Si estás pensando en una ciudad para hacer una breve escapada en familia donde grandes y pequeños tengan su espacio, te vamos a tener que recomendar Pamplona. Hala, ya lo hemos dicho. Ahora, veamos por qué.

En familia, ya sea durante unas vacaciones o en una escapada, hay que intentar buscar actividades para todos. Que solo haya planes para mayores, es tremendamente aburrido para los más pequeños. Adultos hablando de “cosas rollo” durante horas, persiguiendo monumentos a toda velocidad, jugando a las cartas o tomando gin-tonics como si no hubiera un mañana. Por otro lado, si todo el entretenimiento es exclusivamente para niños, el formato “vaya rollo”, se invierte. Los mayores podemos llegar a tener auténticas pesadillas con columpios que nos persiguen por interminables campos de color amarillo chillón para arrinconarnos sin piedad contra un gigante algodón de azúcar. Seamos sinceros, ¿quién puede aguantar una infinita sesión de canciones infantiles con pollos, gatos y canguros como protagonistas? Sin duda, las sobredosis de lo que sea… son nocivas para la salud, cuerpo y alma.

Ciudadela Pamplona
«Hola, Pamplona»

Lo ideal es encontrar el famoso equilibrio en el que todas las partes tengan su espacio y momento de diversión. Que los pequeños vean felices a sus padres haciendo algo que les apetece y viceversa. Compartir esas escogidas y selectas situaciones de felicidad, consiguen que “la otra parte” también disfrute del momento. Esas actividades que jamás haríamos si no fuéramos madres, padres o hijos, hacen que acabemos cogiendo el gusto a los intereses ajenos. Aunque solo sea por ver la cara que se les queda a los que más queremos. Y sí, lo has adivinado. Aquí entra en juego una ciudad como Pamplona.

Ayuntamiento Pamplona
Justo ahí acaban y empiezan los Sanfermines

Pamplona antes

A decir verdad, y probablemente como la mayoría de mortales, lo único que conocíamos de esta ciudad era la semana de Sanfermines (ya quisieran otras muchas ciudades este reconocimiento mundial, todo sea dicho). Esas imágenes del chupinazo, los encierros a las 8 de la mañana y el “Pobre de mí”, son parte de todos nosotros desde siempre. Pero, ¿hay algo más?

Murallas de Pamplona
Ración de murallas inexpulnables

Nos hemos escapado un fin de semana de agosto para comprobarlo en plena resaca post fiestas. Y aunque la sombra de ese tal Fermín es alargada, hemos de reconocer que la visita ha merecido la pena. Vaya por delante que nosotros somos muy agradecidos en general y que siempre siempre, intentamos quedarnos con lo bueno de cada lugar. Así que sí, somos fácilmente impresionables. Y entre nosotros… como no nos gustan mucho las muchedumbres en general, la cosa pintaba bien.

Catedral de Pamplona
Por allí asoma la Catedral

Subíamos al tren sin saber muy bien qué nos íbamos a encontrar y con la única referencia en el bolsillo de los comentarios de algunos amigos pamplonicas:

– Se come bien.

– La gente es muy maja.

La verdad es que ese control a la baja de la gente del norte en cuanto a sus declaraciones (incluso los hay que nos dijeron que tampoco había mucho que ver), hacían que no tuviéramos unas expectativas muy altas. A decir verdad, ya sabemos que eso suele jugar muy a favor sobre la impresión que te acabas llevando de lo que sea: bajas expectativas, alta sorpresa. Ahora que caigo, puede que todo sea un plan muy bien urdido entre pamplonicas para lograr precisamente lo que han conseguido con nosotros. Pues nada, nada… misión cumplida.

Picasso Guernica
Siempre hay un hueco para un Picasso

Nota: Como ya hemos dicho alguna vez, nosotros somos más de viajes largos y de no investigar mucho a priori sobre un lugar a ver qué nos encontramos. Buscando la sorpresa en forma de “oooooooohhhh” y no tanto el “pues me parece más pequeño que en las fotos de Google images”. Pero claro, como se trataba de una escapada corta, no era plan de perdernos «nada importante». Sobre todo, porque dicho fin de semana y por lo tanto este artículo, son fruto de una acción que hemos hecho en colaboración con la Oficina de Turismo de Pamplona (decir a este respecto que nuestras opiniones y reflexiones sobre la experiencia, son totalmente libres e imparciales). Por eso, fuimos allí nada más llegar con la idea de tomar nota de “qué es lo que había que ver”. Una vez teníamos una visión más clara de la ciudad, nos lanzamos a conocerla.

Plaza Castillo Pamplona
Pompas en la Plaza del Castillo

Lo primero, y aún casi haber visto nada, fue comprobar cómo se cumplía parte de “la profecía”. En plena Plaza del Castillo y tras una constante y circular persecución de enormes pompas de jabón, un matrimonio se sentó a ambos lados de Lucy y Koke en uno de los bancos de la plaza. Todo empezaba con un sencillo y agradable…

Él: Buenas tardes.

Ella: Buenas tardes, veo que no sois de aquí que vais con la cámara.

Y a partir de ahí, una refrescante e inesperada charla de sobremesa. Gente maja, hayla.

Buena gente Pamplona
Sobremesa inesperada

Pamplona durante

Puede que una de las cosas que más nos ha gustado es que el casco viejo de la ciudad que vive entre murallas, es paseable. A las innumerables zonas peatonales, hay que sumarle bonitas fachadas, agradables plazas, amenas calles y numerosos parques. ¡Alto!… Hagamos una de las paradas en el camino que dan nombre a este artículo. Resulta que Pamplona tiene un árbol por habitante (unos 200.000). Ahí es nada. El Parque de la Media Luna con sus 87 años, el Parque Fluvial del Arga, el de la Ciudadela o el Yamaguchi (con sus sencillas pinceladas japonesas) son algunos de los que más llaman la atención.

