Japón

Published on noviembre 1st, 2015 | by ruben

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Tokyo

Del 7 al 16 de octubre y del 1 al 5 de noviembre // 26º // Tiempo con de todo un poco, pero sobre todo bueno.

Te vas de Kyoto (ciudad capital) rumbo a Tokyo (capital del este) con parada obligatoria para saludar al Fujisan (riqueza-samurai-montaña). Qué montaña… aunque justo en esta temporada no se pueda subir y no esté nevada… ¡qué perfección! Tiene que estar bien levantarse por las mañanas y ver día a día cómo se despierta la montaña más fotografiada del mundo pero, como no es el caso…

Tokyo… al fin. Podríamos decir que llevas esperando este momento un mes (por no exagerar cara a la galería diciendo eso de “toda la vida” lo cual queda muy pintón, pero no sería verdad).

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Llegas en autoestop de la mano de un señor de unos 113 años (tirando por lo bajo) que por supuesto no habla inglés, y del que te preguntas porqué aún tiene carné de conducir mientras contemplas cómo mantiene su serena mirada en la carretera sin inmutarse. El buen señor te dijo que su destino era Kawasaki, pero por algún motivo desconocido y a pesar de la escasa interacción que tenéis, acaba llevándote hasta la estación central de Tokyo para volver luego por donde ha venido. Piensas si esto ocurriría en otros países del mundo y llegas a la conclusión de que al menos en el tuyo, no (se admiten críticas y comentarios patriotas contrarios a este respecto si los hubiere).

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Como vas a estar más de diez días por aquí, decides vivir la ciudad desde dentro. Dedicándole el tiempo que necesita y sin tener que seguir una apretada agenda de imperdibles lugares que se solapan en el tiempo con otros. Va a ser duro, va a ser intenso, va a ser estresante… te dices una y otra vez.

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Tanto respeto le tienes a Tokyo, que llevabas buscando dónde quedarte desde que llegaste a Japón. No querías pagar un dineral por un agujero y no estás seguro de encontrar nada interesante así que, por primera vez, le vas a dar al airbnb. Una especie de tu querido couchsurfing, pero pagando.

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En lo que te haces con el metro y te dedicas a pasear con calma por lugares como Shinjuku, Shibuya, Harajuku y Akihabara (te apetecía follón), ya han pasado dos días. A decir verdad y para tratarse de una gran urbe de 35 millones de personas, la primera impresión no es la que esperabas…

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Esperabas caos. Cientos de multitudes de ejecutivos esquivándote a toda prisa… en todo momento. Edificios cayéndosete encima fueras donde fueras. Neones por todos todos lados. Gente rara en cada esquina. Esperabas distancia. Esperabas hostilidad… Esperabas más que mal rollo… frenesí.

Y resulta que no hay nada de eso. Tokyo es… como si tuvieras un amigo famoso que resulta que es de lo más sencillo, humilde y cariñoso. Es cierto que hay bastante gente y que en hora punta puedes notar cómo te conviertes en sandwich pero, la sensación general es de sorprendente tranquilidad y bastante espacio. Puedes andar perfectamente por los barrios de Ginza, Asakusa, Roppongi y Suidobashi sin tropezarte con nadie (esto de la cansina enumeración de sitios no hace falta para la historia en sí, pero puede servirle a alguien que vaya a ir en breve y así queda constancia de que hemos estado).

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Manteniendo tu espacio vital. Virgen y puro. Puedes descansar en los jardines del Palacio Imperial, en los parques de Ueno o Yoyogi o en lo jardines de Gyoen con la sensación de estar a kilómetros de distancia de una ciudad (otra enumeración… lo sé, lo sé… pero quedémonos con el fondo y no con la forma de momento).

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Puedes perderte por los lugares que esconde la zona de Kagurazaka o dejar pasar el tiempo en Odaiba para ser de los pocos que se quedan a ver la puesta de sol y volverte andando por el Rainbow Bridge donde en sus 800 metros de longitud, solo te cruzarás con 14 personas (ya no va a haber más nombres de sitios, lo prometo). Tan relajado estás, que al día siguiente decides salir sin cámara sabiendo que, por primera vez, volverás sin fotos… Y es que estás muy loco. Al menos aquí.

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En definitiva, haces todas esas cosas que se supone que “hay que hacer en Tokyo” y que son un coñazo de enumerar en post. Las haces sin sentir el estrés que te producen ciudades bastante más pequeñas (y no quieres dar nombres). ¿Cómo lo hacen? Esa es la madre de todas las preguntas. ¿Cómo consiguen en Tokyo que no haya colas para todo? ¿Cómo es posible que no pierdas el tiempo y los nervios para casi cualquier cosa? ¿Qué hacen para que no te agobies constantemente? ¿Por qué no odias una ciudad que supuestamente debería de ser agobiante?… La respuesta te viene allá por el día seis: todo funciona.

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Y es que la máxima de Japón aquí alcanza su máximo esplendor. Sencillamente, antes de que te surja una necesidad, alguien ya pensó en ello e ideó la solución para que la encuentres justo en el momento que te hacía falta. No hay atascos, no suenan miles de bocinas, todo el mundo es ultra-cívico…

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Allá por el día nueve, después de haber ido al Tsukiji Market con la idea de desayunar sushi hasta reventar, después de buscar luchadores de sumo en Ryogoku, de ver actuaciones de odaiko en Nakano, de subir al edificio del Gobierno para ver Tokyo desde arriba (vale, no he cumplido mi palabra… me pongo a hacer flexiones a un solo brazo en cuanto termine).

