Colombia

Published on octubre 29th, 2017 | by ruben

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El pueblo del que nunca te hablaremos

No te voy a engañar. La verdad es que… no te lo hemos contado todo (del todo). Aunque en Colombia hemos vivido momentazos increíbles, reconozcamos que también ha habido un par de decepciones. Una fue en las Termas de Santa Rosa del Cabal y la otra, en Playa Blanca en Cartagena. Dos lugares que, intuimos, en su día fueron idílicos pero que hoy, están terriblemente explotados (sin control) y masificados (a todo masificar).

Esa reflexión a la que llegamos sobre el despiadado ciclo turístico  al volver después de tanto tiempo a Praga, o esa sensación que tenemos últimamente de que “el modelo mochilero” (mal llevado) va perdiendo magia para ganar en plástico, son pensamientos que nos inundan cada vez que encontramos un precioso lugar venido a menos. Y nos ha vuelto a pasar…

Oímos desde hace lustros eso de que hay que ir a Cuba antes de que sea demasiado tarde… y la realidad es que a esa lista, hay que empezar a sumar muchos más sitios.

Recuerdo lo que hace unos años, cuando llevábamos otra vida, nos dijo un entonces viajero y ahora además, amigo: “no sé si escribir sobre El Nido, me preocupa que se estropee”. En su momento no entendimos muy bien el fondo de tan “presuntuosa” afirmación. ¿Por qué no dar a conocer un lugar especial? ¿Por qué no llevarse “el mérito” de ser el que descubre lugares secretos para los demás? Después, fuimos a El Nido y vimos lo que empezaba a ocurrir por allí. Ahí lo entendimos todo.

Hace tiempo que la respuesta nos parece evidente, pero está claro que el modelo de viajero intrépido que viaja por los demás, pasó… para dar lugar al de descubridor de lugares que se lo ponen fácil a los demás para que vayan a visitarlo también. Y ¿sabes qué? Creemos que eso está bien. Viajar, de forma responsable, es bueno para los que van y para los que están allí. El problema es cuando entre unos y otros, quemamos un lugar hasta el punto de volverlo irreconocible. Sin magia. Sin personalidad. Sin encanto.

Seguro que si lo piensas, se te ocurren varios sitios que en su día fueron casi un paraíso para ti y a los que ya no te apetece volver. Por eso, queremos que sepas que en Colombia nos encontramos con un pueblo… muy especial. Que sigue como estaba. Como ha estado siempre.

Un pueblo con casas que, unas pegadas juntitas a otras, se amontonan homogéneamente y mantienen todas sus piedras perfectamente colocadas en un sencillo y práctico “esta la ponemos aquí y esta otra por aquí también”. Sin que ninguna desentone para bien o para mal. Un lugar con esa gente que te saluda y agradece vía mueca-sonrisa que hayas llegado hasta allí. Para ver su pueblo… ese del que solo han salido una o dos veces en toda la vida. Ese, “que no tiene nada”. Nada más que encanto. Como el encanto de sus prendas, su comida o sus tradiciones. Nada es típico. Es lo de siempre.

Un pueblo en el que no hay ningun restaurante con fast food, ni un hotel con todo incluido, ni un grupo de gente pedaleando sobre un carrito mientras bebe cerveza, ni gente atosigándote para que reserves un tour… Por no haber, no hay ni gente pidiendo. Porque todo el mundo tiene.

Y conversando conversando, alguien nos pide que hablemos “del pueblo”. En plan TripAdvisor. Que recomendemos ese entorno. Esa comida. Esa amabilidad. En definitiva, que contemos lo bonito que es todo… para que vaya mucha más gente. Como si nuestra aportación fuera parte de la solución a algo.

En lugar de asentir y decirle que claro que sí, le preguntamos para qué quiere que vaya más gente. En su cara se dibujóa  una expresión de incredulidad. Como si la respuesta no fuese lo suficientemente obvia. Ante nuestros argumentos de “listillos clarividentes” sobre todo lo malo que puede ocurrir con el tiempo y lo mucho que podría cambiar el lugar (porque ya ha pasado en otros sitios), solo obtenemos “el progreso” por respuesta. Un progreso que desgraciadamente, suele ser solo para unos pocos. O eso pensamos nosotros.

Y es justo en ese momento, en el que sabemos que vamos a fallar a dos personas. A él y a ti. A él por no hablar de lo mucho que desinteresadamente le dan allí al visitante y a ti, por no decirte cómo se llama y dónde está ese lugar secreto que probablemente te interese.

¿Pero sabes? Si vas a Colombia (aunque sea por poco tiempo), en lugar de ir a las termas de Santa Rosa del Cabal o a Playa Blanca, piérdete un poco a ver a qué sitios secretos llegas. Puede que encuentres este pueblo. Probablemente, tal y como lo dejamos (o eso nos gustaría).

No sé tú, pero desde entonces, nos hemos quedado pensando y algo contrariados haciéndonoes la siguiente pregunta: ¿y si empezamos a recuperar entre todos los lugares explotados para que vuelvan a ser secretos?


