En los cuentos está escrito: existen varios reinos muy muy lejanos en los que habitan las hadas madrinas, las brujas malignas, los reyes caprichosos y las princesas hermosas que vienen a este mundo para llevarse alguna maldición que otra entre pecho y espalda y un día, ser salvadas por un príncipe encantador y, sobre todo, azul. Sin entrar a valorar los mensajes “satánicos” que, ocultos en dichos cuentos, suceden en esos reinos lejanos… no termina de quedar claro si la localización del castillo es siempre la misma o no. Lo cierto es que aunque uno sea un niño, no es tonto, y tiende a pensar que un reino muy muy lejano debe estar, como su propio nombre indica, bastante «a desmano».

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Aunque según te vas haciendo adulto (que no mayor), descubres que las distancias son relativas, que el mundo se hace cada vez más pequeño y que debajo de una mesa camilla ya no hay hueco para esconderse con dos hermanos a planear un motín…

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A decir verdad, habías perdido la esperanza de encontrar la viva imagen de aquel reino tan tan lejano (escenario de tantos y tantos cuentos), tan tan cerca. Estabas prácticamente seguro de que existía. Si alguien puede imaginarlo, alguien puede hacerlo realidad pero, ¿dónde se escondería? ¿A las orillas del Loira cual urbanización de diferentes castillos representantes de varios reinos muy muy lejanos? ¿Incrustado entre las montañas de Meteora? Podría ser. O al menos, eso pensabas hasta que llegaste a Sintra.

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Ahí estaba todo este tiempo. Tan cerca, tan delante de tus narices y tú, tan sin saberlo. A menos de 50 km de la ciudad de Lisboa y a la que se puede llegar cómodamente en tren. Desde el siglo XV por su entorno natural, fue la residencia vacacional de la nobleza y los monarcas (todo encaja con la descripción del lejano lejano reino).

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Los castillos y palacios de la zona son unos cuantos por lo que hace falta invertir como mínimo un día siendo ágiles para tratar de verlos todos: Castelo dos Mouros, Palacio da Pena, Palacio Nacional de Sintra, Palacio de Resaliera, Palacio de Seteais, Convento dos Capuchos, Palacio de Queluz, Monumento ao Bombeiro y el Cabo da Roca.

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Entre cúpulas acastilladas, torreones almenados, paredes y almenas coloreadas… Entre jardines esperando justa y lanza… Allí estás tú. Formando parte del cuento por un día. En ese reino de muy muy lejano que resulta que está muy muy cercano. 

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Encontrándole sentido a todo. Dándote cuenta de que «todo era verdad». Esperando a que en cualquier momento y según casos y gustos, aparezca tu príncipe encantadoramente azul a lomos de su blanco corcel o te haga una señal desde el más alto torreón la más preciosa princesa de primorosos bucles al viento.

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Miras a lo lejos intentando divisar por dónde vienen «los malos». Ya puedes oír las lejanas trompetas a ritmo de estruendosos tambores que anuncian el inminente combate que va a tener lugar.

Tararíiiiiiii… bom-bom-bom… tararí-taríiiiiiii…

Casi puedes ver las espadas chocando unas con otras y los enormes caballos que, bajo sus imponentes armaduras, tienen mucho que relinchar en tan honorable lucha.

Qshhhhing… tshhhhsss… hi-hi-jhiiiiii… qshhhhhing….

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Y así, en el fragor de la batalla. En medio del cuento. Intentas buscar una explicación a por qué no habías venido antes aquí… Pero sobre todo: por qué a veces tendemos a irnos a lugares tan tan remotos si los que salen en los cuentos están tan tan aquí al lado.

 

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4 Comentarios

  1. Hará veinte años que visité Sintra, recuerdo que era hermosa, aunque quizás por el viento y el frio no fue el mejor día para visitarla. Tal vez fuese el cielo gris y la temperatura la que no me dejaron ver esos colores tan vívidos. Sin embargo, fueron días buenos, llenos de alegría. Gracias por traerme buenos recuerdos

  2. ¡Qué arte! Eres toda una cuentista. ¿Ya hay fecha de lanzamiento para el libro o qué?

    Las fotos del castillo me parecen como hojas en un libro para colorear (algo que me gustaba hacer cuando era niña.)

    • Jajaaja. Se nota que tú me lees con buenos ojos. Una cosa es escribir un cuento y otra «ser escritora». Pero no descarto algún día animarme a intentarlo. He vivido a mi lado todo el esfuerzo que le ha llevado a Rubén escribir sus libros, las horas que ha invertido en cada uno de ellos y lo complicado que me parece conseguir desarrollar una historia con gancho y larga que interese a alguien. Todavía no me siento capaz pero «nunca digo NUNCA».

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