Cuba calle Cuba algo que recordar

Published on enero 9th, 2019 | by ruben

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La Habana, se escribe con b 

Sensaciones, emociones, impresiones… (y guía de tres días) de la ciudad que nos ha hecho pensar más que ninguna.

Aclaración previa: este artículo que viene a continuación es, probablemente, uno de los más difíciles que hemos escrito. Lo hemos empezado varias veces. Cortado. Retocado. Dividido. Y ha salido una cosa rara que no queremos camuflar de ninguna manera. A pesar de haber estado ya en unos cuantos países, La Habana es una ciudad que nos ha hecho pensar como ninguna otra. El idioma, un pasado común, la migración entre España y Cuba y lo muy extrovertidos que son los cubanos, son algunos de los aspectos que hacen que la empatía hacia las circunstancias que nos hemos encontrado, haya sido tan grande. Y luego, todo lo que tienen allí de serie, claro.

La Habana Cuba algo que recordar
Conversaciones “callejeras”

Ya en preaviso y con el siguiente inocente subtítulo, se iniciaba este caótico artículo en su primera versión:

Con “b” de brillante

Empezaremos con una pequeña lista de típicos tópicos hechos aplicables a La Habana: es uno de esos lugares que te remueven por dentro, un sitio único que no te puedes perder, es una ciudad que no te deja indiferente…

Y ahora, vamos a contar verdades tralará:

  • si tus vacaciones son para descansar y olvidarte de los problemas, La Habana no es tu destino. Bueno, a no ser que al conocer de cerca la realidad de los habaneros en particular y los cubanos en general, hagan de tu día a día un auténtico paraíso.
  • Si te gusta vivir ese punto de lujo y comodidades que te faltan el resto del año y que tan merecidamente te has ganado trabajando, no vayas. Aunque claro, al ver cómo y dónde viven allí y lo complicado que es hasta conseguir una botella de agua, el concepto de “lujo” va a cambiar para ti.
  • Si te encanta disfrutar de la arquitectura y urbanismo en todo su esplendor, elige otro lugar. A no ser que te guste aún más la fotografía. Con lo cual, conceptos como “lo que fue y ya no” o “lo que pudo ser y nunca será” van a llenar la tarjeta de tu cámara.
  • Si te gustan los lugares limpios, llenos de zonas verdes y en los que se respira aire puro, tampoco pongas esta ciudad en tu lista de destinos pendientes. Contra esto, no hay juego de palabras y dobles realidades posible. La Habana es así.
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Buscando clientes

¿Entonces si es incómoda, sucia, decadente y un sinfín de cosas más, por qué este artículo se titula “La Habana con b de brillante”? Es más… ¿Por qué debería alguien de ir a allí?

Muy sencillo. Porque el brillo… va por dentro.

Hay muchos lugares en el mundo de los que oirás decir cosas como “lo mejor es su gente”. Y es verdad. Indonesia, Myanmar, Paraguay son un claro ejemplo de ello. Y luego están los cubanos.

Antes de seguir, dejemos clara una cosa, los viajes no deberían pasar a tu historia por llegar a lugares donde sus habitantes lo pasan mal y comprobar que, sorprendentemente, sonríen a pesar de todo.

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Simpre juntos

Nota: Así llegamos a un pequeño callejón sin salida y se acabó de repente este primer borrador que casi va a la basura. Y es que, aunque realmente esa sensación de “hay que ver cómo sufren y qué bien lo llevan” no debería ser la que cale tan dentro. En muchas ocasiones es así. Por comparación. ¿Aguantaríamos nosotros según qué cosas a día de hoy? Que todo esté montado de manera que no pudiéramos salir de nuestro país casi de ninguna manera, que progresar de alguna manera en la vida sea casi imposible, que haya que hacer cola a diario hasta por el pan (si es que hay)… Y entonces, uno se sienta de nuevo al teclado y enarbolando sus convicciones cual bandera justiciera, empieza a juzgar sin saber hasta que se ve enfrentado a sus propia realidad para salir algo escaldado.