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8 Responses to El pueblo del que nunca te hablaremos

  1. Muy buenas.
    Antes de nada, felicitaros por el artículo. Me ha encantado.
    Seguramente yo no he viajado ni la mitad de lo que las personas que han escrito aquí. Pero entiendo perfectamente lo que el artículo dice. Yo también me he sentido “decepcionado” en parte al visitar destinos supuestamente lejanos, para encontrar demasiadas cosas que te recuerdan a aquí. La globalización es brutal, y el turismo cambia inevitablemente las cosas.
    Nadie mejor que los españoles podemos contar los beneficios del turismo, literalmente nos sacó de la pobreza. Y todo el mundo tiene derecho a prosperar, está claro.
    Pero lo que se pierde en esa mejora, es algo que sólo los que venimos de fuera podemos lamentar. Precisamente porque nosotros lo perdimos. Y sin embargo, con qué cara se le dice a una gente que solo quiere comer a diario y mejorar sus servicios y posibilidades, “mejor quédate como estás”.
    Son sentimientos contradictorios y que tienen difícil solución.

    • ruben says:

      Ahí está la clave. No se puede pretender que las cosas se queden como están para que nos queden bien en la foto pero… los sitios deberían mantener su esencia al mismo tiempo que progresan. Quizás es más una cuestión de forma que de fondo. Pero claro, aparecen los intereses personales y las prisas. Es un tema complicado este de la globalización del turismo. Como en todo, tenemos que ser más responsables. Los que vamos y los que están. Mil gracias por tu comentario.

  2. Iván Fanego says:

    En este debate hemos estado nosotros inmersos mucho tiempo.

    Por un lado, entiendo esa postura conservacionista (la sentí en Myanmar, la viví en Tailandia jaja), por otro no puedo evitar pensar eso de “ay, no vamos a hablar de esto no sea que evolucionen y dejen de ser tan auténticos”. Y ahí sigo, en bucle, pensando una cosa y otra casi a la vez: cada vez que recomiendo algunos sitios digo “date prisa”, pero a la vez pienso que los estoy j*diendo.

    En fin, que mi postura más general es: los únicos sitios que corren riesgo de estropearse son los que son muy bonitos para el estándar occidental / país desarrollado (ojo, que ahora los chinos se suman como destructores de destinos): El Nido (que al final no fuimos) es un buen ejemplo. Las playas “de resort” de Tailandia, otro. Al final acaban que da igual que estés en Tailandia que en Punta Cana: playa, piscina y hotel.

    Pero, ¿se llenará algún día de turistas el Green Park de Kunming? No creo, porque lo que mola es que es un sitio “sin más” con mucho encanto y al turista masivo “se la pela”.

    Creo que la batalla de los centros de las ciudades turísticas y las playas bonitas está perdida: nunca se recuperarán.

    Poniendo el ejemplo con Madrid, vivir en Sol será casposo por el resto de la eternidad, cenar en algo que no sea una franquicia cerca de Plaza de España será misión casi imposible,… Pero Madrid seguirá teniendo sus barrios y sus rincones especiales. Y Bangkok o Nueva York seguirán siendo sitios donde viva gente “de verdad” y no sólo turistas. El turismo crea una ruta paralela que el local evita, pero siempre puedes desviarte.

    • ruben says:

      Cierto. El caso es que yo soy mucho “de progresar”. Pero todos. El plan no es “ay… que todos los sitios “auténticos” sigan como estaban hace 300 años para mí”. Lo que no puede ser es que dos listos se hagan con toda la explotación de un lugar bajo el consentimiento de las autoridades (y bajo su comisión) y que la gente del lugar, se tenga que ir porque no puede mantener ese nivel de vida. No puede ser que los niños dejen de ir al colegio porque “photo one dollar”. Y un montón de cosas más que ya sabes. La cosa está complicada. Y quizás pasa por intentar no entrar tanto en la rueda. Inmersos estamos también en este debate hace mucho. El caso es que, no nos gusta que nuestra ciudad esté llena de turistas (no daré nombres), pero no nos importa que ocurra en otro lugar.

      Hay que desviarse!

  3. Auqnue no hayáis dicho el pueblo, gran post y reflexión. Es normal que os mirasen incrédulos, ¡cómo no van a querer que vaya gente! Todas las oficinas de turismo se matan porque la gente vaya a su localidad y gaste, sobretodo gaste.
    El modelo turístico de unificación se ha ido de las manos, ahora ya no sabes si estás en EEUU, París o Italia al pasear por las calles de algunas ciudades. Dejémos que haya pueblos que sigan siendo secretos, aunque esto choque con nuestras ganas de contarle al mundo lo bien que nos han tratado y el “no te olvides de visitar” que tenemos a veces. Como Eslovenia 😉

  4. machbel says:

    A mi que me gustan los sitios de naturaleza, cada vez pasa más eso que comentas, hasta el punto de que en España ya se tiene que limitar el acceso a las playas y otros lugares, porque no tienen capacidad para más. Esto de la masificación solo es otro efecto secundario de la globalización, la mejora del nivel de vida y la posibilidad mayor de poder viajar, pero le acaba quitando la magia a los lugares incólumes que cada vez son más difíciles de encontrar. Igual en lugares con mucho frío, pero creo que ni con esas.
    Larga vida a vuestro pueblo misterioso!

    • ruben says:

      Igualmente, si no se permitiera explotar los sitios “desde dentro” (que es el primer gran error) y no pidiéramos encontrar las comodidades de nuestro país en otros… todo sería de otra manera. Seguramente, sea una utopía (a estas alturas de la película). La globalimasificación está haciendo mucho daño. Cierto. Y me sigue pareciendo que tener la posibilidad de viajar, para quien la tiene, es casi una obligación. Como también debería de serlo cuidar cómo se hace, qué se espera de los lugares y qué huella deja uno al pasar por ellos. ¿No?

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  • “El síndrome del eterno viajero”

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