Del 16 al 31 de octubre // 18º de media // Mucho frescor y poco calor

Cuando llegaste a Fukuoka, te propusiste el objetivo de llegar hasta Sapporo cruzando el país. Era una especie de honorable cruzada. Una meta. Un fin. Para ahorrar y para ver y vivir más cosas, decidiste que lo harías en tren local, bus o autoestop. Tenías en mente ciertas paradas obligatorias en la ruta como Hiroshima, Osaka, Kyoto, Fuji y Tokyo, pero querías parar por el camino en algún lugar que no te sonara de nada. Para ello, lo mejor es preguntarle a los locales a qué sitios irían si estuvieran en tu lugar y te hablaron de Kumamoto, Aso, Beppu, Fukuyama, Okayama, Naoshima, Kobe, Himeji, Nara, etc. Ya en Tokyo, repasas la lista y ves que a algunos has podido ir y a otros, te los vas a tener que dejar para la próxima vez que vuelvas a Japón. Ves que desde aquí a Sapporo, tienes en la lista Nikko, Aizuwakamatsu, Iwate, Ichinoseki y Aomori… y compruebas muy a tu pesar, que seguirás dejándote muchos otros sitios por ver.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_09La cuestión es que miras el calendario, echas cuentas… y ves que al final vas a estar en Japón dos meses… ¡Dos meses! Vale que no está siendo tan caro como pensabas, pero tampoco es el país más barato del mundo para estar tanto tiempo. Por eso decides empezar con un ferreo plan de recorte presupuestario. Le quieres dar más fuerte al autoestop y consigues couchsurfing en cuatro de los cinco destinos que te esperan por delante.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_05La suerte te sonríe. Resulta, que justo en los días que vas a estar en Nikko, tiene lugar el Festival Anual de Otoño. Hay que ver cómo te gustan estas casualidades que están a medio camino entre el destino y la sorpresa extrema. Así que no te queda más remedio que asistir al desfile de “cientos de samurais” (que el resto del año son panaderos, profesores, vendedores de sillones de masajes, etc.) en, probablemente, uno de los conjuntos de templos budistas más bonitos de Japón: el Rinno-ji.

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De allí sales en autoestop con dirección a Aizuwakamatsu. La fortuna está de tu parte de nuevo y te recoge Watanabe, un encanto de hombre de unos 40 años que no habla casi nada de inglés y que te dice que no va a tu destino pero que te puede dejar a mitad de camino.