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“Observando espero (¿o desespero?)…”

La Habana, ese universo paralelo

A los pocos días de estar allí y más allá de lo que La Habana tenga que ofrecer a nivel turístico, intentar entender una ciudad como esta se convierte casi en un objetivo. A poco que empiezas a hablar con la gente y observando un poco como casi funcionan las cosas, todo empieza a parecerte mal. Simulemos una conversación de las que te regalan a granel cada dos por tres y cada tres por cuatro:

  • ¿Cómo que no puedes comprar huevos?
  • Es que hay un bloqueo, ¿sabes?
  • ¿Has salido alguna vez de Cuba?
  • No he pasado ni de Santa Clara hacia abajo.
  • ¿Cuánto es el sueldo medio aquí?
  • Unos 25 CUC (menos de 25€). Pero ojo, un médico solo gana 40.
  • ¿Y cómo te puedes comprar una casa?
  • No es mía, es del Estado.
  • ¿Y cómo compras comida?
  • Con la cartilla de racionamiento y lo que podemos comprar con la moneda nacional

Pequeña nota para los interesados: A ver, tengamos en cuenta que 1 CUC = 24 CUP (según el momento) y, para hacernos una idea, un viaje en autobús urbano cuesta 1 CUP (0,033112€), un par de cafés y algunos pasteles pueden llegar a costar 10 cup así como un gran bocadillo de mortadela y un refresco aún menos. Dicho esto, vaya por delante que un extranjero sí puede cambiar dinero con su pasaporte en cualquier banco(con el consiguiente gravamen) y obtener moneda en CUP para algunos establecimientos (propiedad del Estado) cafeterías, transporte, propinas y demás. Las particulares y más occidentalizadas, mantienen sus precios en CUC y hacen una conversión a CUP directa.

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Siempre puntual

Así pues, lo más terrible de esta doble moneda, no es que los turistas paguen hasta 24 veces más por las cosas (ojo, esto pasa en muchos otros sitios). Para nosotros, lo grave es que la mayoría de los cubanos cobran en CUP y no pueden acceder a esa otra vida que se paga en CUC y ven pasar cada día delante de sus ojos.

Además de la frustración que esto genera a largo plazo, su dinero no vale nada fuera de Cuba. La vida está hecha para que puedas vivir dignamente dentro del país y ya. Vas a tener una casa, vas a tener comida, vas a poder tener estudios… pero no vas a poder llegar muy lejos (en casi ninguno de los sentidos).

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Por un puñado de CUP´s

Y es en este momento de juicio sumarísimo máximo que nadie te ha pedido, en el que haces una serie de reflexiones que te llevan a una nueva dimensión de autoanálisis…

Pongamos, por ejemplo, que nosotros tenemos un dinerillo ahorrado de 6.000 €. Con eso, en Cuba, prácticamente eres rico. Ahora, imaginemos que tenemos es mismo dinero en Europa y que, por circunstancias de la vida, nos quedamos sin trabajo y no hay familia que pueda echarnos un cable.

(Piénsalo por unos minutos)

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Tan cerca… y tan lejos.

Si vives en una gran ciudad europea, en cuatro o cinco meses te vas a vivir debajo de un puente y sin posibilidad de levantar cabeza.

Esto sí que lo habíamos observado con anterioridad: ser pobre “en el primer mundo” (no nos gusta utilizar esta expresión), es mucho peor que serlo en el resto.

En todos los lugares “humildes” en los que hemos estado nos han dicho lo mismo: “es que en vuestro país solo vivís para trabajar y si no, no podéis estar allí”, “es que aquí con lo que nos da la tierra o el mar, vivimos sin problemas”, “aquí nos ayudamos entre todos”, “este es un lugar muy seguro”, etc.

