Partamos de la base de que tú, nunca has sido “muy de crucero”. Sencillamente, es una forma de viaje que no acababas de entender. Que no te llamaba la atención. Te refugiabas bajo esa pátina verdosa del que mira con recelo y dedo acusador por contaminar en exceso los mares y por llenar las ciudades de una cantidad ingente de gente poco gentil. ¿Por qué por el hecho de ser mochilero low cost te crees mejor? ¿Quién asegura que tu forma de viajar no deja huella? ¿Desde cuándo tienes la posesión de la verdad absoluta? ¿Se te está subiendo a la cabeza eso de tener un blog de viajes y hacer fotos más o menos acertadas?

Por indecisiones caprichosas del aleccionador destino y sin pedirlo, tienes que embarcarte tres veces tres en una ciudad flotante que lleva desde una imprenta a un horno panadero. Para que mires de frente y a los ojos al diablo, hagas tu penitencia y/o al menos, hables con conocimiento de causa a partir de ahora. Con el corazón encogido, abandonas tu mochila en el trastero sin darle mayores explicaciones pero sintiendo que la traicionas un poco mientras metes tus prejuicios y tus aires venidos a menos en una pequeña maleta con ruedas. En fin…

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Con las orejas gachas y la boca pequeña enana canija, decides autojustificarte catalogando la experiencia de: experimento. Al fin y al cabo, hay que conocer aquello de lo que tanto recelas desde dentro, ¿no? Pues habrá que pasar desapercibido así que, “que no se note que te has colado en el baile”. Para colmo de males y según subes por la escalera de entrada a ese hotel de ocio acuático, te sientes como si empezara un capítulo de Vacaciones en el Mar («The Love Boat»). Casi puedes oír la música y ya estás esperando a que sus protagonistas vengan a recibirte…

The Love Boat: Opening and Closing Themes (1980)

La primera en la frente. Tu cabeza dice no, pero tu cuerpo se deja llevar por los cantos de sirena. Tienes sensaciones encontradas. No quieres estar allí, pero te seduce la idea de subir a un crucero y tienes mucha curiosidad por ver cómo es la vida a bordo. Te sientes como un mendigo al que invitan a cenar unos ricos en Navidad sin saber que, poco después del postre, le van a dar una patada de vuelta a la realidad (con muy buenos modales, eso sí). De alguna manera, vienes con la idea de que esto de los cruceros es un poco así: ahorrar todo el año para sentirte como un aspirante a millonario durante una semana.

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Según entras en tu camarote (palabra que por cierto, te encanta y repites constantemente: camarote… camarote… camarote…), te quedas boquiplático. No has dormido en una habitación así ni en la vuelta al mundo, ni en todo el #massalaHDtrip lo cual, también te da bastante que pensar. Puede y “solo puede” que haya mucha gente en el mundo a la que no le guste dormir en los agujeros en los que lo has hecho tú. Que no les parezca una experiencia para nada interesante (más bien lo contrario) ni enriquecedora y que, después de un año trabajando… lo único que quieran es disfrutar, relajarse y coger fuerzas. No perderlas.

Sentado en tu enorme y mullida cama, echas un ojo a lo que te rodea: pantalla de plasma, nevera, balcón privado con vistas al mar… Reconócelo, ahora eres tú el que se siente un poco paleto. Relleno de sensaciones encontradas cual pavo navideño (por seguir con la analogía y ya que estamos en “época de”), piensas si ha sido realmente una buena idea venir… pero ya es tarde… demasiado tarde. A golpe de intensa y prolongada bocina, el barco se aleja del puerto y no te apetece nada saltar desde tu duodécimo piso al aceitosa agua que os rodea. Qué triste final para un efímero aprendiz de polizón. Ya puedes leer los titulares: «Mochilero se cuela en crucero y no aguantando la presión se suicida nada más partir».

