– Hoy me toca empezar a mí, que ayer la llevaste tú por la tarde.

– Ya… pero fue un rato muy cortito. Déjame que la lleve un poco más y así puedes ir haciendo fotos.

– Tu también puedes ir haciendo fotos y de paso me sacas, que parece que viajas siempre sola.

– Es que a ti te salen tan bonitas…

– No me hagas la pelota. Además, así puedes pinchar tú y poner a tu Juan Luis Guerra querido.

Negociaciones similares (con ligeras variaciones en los argumentos) y estrategias de guerrilla como el sucio peloteo,  el cronometrado de tiempo al volante o el aumento de la capacidad de soporte de los más mundanos gustos musicales del otro, han protagonizado el arranque con “la máquina” cada mañana.

Han sido aproximadamente 10 días de recorrido para recordar (después de los road trips por Nueva Zelanda y Australia) cómo se siente uno viajando con la casita completa a cuestas. Es curioso cómo eso de cambiar las habituales costumbres viajeras, vuelve a generar dudas, preguntas, fervor, intriga y dolor de barriga (bueno esto último no, pero todo lo anterior sí). Mochila por furgo.

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Hay que empezar casi de cero. Al principio, las sensaciones son similares a plantarte un día en medio de Pekín sin nada organizado, con la única diferencia de que esta vez, las incertidumbres son menores porque sabes dónde vas a dormir y cómo vas a llegar. Pero todas estas comodidades y un manual de instrucciones, en absoluto te libran de que al principio, tardes en montar la cama la friolera de 20 minutos, pongas la almohada donde van los pies, apagues la nevera al programar la calefacción o intentes abrir el toldo a mano antes de descubrir una bonita y útil manivela pensada para ello. Sin embargo, a medida que los días van pasando, vas integrando de manera natural todas estas cuestiones logísticas. Vas aprendiendo, con el método infalible de la misma forma que un día aprendiste a montar en bici: pedaleando. 

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La ruta final, (que fue diferente de la inicial y demuestra que hay cosas que nunca cambian) sale de la Costa Brava, cruza al sur de Francia, vuelve al norte de España, desciende por la Ribera del Duero hasta el Valle del Jerte y termina de vuelta en Madrid. La idea es desplazarse siempre por carreteras secundarias, cruzando pueblos, buscando lugares recónditos a los que no llegan los transportes públicos y parando dónde y cuando te venga en gana.

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La llegada a Francia corrobora lo que otros furgoneteros te habían comentado. Este país es un paraíso para esta forma de viajar. En las carreteras secundarias, 1 de cada 5 vehículos aproximadamente es una casita rodante. Cada pocos kilómetros hay áreas de servicio con duchas y hasta lavadoras, campings baratos con buenas instalaciones, zonas donde está permitido pernoctar gratis con acceso a baños… y mucha, pero mucha gente de todo tipo viajando en camper.

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Por un momento, te habías hecho a la idea de que hay que llevar a un verdadero hippie en tu interior para querer adoptar esta forma de viajar y sin embargo, no haces más que cruzarte con extranjeros ya jubilados que tienen claro que no pretenden quedarse esperando en su sofá a que se les acabe la vida. Viajan más despacio, en una “casa” con más comodidades y espacio que la tuya, pero friegan los platos en el mismo lavadero y cargan sus depósitos de la misma salida de aguas. Corroboran que el movimiento no es una cuestión de edad, es más bien una cuestión de ganas que se pueden materializar con diferentes estilos y con distintos grados de comodidades en función de las preferencias de cada uno. Así es como muchos días te conviertes en el vehículo más pequeño y en el responsable de la bajada de la edad media de los habitantes del aparcamiento de turno.

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La llegada a España pone de manifiesto una realidad diferente. Se reduce el número de vehículos-casa entre las carreteras secundarias y las áreas de servicio de ensueño. A falta de pan, buenos son camioneros. Ellos se convierten en tu nuevo gurú espiritual de lugares en los que pernoctar y de hoteles con servicio de duchas. Pasan la noche en su cabina (que desde tu punto de vista es casi un rascacielos) mientras tú bajas las persianas de tu pequeño adosado.

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Una vez controlado (más o menos) el manejo general de «la máquina» y las cuestiones autóctonas sobre los lugares de pernocte, puedes empezar a emplear tus cinco sentidos en todo lo demás y todo lo demás, es mucho. Llegan los amaneceres y los atardeceres diarios. No hace falta proponerse ir a buscarlos. Ellos te encuentran cada mañana y cada tarde a ti.

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Las cenas y los desayunos con vistas a las montañas, a un campo de trigo, a la plaza de un pueblo o al medio de la más increíble nada (que aunque parezca increíble también existe) entre población y población. Los baños en los ríos o en los lagos, las siestas improvisadas sin motivo aparente. Las miradas cruzadas y preguntas sin respuesta con otros soñadores que se lo están pensando: “¿qué tal se duerme ahí arriba?”, “yo siempre quise recorrer el mundo en una de esas”, “¿tiene cocina?”

