Taiwan

Published on diciembre 10th, 2015 | by lucy

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Made “by” Taiwan

El primer contacto con la capital del país, Taipei, ha sido una grata sorpresa. No puedes evitar acordarte de Zoe, una de tus primeras experiencias de couchsurfing que recibiste en tu antigua morada madrileña. Recuerdas lo poco que sabías entonces sobre su país, y ahora se hace evidente que desde entonces, no habías hecho nada para solucionarlo.

Sigues teniendo las mismas dudas sobre qué es lo que hay que ver en Taiwán. Confiesas alto y claro que si estás aquí, ha sido sobre todo porque muchos de los japoneses con los que te has cruzado te dijeron que vinieras. Eso y la dichosa frasecita que empieza a convertirse en casi costumbre en el #massalaHDtrip de “ya que estamos aquí…”  Comentario que va seguido de una reflexión sobre lo que costaría venir desde España a conocer ese destino tan a desmano que ahora tienes a “tiro de vuelo low cost”. Evidentemente, vas. Por conocer el país de Zoe, por los japoneses que te han caído tan bien y por la cuenta de resultados que siempre sale a favor de conocer un nuevo destino.

Antes de arrancar con este tren-bus-road trip alrededor del país decides hacerte una lista con lo que crees que es Taiwán, sabiendo que es posible que sea el país que vas a visitar del que menos sabes. Este es el resultado:

Qué es Taiwán, antes de ir a Taiwán.

  • Una fábrica gigante de juguetes y objetos baratos de plástico que abastece a todas las tiendas de “todo a 100” del mundo.
  • De la afirmación anterior deduces que debe ser un país más bien sucio por estar lleno de fábricas que sueltan todo el humo que cabe dentro y más. Una especie de Bangladesh con un toque más chino.
  • Un trozo de China y como tal, un lugar en el que se habla poco inglés, mucha gente escupe, tira papeles al suelo y algunos practican el deporte nacional de colarse en los transportes públicos.
  • El “made in Taiwan” es sinónimo de objeto barato y por qué no decirlo, cutre. Nunca harías un regalo a alguien que quieres bajo la seña de identidad “made in Taiwán”.

Con todo esto concluyes: Taiwán debe ser un lugar con poco que ver. Con todas estas ideas dando vueltas por tu cabeza, empiezas tu periplo terrestre por el país.

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Primera parada: Yehliu, Jinguashi y Jiufen.

Yehliu es un parque geológico junto a la costa con unas originales formaciones rocosas que han quedado fuera del agua. Cada una de ellas tiene un nombre propio que hace alusión a su forma y la imaginación del geólogo que se lo puso (la más conocida es “la cabeza de la reina”). El geoparque está lleno de taiwaneses haciéndose fotos junto a cada roca por riguroso orden de llegada y a golpe de silbato del guarda de seguridad.  De tu paso por China te gustaron muchas cosas, pero el civismo de la población (o mejor dicho, la falta del mismo) no fue una de ellas. La primera en la frente, así para empezar.

Huyendo de la multitud, subes hacia una de las colinas en las que poder apreciar mejor las vistas de la costa. Hasta el mirador llega menos gente, pero contigo suben varios taiwaneses perfectamente equipados para hacer fotos. Cámara, trípode, chaleco, ópticas, filtros… no les falta detalle. A esta gente le gusta eso de ir bien equipados para ejercer cualquier disciplina. Ya sea ciclismo, caminar por la montaña o hacer fotografía. Eso sí, nada de baratijas del “todo a 100” .

La zona está llena de restaurantes con pescado y marisco fresco de la zona. Todo visitante viviente se mete después de su paseo de 800 metros dentro de los restaurantes. Asomas la cabeza por uno y antes de que te quieras dar cuenta, una señora se levanta de su mesa y te dice: “entra, entra, este restaurante es buenísimo. Yo también soy turista. Vengo de Taipei con mi marido para comer aquí. Siéntate en nuestra mesa. Él habla muy bien inglés”. Así que te aposentas en una de esas mesas gigantes con útil “plato giratorio”, abres la carta y pides algo que tu bolsillo pueda permitirse. A todo esto, tus compañeros de mesa redonda han cambiado. No hay lugar para la sobremesa. El ritmo frenético que llevan los camareros y lo poco que levantan la cabeza los comensales de los platos así lo demuestra. La gente se sienta, pide, come (mucho), paga y se va.

