A Salzburgo llegas en Blablacar con uno de esos conductores que cruzan Europa una vez a la semana. La ciudad te da la bienvenida de noche con salchichas, chucrut y vino caliente en uno de sus mercados navideños llenos de personas que parecen hasta disfrutar del frío invernal. Entre la multitud, te fijas en un hombre que te mira muy serio desde uno de los puestos del mercadillo. “Deber ser el carácter austriaco” piensas y sigues rebañando salsa de mostaza con tu rebanada de pan negro.

En este país en el que a las 5 pm es noche cerrada, el madrugón se hace inevitable y el desayuno de los campeones también (ya hace tiempo que piensas que los de café y tostada somos los raros). Una capa, dos capas, tres capas… chaqueta, gorro, guantes, doble calcetín y botas de visitar ciudades, subir montañas o bajar ríos. Todo listo para salir a la calle a soltar todas las nubes de vaho que llevabas guardadas dentro.

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Salzburgo es una de esas ciudades de película. En concreto de la película Sound of MusicSonrisas y Lágrimas o La novicia rebelde (depende de la libertad creativa del traductor de tu zona). Por todas partes se anuncian tours para ir a conocer las localizaciones e incluso a alguno de los personajes reales de los que la historia habla. Pero Salzburgo tiene tantas referencias para orientarse que prefieres recorrerla a tu aire.

Cruzas el Puente Makartsteg (o puente del amor), pasas por la Catedral, por Kapitelplatz y subes las escaleras de La Fortaleza Hohensalzburg. Entre vasos de cerveza gigantes con tapa y marionetas… ahí está otra vez. El mismo tío serio. Con esa cara que desconcierta y su pelo canoso. ¿Te está siguiendo? ¿Cómo es posible que te encuentre constantemente? Es fin de semana y Salzburgo está repleto de visitantes. Es posible que estemos haciendo el mismo recorrido. No quieres darle más importancia pero por qué te mirará de esa manera tan fría… y tan… tan… hierática.

salzburgo_escapadas_algo_que_recordar_03Desde la muralla de la fortaleza divisas el mirador de Imbergstiege que está al otro lado del río y que debe tener unas buenas vistas. Para llegar hasta él, tienes que volver a cruzar el centro de la ciudad por las calles, plazas y casas extremadamente cuidadas aunque convertidas en pequeños negocios para turistas. Entre trajes regionales, restaurantes y tiendas de marcas de lujo llama tu atención la tienda de “los huevos navideños”. Por lo que parece, se mantiene abierta todo el año. Dentro puedes encontrar huevos pintados con todos los colores, temáticas y estilos que se ocurran para montar un árbol de Navidad.

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Y ahí está. Otra vez. Entre montañas de adornos vuelve a aparecer el señor X. Esto ya lo has vivido. Será un fallo en Matrix, un déjà vu o un error de memoria pero este hombre te está siguiendo y la cosa empieza a no hacerte ninguna gracia. Dejas lentamente el huevo que tenías en la mano en su compartimento correspondiente y sales de la tienda.

Te diriges a uno de los puestos callejeros buscando perderte entre la multitud y acabar con esta extraña sensación:

– Un chocolate caliente.

– ¿Solo?

– Que sea con Baileys y ya puestos un buchteln relleno de mermelada de albaricoque. Danke.

(Por endulzar un poco la situación y enfrentarse al frío).

salzburgo_escapadas_algo_que_recordar_05Previo pago de fianza te dispones a ver todo lo que da de sí un mercado navideño austriaco cuando… te lo vuelves a encontrar. Casi se te cae el chocolate del susto. Está detrás de unas botellas de licor. Te mira de frente. «Lo siento amigo, se acabó la persecución» tratas de decirle telepáticamente mientras le mantienes la mirada. A ver quien puede más. Los austriacos aguantarán mejor el frío que tú, pero vamos a ver quien gana en cabezonería.