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¿Realidad o ficción?

Y entonces surge una primera pregunta: ¿quién tiene que envidiar a quién? Evidentemente, eso de no poder moverte del sitio o hacer más o menos lo que uno quiera con su vida por imposición ajena es, además de injusto, de otra época. Pero, ¿qué hay sobre lo estar metido en un círculo vicioso de falso bienestar del que como te salgas un poco caes sin remisión a un submundo de difícil escapatoria?

Todos creemos que lo que tenemos, nos ha sido dado o conocemos, es lo mejor. Por un lado, es para autoconsentir lo malo que nos rodea. Por otro, para seguir luchando por ello e incluso defenderlo con orgullo y dientes. Aunque a veces, sea del todo indefendible.

Ni esto, ni aquello. Y además, lo justo no existe.

Nota: Y así de desgarrador acababa el segundo intento de post sobre La Habana. Pero, ¿se merecía unas palabras así una ciudad que nos había removido tanto? No, claro que no. Por eso, aquí iba el tercer y último intento:

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Reciclando a todo reciclar

Oda a La Habana

Inesperadamente cándida. Decadentemente colorida. Tranquila. Segura. Viva. La Habana es una de esas ciudades que te atraen y te repelen a la vez. Ahora sí. Ahora no. Ahora también. Ahora tampoco.

Alma, puerta y cara de un orgulloso país que, “pasado de revoluciones”, habla de su pasado con voz queda. Que escribe su destino con tinta invisible. Que se echa a la calle cada mañana con el alma atada, la garganta repleta de viejas letras, los pies cargados de elegantes giros y las manos llenas de agotadas guitarras, güiros y claves. Al son que más calienta. Con el un-dos-tres… cuatro-cinco-seis… Con el tac-tac… tac-tac-tac.

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“La máquina”

La Habana te repele.

Por ese infranqueable muro del que cuelgan los “no tenemos”, “se acabó hace dos meses” o “no nos queda”. Por esos hilos que atan al suelo a los que te rodean o rondan y que a ti solo te afectan por dentro. Nudos en el estómago, lo llaman. Por esa necesidad constante que, sin embargo, alcanza. Para acallar. Para contentar. Para pasar.

La Habana te atrae.

Por su música constante. Atrayente. Hipnotizante. Aquí y allá. Por sus máquinas o almendrones. Esos coches antiguos que lo llenan todo de colores y olores a su paso. Por sus gentes ingentes. Las los que nunca salen de casa con los bolsillos vacíos. Siempre llevando la misma cantidad de buen humor, dignidad y ganas de seguir. A pesar de todo.

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Confesiones

La Habana te hace pensar.

Pensar en ese ten con ten que como puro arte de magia, lo mantiene todo. En sus contradicciones infinitas y sus sensaciones agridulces. En todas ellas. Las que te van golpeando a diario para mecerte y sumergirte entre la necesidad constante y una incomprensible felicidad con la que no llegas a bailar bien del todo y a la que ni siquiera eres capaz de seguirle el ritmo. La Habana. A pesar del calor, la humedad o las lluvias épicas. Te hace pensar. En lo que podría haber sido y no fue. En lo que es y no será.

Piensas. Mucho.

Mientras te desplazas sin rumbo sobre el azul y sucesivo adoquín. Mientras tu torpe paso se va reflejando en escaparates poco llenos… o muy vacíos. Según se mire. Mientras repasas casas a punto de caer… o a medio construir. Mírese según.

Piensas. Mientras recorres cientos de edificios en pena que parecen asegurar que cualquier tiempo pasado fue mejor y que solo ven interrumpido su amargo testimonio por el inesperado florecimiento de algunos hoteles vestidos de gala. Piensas. Mientras unos te sonríen hasta que otros se acercan a contarte sus penas.

Piensas. Mientras haces fotos constantemente. Sintiéndote mal. Pero bien también.

