Madrid, 28 de agosto de 2016.

Entre carta que va y carta que viene, se nos ha ido el mes de agosto. Sin hacer ruido. A golpe de ventilador. A ritmo de abrir y cerrar el buzón cada día esperando la correspondencia para conectarme por unos instantes al viaje. La espera, el misterio del qué me iba a encontrar, ese gusanillo en el estómago… Sin duda, un paseo cósmico sin la inmediatez a la que hace mucho tiempo que no estamos acostumbrados: una carta a la semana. Una unidad temporal desconocida para todo aquel que no esté viviendo un embarazo a distancia con 38˚ alrededor.

Mientras me hablas de todo eso que tienen los niños divehis y que les falta a los de otras partes del mundo, yo me pregunto sobre los adultos. Sobre nosotros, no sobre los adultos maldivianos. Puede que en nuestra infancia no tuviéramos tantos juguetes o pantallas como los niños de ahora, pero hoy sí los tenemos y hacemos (ab) uso de ellos. ¿Cómo puedo pedirle a Jorge que aprenda a aburrirse si yo soy incapaz de esperar 24 horas para recibir la respuesta a mi última carta?

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Lo primero que hago cuando me levanto mientras estoy en Madrid, es mirar el móvil. Algunos días leo por la noche pero otros, estoy demasiado cansada, aunque nunca lo suficiente para echar un último vistazo para ver qué está pasando por las redes. ¿Por qué no iba a hacer lo mismo Jorge? En cualquier momento de espera que tengo (por pequeño que sea), miro el móvil. Veo teléfonos encima de las mesas mientras las personas comen, televisiones encendidas 24 horas en las casas, ordenadores que nunca duermen…

Nosotros ya no somos niños, pero hay que reconocer que tampoco sabemos aburrirnos. Nos cuesta asumir que hay veces que a nuestro alrededor no está pasando nada nuevo aunque en realidad nunca paren de suceder cosas. Aunque la Tierra no se detenga, el sol caliente, la luz sea diferente cada hora del día… Eso no es algo nuevo. No es noticia. La espera nos desespera. Tenemos que rellenarla con alguna novedad, con lo último, con un vídeo, con un tuit, con algo que proceda de fuera de nosotros mismos pero que no requiera mayor esfuerzo que mirar una pantalla.

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Nuestros niños viven sumergidos en la inmediatez, pero nosotros también. No es que quiera renunciar a las nuevas tecnologías ni volver a las cavernas. Reconozco la tremenda utilidad y las ventajas de tener acceso a toda esa cantidad de información, de mantener el contacto con personas de todo el mundo, de trabajar y participar en redes de trabajo internacionales… Las herramientas no tienen una naturaleza buena o mala por sí mismas, todo depende del uso que les queramos dar. 

Cada día tengo más información sobre cómo lo hacen otras familias viajeras logísticamente y cuento con más respuestas cuando alguien me pregunta “¿cómo pensáis seguir viajando con un niño? ¿y la escuela? ¿y las vacunas? ¿y el arraigo?” Algo me dice que no va a bastar solo con eso. Desde la cómoda silla de mi escritorio me pregunto si bastará con llevarnos a Jorge a recorrer el mundo para que aprenda a inventar cuando no pasa nada… A si tiene que aprender a aburrirse para salir de ahí a golpe de imaginación por sí mismo… O si en realidad, somos nosotros los que tendremos que hacer ese ejercicio para dar ejemplo.

Dentro de muy poco tendremos un pequeño espejito delante observando todos nuestros movimientos las 24 horas del día. Debe ser por eso que nadie tiene la fórmula maestra para ser un buen padre y que la experiencia viene cargada de aprendizajes sobre el mundo, pero también sobre uno mismo.

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Estoy expectante por ver qué imagen nos devuelve el reflejo del espejo. Expectante porque llegues a Madrid pronto y porque llegue noviembre para que Jorge se sume al equipo. Pero mientras tanto, intentaré trabajar la paciencia y el disfrute de la espera al más puro estilo de los niños divehis.


Este es el último post de esta serie de cruce de cartas de verano escritas entre Sri Lanka, Madrid y Maldivas. Si quieres asomarte a nuestra correspondencia completa aquí tienes los enlaces directos por orden de llegada:

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15 Comentarios

  1. Cuanta razón Lucy! El problema no es el fácil acceso al uso de la tecnología… sino un uso responsable y adecuado de la misma. Por poner un ejemplo personal, Hace 3-4 años pasaba las mismas horas que ahora frente al pc, con la diferencia de que antes solo jugaba a juegos online y ahora es todo trabajo y aprendizaje autodidacta. Aburrirme??? Ni antes ni ahora! Son maneras distintas de aprovecharme de las tecnologías ^^

    Y bueno… creo que hablo en nombre de todos cuando digo que estamos expectantes por que llegue el gran día!