Volviendo a tus nuevos compañeros de mesa, la pareja ha cambiado por una familia de 6 que han pedido para comer media carta. Así a ojo, deben caber a dos raciones y media por cabeza. Están dispuestos a comérselo todo y a que tú pruebes cada uno de los platos. Son taiwaneses también.

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Con el estómago más lleno de lo que pensabas sigues hacia Jinguashi. Un pueblo de montaña con callecitas pequeñas llenas de tiendas de souvenirs, puestos de comida y muchas-muchas personas de turismo moviéndose en todas direcciones. Aquí es donde te topas por primera vez con una nueva moda entre los adolescentes: tanto chicos como chicas, llevan diademas u horquillas que simulan una planta con el consiguiente efecto de que de sus cabezas nace un brote verde. Por la mañana temprano antes de poner rumbo hacia el pueblo minero de Jiufen, Jinguashi se queda vacío y más caminable. Te has pasado de frenada con el madrugón y cuando llegas a Jiufen te encuentras al personal haciendo ejercicios matutinos antes de abrir la entrada de la parte visitable. A decir verdad, una vez visto el pueblo, lo más interesante es observar al personal en modo clase de gimnasia.

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Segunda parada: Hualien (La Garganta de Takoro).

El Parque Nacional de Takoro tiene varios puntos de interés en su interior en los que encontrar templos, cascadas y la ruta entre paredes de la garganta. La garganta es una versión modesta de la Garganta del Cares de Asturias, pero es bastante más de lo que esperabas encontrarte “en este país de fábricas”.

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A tu izquierda un grupo de taiwaneses entrados en años, estiran como si terminarán de cruzar la isla entera caminando y a tu derecha, cruzando un puente colgante llegan los últimos rezagados (ultra equipados eso sí) a los que sus compañeros vitorean. Hacía tiempo que habías asumido aquello de que los asiáticos no son mucho de andar, pero los taiwaneses parecen estar hechos de otra pasta.

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Tercera parada: Kenting.

En el sur están las playas a las que algunos se dirigen para aprender a surfear y que como no, están llenas de taiwaneses haciendo turismo. El país será pequeño y no es destino de occidentales, pero desde luego ellos están en todos los puntos de visita.

Lo cierto es que no terminaste de verle el encanto a las playas taiwanesas. Puede ser que después de Maldivas te hayas vuelto un poquito “hocico fino” en lo que a este tema se refiere. Puede ser que por no salir mucho del pueblo te hayas perdido las mejores calas y olas, pero tu idea de “paraíso playífero” no se parece mucho a esto. Además, aunque no estás comiendo del todo mal, empiezas a ponerte un poco nostálgico recordando la infinita comida de Japón (suspiro-suspiro-mirada perdida). En fin… esto se veía venir. El bajón gastronómico iba a llegar tarde o temprano.

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Cuarta parada: Kaoshiung.

Es la segunda ciudad en importancia después de Taipei. Una especie de capital del sur con sus múltiples barrios pequeños y su zona empresarial de edificios altos. A estas alturas ya empiezas a olerte que en Taiwán, aparte de baratijas se producen otras cosas. Marcas que toda la vida han pululado a tu alrededor pero que ni por asomo imaginabas que eran taiwanesas. Algunas tienen la sede en el mismo Taiwán y otras fueron fundadas por expatriados taiwaneses en el exterior. Nombres como Acer, los teléfonos móviles HTC o incluso, sorpresa… Yahoo y Youtube.

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En Kaoshiung te alojas en una zona que te devuelve a Indonesia. Caras familiares, restaurantes con la música a tope y muchas compañías para enviar paquetes y dinero al país. Una población emigrante con la que no contabas ver por aquí. No resistes a comerte un nassi goreng. Hace tiempo que piensas que lo que uno echa de menos cuando está lejos de casa no es tanto la comida, sino los sabores conocidos. Es esa sensación de saber previamente qué es lo que se viene a la boca. Si va a ser dulce o salado. Si te va a gustar o no. Si te preguntan después de mes y medio en Indonesia si quieres otro arroz salteado con pollo y huevo más, se lo tiras a la cabeza pero ahora… qué rico está el nassi goreng.

