lucas_couchsurfing_algo_que_recordar_01Como cada vez que haces couchsurfing (esa cita a ciegas en la que te metes en la casa de alguien a dormir), “el encuentro” es uno de los momentos más delicados. Nunca sabes realmente a dónde vas ni cómo va a ser la persona que te va a alojar. Te preguntas si os caeréis bien… si tendréis algo de qué hablar… intereses similares… buen rollo… «conexión a primera vista». En este tipo de situaciones, la sensación de cierta inseguridad es mutua y, aunque siempre haces como si os conocierais de toda la vida y hablas con toda la naturalidad del mundo de cualquier cosa… no las tienes todas contigo hasta que pasan un par de horas. En esta ocasión, Lucas se encarga de romper el hielo viniendo a buscarte a la estación con un cartel que pone tu nombre. Sí… es cierto… te hace ilusión, te arranca una sonrisa de cuajo y hace que desaparezcan todas las dudas. A partir de ahí… ¿qué puede salir mal?

Tú, que estás de viaje por el mundo y llegas a todos los sitios con la curiosidad subida y las ganas de vivir increíbles experiencias valoras por encima de todas las cosas que la persona que vive allí “todos los días del año”, tenga una ilusión similar por tenerte de visita. Es una sensación difícil de explicar… y de alguna manera, toda una responsabilidad para ti también.

Dar con Lucas en Puerto Iguazú no es excesivamente difícil porque es una de las pocas personas que hace Couchsurfing en la zona. Alegre, sencillo, desenfadado, generoso, que se sabe ganar la vida… un tío que lleva un viajero dentro con ganas de oír casi cualquier cosa que le cuentes del otro lado del mundo sin perder la sonrisa y la atención. A su lado, tiene a Natalia. Un espíritu libre con la vista puesta en el horizonte. Mirando siempre hacia adelante con una seguridad inusual para su juventud.

Además de conocer de su mano Puerto Iguazú, con la visita obligada al Hito de la Triple Frontera, te dejan su cama para irse a dormir al suelo del salón, lo cual, aún hoy… te ruboriza. Sabes que cuando te vayas, echarás de menos los desayunos a cuatro bandas, ese asado argentino con la familia de Natalia que por un par de horas también es la tuya, los paseos sin rumbo, las conversaciones… la ilusión sin fin y el brillo en los ojos constante. Sí, venías para ver las cataratas y eso es algo que no olvidarás en la vida pero, que después de ver una de las maravillas del mundo, tengas «ganas de volver a casa» por la tarde, lo dice todo… ¿No?

Lucas y Natalia… Natalia y Lucas. Gracias una vez más. Nuestra casa, esté donde esté, también es vuestra. Como hemos visto que os gusta el suelo… nuestra cama no  ; )

7 Comentarios

  1. Buscando información sobre el couchsurfing encontré vuestro blog y leyendo todas las historias que contáis me he animado y ya tengo mi perfil en marcha! Gracias!

  2. Lucas G. Cilia Responder

    jaja basta! te has pasado Ruben con esta nota!
    De más está decir que donde estemos nosotros tambien será vuestra casa =) y por lo del piso no hay problema, todo valdra la pena a la hora de compartir un cafe caliente la mañana siguiente y planear el camino que tomaremos durante el día.. Gran Abrazo!!

  3. Que lindooo!!!! ellos son lindos, Gracias por compartir un asadito bien argentino en nuestro humilde pero maravilloso lugar. Abrazotes llenos de agua 🙂

  4. Couchsurfing, ese gran invento! Nosotros lo hemos podido disfrutar en la Isla de Pascua (Chile) y en Orlando (USA) y solo puedo decir que nos hemos sentido mas a gusto en casa de estos «amigos» (las comillas son a priori pq se las pudimos quitar rapidamente) que en casa de amigos (sin comillas).

    Estos couchsurfers de Iguazu tienen cara de buena gente eh?

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