    Por otro lado quisiera añadir que comprendo la preocupación que pueda suponer el hecho de que unos ojitos se pasen el día imitando y aprendiendo sobre vuestros actos, pero tranquilos que si seguís como hasta ahora le va a resultar muy dificil aprender nada «malo».

    Saludos!

    • ¡Hola Daniel! Estoy de acuerdo con el tema del uso de las nuevas tecnologías. Sucede lo mismo con cualquier objeto o instrumento. Su uso es lo que lo convierte en algo interesante o todo lo contrario. Un libro puede ser un maravilloso transmisor de conocimiento o de ideas horribles. En cualquier caso, es el tiempo que a nosotros y a él nos tocar vivir. No me siento muy identificada con los pensamientos de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Ahora es ahora, con mejor o peor acceso a tecnologías, a bancos de información, a redes… y a eso es a lo que debemos sacarle todo el partido que podamos como tú haces utilizando tu ordenador de manera autodidacta.

      Y sí… un poco de miedito da esto de lanzarse a tener hijos pero ¿qué cambios interesantes no lo dan? 🙂

      Un abrazo gigante y millones de gracias tus comentarios llenos de ternura.

  2. Me encantó esta nota, sobre todo por la parte de que nadie tiene la fórmula para ser buen padre. Además para lo que uno puede ser la mejor experiencia, puede que para nuestros hijos no lo sea. Creo que con las nuevas tecnologías las mentes de los chicos vienen más agiles que las nuestras y es por eso que muchas cosas no vamos a poder entender de ellos. Esto no es que sea mejor o peor, es diferente. Igual tengo la esperanza de que sea para mejor. Porque a pesar de que se crían llenos de tecnología veo que son más sensibles y amorosas que la mayoría de los adultos. Y el mundo necesita más amor. Bueno, me fui por las ramas. Gracias por tu blog

    • Hola Josefina. Me ha gustado mucho tu comentario. Justo esta semana hemos estado viendo un documental que puede que conozcas sobre los diferentes métodos pedagógicos que existen y que son alternativos a la educación tradicional. Se llama «la educación prohibida» https://www.youtube.com/watch?v=-1Y9OqSJKCc El punto común de todas estas corrientes es el mismo: el amor. Educar con amor para convertirnos en ciudadanos mejores. Educar con amor para conseguir un mundo más lleno de amor. Gracias a ti por escribirnos. Un abrazo.

      • Hola Lucy! Sí, lo conozco el documental y en Facebook sigo el movimiento para estar actualizada sobre el tema. Porque creo que ese es el cambio que necesita este mundo. Abrazos 🙂

  3. ¡Ay!que miedito me da a mi pensar en que algun día me veré en esa misma tesitura,( o por lo menos eso espero) me ha encantado leer esta carta , porque son justamente los miedos que yo tengo. ¿Verdaderamente estaré preparada algún día para dar buen ejemplo? Y la respuesta de todo el mundo es: cuando te llegue la hora madurarás de repente y todo girará entorno a esa personita… Ni manuales ni leches, el instinto maternal…Preciosa carta de quien guarda mucho amor y del bueno… Estamos todos seguros de que sereis buenos modelos para ese» espejito mirón» XD, los valores ya los tenéis , y eso ya es mucho… Ya va quedando menos… Disfruta de todas las fases de la maternidad. Eso nunca se olvida, no lo sé de primera mano, pero si de rebote, de cuando paso consulta en pediatría. Enhorabuena de new futuros papis!

    • Gracias Irene. La verdad es que últimamente nos estamos vaciando en el blog en plan «espacio terapéutico» y nos está ayudando mucho a enfrentar esta nueva etapa. Los comentarios como este nos llenan de fuerza. Cuando llegue tu momento entonces seremos nosotros, junto con muchos otros, los que estemos al otro lado para darte ánimos. ¡Un abrazo gigante!

