Estados Unidos skydeck chicago willis tower

Published on mayo 22nd, 2018 | by lucy

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Lo siento Chicago, pero “safety is not the first”

Si no fuera por el frío húmedo y el viento que se cuela por todas las rendijas de nuestro cuerpo, Chicago hubiera entrado de lleno en nuestra lista de ciudades en las que “alguna vez nos gustaría vivir”.  ¿Viajan a Chicago? -nos pregunta un chico en el aeropuerto de MiamiLes va a encantar. Es mil veces mejor que Nueva York– Eso sí que fue dejarnos las expectativas bien altas. Lo cierto es que no diríamos tanto, pero sí que no tiene nada que envidiarle. Chicago es también una gran ciudad en la que pasan muchas cosas, pero a un ritmo mucho menos frenético. Todo es más tranquilo. Hay menos colas largas que esperar, la mayoría de las distancias son caminables, es fácil encontrar mesas libres para comer y sin duda, es un paraíso para los amantes de la arquitectura. De hecho, para nosotros tiene uno de los skylines más bonitos del mundo (a la altura casi del de Shanghai).

NOTA: Dicho esto, todo lo que viene a partir de aquí, no busca desmerecer en nada a la ciudad de Chicago, ni a su gente. Somos conscientes de que las intenciones, en todos los casos, han sido siempre buenas y las formas también. Pero no podemos dejar de reflexionar sobre lo frecuentemente que hemos escuchado en la ciudad la frase que da título al post en su versión positiva: “safety is the first” (la seguridad es lo primero). Y bueno sí, la vida es lo primero, en eso estamos de acuerdo todos, pero veamos en qué situaciones hemos escuchado la frase en pro de evitar algún accidente mortal…

En el museo de Arte Contemporáneo

Nos sentamos en el banco que hay en medio de una de las salas para ver un libro de arte. El banco no tiene respaldo y no debe tener más de 40 cm de alto, pero es bastante ancho. Agarro el libro con las dos manos y lo pongo a la altura de la vista de Koke. Estamos tan juntos que la parte de atrás del libro apoya sobre sus piernecitas. La responsable de sala se acerca a mí y tardo unos segundos en entender qué quiere decirme. ¿Será que tiene miedo de que Koke arranque una hoja del libro? Le pido que me lo repita: “agarra al niño fuerte del brazo para que no se caiga del banco” – “No se preocupe, le digo” – “Puede caerse al suelo y ya sabes… la seguridad es lo primero”. Terminamos saliendo de la sala porque la señora tiene pinta de no estar del todo bien y decidimos creer que se trata de una anécdota puntual.

En una calle peatonal

La mayoría de las ciudades modernas han sido más pensadas para ser conducidas que para ser caminadas. Esta planificación urbanística, deja los parques para los niñoa como únicos espacios en los que poder moverse libremente para evitar ser atropellados. El caso es que no podemos pasarnos la vida metidos en un parque, así que cuando llegamos a una zona peatonal, una plaza o un centro comercial aprovechamos para que Koke estire las piernecicas. A veces se tropieza y le decimos “¡arriba!”. Se levanta como si nada y sigue con lo suyo. Pero esto, en una calle peatonal es más de lo que los sensores de seguridad de algunos chicagüenses pueden soportar. “Bebé no corras, que te puedes caer”– le dicen cariñosamente. Y luego nos miran a nosotros mientras añaden un “safety is the first” con cara de anuncio. Como si fuera el slogan de la campaña de alguna marca.

En el barco

Subimos al crucero que recorre la ciudad llegando hasta el lago Michigan. Por fin brilla el sol. La guía incluso hace bromas por el micrófono al respecto. La superficie del agua es un plato y el viento habitual ha decidido darnos una tregua. Koke se acerca a tocar con su manita una de las boyas que hay recogidas en la parte trasera. Para él, es como una pelota gigante. Uno de los chicos de la tripulación nos advierte “no puede tocar eso, no es seguro”. No veo la inseguridad, pero entiendo que si las normas son esas debemos cumplirlas, así que nos movemos hacia otra zona en el barco.