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Nada más subir, te invita a unos buenísisimos pasteles (como todo lo que es comestible por aquí) que acaba de comprar y que llevaba a su casa. Poco después, Watanabe para en la puerta de un supermercado y se baja a todo correr dejando las llaves puestas. Al volver te ha traído un té-verde-japonés y unos dulces de la zona para llevar. A estas alturas y a pesar de que creías que los japoneses no son capaces de sorprenderte ya con su increíble generosidad, empiezas a buscar la cámara oculta.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_12Un intento de conversación fallido lleva a otro y entre risas y gestos, Watanabe “se empieza a complicar la vida él solo”. Cuando llegáis al punto en el que él se tiene que desviar te pregunta si tienes prisa. A la respuesta de “no”, decide continuar por tu camino para enseñarte un encanto turístico de la zona para el que hay que desviarse de la carretera principal un par de kilómetros. Se trata de To-no-Hetsuri.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_04Una formación de increíbles rocas salpicadas de árboles con hojas de todos los colores que la llegada del otoño ofrece a orillas del meandro de un río. Para entrar hay que pagar entrada pero antes de que puedas decir “Aizuwakamatsu”, Watanabe ya te la ha comprado. Te enseña el lugar orgulloso e insiste en hacerte fotos con tu cámara para que tengas “algo que recordar”. Continuáis camino y te pregunta si te están esperando a alguna hora en concreto. Con el nuevo “no”, te dice que si tienes tiempo y te apetece, puede parar en Ouchi-Juku un pueblo japonés tradicional para el que hay que desviarse de la ruta otros 8 kilómetros.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_08En este punto, le dices que tú tienes todo el tiempo del mundo pero que estás sufriendo por él al ver la cola de coches que se está montando en sentido contrario para cuando vuelva. Dice que no te preocupes y él y su sonrisa… os llevan al pueblo. Te hace más fotos y te paga otra entrada para ver una casa tradicional por dentro. ¿Esto está pasando de verdad? Empiezas a sentirte entre mal y muy muy bien. Mal, porque no quieres abusar y sufres por él, por su mujer y por su hijo que le están esperando en casa hace un par de horas. Y bien… porque cada vez que te encuentras gente así por el mundo, te inunda una enorme sensación de que el ser humano es maravilloso. En cualquier caso, te entran ganas de ser un poco mejor persona ya que hay que devolver lo que uno recibe.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_15Seguís camino en noche cerrada para que al final, Watanabe te lleve hasta la puerta de la casa de tu nuevo couchsurfing (habiendo llamado antes para que le diera indicaciones de cómo llegar). En el momento de la despedida, te da su tarjeta de visita y resulta ser un piloto de helicópteros del escuadrón de catástrofes de la zona. Un héroe, vamos. Lo que venías imaginando hacía tres horas. Tú, un poco avergonzado, le dices (traducido por Asa, tu anfitrión que ha salido a recibiros a la puerta) que le quieres regalar una pulsera que ha dado contigo la vuelta al mundo a lo que él, responde que no puede aceptarla… que es demasiado. “¿Peeeeeeerdóooooon?” Nononono… hasta ahí podríamos llegar. Insistes, insistes y vuelves a insistir para que el bueno de Watanabe acepte al menos tu más que humilde pulsera. Al final, después de cien saludos japoneses arriba y abajo, se va para conducir dos horas de camino de vuelta después de haber estado contigo unas cuatro o cinco.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_14Giras la cabeza, y allí está Asa… un estudiante universitario que vive con otro chico en un pedazo de casa en el que hacen su propia cerveza y ven recetas de Jamie Oliver en una enorme pantalla con proyector. Durante el tiempo que estáis en Aizuwakamatsu, tú haces el pertinente recorrido de castillo, lago y shrines de día y por las noches, te reúnes con él.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_16La primera noche os quedáis charlando, la segunda vais a su restaurante favorito de carne de caballo a la brasa y a un karaoke. ¿Pensabas que te ibas a escapar de berrear en Japón?… Pues no. La última noche le preparas la ya clásica tortilla de patatas de rigor y habláis sobre el sexo en Japón y fuera de él y todo lo que ello supone… o no.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_11Cuando te vas camino a Iwate, compruebas que tu próximo couchsurfing está a kilómetros y varias granjas de cualquier punto de interés. Makiko, una chica de unos 26 años, te recoge en la pequeña estación de tren en medio de ninguna parte que te indicó y conduce durante media hora para llegar a su casa: mitad granja, mitad taller de coches. Allí vive con su padre, su madre, su abuela y sus dos gatos. “Ninguno habla inglés”… ni falta que hace.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_10Eres su primer couchsurfing y por lo alejados que están del mundo en general, probablemente el último. A pesar de sus temores previos, parece que llevan haciéndolo toda la vida. Además de cocinar mucha y buena comida casera para ti… os echáis unas conversaciones sin sentido que siempre acaban en risas.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_07Tococo (la madre de Makiko), resulta ser una mujer más que divertida que se arranca a cantar por japonismos cada dos por tres. Con Makuto (su sereno y callado padre) tienes alguna que otra conversación profunda sobre las costumbres de India en comparación con Japón con Makiko de traductora. Con la abuela, compartes pasteles, té y sonrisas cómplices mientras veis la tele. Con los gatos… poca cosa. Además de vivir con una auténtica familia rural japonesa, te da tiempo para pasear entre granjas y para visitar el templo dorado de Hiraizumi que está a dos trenes y un bus de la casa).

Sigues de camino a Ichinoseki donde te espera Roxy. Una americana que da clases de inglés en la universidad y que habla perfectamente español porque estuvo estudiando durante seis meses en su amada Sevilla. Aunque de día paseas bajo el frío de las tierras del norte… “la noche es oscura y alberga horrores”.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_21Se avecina Halloween a toda velocidad y con ocasión de tan festivo motivo, Roxy ha montado un programa de cine de terror para ver una película de miedo cada noche del mes en torno a la que se suele reunir con sus amigos, unas cuantas pizzas, bastante vino y ahora tú. Una noche, antes de ver “Nosferatu” (la de 1922), toca disfrazarse para ir a “una terrorífica fiesta llena de japoneses” donde en una de las pruebas (enrollar a tu pareja como una momia con papel higiénico), logras quedar primero y ganar un bote de zumo de melocotón Don Simón. A estas alturas y con semejante argumento, da para el guión de otra película. Algo entre cómico y entrañable… aún no lo sabes bien.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_19Después de tanto desfile de sensaciones, ya no sabes por dónde te viene el aire… bueno sí, del Ártico. Hace un frío que no te deja pensar. Estás casi a la altura de Vladivostok y eso en esta etapa del año, empieza a ser sinónimo de mucho mucho frío. A ti, que vas con tu mochila “llena de verano” (vienes de Maldivas, Sri Lanka, India y Tailandia), te ha acabado por alcanzar el invierno en este país que te tiene más que enganchado.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_22Tienes una gran sobrecarga de emociones y un frío en el cuerpo insoportable. Necesitas pensar. Una vez en Aomori, decides quedarte unos días en un hotel barato y cerrar por dentro. Al final, piensas… “¿y si paso de llegar a Sapporo me vuelvo a Tokyo unos días antes de dejar Japón?”