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Y así, poco a poco, se pasan volando los 10 días que te llenan la cabeza de nuevos destinos, de razones, de ventajas y de desventajas, de posibles soluciones y en definitiva, de ganas de más. Eliminas las huellas superficiales de tu convivencia juntos, te despides de “la máquina” como se merece y antes de entregar las llaves, le guiñas un ojo para que sepa que pondrás todo de tu parte para que esto no sea más que un “hasta luego”.

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10 Comentarios

  1. Ay la Cali…*suspiro*. La conocimos por la familia de Un Mundo para tres y cada vez que vemos una, la miramos, nos miramos y pensamos que algún día la vamos a probar, aunque bueno, cuesta mucho hacer que un motero traicione a su «niña» por un cuatro ruedas enorme, aunque yo no desisto :p

    PD: hay baño dentro? o se tiene que llevar uno portátil de camping? Yo es que soy una meona…

    • La moto es que tiene mucho tirón y no descartamos la opción sidecar 🙂 La California no tiene baño, fallo importante. Hay quien lo soluciona con el portátil de camping o quien prefiere buscarse la vida por el campo. Lo bueno es que de los Pirineos para arriba hay muchas áreas de servicio bien preparadas. Si no me equivoco hay unas furgos un pelín más grandes, de FIAT, que traen el baño incorporado.

  2. Hermoso viaje! Es nuestro próximo plan en familia, aunque probablemente en auto y no en furgo.
    Felicitaciones por las fotos! Lindas, originales y con personalidad.

  3. Me ha gustado mucho chicos!
    La verdad es que entre viajar con la mochila a cuestas o con la casa a cuestas hay un gran abismo… pero ambas opciones tienen «sus cosas»
    Yo tengo una pequeña y vieja Citroen C15 a la que le planté una cama, con la que recorro el país en el que vivo (Marruecos), y aunque lo viaje muuuucho muchisimo mochila al hombro, la libertad que me dio hacerlo con la furgo, y los recónditos rincones mas allá de las montañas del Atlas y las dunas del erg Chebbi a donde llegué, no tiene comparación alguna…
    Por no hablar de que el «jardín de tu casa» sea cada día el paisaje que te de la gana!
    Un abrazo!!

    • Marruecos en furgo… qué interesante. Conozco a una familia que lo hizo hace unos veranos con niñas pequeñas y contaban maravillas. Reconozco que en general somos personas poco constantes en la vida. Si hacemos autoestop durante tres días, el cuarto queremos subirnos en un bus, el sexto estamos pensando en el tren, luego en llegar andando y tres días después en montar en bici. Nos gusta mucho el cambio. Rubén dice que somos «aprendices de todo y maestros de nada».

      En 10 días con la furgo nos ha gustado mucho la experiencia aunque nos ha dado tiempo a vernos las caras con alguna de las desventajas. Como dices todas las opciones tienen «sus cosas» (en nuestro caso, por el vehículo que llevábamos el tema del baño por ejemplo). Lo bueno es que como la manera elegida de viajar no es vinculante, el día que a uno le apetece cambia de tercio otra vez y otra y otra y otra y así hasta el infinito. ¡Otro abrazo!

  4. Me ha gustado mucho amigos . La vida se entiende de otra manera. Yo también espero tener la oportunidad de vivir esa experiencia. Las fotos trasmiten mucha paz y mucha armonía. Menudo lujazo.

    • Mira que nosotros pensábamos erróneamente que el resto de los furgoneteros serían surferos, hippies de rastas o gente muy joven, pero no. Está Europa y el mundo lleno de directivos de empresas y familias con niños que no tienen problemas en cambiar el hotel por la libertad que da viajar con la casita a cuestas.

  5. Qué chulada chicos. Me ha encantado el reportaje y la idea de viajar de esa manera. Espero tener algún día la oportunidad. Tiene que ser una pasada. Yo en un par de semanas me voy de ruta por La Rioja. Así dicho no resulta muy emocionante, pero teniendo en cuenta que voy a llevar yo el coche, ya os digo que lo es. Ya sabéis mi historia con los vehículos de cuatro ruedas
    Por cierto, la última foto me flipa. Tiene un rollo «Lo que el viento se llevó».
    Un abrazo muy fuerte

    • Ruta por la Rioja donde seguro que caen unos cuantos vinos. Menudo planazo. La emoción al viaje se la pones tú, así que seguro que la escapada es «algo que recordar». Otro abrazo gigante. PD: un día de estos debería sentarme a ver entero «Lo que el viento se llevó» para no morirme de vergüenza en casos como este 🙂

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