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Paseas entre los edificios altos. Te cuelas en algún que otro templo improvisado y terminas en el lago de la ciudad donde el personal se divide entre espectadores centenarios de una eterna obra de teatro callejero, jóvenes deportistas del remo que entrenan para un campeonato en el lago y fotógrafos mega equipados que cómo tú, esperan la puesta de sol.

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Todavía te queda una quinta parada con reencuentro incorporado en Taiwán (que merece otro post) y muchas reflexiones sobre esa lista previa que escribiste con lo que pensabas que te ibas a encontrar. Puede que a partir de ahora incorpores este juego antes de llegar a un nuevo destino. La idea no es cortarse las venas cuando se hace evidente lo poco que sabes de muchos lugares del mundo… Es más bien recordar cual fue el punto de partida y qué ha sido lo que has aprendido en tu paso por ese destino. Cómo cambia tu percepción de cada lugar una vez que has tenido la oportunidad de recorrerlo. Como un país puede dejar de ser en tu cabeza el de “made in Taiwán” para convertirse en el “made by Taiwan”.


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4 Responses to Made “by” Taiwan

  1. Samir Issa says:

    No tenía idea que Taiwán fuera así y me sorprendiste con lo de YouTube y Yahoo! Buenísimo el post Lucy.

    PD; gracias por ayudarnos a conseguir hospedaje en Buenos Aires! =)

    • lucy says:

      Yo antes de ir tampoco tenía ni idea la verdad. Necesito verme allí en medio del lugar para que se me llene la cabeza de preguntas. Sin esa motivación, aunque intente leer cosas, no es lo mismo. Se me olvidan, no le presto tanta atención… no sé. Es como si pasar por el lugar abriera unas puertas en mi cabeza para querer saber mucho más de su historia y sus costumbres. Es lo que me pasa a mí pero imagino que cada uno lo vivirá a su manera. PD: un placer. Me gusta lo de juntar a personas interesantes 🙂

  2. irene says:

    Total! Muchas veces no vamos a sitios por ideas preconcebidas en nuestra mente… Y una vez visitado el lugar y haberte sentido sorprendido dices y piensas” pero,por qué tenía yo esa idea?” y no sé como explicarlo… Pero quedas como más contento y reconfortado pensando: ” he hecho bien en venir, He aprendido y lo que me habría perdido y desconocido de no haber hecho esta elección…”
    En Filipinas una pareja que conocimos de Canadienses,que viven en Taiwan por motivos laborales, nos hablaron muy bien de allí, estaban encantados de vivir allí. David y yo nos quedamos pensativos, y con las orejas bien abiertas escuchándoles hablar maravillasy pensamos uhh otro sitio… 😉 Hay tantos lugares por descubrir… Pues teníamos los mismos conceptos que describes tan bien en el post.
    Preciosas instantáneas.
    Un abrazo! Y a seguir descubriendo mundo! Desde aquí seguimos vuestros pasos.

    • lucy says:

      Hola Irene! A mí me pasa justamente eso que explicas casi todas las veces. Creo que voy a empezar a hacer la lista en todos los nuevos destinos para saber lo que he aprendido porque una vez que pasa el tiempo es como si lo aprendido lo tuviera conmigo de toda la vida y s eme olvida que antes de ir no sabía a veces ni ubicar bien el destino en el mapa. En Taiwán se está bien por muchos motivos: es seguro, se come bien y hay cosillas que ver. Pero si me dices que tienes que coger un vuelo de 14 horas para ir a conocerlo… te digo que mejor te vayas a Filipinas 🙂 Si te pilla cerca es interesante históricamente pero si no igual es un poco “over primos” pero esa es solo mi opinión, siempre puedes ir a desdecirme 😉 Gracias por tu comentario y a seguir tragando viajes y destinos!

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