  4. Lucy, eso nos pasa a todos. Queremos tenerlo todo controlado, saber que pasa en nuestro micromundo. A veces me encuentro scrolleando sin ninguna intención, sólo por pasar el rato. Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo al alcance de la mano.
    Desde Kuala Lumpur te lo reconozco, pero también que estos días sin más internet que el del hostel han sido de gran tranquilidad, ya que tu smartphone tiene la mnisma utilidad que un ladrillo (si no fuera por el maps me). Tendremos que aprender a vivir con esa necesidad o bien irnos a una isla.
    Si te sirve de consuelo, tus 38 de Madrid se convierten en 40 con humedad aquí, así que un beso. Rubén vuelve pronto!

    • Hola Sara. Gracias por recordarme que no estoy sola en esto de scrollear por inercia de vez en cuando :). Imagino que pronto el tiempo que pueda dedicar a ello se va a reducir bastante así que a ver si consigo quitarme ese vicio. El caso es que cuando no tengo acceso a internet por estar de viaje no lo echo nada de menos. Me acostumbro igual de rápido a tenerlo 24 horas que a no poder usarlo. De hecho cuando hacíamos viajes de ida y vuelta y no teníamos el blog ni siquiera nos llevábamos el móvil pero si lo tengo… ¡vicio, vicio, vicio! Ánimo con esa humedad que ya sabes que luego se echa mucho de menos. ¡Un abrazo!

  5. Buenas… desde mi experiencia los niños aprenden a inventar cosas y no aburrirse si les dejamos hacerlo. Se habla de la tecnología pero no solo es eso, hay que dejarles solos. El síndrome del padre «parque temático» y «animador sociocultarural» es horrible para los niños, niños pendientes de que sus padres les monten un plan, jueguen con ellos, lean con ellos todo…. y claro que hay que hacer todas esas cosas y molan infinito pero también hay que dejarles tiempo solos, tiempo de decirles «no sé, haz lo que te apetezca»…. y entonces flipas con las cosas que pintan, las obras de teatro que montan, las ciudades que construyen en el pasillo con cualquier cosa que pillan, los disfraces que se hacen….

    tiempo de no hacer nada…. eso es lo que hay que darles.

    Besos a los dos!

    • Hola Molinos. El otro día cayó en mis manos un artículo que hablaba sobre este tema. Imagino que es una consecuencia del poco tiempo que algunos trabajos y estilos de vida permiten dedicar a los niños. En esa situación uno piensa en invertir calidad vs. cantidad y entonces se contagia del síndrome del animador sociocultural. Tomo nota de que podemos pasarnos por defecto pero también por exceso. Gracias por el apunte. ¡Un abrazo!

  6. Totalmente de acuerdo con lo que dices sobre la tecnología. Me acuerdo cuando era pequeño, antes de los móviles, antes de los ordenadores, antes de Internet, cuando en verano me aburría soberanamente y… era con diferencia el periodo más creativo del año!

    Y no son solo los niños o los jóvenes, algunos -que pasamos de los 40- tampoco sabemos vivir sin el portátil, la tablet, el móvil,… Igual es por mi profesión (profesor de informática), o quizás nos pasa a todos. Ahora me cuesta imaginar que no vaya a poder leer el email cuando y donde me apetezca, aquí o en el extranjero. Solo me desconecto en los vuelos, y parece que dentro de poco incluso eso será cosa del pasado. Y pensar que no hace tanto tiempo (en el ’92) teníamos un único ordenador en el grupo (un mac diminuto con pantalla de fósforo verde) en el que leíamos el email una o dos veces a la semana, por turnos… 🙂

    Veremos con qué nos encontramos en 50 ó 100 años…

    Un abrazo!

    • En mi opinión el objeto o la herramienta (en este caso internet o las nuevas tecnologías) por sí mismos no son ni buenos ni malos. Hay libros maravillosos y basura descomunal en formato libro y lo mismo sucede con las nuevas tecnologías. He visto algunas apps para dibujar o para crear música con las que hay personas que hacen verdaderas maravillas.

      Ahora, como tú dices… ¿qué porcentaje del tiempo que invierto yo en usar esas herramientas lo hago para hacer algo interesante vs. estoy viendo el vídeo de una cría de pato que se acurruca junto a un gatito? :/ (Sí, confieso, a veces lo veo).

      No me gusta mucho agarrarme a la corriente de «cualquier tiempo pasado fue mejor» así que espero que en 50-100 años hayamos aprendido a sacarle mejor partido a las redes. Las conozcamos mucho mejor y hagamos un uso más útil de las mismas. ¿Estaría bien, verdad?

      Un abrazo grande!

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