En uno de los laterales, hay una pequeña abertura del tamaño del antebrazo de un adulto justo a la altura de los ojos del bebé (desde la que puede ver el agua). Acerca su manita y dice “abuaaaa”. No tarda en llegar alguien del staff para decirnos que “es mejor que no meta la mano ahí, porque puede no ser seguro”. Es su barco y son sus normas, así que volvemos a cambiarnos de sitio.

Como tenemos que ir todos sentados (¿?) y debido a su pequeñez, desde los asientos no puede ver nada. Evidentemente, se pone de pie (la barandilla le llega a la barbilla) mientras yo le agarro por la cintura hasta que… “lo siento pero está prohibido que el niño vaya de pie. Su seguridad es lo primero”. Me vienen a la cabeza esos barcos de madera filipinos o el slow boat de Myanmar (así como la idea asiática de lo que significa el concepto seguridad) pero me trago las palabras. Desde ese momento, me las ingenio para tenerlo en brazos el resto del viaje y distraerle señalando todo lo señalable. Aunque todavía tenían un “safety is the first” más para nosotros.

Cuando el barco atraca y mientras todo el mundo baja… Koke vuelve a ponerse de pie en uno de los asientos junto a mí. “Espera, que os hago una foto”– me dice Rubén. Pero antes de que la haga, un señor se identifica como parte de la tripulación del barco (vestido de paisano) y nos dice “el niño puede caerse si se mueve el barco y ya sabe “safety is the first”.

Ejém

Me pregunto cuales son las consecuencias de crecer con el zumbido de esa frase cada vez que te dispones a descubrir algo. La respuesta es sencilla… adultos temerosos a cualquier mini-posibilidad de peligro. Aquí es donde hemos visto los coches más grandes y mejor equipados con las más descomunales ruedas (de esas que en toda su vida útil lo más inestable que van a pisar es el asfalto). Aquí es donde hay un puerto lleno de barcos de lujo que nunca van a salir del lago Michigan (puede que ni pasen de los 5 kilómetros lago adentro) capitaneados por lo que algunos llaman “marineros de puerto”.

El miedo y la culpa, son los dos sentimientos que nos unen a todos los padres del mundo. La naturaleza nos convierte en la mejor baza para garantizar la supervivencia de los pequeños. Queremos evitarle a nuestros hijos cualquier sufrimiento. Todo lo que a ellos les pueda hcaer daño, a nosotros nos dolerá en cantidades industriales (y el mercado lo sabe muy bien). El miedo y la culpa son los puntos débiles que tenemos los padres. Enseñarnos un nuevo invento que aboga por la seguridad de nuestros hijos es una venta asegurada. Es como enseñarle un número de la lotería a un jugador. Ahora que lo ha visto no le queda otra que comprarlo porque ¿y si toca? Así funciona nuestro cerebro, “ahora que sabemos que existe la silla de coche con tercer agarre + isofix + el efecto reductor lateral del golpe + el cinturón que evita una posible rozadura, tenemos que comprarlo. Porque si da la casualidad que sucede algo, no podremos perdonarnos la culpa de no haber comprado el último sistema de seguridad que podría haberlo evitado.

“Que no corra, puede caerse” ¿Que no corra? ¿Nos parece normal decirle a un niño que no corra para que no se caiga desde una altura de menos de un metro? No es que pueda caerse es que va a caerse. Seguro. Es la única manera de enfrentarse a la vida. De que “no se caiga” cuando sea más mayor y se haga daño de verdad porque no estamos a su lado (metáfora). Cuando Koke empezó a andar solo, corría. Corría y se caía. El primer impulso es querer que no corra, pero piénsalo -me dijo su abuelo- “¿cómo es más fácil mantener el equilibrio en una bicicleta, pedaleando muy despacio o deprisa?”

Para aprender a levantarse, primero hay que caerse

No quiero que mi hijo se abra la cabeza, ni que se parta el brazo, pero… ¿como va a desarrollar su psicomotricidad? ¿Cómo si no va a entender lo que significa caerse al suelo? Y lo más importante, ¿cómo va a aprender a levantarse? (metáfora).