En medio del duelo de miradas se mete un grupo de universitarios «con unos vinos calientes de más» cantando villancicos y una chica disfrazada de ángel pidiendo dinero para una rifa benéfica. Se interrumpe la batalla. Devuelves tu taza, recuperas la fianza del «vasobota», te señalas tus ojos con el dedo índice y corazón y le señalas a él como queriendo decir «te tengo vigilado».

salzburgo_escapadas_algo_que_recordar_06Los jardines del palacio de Mirabell no están en su mejor momento aunque «se dejan pasear bajo la fina llovizna» y te ayudan a relajar un poco la tensión del día. Antes de que el sol se vaya con los colores a otra parte de nuevo, te queda tiempo para subir al tercer mirador de la ciudad y visitar el Museo de Arte Moderno Mönchsberg.

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El último día te diriges a la estación para coger la opción lowcost de trenes que van a Viena. Por la ventanilla ves pasar granjas con animalitos, casas made in Heidi, vacas y bosques de todo tipo. Salzburgo te ha gustado. Es una de esas ciudades europeas llenas de historia. Notablemente bucólicas, perfectamente ordenadas y extremadamente limpias. Eso sí, es una ciudad en la que hay que asumir que vayas donde vayas (desde las paredes, los escaparates, los mercadillos, las tiendas o los carteles) y mires donde mires… habrá sí o sí un hombre serio y de peinado raro observando tus movimientos. 

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14 Comentarios

  1. Buenísima entrada…no puedo decir más. A mi no me da tampoco buena espina el tío de la coleta… cuando por fin vaya a Salzburgo iré con mucho ojo
    Felicidades

    • Ojito con el tío. Es difícil conseguir darle esquinazo. Eso sí… Salzburgo preciosa.

  2. Que «cabrona», me has asustado.
    Como dice German ¡Bonita entrada!.
    Pero que susto.

    • jajajaja! En serio que es como una persecución. Es como si hubieran empapelado toda la ciudad con «el tío de la coleta». Me pregunto si a Mozart le habría gustado lo de verse transformado en taza, cuaderno, broche, camiseta…

  3. El tío de la coleta blanca… Hoy soy lenta pero eso si es por el frio que hace. 😉

    • Si ahora mismo estás a -20 y eres capaz de usar el teclado me pareces mega ultra rápida. Quiero esquiar!!!!!!

      • El lunes estaba a -18 y lo único que hice rápido fue apuntarme a unas clases de conversación en castellano. Esta noche es la primera. Tengo que estar al pie del cañón. A ver que pasa. 🙂

  4. Algo similar me paso en Buenos Aires en la Avenida Santa Fe. Noté que un tío extraño me siguió a todas partes. El tampoco captó la indirecta. Como es una avenida laaaarga y yo estaba harta ya, me metí en el departamento de lencería de un emporio :). No tenía los huevos seguirme allí y conseguí quitármelo de encima. (No sé cual fue su problema.)

    Un buen desayuno (la más importante comida del día), las capas adecuadas de ropa, guantes, gorro y botas… ¡Ya casi estáis! Sabéis prepararos bien para enfrentar el frío (os juro que -20 grados o menos no se siente tan frío porque el aire es muy seco). ¡Lucy, te veo esquiando ya! 😉

  5. Yo creo que el tío serio seguía vuestro blog en la intimidad y quería pediros una postal viajera … pero le daba corte preguntaros en su timidez austrohúngara (jo, es que dices, «austrohúngaro » y te viene la imagen de un tío alto, fuerte y serio).

    • Yo creo Dani… que eres igual de peliculero o más que nosotros (que ya es decir) 😉

      • ¿¿Peliculero yo?? A DIOS PONGO POR TESTIGO que puede que nos quiten la vida, pero siempre nos quedará dar cera, pulir cera.
        Sayonara, baby.

        (Sí, tonto es el que hace tonterías… en fin..)

  6. Bonita entrada! Visité Linz y Salzburgo hace unos años, y me quedo con los jardines Mirabell, son impresionantes! Eso, y un espectáculo de marionetas… 🙂

    • Ahora que nadie nos oye… Lo de las marionetas es mi parte favorita de «Sonrisas y lágrimas»

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