Después de tres años pensando en y para la mochila; después de viajar y vivir tantas experiencias con ella a cuestas; después de entregarle día y noche todos tus secretos y tus pocas posesiones… Haciendo que forme parte de tus sueños y, de alguna manera, dejando que sea tu casa. Después de todo eso, te prestan una furgoneta California Ocean y te vas al FurgoVolkswagen.

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Lo haces como en secreto y no entiendes muy bien por qué. Al fin y al cabo, recientemente has estado en un crucero para ver cómo es y de momento, tienes claro que no quieres ser crucerista.

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Se supone que esta vez es igual. Tú solo vas allí a (ad)mirar una concentración de campers y de paso, probando una. Pero por alguna extraña razón, esta vez te vas como no queriendo que “ella” se entere. Has defendido tanto a tu mochila. La has querido tanto. Ha sido tan importante para ti… que no quieres “que se preocupe”. Y es que, ella estuvo «allí» cuando durante tu vuelta al mundo alquilaste una furgo para ir de Sídney a Melbourne. Lo sabe. Sabe lo bien que te lo pasaste. Lo “extra muy feliz” que fuiste durante aquellas tres semanas. “Vio” cómo acariciabas aquel volante, cómo disfrutabas de las siestas a medio camino, cómo te encantaba desviarte de la ruta o parar cada dos por tres a hacer una foto… Pero “ella”, sabía que era algo temporal. Que volverías al bus, al tren y al autoestop. Y lo hiciste…

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Con todo ese sentimiento de culpa, te vas dirección a Figueres a ver qué es eso del FurgoVolkswagen. Según entras en el camping, te sientes como cuando aún estabas atado a una mesa de oficina e ibas a charlas de grandes viajeros. Aquellos mega aventureros que habían pasado cuatro meses en India o que habían dado una vuelta al mundo. ¡Qué complicado lo veías todo! Aunque luego te diste cuenta de que es mucho más fácil de lo que parece, en aquel momento era un sueño casi imposible porque no tenías mucha idea de cómo era eso de “viajar largo en mochila”.

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Y ahora, te pasa igual. Tres años después, ves a toda esa gente que se nota que lleva muchos kilómetros con olor a gasolina encima… con esas campers de más de 30 años… con esa otra forma de sentir el viaje que ves en sus caras… Y todo te parece nuevo. De nuevo.

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Es muy curioso que todo “lo desconocido” nos asuste un poco o que al menos, al principio nos genere cierto vértigo y respeto, ¿verdad?

Y allí estás tú durante dos días enteros. Paseando entre furgos que molan mucho y otras que molan mucho más aún. Entre cientos de furgocampistas y sus paellas o charlas a media cerveza. Con sus sillas plegables, sus toldos y sus barbacoas que no te explicas ni cómo las han traído. “¿Cómo les caben tantas cosas ahí dentro?”, te preguntas. Quieres acercarte a ellos, acribillarles a preguntas y entrar en sus furgos a curiosear pero… están tan a gusto, que solo te queda dejarles en paz y hacer fotos. Para variar.

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Qué curvas… qué faros… qué tapacubos… Estos vehículos son increíblemente hipnóticos. No puedes parar de fotografiarlos y “de imaginar”… De imaginarte viajando ahí dentro, pero durante mucho tiempo. Llegas a la conclusión de que te encantaría tener una furgo retro tan «de anuncio». Aunque, crees que es un vehículo para cuidarlo no para castigarlo. Salir a pasear de vez en cuando y hacer viajes cortos… ¿es el modelo que necesitas para viajar largo?

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Y en ese momento, te tapas la boca. ¡Acabas de serle infiel de pensamiento a tu mochila! De alguna forma has dado por sentado que te estás planteando pasarte al mundo furgo. No has querido decir eso… ¿o sí?

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Tu mochila… (suspiras)… “¿qué estará haciendo?”

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Entre contradicciones varias y mucho flujo de información nueva, sigues observando. Durante dos días no ves ni una sola mochila, pero sí ves mil y un artilugios para multiplicar por cien la comodidad de un medio de transporte/vivienda teóricamente incómodo. De alguna manera, tú siempre habías dicho que en la mochila llevabas la casa a cuestas, pero la realidad es que solo llevabas lo imprescindible. Aquí ves casas completas traídas sobre ruedas desde otro lugar.

