Actualizado 12/03/2018

Qué ver en Paraguay y varias lecciones aprendidas por el camino

Siempre te queda algo por ver

Imagina: un hostel, un matrimonio de italianos, dos chicas alemanas, cuatro argentinos con mucha labia… y una cocina. Diecinueve cero cero. Todos os ponéis a «malpreparar» a la vez lo que habéis comprado en el mercado para ahorraros una cena fuera. En esos momentos en los que coincides con otros mochileros viajeros cascabeleros… siempre te encuentras a alguien que ha «estado en España». Y resulta que sólo «ha estado» en Barcelona… Madrid… Ibiza y con suerte Granada. Y tú le dices «bufff… te queda mucho por ver… tienes que ir a Canarias, a Galicia… al País Vasco…»

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En todos los sitios a los que has ido… te ha faltado algo por ver y Paraguay no iba a ser una excepción. Casi siempre es por falta de tiempo ya que, para conocer un país en profundidad, te tienes que quedar… toda la vida Como a ti se te ha metido en la cabeza esto de dar la vuelta al mundo, sabes que te vas dejando cosas por el camino (una excusa perfecta para volver). Tú querías contrastes… Diferentes formas de ver el mundo… Costumbres encontradas. Y eso tienes. Puede parecer que si vas a un sitio en el que «no hay nada que ver» y te dejas la mitad… mal vamos. No es el caso.

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Paraguay te pone en tu sitio

Entre comida y comidatus ángeles de la guarda te llevan de un lado a otro en el poco tiempo que les das para enseñarte «sus dominios». Sus ojos brillan con intensidad (como los tuyos cuando quieres enseñarle algo que para ti es importante a alguien), pero te llama la atención el sabor agridulce que desprenden las palabras «de tus paraguayos» al mostrarte cada lugar: «bueno… pero seguro que han visto cosas más lindas en su viaje».

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Les oyes hablar así… y les quieres abrazar. Fuerte. Muy fuerte. De alguna manera, te vuelves a llevar una lección de vida. Otra más (y van…). Recuerdas cuando antes de empezar este viaje, llevaste con la cabeza bien alta a Gareth a hacer un trekking por La Pedriza de Madrid. A cada paso que dabas, te girabas cual macho alfa buscando unas palabras de aprobación… una mirada de sorpresa… un gesto de asombro. Qué vergüenza te dio cuando meses después… hacías el Tongariro Alpine Crossing. ¿Qué te hizo pensar que ibas a impresionar a un neozelandés en cualquier tema relacionado con la naturaleza?

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La capacidad de asombro se reduce

En un viaje en el que ya has visto lugares como el paisaje cárstico de Yangshuo, los amaneceres frente a los templos de Bagan, la espesura de la jungla de Taman Negara, los volcanes de Indonesia, las interminables playas de Australia, esa sensación de no haber visto nada como El Nido, el Perito MorenoIguazútu capacidad de asombro cada vez es menor.

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Pero aumentan otras capacidades

Eso de que cada vez te asombren menos las cosas puede sonar triste… pero no lo es tanto. Estás ante una curiosa contradicción: sucede que, aunque el mundo se te hace cada vez más pequeño y «un nuevo templo es un templo más», también sientes que casi no has visto nada y que te queda mucho por ver. Aunque los hitos e imperdibles te siguen dejando con la boca abierta… ahora te empiezas a fijar en otras cosas a las que antes de empezar el viaje no le dabas tanta importancia o sencillamente, no apreciabas.

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Al principio, corrías… Ibas. Venías. Querías ir a los sitios que había que ver a toda costa. Sin excusas. Sin peros. Ahora… has aprendido a saborear lo que «hay en medio». Esa charla en el coche desde el punto A al punto H parando en F por casualidad. Ese trayecto en bus en el que el surrealismo se sienta a tu lado. Esas dos horas de sobremesa en las que se habla de todo y de nada. Los tiempos muertos sentado en una plaza viendo lo que hace la gente… Jugar con un niño al veo veo hasta el infinito y más allá…

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Con esto de viajar, te has ido dando cuenta de que «tus playas»… esas que creías inigualables… no lo son tanto. Por eso, cuando estás en medio de un país al que no pensabas ir y escuchas esas humildes y sinceras palabras, valoras más lo que estás viendo y te dan ganas de decir: «Sí, es verdad… he visto lagos más espectaculares y grandes que el Ypacaraí… pero tú no estabas allí».

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No lo dices en alto por no asustar. Por no parecer un raro que se ha escapado de un psiquiátrico… y bueno, porque no sabes muy bien dónde estás y tienes que volver a por tu mochila. Eso sí… al menos, lo escribes aquí y ahora… (que tienes tus cosas localizadas).

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Puede que en Paraguay no veas una de las siete maravillas del mundo, pero has de reconocer que nunca antes habías visto sapos del tamaño de un melón ni caracoles como soles. Tampoco habías estado a menos de un palmo de pecaríes o avestruces y casi, casi… tus palabras de asombro han sido mayores que cuando estuviste en Ha-long Bay.

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Los ángeles de la guarda se multiplican

Entre cosas que no ver y cosas que comer… qué mochilero más perezoso te estás haciendo en Paraguay. Tú, acostumbrado a buscarte la vida… aquí la tienes resuelta como por arte de magia. Además de que los duendes mágicos te solucionan el tema del alojamiento y la manutención sin derecho a réplica… te apañan un constante «tour turístico» sin que te de tiempo a decir «chipa»… Te dicen que veas la película «Siete Cajas» antes de ir a Mercado 4 para que entiendas un poco más cómo es la sociedad paraguaya…

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Te montan un tour personal e intransferible por El Chaco en el que te enteras de quiénes son los menonitas y también de cómo fue la guerra que allí tuvo lugar… Te llevan a la cabaña Ita Kua, al lago Ypacaraí, al barrio de San Jerónimo, a Areguá… y a un montón de sitios que sí, que te han gustado… pero que no recordarás porque, lo importante… lo que realmente tenías que ver en Paraguay y no sabías que te ibas a encontrar… sí que lo has visto.

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Este post pertenece a nuestro primer viaje largo de un año alrededor del mundo. Aquí puedes leer el resto de los post de la aventura.

4 Comentarios

    • Vosotros tenéis la cuenta con más antigüedad. La de los primeros paraguayos que nos dieron la bienvenida 🙂 Está hasta arriba!

  1. Exijo mis abrazos caramba… hice un conteo mega rápido y me deben por lo menos veinte!!!! Jajaja

    • Los tienes todos depositados en un banco de abrazos que podrás retirar… en su momento. Cuando seas grande y te hagan falta 🙂

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