Para variar.

La Habana Cuba algo que recordar Che Guevara
Ché

Y así… con ese humilde cántico sin notas que acompañen, casi terminaba un artículo más justo. Más real. Más desde dentro.

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¿Otra época?

A corazón abierto: nos hablaron de Trinidad como un lugar único y habiendo estado en Paraty (Brasil), el Viejo San Juan (Puerto Rico) o Cartagena de Indias (Colombia) no nos lo pareció tanto. Nos recomendaron ir a Viñales, que a medio camino entre Yangshuo (China) y el Eje Cafetero (Colombia), es verdadero y cierto que no está nada mal. Había altas expectativas con los Cayos, que casi nos recordaban a Maldivas… Pero Cuba en general y La Habana en particular, nos han hecho pensar y hablar tanto entre nosotros como India y Japón. Eso sí, nos han hecho sentir más. Mucho más. Por sus culpas, estas reflexiones agridulces. Por sus culpas, estas merecidas líneas que sin ser crítica ni halago, salen muy del sentir del corazón. Y eso, no lo consigue cualquier sitio.

Y así (una vez más), casi se acababa este caos de artículo sobre La Habana nada útil (como de costumbre) y de poca consulta. Un artículo de sensaciones al 100% para que si te llaman la atención, te animes a ir y descubras “tu Habana”. Pero bueno, hemos querido añadir un poco de utilidades y varios… por no ser siempre tan sesudos y poco prácticos. Nos despedimos aquí, que abajo del todo no nos apetece tanto. Eres libre de parar aquí. Es más, te lo agradecemos.

#hastalafelicidadsiempre

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Plaza de Armas

¿Qué hacer en La Habana en Tres días?

Día 1: Habana Vieja

Se trata de una zona para callejear sin parar. Los sitios más interesantes son, además de las cuatro plazas de obligada visita (Plaza de Armas, Plaza de la Catedral, Plaza Vieja y Plaza de San Francisco de Asís), el Castillo de la Real Fuerza, la Plaza del Cristo y el Paseo del Prado. Aunque todo el mundo recorre la Calle Obispo desde el Parque Central hasta la Plaza de Armas, a nosotros nos parece más interesante hacerlo por O´Reilly. Si te van los museos, tienes el Museo de Arte Colonial, el Museo de la Navegación o el Museo del Ro. Si además quieres marcarte la típica turistada, puedes probar el diquirí del Floridita o el mojito de la Bodeguita del Medio (pero vamos, que no son para tanto y son muy caros). Lo ideal es acabar el día viendo el atardecer desde los alrededores de el Castillo de San Salvador de la Punta en el Malecón.

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Esos atardeceres…

Para desayunar: si no tienes en el hotel o no te convence el de la casa particular en la que te estás quedando, recomendamos el desayuno buffet del 5 esquinas por 4,5 cuc (calle Cuarteles con Habana).

Para comer o cenar: el Chanchullero (Plaza del Cristo), Doña Eutimia (Plaza de la Catedral) y algunos de los que están entre la calle Cuarteles y el Callejón de los Peluqueros.

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“Nos une el barrio”

Día 2: Centro Habana y Vedado

Si no pudiste pasar por el Capitolio y el Barrio Chino el primer día, es una buena idea empezar por allí para, después, ir primero a la Plaza de la Revolución y el Museo José Martí y después al Vedado. Aquí, lo más interesante es recorrer la Calle 23 (haciendo una parada a comer helado en el Coppelia que hace esquina con la Calle L (imprescindible llevar CUP) y bajar luego hasta el Edificio Focsa en el Malecón. A continuación, recorrerlo entero para, al llegar a la altura del Parque Martires del 71, volver a ver la puesta de sol, cenar algo y después, coger un bus o un taxi que os lleve hasta la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña donde, a las nueve de la noche, tiene lugar la ceremonia del famoso cañonazo (tradición que comienza a finales del siglo XVII para anunciar el cierre de las puerta de la ciudad en previsión de asedios por parte de los piratas). Nota: si coincide este día con domingo, acercarse al mediodía entre las doce y las tres al Callejón de Hamel para ver una calle más que particular a ritmo de rumba en directo.