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Aunque no te llama mucho la atención eso de meter toda tu casa en un furgón para sacarla de nuevo al lado de una playa durante quince días hasta emprender el camino de vuelta, te gusta la libertad de moverte de un lado a otro sin tener que volver “atrás”. Solo avanzar. Comer donde quieras. Estar lejos, muy lejos, pero durmiendo “siempre en casa”.

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Te llama mucho todo lo que rodea este nuevo mundo. El viento. Los campos de trigo pasar. Las montañas acercarse para dejarlas atrás. Eso de parar cuando y donde quieras. Desviarte, girar, retroceder… Echarte una siesta frente a una playa y si se te echa el atardecer encima, no tener más que sacar una mesa, unas aceitunas, abrir una botella de vino… y contemplar la puesta de sol.

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Puede que por eso… te estés planteando cosas. Total, tú siempre has sido un claro defensor de que hay mil maneras de viajar y que todas son muy válidas. Que ninguna es mejor que otra y que todas tienen sus “ventajas” y sus “pequeñas desventajas” o, mejor dicho… sus “pequeñas carencias”.

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¿Será que viajar #enfurgomolamas o que simplemente te apetece un cambio? Puede que tengas que averiguarlo.

¿Continuará?…

25 Comentarios

  1. Viajar en furgoneta, una experiencia única de esas que creo que hay que vivir al menos una vez en la vida. Me ha encantado tu post y las fotos son fantásticas. Me dan ganas de irme ahora mismo a buscar una furgo para mi próximo viaje 😀

  2. Muy bueno el post! A mi lo de la furgo me mola muchO 😉 pero como bien dices ‘hay mil maneras de viajar y todas son válidas’ Lo importante es viajar y enriquecerse descubriendo mundo.

    • Cada uno que busque la manera en la que se sienta más cómodo y si un día le apetece cambiar de fórmula o probar una nueva pues adelante, que la vida es corta.

  3. Uffff! Qué miedo me dais! Yo también lo probé, igual como vosotros, en Australia y en Nueva Zelanda. Y a mí también me pasa pensar en comprarme un furgo. Tal vez para cuando vuelva a Europa, el año que viene… Así que estaré atento a vuestros próximos relatos, escritos con mucho amor en vuestra nueva casa sobre ruedas.
    Por cierto, ya lo he hablado con mi compañera de viaje, mi mochila. No se lo ha tomado tan mal, creo que igual está un poco cansada. Lo único que me ha pedido, es llevarme a su hermana pequeña en la furgo e irme de caminatas con ella de vez en cuando.

    • La que tenemos es prestada… No nos llega el presupuesto para comprar una pero, algo se nos ocurrirá! De momento, las mochilas pueden respirar tranquilas. Solo de momento Llegado el caso, las pequeñas sí se vendrían.

  4. La furgo da una vidilla increíble, eso de que llegue el viernes por la tarde y casi improvisado te montas una escapada a cualquier lugar, y descubres pueblos, valles y montañas… Y paras a comer aquí y te quedas a dormir allá. ¡A nosotros nos encantaba! Tuvimos que dar el paso de vender nuestra querida furgo para dar el paso de viajar por el mundo sin billete de vuelta, y aunque estamos encantados y no nos hemos arrepentido ni un día, sabemos que cuando regresemos a España la furgo (sin abandonar a la mochila) volverá a ser parte de nuestras vidas y cómplice de nuestras escapadas improvisadas.
    ¡Vivan las furgos y vivan las mochilas!

    • Muy fan de tu comentario Vanesa. ¡Vivan las furgos, vivan las mochilas y viva cualquier forma de recorrer el mundo sin destruirlo!
      Lo bueno es que como nada es irreversible, a la vuelta os estará esperando otra fuego para cuando os apetezca. Buenos vientos en esa vuelta al mundo. Un abrazo grande.

    • Por mucho que nos guste la furgo habrá que salir de vez en cuando a estirar las piernas ¿no? Ayer haciendo noche en Pirineos en medio de las montañas lo pensábamos. Llegados hasta aquí solo queda calzarse las botas y volverse loco a caminar. 🙂

      Seguro que si se lo dices un par de veces a papi mochilero cae.