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_23Y así, sin ningún tipo de remordimiento “por no lograr el objetivo”, decides volver a Tokyo. Decides volver con la sensación y la tranquilidad de que aun no viendo todo lo que querías ver de Japón, este país y su gente te ha dado mucho más de lo que le pedías antes de llegar. Por dentro y por fuera. Decides volver habiendo aprendido varias cosas. Por un lado, que vale la pena dejarse llevar y no tener todo el control de la situación. Por otro, que no hay que obcecarse con la ruta, con “el llegar a…”, con perseguir objetivos que a veces “no llevan a ninguna parte” y hacen que te puedas perder otras cosas.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_24Te vuelves contento… Para poder pasear por Odaiba y volver a comer sushi en el Tsujiki Market. Para ver la exposición de Takashi Murakami que pensabas que te perderías porque la estrenaron tres días después de irte rumbo a Nikko.

de_tokyo_a_aomori_algo_que_recordar_25Regresas a Tokyo, en un bus nocturno de 12 horas con la sonrisa de oreja a oreja y con el plan de pasar al menos una noche en un hotel cápsula.

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Vuelves… a Tokyo… para irte de Japón por todo lo alto. Con una sensación extraña que no habías tenido antes: la de que no hay ganas de irse. Normalmente, “cuando se acerca el final“ siempre aparece la curiosidad y la excitación por conocer lugares y costumbres nuevas y eso hace que te vayas contento. Ese chute de adrenalina que te genera lo desconocido… no lo notas ahora. Estás tan a gusto aquí que por primera vez, te vas con cierta pena al siguiente país. Lo siento Taiwan, te-ha-tocado.

9 Comentarios

  1. Pasada de lugares, de gente y de fotos… Y que lástima no haberos visto por Tokio!!! Ahora que me quedan unos últimos días en Japón (salvo que decida llevarle la contraria a Air Asia) la sensación es parecida. Como mola Japón…

  2. Qué bueno, la amabilidad de los japoneses es legendaria (lo malo es cuando vuelves a España y, bueno, no es lo mismo 🙂 Yo también tengo pendiente Sapporo (es que está muy lejos… y hace mucho frío), lo más al norte que he estado es en Hiraizumi (al norte de Sendai). Todo llegará…
    Gran post!

    • Es curioso como, no siendo un país tan grande, hay tantas cosas que ver. Al final… aquel post en el que hablaba sobre “la gente del sur”, no se aplica en Japón. Efectivamente, aunque solo hay este y oeste… todos son del sur 😉 Ya nos contarás cuando andes por Furano!

    • Hice una fugaz visita a España para la boda de una amiga durante tres días y ya en el aeropuerto de Moscú estaba echando de menos esos “gosaimás”. Son taannnnn entrañables (suspiro).

      • Recuerdo que, tras una estancia de un mes por Japón, llegué al aeropuerto de Madrid y me encontré (mientras esperaba el equipaje) con la mitad de los pasajeros fumando (estaba prohibido), la mayoría hablando a gritos y un policía abroncando a alguien que no se qué le había preguntado… y pensé, ya estoy en casa O.o

        Cuando estoy en Nagoya y veo las bicis sin atar, los niños solos por la calle o el metro, la gente que va al baño y se deja el bolso en la mesa del bar, la pizarra que hay en la estación de metro de la universidad (por si quieres dejar un mensaje a tus amigos que llegan tarde), etc., etc., me da mucha envidia, la verdad. Es una lástima que el tan manido “carácter español” no nos permita hacer estas cosas… bueno, tenemos otras ventajas 🙂

        Que disfrutéis Taiwan!

        • La educación, civismo y seguridad que hay en Japón es algo que casi no existe a ese nivel en todo el mundo salvo muy contadas excepciones. A mí también me ha dado mucha envidia… y pena. Pena de no poder disfrutar de ello en España por muy divertidos y cachondos que seamos (o nos veamos). Abrazo grande!

  3. Hola! Me tenéis alucinada con vuestras fotos y vuestra forma de escribir… Y nosotros, que estamos preparando nuestro viaje para el próximo año, acabamos de añadir Japón a la lista de destinos… Intentare seguir vuestro consejo de dejarse llevar y no tener el control de la situación, en parte es nuestro objetivo del viaje y supongo que se aprende por el camino, jeje…

    • Es lo mejor que podéis hacer Silvia. Que os vaya llevando el propio vaije. La gente que os encontráis, la ruta, el instinto… Preparar mucho encorseta y te hace un poco prisionero. Hay que dejar más campo a la improvisación y al “a lo que surja” 🙂

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