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Después de ver cómo la gente se divierte por el Tokyo Dome, de entrar en shrines y templos de todo tipo y de volver a repasear por algunos de los lugares que más te han gustado…

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Después de todo eso y de alguna otra cosa más, intentas recordar cómo era el Tokyo que esperabas antes de venir. Resulta que “ese Tokyo” ha desaparecido de tu cabeza y no es ni de lejos lo que “tenía que ser”. Esta ciudad te ha ganado por su enorme pequeñez. Pasan los días y llega el momento de irte de una ciudad que te hizo sentir de allí “a pesar del miedo que le tenías”. Mientras te vas en tren rumbo a Nikko, piensas que a este Tokyo… a “tu Tokyo”, vas a tener que volver sí o sí. Antes o después. Mejor pronto que tarde…

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Y es aquí, donde realmente empieza este post (y termina, claro):

Nota: ese “mejor pronto que tarde” llega más rápido de lo que pensabas ya que después de Tokyo, esperabas seguir rumbo norte y llegar hasta Hokkaido pero es que… hace tanto tanto frío por allí, que solo eres capaz de llegar a Aomori. Empezaste el #massalaHDtrip en Maldivas, luego vino Sri Lanka, India y Tailandia… así que, tu fondo de mochila no es muy de invierno que digamos. Por eso, justo en estos momentos en los que acaba de subir este post, estás de nuevo en Tokyo. Otra vez. Habías tirado todos los mapas. Borrado todas las recomendaciones. Eliminado cualquier rastro que ocupara espacio en tu disco duro futuro y… aquí estás de nuevo. Tan contento. Sin esperarlo. Repitiendo lugares y buscando rincones nuevos. Con ganas de ver la nueva exposición de Takashi Murakami en el Mori Art Museum (que pensabas que te perderías porque te fuíste antes de la inauguración para “no volver”) y de darle duro al barrio de Ikebukuru. Con intención de probar cómo es eso de dormir en un hotel cápsula (a ver qué tal se da la experiencia después de dormir en un cybercafé) y de volver a la misma casa donde hiciste airbnb con Khelil e Ilhia (aquel argelino y su compañero de piso ruso con los que te sentiste como si hicieras couchsurfing). Vuelves con muchas ganas de seguir disfrutando de la ciudad más poblada del mundo con menos sensación de densidad de población del universo. Vuelves con ganas de sentirte “uno más” de nuevo. Vuelves… (suspiro). Y es que a veces, los viajes cambian más de lo previsto y en cuestión de horas… Repitiendo destinos… A costa de perderte cosas nuevas… (otro suspiro). Todo eso está pasando ahora mismo (1 de noviembre). Pocos días antes de dejar Japón después de dos meses maravillosos que iban a ser “solo uno y muy caro”. Próximo destino… (redoble)… Taiwan.


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8 Responses to Tokyo

  1. Mariana says:

    Que linda descripción de Tokyo, cada vez que voy me siento sobrepasada por todas las cosas que hay por ver y hacer ahí. Me encanta Tokyo pero preferiré siempre Yokohama

  2. Dani Keral says:

    Jeje, asi me he sentido yo… pero… ¿Y dónde está todo ese mogollón de gente?? Magia…

    Por cierto, cuando subí a la torre de shinjuku y vi esa toma viéndose la otra torre a la derecha me dije: esta la sube Rubén al blog. Bingo!! 🙂

  3. Tokyo es una ciudad muy buena y hay muchas cosas a ver y sentir. Toda la ciudad tiene un sentido de remanso.

  4. Makutera says:

    Hola chicos, como siempre buen post. Nosotros hemos estado dos veces en Japón, una en invierno y otra en verano. Sensaciones muy diferentes. En invierno sentimos que éramos los “únicos” guiris recorriendo Japón; en verano coincidimos con una convención mundial de 35.000 boyscouts y fue otra historia. Es verdad que en Tokyo todo es muy ordenado y fluye, lo que procura esa sensación de ausencia de caos, que no encuentras en otras ciudades así de pobladas. Pero en cuanto a atascos y masa humana uhmmm depende del lugar y la hora 🙂

    • ruben says:

      Dónde no habéis estado vosotros!!! Nosotros estamos de nuevo en Tokyo y hoy hemos ido a la exposición de Murakami que se estrenó hace dos días. Cero cola. Aquí no esperamos para nada… ni para sacar el ticket de metro. O tenemos mucha suerte… o nos esquivan… o no estamos en Tokyo y todo es un decorado con actores 🙂

  5. German says:

    Tokio, fue la primera ciudad que visité en Japón allá por el año ’99. Me pareció impresionante, todavía hoy me sigue pareciendo una ciudad inabarcable, no importa las veces que haya vuelto. Hay agobios y muchedumbres (Shinjuku station -ese laberinto- en hora punto), pero también pueblecitos dentro de Tokio (como el mes que pasé en Takadanobaba). No creo que tarde en volver de nuevo.. 🙂

    Por cierto, me encanta la foto en Takeshita dori!

    • ruben says:

      Debe ser que después de pasar por ciudades con Ha Noi o Delhi, Tokyo es un “remanso de paz” lleno de cosas que hacer. Disfrutaremos los días que nos quedan por aquí con esa sensación de “segunda oportunidad” antes de tiempo 😉

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