Puerto Rico

Published on marzo 26th, 2018 | by ruben

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Despertarse en El Viejo San Juan

Un plácido vuelo, algo de jet-lag… y al fin: amanece en El Viejo San Juan.

Después de un viaje con un bebé que cuando llegó a Tokio tenía cinco meses y apenas podía darse la vuelta sobre sí mismo y acabarlo en Buenos Aires cuando tenía 13 meses y acababa de arrancarse a dar sus primeros pasos, empieza este nuevo viaje en el que tiemblas por el posible despliegue de los superpoderes adquiridos a sus 16 meses:

– capacidad para salir corriendo de tranquilidad a susto en menos de 2,5 segundos.
– Curiosidad infinita por tocar cualquier cosa (preferiblemente peligrosa) sin previo aviso.
– Impulso constante de meterse en la boca lo primero que pilla en un visto y no visto que ya quisiera para sus manos el mejor trilero.

Estas nuevas habilidades no son ajenas a cualquier niño pero, intuyes que cuando todo es nuevo… la posibilidad de demostrar lo que es capaz de hacer, se multiplican exponencialmente.

Con ese temor y después de ese vuelo en el que teníais puestas tantas ganas, os plantáis en el alojamiento del Viejo San Juan a eso de las 21:30 de la noche. Con una buena dosis de sueño colectivo y ganas de ver a la luz del día. “Minutos después” (a las 04:02 de la mañana exactamente), el caballero “jet-lag” se presenta en pañales en medio del salón a la voz de que se levante todo el mundo para desayunar y jugar sin parar (y no tiene por qué ser en ese orden).

¿Qué ha podido salir mal?

Veamos… el avión salía de Madrid a las 15:55 y ocho horas después, llegaba a Puerto Rico a eso de las 20:00 (recordemos que son 5 horas menos de diferencia). Se trataba de un horario perfecto para, entre que te sellan el pasaporte, recoger la maleta y llegar hasta la cama, acostarte y reengancharte casi a la perfección al horario local. Pero es que claro, mientras tú veías varias películas y no pegabas ojo para que el plan saliera bien, el pequeño, además de colorear un rato, ver la simulación del desarrollo del vuelo del avión en la pantalla mientras le decía adiós y pasear un par de veces pasillo arriba y abajo para saludar al personal… se dormía 6 horas entre pecho y pecho.

Así que, después de varios simulacros de cohetes (con forma de pequeños botes de gel de ducha) despegando desde el váter, un desayuno familiar a las 4:37 con lo poco que había a mano y varias expediciones entre las 5:12 y las 5:58 para investigar dónde se encuentran en la casa todas las cosas susceptibles de peligro, rotura o mancha… tocaba una nueva especie de siesta entre las 6:05 y las 8:43. Con una notoria desorientación, os plantáis en la calle para ver qué es lo que hay en El Viejo San Juan a La Luz del día.

 

El Viejo San Juan

Resulta que después de andar solo unos metros, aparece el Castillo de San Cristobal. Miras durante unos minutos a tu alrededor (océano Atlántico mediante), y te dejas llevar por la humedad, el calorcito… y esa sensación de volver al camino. ¡Ya estamos otra vez de viaje!… ¡¡¡Tachineeeees al frescoooo!!!

Y entonces, acontece de nuevo la magia. Imagina que llegas a un lugar donde nunca has estado antes y se produce la siguiente conversación:

– ¿De dónde son?
– De España.
– ¡Bienvenidos de nuevo!

Pause

Nos habían dicho que la gente de Puerto Rico era muuuuuy agradable y cariñosa. Y también nos habían recalcado que amaban a los españoles. La verdad, nunca pensamos que fuera tan “de verdad”. ¡Bienvenidos de nuevo! La verdad es que esa frase nos llegó al corazón. Si tenemos en cuenta que la sensación que te deja un lugar es a partir de las experiencias que vives en él y de sus gentes (no del sitio en sí), hay que reconocer que eso es empezar very good.

Play

A partir de ahí, todo es dejarse llevar recorriendo calles y más calles de fachadas que compiten en colores. Dejarse llevar por balcones que exponen orgullosos sus mejores flowers. Por adoquines en diferentes tonos de azul que te marcan el camino. Bajando por una calle para volver a subir por la siguiente.

Taking photos sin freno en la Calle de San Sebastián, El Sol y La Luna. Viendo La Perla desde lo alto (que no desde arriba). Cruzando la Plaza de Armas hasta llegar al Parque de las Palomas pasando por La Fortaleza. Recorriendo el Paseo del Morro hasta llegar al Castillo de San Felipe. Entrando en la explanada por la “puerta de atrás” para alucinar con un numeroso baile de chiringas (cometas) que te resulta de lo más familiar.

