Del 6 al 9 de mayo // Temperatura: 28º // Sol y panza de burro

Después de la paliza que te diste en el Salcantay para llegar a Machu Picchu, de subir y bajar montañas, de andar entre piedras y maleza de todo tipo entre 3000 y 4800 metros de altura… llegas a las puertas del desierto al nivel del mar en menos de 10 horas. Sin duda, te gustan los paisajes extremos. Los buscas. Los persigues. A estas alturas del viaje vas buscando… «lo que te falta». En esta ocasión, cambias el bullicio de las calles de Cuzco por el extremo silencio de las dunas de Ica. Oíste por ahí que había un oasis en pleno desierto y no te lo pensaste dos veces…

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¿Un desierto?… ¿Con oasis?… ¡Como en las películas!… ¡Como en los cuentos!… ¡Como en los sueños!… Ya sabes que además de padecer el síndrome del eterno viajero, padeces el mal del mochilero de largo recorrido… Curiosa contradicción de sensaciones que van muy de la mano. Una es consecuencia de la otra… o la otra el origen de una. El caso es que cuando llegas a un sitio que te llama tanto la atención… un sitio tan diferente… te atrapa. Sin condiciones. Sin rescate.

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Subes a lo más alto de la duna más alta que tenías a mano. Llegas. Sí. Pero cansado. Como si estuvieras a 6000 metros. Paso en la arena pesa. Recuperas el aliento, poooooooco a poco… giras la cabeza y… ahí está… el desierto…

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El desierto se muestra ante ti sin complejos. Te dice «esto es lo que hay». Nada más y nada menos que un sin fin de aparente monotonía visual. Arena sobre arena. Un horizonte plagado de pesadas subidas y alegres bajadas de sombras y luces. Azul sobre amarillo anaranjado. Sonrojado. Soleado. Sol… y silencio. Mucho silencio… ¿Lo oyes?… ¿No?… Calla, calla… «Huhhhhhhssssshhhh… huuuuuhhhhhhsssssssssss….»

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El sol se mueve lento. Las sombras bailan con él. De derecha a izquierda. De arriba a abajo. Dunas que van… dunas que vienen… y tú… ahí sentado. Mirando. Mirándo la nada… mirándolo todo. De alguna manera, consigues lo que nunca antes habías logrado ni intentado: dejar la mente en amarillo naranja. Pensamientos intermitentes sin sentido: ¿Cómo sería estar perdido ahí dentro? ¿Hacia dónde andarías para escapar de un sitio que te atrapa de esta manera? ¿De dónde sale toda esta arena?

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Pasan los minutos y a estos, le siguen las horas. No hacía falta tanto para que te sintieras lleno… Pleno. Curioso… ¿no? Un mucho de nada… un poco de todo. Te quedas hasta el atardecer. Total, no tienes nada que hacer. Nada mejor que ver. Sólo ser.

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Al día siguiente, te levantas con ganas de repetir el mismo menú: arena y más arena. Arena por todas partes. Pero le quieres a añadir un poco más de emoción para tener algo más que recordar a eso de la soledad, las dunas, la tranquilidad y tú… ¿Qué tal cuatro ruedas?

 

 

 

11 Comentarios

  1. Una decepción al conocer este lugar. Lo describen como un desierto con un oasis, y no dudo que en algún momento lo haya sido, pero está sumamente explotado. Además de eso, muy caro, mucho ruido, mucho turista… El «oasis» es un lago con agua estancada, y todavía no puedo concebir que exploten de esa manera las dunas con los cuatriciclos. En Rocha, Uruguay, tenemos dunas así en Valizas, y está prohibido. Eso va a tender a que desaparezca el desierto. En fin, yo pasé una noche y me fui para Lima. No lo recomiendo. Saludos!

    • Hola Belén.
      Si has podido echarle un ojo a alguno más de nuestros artículos habrás visto que nosotros, en cuanto a destinos y a no ser que veamos actividades que no nos parezcan éticas, preferimos no recomendar ni todo lo contrario. Cada uno tiene sus gustos y sus prioridades. Lo que a uno le impacta depende mucho de lo que antes haya conocido, del país que venga, de a que esté acostumbrado y de muchos otros factores a tener en cuenta. Dicho esto, para nosotros después de haber estado en desiertos de Oriente Medio, Marruecos, las dunas de Maspalomas en Canarias, el desierto de Almería, Australia y el desierto del salar de Uyuni (otro tipo de paisaje pero también desierto) las dunas de Ica nos impresionaron bastante. Sobre todo el poder ver el amanecer y el atardecer sentados en ellas. Es un paisaje que para fotografías da mucho juego.
      El oasis de Huacachina, como a ti, no nos gustó especialmente. Nos pareció muy explotado y con el agua en malas condiciones. Para nosotros el oasis no es más que una excusa para disfrutar del resto del paisaje. Un saludo!

  2. Luego de permanecer más de una semana conociendo Lima, nos dirigiremos mañana o pasado a Ica. Es la primera vez que veremos un desierto! Parece que estamos haciendo su misma ruta de Sudamérica, pero al revés jaja. Saludos chicos! =)

    • Acabo de leer este comentario pero ya deben andar por ¿Uruguay? Buen viaje chicos y perdón por la tardanza en la respuesta. Un abrazo!

    • Bueno, estas son un poco más altas… y hay alguna que otra más. Pero sí, a mi también me vinieron a la cabeza. Se agradecía no ver la avioneta con la pancarta de la discoteca Boney M

  3. Me dais ganas de cruzar el “charco” ya y eso que acabo de llegar a mi querida Asia…
    ¡Qué preciosidad! Seguid mostrando el mundo 🙂

    • Qué notición nos diste a la hora de irnos a la cama. No sabes cuanto nos alegramos de este viaje (sin vuelta) que has emprendido. Aysssssss!!!! Emoción a raudales!!!!! :):):)

  4. ¡Impresionante! Me encantan los desiertos. Y con oasis incluido más. Muy chulo el vídeo. Gran experiencia. Gracias por mostrarlo.

  5. Si es que uno no se va de Huacachina sin hacer sandboarding !!
    Felicitaciones por el vídeo, a ver si ahora lo enseño y alguien «entiende» lo que se siente…

  6. Muy bonito, el vídeo me encanta! Visitar un desierto, mi asignatura pendiente… 🙂

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