo habitual. En su defecto encuentras el chai (té con leche y especias) a todas horas y el lassi (yogur natural o mezclado con frutas) para acompañar las comidas, recuperar flora intestinal y contrarrestar los picantores varios.

Postres. Hay una gran variedad de dulces muy muy muy dulces. Pastelitos, pudín, flanes, una especie de turrones… Hasta helados de palito que se hacen con métodos caseros y el postre estrella: anís y piedras de azúcar para refrescarse el aliento al terminar cada comida.

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Los transportes y accesos

  • El tren. El medio de transporte estrella por su relación calidad/precio con el que recorrer largas distancias. Una atracción turística en sí mismo. La red ferroviaria de India es impresionante y totalmente recomendable.
  • El bus de larga distancia. Los hay de muchas calidades, desde muy confortables hasta nocturnos de asientos no reclinables o mega-ultra-hiper llenos de gente y cosas. En las zonas montañosas son la opción más económica.
  • El auto-rikshaw o tuk-tuk. La opción más rápida para moverse en las ciudades que incluye discusión asegurada por regateo, cambios de última hora y otras triquiñuelas creativas de sus conductores. No siempre es así, pero es un transporte en el que no se puede bajar la guardia si no quieres pagar cuatro veces más que los locales.
  • El rikshaw. A tracción puramente humana a base de señor que pedalea y te lleva a donde le pidas. También hay que negociar el precio pero suelen ser más baratos que los tuk-tuks.

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  • El metro. Delhi y Calcuta cuentan con red de metro que facilita mucho la vida a la hora de desplazarse por las zonas más céntricas.
  • Taxis compartidos. Otra posibilidad para las zonas montañosas. Más cómoda que los buses nocturnos pero mucho más cara.
  • Alquilar una moto. No es posible en todas las ciudades y… menos mal. Conducir en metrópolis como Delhi o Calcuta debería de tener un carnet de conducir para especialistas. Eso sí, en las zonas en las que se puede da mucha libertad.

Los números

Gastos totales para 2 personas en 48 días: 1536€. Lo que hace una media diaria de 32€ divididos en:

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  • Alojamiento: 391€. El 26% del gasto total. Una cantidad reducible si no siempre se necesita una buena conexión de internet.
  • Comida: 368€. Huyendo del picante hemos salido de la comida callejera lo cual no es lo mejor para ahorrar. También nos hemos aventurado a probar algunas cosas que estaban un poco fuera de presupuesto y el resultado ha sido un gasto de casi el 24% del total.
  • Bebidas: 71€.
  • Transportes: 459€. Aquí está la madre del cordero. Casi el 30% del gasto que se disparó cuando llegamos a las montañas y nos dimos un par de caprichos entre movernos en taxi compartido y alquilar una Royal Enfield.
  • Actividades: 71€.
  • Entradas: 72€.
  • Otros: 102€

Ejemplos del coste de la vida:

  • Botella de agua de 1,5l: 20 rupias
  • Viaje en bus de largo recorrido: 120-700 rupias
  • Viaje en tren de largo recorrido: 150-350 rupias (sleeper class con ventilador)
  • Thali: 50-120 rupias
  • Habitación doble: 400-900 rupias

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Conclusiones

Harían falta varias vidas para recorrer todos los rincones de la India y quizá sea eso lo que la hace tan magnética. No te queda otro remedio que visitarla sabiendo que nunca serás capaz de entenderla del todo y que lo único que puedes hacer al respecto es dejarte llevar. Ahí es donde reside su espiritualidad: en aprender a disfrutar de un mundo que se escapa a tu control. Si quieres algunos consejos basados en nuestra experiencia puedes leer tips&tops: norte de India. 

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Amarla y odiarla en el mismo día son sensaciones comunes entre todos los que llegan de fuera y siempre la dejan con la impresión de que por mucho tiempo que le dediques no has visto nada y que tarde o temprano vas a querer volver.

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6 Comentarios

  1. India es un país que, al mismo tiempo, nos provoca fascinación y cierto miedo. Tal vez sea esa “exigencia psicológica” de la que habláis, el choque cultural o el temor a no saber manejarnos con tanto regateo (somos malísimos regateando) lo que nos hace postergar una y otra vez un viaje al país hindú. :/

    • No a todo el mundo le gusta eso ya lo sabéis pero si le tenéis ganas… ¡hay que sacarse esta espinita pronto! Nosotros aún no conocemos el sur pero otros viajeros que nos fuimos cruzando nos dijeron que es bastante más relajado a nivel de regateos y demás. Puede ser un buen sitio para empezar y ver si os gusta. La zona montañosa del principio del Himalaya también es mucho más tranquila. Ahí lo dejo 😉

  2. Desde que supe que ibas a hacer el Vipassana estaba súper expectante por leerte. Hoy, gracias a tu post y sobre todo al video, estoy un paso más cerca de ser parte de esto. Gracias por esta entrada.

    • Hola Beatriz! Gracias por tu comentario. Nos alegramos de haber ayudado aunque sea un poquito a que lances a esta aventura. Disfrútala mucho y mientras tantos esperamos seguirte teniendo por aquí. Ya sabes donde encontrarnos para cuando quieras venirte un ratito de viaje con nosotros. Un abrazo.

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