NOTA: esta semana leía un artículo en el que se menciona que el último informe del Plan sobre Drogas en España, ha detectado que uno de cada seis adolescentes calmó sus tensiones ante un examen o una ruptura con ansiolíticos. Los tranquilizantes por primera vez superan al alcohol y al tabaco como droga de inicio (me apeo del hiperchurumbelismo).

La seguridad puede ser lo primero en una central nuclear. En un lanzamiento en paracaídas. En situaciones en las que la carencia de ella pone en riesgo la vida de las personas. Pero no puede ser lo primero en la vida. Se me ocurre toda una lista de palabras que me gustaría que formaran parte de la banda sonora de Koke en su infancia: life is the first, love is the first, hapiness is the first, respect is the first, cariño, amistad, humanidad, empatía… Y por mucho que busque en la lista, sigo sin verle los beneficios a “safety is the first. Así que, después de pasar cinco días maravillosos en Chicago y pensando que sigue siendo una de las ciudades más bonitas que he visto, tengo que estar en desacuerdo: “lo siento Chicago, pero safety is not the first”. 


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8 Responses to Lo siento Chicago, pero “safety is not the first”

  1. Buen post Lucy. Un punto de vista diferente sobre la experiencia de viajar.

  2. Marta says:

    Yo viví un año en USA trabajando como au pair, y tengo la sensación de que es un poco la tónica general en las ciudades ricas (yo vivía en Brooklyn), o al menos con un ritmo de vida más frenético en el que los padres no cuidan de sus hijos personalmente, sino que lo dejan a cargo de otros. Quitando lo que ya han comentado de las denuncias , que es totalmente cierto, allí se promueve una hiperprotección absurda de los niños , aparte de exigirles y colocarles unas expectativas de lo que deberían ser muy altas. Estados Unidos me encanta por sus paisajes y ciudades, pero hay aspectos de la cultura americana que si viviese ahí evitaría a toda costa. Un abrazo!

    • lucy says:

      Este país es tan enorme que todavía no me siento con información suficiente como para hacer una valoración muy completa pero si lo extrapolo a otros países con un estilo de vida similar, sucede justamente lo que comentas. Vida frenética, muy poca población infantil, niños cuidados por terceras personas… Al final el tiempo que los padres pueden dedicarles a sus hijos hay que compensarlo con hiperchurumbelismo a tope (siempre hay excepciones). El caso es que por ejemplo en San Francisco hemos visto justamente lo contrario y el ritmo de vida es bastante más tranquilo. Casi da sensación de pueblo en muchas zonas y además está plagada de parques y zonas verdes.

      La verdad es que USA me está gustando más de lo que me imaginaba. Pero coincido contigo, hay cosas en las que les admiro y otras en las que me dan ganas de zarandearlos por los hombros. Muchas gracias por el comentario y ¡otro abrazo para ti!

  3. ¿Será poruqe si le pasa algo al niño podéis demandar a la empresa por no ser “safety concerned” y llevaros una pasta? ¡Koke os agradecera que le dejarais correr!

    • lucy says:

      Eso tendría sentido en el caso del museo o del barco. Aunque estuvimos riéndonos del tocho que venía en la entrada para subir al ferri, en la que se hacía alusión hasta a “posibles actos de Dios” frente a los que ellos no tenían ninguna responsabilidad. Vamos que la empresa se lavaba las manos de todo lo que pasara dentro de ese barco que pudiera causarte daño o prejuicio.

      El caso es que por ejemplo en San Francisco la gente no es así. Me imagino que estos comportamientos son multifactoriales, aunque si tengo que echarle la culpa a algo me inclino por pensar que cuantos menos niños hay en la vida pública de una ciudad, menos acostumbrados están los adultos a sus comportamientos naturales y más surgen los comentarios de ese tipo. Pero… son solo suposiciones mías.

  4. Esperanzs says:

    Estupendo post, Lucía. Se le hace mucho más daño a un niño cuando no se le permite moverse, explorar, investigar…que lo que le pueda suponer un coscorrón, pero sin bajar la guardia.

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