Del 11 al 13 de agosto de 2015 // 26º // Frescor que refrescas del calor…

No habías oído muchas cosas sobre Srinagar porque hasta hace poco, era un lugar imposible para los turistas. Las ansias de independencia de la zona de Cachemira y su proximidad con la frontera pakistaní, hacían de este lugar una zona a evitar por una peligrosidad que aún hoy, se percibe en el ambiente.

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De momento, el viaje hasta allí se convierte también y sin esperarlo, en algo que recordar. Aunque cada vez son más las controles militares, el paisaje permanentemente montañoso, los mínimos pueblos que encuentras en el camino y las poblaciones nómadas que salpican las montañas y valles, hacen que acabes por decidirlo: tienes que volver a esta zona para recorrer con calma y sobre una Royal Enfield, el trayecto entre Manali y Srinagar.

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Después de 16 horas de viaje para cubrir los 480 km que separan Leh de Srinagar, llegas a tu destino de noche y algo cansado. Cansado de tanto estar sentado y de comer todo tipo de porquerías a granel: patatas massala con cacahuetes semipicantes más “varias cookies varias” y Limca (una especie de fanta limón pero mejor) para compactarlo todo bien. Como buenos mochileros low-cost, os alojáis en un barato y tranquilo guesthouse mirando de reojo las caras house boats que flotan sobre el lago.

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Al día siguiente empieza la exploración sobre el terreno. Para escaparte un poco de los controles militares y alambradas, se hace obligatorio adentrarse en la Old City de Srinagar (el corazón independentista de la ciudad).

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La gente, de mirada ruda por lo vivido, es bastante cariñosa contigo. Sobre todo, cuando “respondes bien” a las tres preguntas de rigor:

  • ¿De qué país sois?
  • ¿Estáis casados?
  • ¿Creéis en Dios?

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Las callejuelas y la casualidad os llevan ante la casa de un hombre que os mira con suspicacia y os empieza a interrogar. Decir que sois indios, pakistaníes, americanos o israelís, que no habéis pasado por el altar y que no tenéis un Dios en el que creer, no es una buena idea. Como mínimo os dirá que «no sois bien recibidos» (a partir de ahí… a dejar volar la imaginación).

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Después de responder bien a todas sus preguntas, recibís con tranquilidad un «ok, no problem» y le cambia la cara. Os cuenta con bastante intensidad y detalles, la problemática de la zona con unos y con otros y el porqué de sus anhelos. Mientras se produce el discurso, vecinos simpatizantes os rodean asintiendo con la cabeza a cada nueva parte de la explicación. Por un instante te da por pensar que estás hablando con una especie de «cabecilla» y te sientes casi dentro de una película de incierto final.

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Aún con la emoción en el cuerpo (inventada o no), continuáis el paseo para descubrir por impulsos/intuición/»¿por aquí o por allí?» rincones de todo tipo. La gente está contenta de volver a ver turistas de un lado a otro. Se producen todo tipo de sonrisas, miradas, intercambios de Facebook, fotos grupales y frases como: «it’s nice to see you here». Véis el Hari Parbat de lejos (ya que no está permitida la entrada), pasáis por la Jamia Masjid donde antes del rezo, os vuelven a hacer el pertinente interrogatorio. Tres preguntas con caras serias, tres respuestas correctas, una sonrisa de aprobación y una sensación de alivio interna para terminar.

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Empezáis a andar los 8 kilómetros que os separan de los jardines de Nishat Bagh y el Dal Lake. Para llegar a tiempo a la puesta de sol os subís a un tuk-tuk y en lugar de hablar entre vosotros, os ponéis a hacerlo con el conductor. Además de que pide que os hagáis unos selfies (mientras conduce), os cuenta que tiene novia desde hace casi 8 años y que, como no tiene padre y es el mayor de los hermanos, no se puede casar. Antes, tiene que casar a su hermana y a su hermano.

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La situación te hace pensar mucho y fuerte en lo que una vez más, supone para tu vida nacer en una u otra parte del mundo. Rodeados entre montañas y aún con la historia en la cabeza, la noche se os echa encima.

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Después de intentar madrugar algo sin conseguirlo, os encamináis al Tulip Garden con la idea de subir luego la cuesta de 4 kilómetros donde se encuentran las increíbles vistas de la ciudad que ofrece el Pari Mahal. Como según os da el viento lo de no gastar dinero os afecta más, decidís ahorraros las 150 rupias (2,08€)  que piden los tuk-tuks por subir y bajaros de allí.

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Nota: no puedo evitar hacer una pequeña reflexión sobre la percepción que se tiene del dinero según dónde y en qué condición estés. Cuando uno se va 15 días de vacaciones 2,08€ no son nada y perder una hora y media en subir una cuesta de 4 kilómetros, es algo que no se contempla. Cuando estás tan metido en el coste de la vida de un país, gastarse 150 rupias en cada desplazamiento que se te cruza por el camino se convierte en… «casi un derroche».

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Y entonces, ante semejante exceso de racanería y cutrez, el camino os tiene preparada una sorpresa: nada más empezar a subir, un autobús lleno de coreanos se detiene en medio de la carretera para llevaros. En un primer momento piensas que debíais de estar dando mucha pena. Después, en que tenéis mucha suerte. Al ver lo lejos que está el Pari Mahal y cómo de empinada era la cuesta… que más que unos valientes y aventureros mochileros que todo lo pueden, a veces os pasáis un poco de listos.

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Después de pasear por el Pari Mahal y hacer las pertinentes fotos a vuestro ritmo, volvéis a coincidir con los coreanos que justo están subiendo al bus para bajar hasta el lago. El guía, que es autóctono y resulta ser el dueño de una agencia de turismo, habla con vosotros distendidamente durante el trayecto y antes de que os deis cuenta, os invita a cenar esa misma noche en uno de sus house boats.

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Y allí, sentados en el precioso salón de una de esas «casas-bote» que tanta curiosidad tenías por ver… frente a la comida más sana y menos picante de los últimos 2 meses… bebiendo el mejor té con azafrán que has probado nunca (kashmir tea), te da por pensar que las casualidades no existen, sencillamente… sales a buscarlas.

 

4 Comentarios

  1. Cómo mola, deseando!! Sí, sé de gente que tuvo que salir de madrugada, evacuada por los militares… pero dicho esto, creo que hay más tiempo de paz tensa que de conflicto abierto, así que yo desde luego quiero intentarlo.
    Besos
    Alicia

    • La verdad es que se respiraba tranquilidad en Srinagar. En sus parques, en el lago, en sus jardines… La gente (como en todos lados), solo quiere vivir su vida y «estar bien». Te leeremos cuando estés allí 😉

  2. Umm, esta zona ya es demasiado peligrosa para mi… 🙂

    Qué bueno el encuentro con el conductor de autobus, siempre hay gente buena en todos lados!

    • Di que, cuando no pasa nada, no sientes peligro alguno. Eso sí… si pasa… «a quién se le ocurre meterse ahí» y tal y tal. En cualquier caso, muy bonita tierra esa 🙂

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