Empezando con ganas

Coges el Air Train que recorre todas las terminales del JFK y llega hasta Jamaica Station. Allí sacas tu metrocard en las máquinas y buscas a ver desde qué andén sale el tren que va a Penn Station en pleno Manhattan. Una vez allí, tendrás que coger el PATH para ir a New Jersey. Miras en las pantallas, bajas hasta el andén y mientras te comes un pequeño croissant de salvamento que traías… “¡¿Y la maleta?!” Ya te la han robado y ni te has dado cuenta. Vaya recibimiento. Llevabas dentro toda la ropa y el trípode. Miras a un lado y a otro. Subes. Bajas. Un operario que te ve, te pregunta qué ocurre muy amablemente y cuando se lo cuentas, te dice que vayas a la comisaría de la planta de abajo. Vas y al contar lo que ha ocurrido y cómo es la maleta, cuatro policías salen disparados como en las películas. El capitán te sugiere que te des una vuelta por fuera de la estación tú también por si el ladrón ha cogido lo que le interesaba y ha dejado el resto en alguna parte. Tú sales a lo Colombo y después de un par de paseos, se te ocurre que si tú fueras ladrón y, teniendo en cuenta que es una maleta bastante grande, irías a los baños. Un lugar donde poder mirar con tranquilidad abandonando los restos casi sin ser visto. “Qué buen investigador se ha perdido el mundo”, piensas. Llegando hasta los baños y al otro lado de los tornos, junto a las máquinas expendedoras de tickets… ves tu maleta. Esperando plácidamente a que alguien de buen corazón le de casa y amor ante tu abandono. Le dices a los responsables de la estación que te dejen salir y volver a entrar con tu maleta y te encaminas hacia la comisaría para avisar de que tienes la maleta. Por un momento se te pasa por la cabeza la idea de decir que la has encontrado con casi todo dentro después de encontrarla destripada en un callejón junto a los contenedores de basura pero, una vez estás allí reconoces la realidad de tu enorme despiste. La cara del capitán avisando por radio a sus compañeros es la de “vaya, vaya con los turistas de calidad que vienen a la ciudad”. Te despides pensando en lo que habría cambiado tu viaje si realmente te hubieran robado la maleta en cuanto al trastorno y a tu percepción de los americanos a partir de ahí. Sin embargo, la maleta ha estado casi una hora allí y todos los que te han ayudado, han sido más que majos contigo. Pensando, pensando, llegas a New Jersey en dos horas y por menos de 10$.

Subes a la casa donde amablemente te sigue esperando el dueño con una sonrisa, te explica un poco todo, te da la llave y se va. A decir verdad, el piso está muy bien y tiene unas vistas maravillosas pero… estás muy, pero que muy cansadzzzZZZzzzZZZzzz…

 

1-  «Tititití… tititití…»  Vale que has venido a por un poco de aventura pero la previsión es tu fuerte. Menos mal que habías programado la alarma en el móvil. 7:00 de la mañana, ¡vaaaamos allá!

 

2-  Abres los ojos y caes en que no programaste la alarma en el móvil. A lo de vivir Nueva York en plan aventura, había que sumarle tu falta de previsión. Son las 12:54 y por aprovechar lo que queda de día, decides salir a dar una vuelta por el barrio.

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