Charla tras charla

Empezar una conversación porque sí, es de lo más común y sencillo. Solo hay que acercarse a preguntar cualquier cosa, ya que después de la sonrisa de rigor, llegará la pertinente respuesta y algo más que palabras. Da igual con quien hables. Hombre o mujer. Niño o abuela. La respuesta es siempre la misma: dulzura gratis. Y encima, al verte con la cámara, te piden que les hagas fotos… ¿se puede pedir más?

Entre paseos y charlas, vuelven a tus manos las empanadas, descubres el mofongo (plato típico que promete ser un gran amigo a partir de ahora) y te llenas de “Medallas” (cerveza local). Te dedicas a frecuentar los lugares “menos turísticos” de la zona cruzando los dedos para que no se pierdan. Cruzando los dedos para que no se vendan las casas y en su lugar afloren las tiendas de souvenirs. Deseando que aquí, no pase como en tantos otros sitios y los chinchorros de toda la vida se vistan de glamour. Esperando que la próxima vez que vuelvas… todo esté más o menos en su lugar.

So, siguiendo el sonido de la música apareces en el Callejón de la Tanca en la tarde de un domingo cualquiera. Al principio te limitas a observar desde fuera, luego haces fotos de cerca, después se te van los pies adentro… para acabar hablando con la alegría que todo el mundo saca a bailar con orgullo en ese mismo sitio desde hace muchos años. Donde los mayores hacen lo posible para que la vieja escuela perdure a ritmo de salsa, rumba, bomba y plena. Donde los pequeños se empapan de todo aquello que ojalá sigan manteniendo dentro de unos años.

Una vez en casa (two hours later), mientras repasas cada momento, se te congela el pecho y caes en que te has dejado la grabadora en el chinchorro como testigo permanente de cada nota. Te vistes a todo vestir y sales corriendo a todo correr con la esperanza perdida en el bolsillo. On the way, te cruzas con aquella chica que había bailado, reído y cantado a tu lado y al de su madre. “-You forgot something… -Sí, la grabadora. -La tengo en el coche.”

El Saborrrrrrrr

So, veníais avisados: “lo mejor de Puerto Rico es su gente”. Y tú, no acababas de creértelo del todo porque “se dice lo mismo de tantos sitios…”. Ahora, toca continuar el camino para seguir comprobándolo. Si ha sido así en la zona más turística de la isla, ¿cómo será en el resto?

Nota: decían que pasar casi un mes en Puerto Rico es mucho tiempo y la verdad, después de tres días en el Viejo San Juan, ya empieza a nacer la idea de que tendríamos que haber venido más.


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9 Responses to Despertarse en El Viejo San Juan

  1. Carlos Olmo says:

    En Puerto Rico comenzó hace 18 años el primer viaje de Vagamundos, en el Viejo San Juan di la bienvenida al nuevo milenio, iba para 2 semanas, me quedé 4 y no me quedé más porque tenía que embarcar en un velero camino de Panamá. Darle la vuelta completa a la isla, veréis que cada lugar es mágico y diferente, Visitar en San Juan la bodega Don Q, el ron más representativo, y esa Q es de Quijote.

    • ruben says:

      Así que… “aquí empezó todo”! ☺️ En ello estamos, dándole la vuelta. Aguadilla, Mayagüez, San Germán, Cabo Rojo, Parguera, Ponce, Toro Verde, El Yunque, Fajardo, Culebra, Vieques… Esperamos que nos dé tiempo. Abrazos!!!

  2. Ruth says:

    Un gusto como siempre leeros y que cada palabra, cada sensacion, se apodere de los que os leemos, entrándonos ganas y ganas de viajar, de no volver…y de sentir “ese cosquilleo” que solo los que amamos viajar y descubrir entendemos, somos como una secta, un pequeño grupo privilegiado. Un beso enorme a los tres.

  3. Alicia says:

    Que alegría leeros nuevamente en ruta.
    Deseando ver como sigue esto… Que bien pinta Puerto Rico!!
    Abrazo familia!*Que sea leve ese Jet Lag!

  4. Lourdes says:

    Hola Rubén. Me encanta leeros. Nuestra peque Avril también tuvo jet-lag en nuestro primer viaje internacional en família donde también la hemos estrenado con 5 meses en NYC. Todo fue muy bien pero claro, al igual que el vuestro, cuando ella se despertaba pues…todo el mundo en pie! Qué bueno todo lo que contáis de San Juan. Dan unas ganas enormes de ir. A seguir disfrutando família.

    • ruben says:

      Al final es normal… se duermen en el avión, tú descansas, aprovechas para ver por fin una peli… y claro, sorpresaaaaa!!! La verdad es que Puerto Rico nos está encantando.

  5. Javier says:

    He estado en varios paises en América del
    Sur y Centro y en alguna ocasión me fui con cierta sensación de culpabilidad. Me encantó leer esa bienvenida. A seguir disfrutando familia.

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