      ¡Abrazo!

  5. jajjaaja! qué buen post. Es una manera maravillosa de viajar por libre. Aunque todas son igual de válidas, no hay nada comparable a levantarte por la mañana y que la terraza de tu casa sea un prado infinito o un acantilado de ensueño.
    También es genial las vidas que tienen las furgos (son como los gatos!) y las historias que hay detrás de cada una de ellas. Otro viaje es el de comprarte una furgo de segunda mano y construir tu casita con ruedas. ¡A tirarse a la carretera!

    • Cada forma de viajar tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Nosotros nos declaramos fans acérrimos de probarlas todas para poder comprobarlo 🙂

      ¿Las furgos son como los gatos? Como te oiga Rubén con la manía que les tiene verás…

  6. Buenos recuerdos…
    Tuve una VW T3 blanca y roja,
    …otra dimensión desconocida viajar en furgo, era vivir de otro modo, buscar un buen sitio… molaba.

    abrazo!

  7. Es otra forma de viajar y tan válida como el hacerlo con la mochila a cuestas. Tengo que confesar que yo también llevo un tiempo coqueteando con la posibilidad de cambiar la mochila y el transporte público por… ¡una moto! La libertad de movimiento en 2 o 4 ruedas es muy tentadora! 🙂 Gran post chicos! <3

    • En la variedad está el gusto, claro que sí. Las motos también nos llaman. Las hemos alquilado en varias ocasiones para recorrer algunas zonas concretas y siempre nos quedamos con ganas de más. Yo a ti te imagino perfectamente recorriendo en mundo a dos ruedas y eso te da para otra charla viajera ¿eh?

  8. Hombre… hay que reconocer que estas furgos molan. Molan mucho. Yo tengo ganas de probar un viajecito así… eso si ¡mi economía de momento no me permite salir de los imprescindible de la mochila! Ya nos iréis contando lo que opinan vuestras mochilas.

    • El problema, es hacerse con una. Después… le estamos encontrando bastantes ventajas. A ver qué pasa!

  9. jajaja!
    Y no habrá un combo de de mochila + furgo?
    Creo que en «Mochilandia» habrá hueco para ambos, y así tendrán sus momentos de descanso… Aprenderán a convivir y a compartir como buenas hermanas…

    Reconocedlo! ya os va apeteciendo ampliar la familia 😉
    la tribu crece!!

    Abrazos!

    • Aprendices de todo, maestros de nada. Nuestro lema vital. Hemos tardado lo mismo en descubrir cómo se montaba la cama la primera vez que en encontrar un hostel bueno, bonito y barato. Esto de viajar en furgo es casi como empezar de cero y eso nos llena el estómago de cosquillitas. 😉

      Nos apetecía un cambio de aires pero seguiremos disfrutando de las mochilas, de las furgos, de los tuk tuks, del autoestop y de cualquier otra chorrada que se nos vaya ocurriendo. Más que por ampliar la familia por seguir yendo de flor en flor (aunque juntitos) Jijijiji.

      Más abrazos!

  10. Ayayayayayyy

    «La mochila» va a leer esto, ¿cómo se lo vais a explicar? 😉

    ¡Post genial, como siempre!

  11. Lo has dicho, «estar lejos, muy lejos pero durmiendo en casa» «siempre avanzas» eso es ser furgonetero y llegar donde no lo hacennlas AC.
    Muy buen post como siempre!

  12. ¡¡Ohhh!! Lo habéis probado… Mal asunto… 😉

    Son tantos los sentimientos que te producen viajando en furgo… Sobre todo la libertad, la capacidad de improvisación: ¿me gusta?, me quedo; ¿cambiamos de ruta?, la cambiamos; ¿comemos?, comemos;…

    Pero esto no supone “poner los cuernos” a la mochila. Son dos modos de viajar totalmente compatibles. Además, los que somos de mochila… con ella al fin del mundo, con o sin furgo.

    Pero sí… #enfurgomolamas

    • Ya lo probamos en Australia, pero nos lo tomamos como «una actividad» dentro del viaje o una forma muy… «propia» de recorrer un poco de Australia. Esta vez, es distinto Engancha!

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