… o uno de esos aprendizajes inesperados que aparecen en viaje.

China fue el primer destino de la vuelta al mundo. En una estación de tren en medio de la nada apareció Ian. Larguirucho estadounidense de poco más de 20 años con una sonrisa de oreja a oreja que se acercó a hablarnos.

– ¿Ey guys! Where do you go? Where are you from?

– ¿Vamos a Yanshuo, a un intermcabio de alojamiento y comida a cambio de clases de inglés. ¿Por qué no te vienes?

– Sounds good!

sorry guys

Ian había llegado a China para estudiar chino y un par de semanas después de que terminara su curso estaba recorriendo el país desenvolviéndose con una facilidad pasmosa. Años después se fue a vivir a un pueblo de Guatemala para aprender español. Años después, lo recibimos en Madrid y ya lo hablaba mucho mejor que nosotros inglés.

Cuando le pedíamos disculpas por nuestro mal inglés, le quitaba importancia.

– ¿Pensáis que solo los españoles tenéis acento? Todo el mundo tiene diferentes acentos hablando inglés. Incluso los nativos.

– Eso lo dices porque tu hablas bien inglés.

Y el respondió…

«Siento deciros que hablar inglés no es suficiente para entender otras culturas”

sorry guys

Y así fue como a sus 20 años dejó en nosotros el poso que quedaría después en lo que a día de hoy sigue siendo uno de los pilares fundamentales para nosotros en la educación de Koke.

Durante todos los viajes conocimos personas con puestos de trabajo maravillosos que terminaban abandonando por no poder adaptarse a la cultura de ese nuevo lugar. Parejas mestizas que fracasaban por falta de entendimiento, expatriados que solo se relacionaban con otros expatriados.

No significa lo mismo Amor para un brasileño que para un japonés. No significa lo mismo Matrimonio para un indio que para un camerunés. No significa lo mismo Trabajo para un español que para un ruso. No significa lo mismo Paciencia para un francés que para un egipcio. No significa lo mismo Respeto para un chino que para un colombiano.

sorry guys

Conceptos que parecen tan obvios cobran significados diametralmente opuestos en algunos casos y eso, cuando cambias de lugar de residencia agota. Requiere un esfuerzo para el entendimiento y una energía que en muchas ocasiones termina por agotar a aquellos que llegamos de fuera. Esto era lo que Ian trataba de explicarnos cuando nos decía que “hablar inglés no era lo único que hacía falta para ser capaz de vivir y trabajar en otro país”

¿Os imagináis una generación que no tenga que enfrentarse a esa fricción cultural? ¿Que sea capaz de entender que cada idioma/cultura es un punto de vista diferente para entender el mundo? ¿Una generación tan libre como para ver más allá de las capas exteriores de los seres humanos? Una generación de personas que tiendan puentes entre culturas. Eso fue lo que nos imaginamos nosotros cuando conocimos a Ian y en esas estamos.

 

Nota: no importa la edad, la procedencia, ni la condición social… Se puede aprender de todo el mundo.

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