Jardines Taconera Pamplona
¡Pavo real, pavo real… Uuuuhhh!

Aunque claro, los jardines de la Taconera, con sus 189 años de antigüedad, vistas, ciervos y pavos reales, se lleva la matrícula de honor. Las puestas de sol desde allí arriba, son más que relajantes. No vamos a empezar a dar datos históricos sobre ninguno de ellos. Lo importante para nosotros, era que teníamos a mano y en casi cualquier dirección, un parque en el que poder cansar de diversión a Koke (no de aburrimiento). Porque sí, tú lo sabes bien, el objetivo del día es cansarlos a más no poder para poder descansar nosotros un poco.

Atardecer Jardines Taconera
Música rara al atardecer de la Taconera

Y entre parque y parque… pintxos. Era cierta «la segunda amenaza»: en esta ciudad se come muy bien. Bueno, como en todo el norte. Aquí, esto de los pintxos es un vicio que casi se convierte en religión. Los más devotos y exigentes tienen su recorrido ya definido: “en este bar es el de pimientos, aquí la croqueta, allí el de huevo”. Los bares que no se lo curran lo suficiente, tienen el merecido castigo de la indiferencia local y suelen ser frecuentados por gente de fuera que, atraídos por una irresistible mesa libre, se llevan su merecido castigo en forma de pintxo sin alma ni cariño. Nota mental para los de fuera: hay que ir donde está la gente. Aunque sea molesto y no haya sitio.

Pamplona pintxos
¡Póngame diez!

Para los que no quieren dejarse nada por ver y siguiendo las recomendaciones de la Oficina de Turismo (no todo en la vida es parque ni pintxos), hay varias actividades para hacer como la visita guiada de la ciudad (donde te enteras de un montón de datos y curiosidades que, aunque luego no puedas recordar, merecen la pena en el momento) o la de las Murallas y Caballeros (ideal para niños para ver una pelea a espada y lanza y entrar a jugar a un frontón). También es de recomendable visita la Iglesia de San Saturnino (donde se enterraron unas 28.000 personas) o la Catedral (que a pesar de su restaurada y “austera fachada”, tiene un interior precioso).

Pelea caballeros
¡Por mi honor!

Peeeeeero, como la cabra tira al monte, nos gustó mucho reencontramos a nosotros mismos y salirnos del camino. Volver a nuestra esencia en viaje. Y es que, estábamos buscando la ubicación de un concierto previo al festival Flamenco on Fire que nos habían recomendado (dicho festival tiene lugar a finales de agosto y cuenta con un cartel increíble), y fuimos incapaces de encontrarlo. En ese momento, nos metimos por causalidad en un parque infantil (cubierto, gratuito y muy bien montado) ubicado en la antigua Estación de Autobuses. Ese momento de sorpresa colectiva familiar, fue mágico. Dábamos, sin querer queriendo, con un lugar perfecto para nosotros en este momento de la vida. Y lo mejor de todo, sin que nadie nos lo hubiera dicho. Para nosotros, esa es la magia del viaje. Por eso somos muy de “si te ha gustado lo que te contamos sobre un lugar,  ahora ve tú y descúbrelo a tu manera… sin seguir nuestros pasos”. Es cierto que cuando hay poco tiempo, no llevar una pequeña agenda es casi como pegarse un tiro en el pie, pero nunca está de más dejar un margen a la improvisación. Con cambiar la ruta marcada y girar por una esquina según tu instinto, ya vale. En cuanto al parque en cuestión, nos pareció un ideón ya que haga el tiempo que haga, es un lugar perfecto para meterse un rato todos juntos a todo jugar. Y así hicimos (pacto mediante entre caballeros y dama) para después, dar algún que otro paseo al atardecer que acabase en una buena cena. Fundamental.

Parque cubierto Pamplona
¡Qué descubrimiento!

Pamplona después

Como ya hemos comentado, el objetivo de este verano para nosotros era el de no movernos mucho fuera de España para llevar a cabo varios trabajos (de esos que no se ven) con los que ahorrar y comprarnos la dichosa camper (ese eterno sueño que viene ya de lejos y que antes o después, haremos realidad). Por eso, mientras gritamos en voz alta «viaja tú», hemos hecho base en Madrid donde además, estamos a tope de ilusión con el guion, grabación y edición de nuestro próximo documental “Hola, Mundo” y con la producción del próximo videoclip de Alejandro Sanz que está haciendo Rubén y que saldrá en breve.

Detalle calle Pamplona
Uno de esos rincones

El caso es que, surgió este inesperado plan para escaparnos un poco del calor de Madrid y alejarnos un par de días del ordenador (algo que nos ha venido muy bien). Y es que, cuando estamos de viaje, los tres estamos a tope con el entorno (de esto también hablamos en “Hola, Mundo”). Paradójicamente, estando en Madrid con una vida más controlada, todo es más complicado para nosotros. De alguna manera, Koke pide todo aquello a lo que le hemos acostumbrado: salir, venir, hacer, ver, movernos… juntos. Por eso «en casa», no le podemos dar tantos momentos de calidad. Curioso, ¿verdad? Por eso, lo que nos llevamos de Pamplona es esa sensación de oasis cuando más falta nos hacía, esa confirmación en la querencia de buscar lugares y actividades para todos a partes iguales y esa deuda pendiente de volver con más tiempo y conocer todos esos alrededores de los que tanto nos han hablado. Será en camper. Será pronto.

Ciudadela Pamplona
Parece preparada… pero no

Y a continuación, un mapa con un poco de todo lo que hay que ver, jugar y comer para que te lo saltes a la torera…

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