Para comer: sin duda te va a gustar comer en el Paladar La Guarida (Calle Concordia 418) un rico y pintoresco capricho en el restaurante donde se rodó la película “Fresa y Chocolate”.

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Pasando

Día 3: Al otro lado de la Bahía

Hoy es el día en el que ir al Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro, el Cristo y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Una vez visto todo, volver a la Habana Vieja a hacer lo que nos haya faltado o repetir lo que más nos haya gustado. Nota: a primera hora de la mañana se tiene la mejor luz para hacer fotos de La Habana. Por la tarde, tenemos una espectacular vista del atardecer.

Para comer: como por esta zona todo pilla un poco a desmano, dentro de la Fortaleza hay una pequeña posada que no está nada mal. Además, cerca del Castillo del Morro está el 12 Apostoles que, al parecer, está muy bien.

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“¿Tienes…?” “No, se me ha acabado”

Nota: si no quieres quedarte solo con las emociones y las indicaciones de cualquier guía de bolsillo, también te aconsejamos algún pequeño tour por el centro de la Habana con algún experto que te cuente un poco sobre la historia de la ciudad. Nosotros, lo hicimos casi el último día, para “enterarnos de algo” con Cuban Eden. Tuvimos el lujo de que nos acompañara Julio, profesor de historia en la Universidad de La Habana, gran guía y mejor persona (jajaja no hemos podido evitar hacer el chiste).


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4 Responses to La Habana, se escribe con b 

  1. Diana says:

    Se me ha escapado alguna lágrima, si señor, gracias por ese respeto y cariño con que describes tu paso por mi tierra, tú sentir hacia mi gente, sin duda lo mejor de Cuba, los Cubanos, son ellos los valientes los estoicos, los que a pesar de todo ríen y gozan allí no hay lugar a la queja, se resignan y viven no hay más naaaa, como se dice allí, besos a los tres,,

  2. María Teresa Flores Isaac says:

    ¡Wowww!! Ruben, así como tú lo describiste varias veces en tu relato, estoy con emociones encontradas dentro de mi cabeza y corazón, CUBA ha sido desde hace algún tiempo uno de los lugares indispensables de conocer y sentir, con tus palabras me han crecido las ganas de vivir esa experiencia, les agradezco que nos sensibilicen con esa otra visión de los lugares que han recorrido, esos lugares que lo hacen a uno enriquecerse por dentro y llenarse los ojos de imágenes que te hacen pensar y reflexionar.
    Como me hubiera gustado estar ahí, invisible, en un rinconcito de la estancia, cuando Tú y Lucia charlaban sobre las situaciones sobrecogedoras que encontraron en este viaje y que, por más que quisieran, no nos cabrían en estos posts.
    Deseándoles que sigan teniendo un gran viaje por la vida, les mando un abrazo con cariño y besos a los tres, enhorabuena.

    • ruben says:

      Ayyyy María Teresa… han sido tantas las charlas que hemos mantenido sobre Cuba, que probablemente te habríamos aburrido terriblemente jajaja. La verdad es que es un país que nos ha puesto un poco contra la espada y la pared a nivel socio cultural constantemente. Esto está bien… esto no… ¿quién tiene la razón?… ¿quién es feliz?… ¿Quién lo parece? Una locura. Pero la verdad es que, efectivamente, son a estos sitios a los que merece la pena ir (al menos, esa es nuestra opinión). Los sitios que te cambian un poco y de los que aprendes. Los que te recolocan. Te sitúan. Te marcan. Gracias por tu mensaje y si al final vas a Cuba, cuéntanos qué tal por allí 🙂

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