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Pero a ver… ¿Quién te crees que eres? ¿De qué titulares hablas? Si nadie sabe que estás aquí. Es más, a nadie le importa lo que hagas o dejes de hacer “en tu tiempo libre”. Reaccionas. Te pones de pie y levantando el puño derecho, juras en perfecto mochileo:

“A Deuter pongo por testigo… a Deuter pongo por testigo de que no lograrán captarme. Disfrutaré de todo esto por encima de mis posibilidades y cuando haya terminado, nunca volveré a subirme a un crucero. No. Ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que aceptar posts patrocinados, banners o enlaces ocultos. A Deuter pongo por testigo de que jamás volveré a subirme a un crucero”.

crucero_algo_que_recordar_011Y así, defendiendo en secreto esa «verde etiqueta» desgastada y marcada con los hilos de varias laundries que llevas con tanto orgullo, te obligas a coger el barco por las hélices para salir de esta con cierta dignidad. Decides mezclarte de la mejor manera posible e incluso permitirte vivir a tope la experiencia. Total… aquí “nadie te ve”.

Cruzando multitud de restaurantes y pasando por delante de puestos intermedios de avituallamiento estratégicamente colocados por si no llegas al siguiente buffet libre, no acabas de entender que a las seis de la tarde, coincidan en un ascensor una pareja en bañador con otra vestida de etiqueta. Te sorprende ver al lado del pianista del vestíbulo (al que nadie hace caso) a unos que van a jugar al baloncesto y se cruzan con los que vuelven de compras dentro del propio barco. Te haces un lado para dejar pasar a los que corren porque llegan tarde a su hora en la peluquería o al teatro. La intensa y sucesiva mezcla de personajes y formas de entender un viaje así, se te antoja atómica. De pronto sale el inspector Gadget que llevas dentro y quieres “saber más” hablando con unos y con otros. Lo que tú piensas de un crucero ha dejado de parecerte interesante y quieres conocer sus motivaciones. Por salud mental y para poder defenderte en caso de necesidad, tienes que entender cómo piensa “el enemigo”.

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Escuchando conversaciones ajenas en el casino con cierto disimulo, resulta que hay gente que va por su noveno crucero en los últimos cuatro años… ¡Tela marinera! (expresión muy apropiada en este texto y que tiene su origen en los tiempos en los que los navíos debían portar gran cantidad de caro y costoso tejido para hacer velas). Bueno, pensándolo bien, lo que sorprende es que te sorprenda eso. Al fin y al cabo, tú haces más o menos lo mismo. Eres fiel a tu forma de viaje sintiéndote cual cerdo en charca una vez sí y otra también.

Gracias a una familia que está jugando a los bolos, te enteras de que eso de ser crucerista no es una actividad casual ni esporádica. Es una forma de vida. Según comentan, es la forma ideal para viajar con hijos ya que pueden compartir momentos en familia o descansar mientras estos inspeccionan el barco durante horas y con la tranquilidad de que no les pasará nada.

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Tomando algo colgado de una barra cualquiera en no sabes muy bien que piso ni parte del barco, reconoces que como concepto de viaje, esto del crucero no está del todo mal pensado: navegas por la noche y llegas pronto por la mañana al centro de una ciudad interesante. Te parece muy práctico y cómodo. Sobre todo, si no tienes mucho tiempo de vacaciones. Lo que no te convence tanto es que solo puedas estar cuatro o cinco horas en cada escala. Según tus preferencias, te gustaría más que fueran al menos dos o tres días por sitio para poder conocer el lugar con algo más de profundidad. Error. Al parecer y contrastando opiniones a izquierda y derecha de tu cerveza, lo que a un crucerista de pro le gusta más… son los días de navegación. Cuantos más, mejor. Ojo… por si no se me ha entendido bien, la expresión “días de navegación” quiere decir exactamente eso: estar encerrado en el barco en alta mar yendo de una actividad a otra sine die.

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Con el asombro aún metido en el cuerpo por esta auténtica revelación recién revelada, el siguiente descubrimiento que haces a costa de una pareja en plena boda de plata, te deja sin palabras. Es asumido y normal que algunos no eligen los cruceros tanto por el recorrido o destinos en sí, sino (redoble), por el barco y los entretenimientos que este tiene. Es decir, coleccionan barcos… no lugares.

Tienes la cabeza del revés, así que decides cambiar de tercio y hablar con gente de la tripulación (gente que, por cierto, hablan entre tres y cinco idiomas… no como tú). Tú que eres bastante de tierra, te cuestionas si realmente les gustará estar todo el día flotando en un barco y cómo llevarán eso de estar alejados de casa tanto tiempo por trabajo. Después de preguntar por aquí y por allá, llegas a la conclusión de que están tan abducidos o más que los propios cruceristas.

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Primero te cuentan alguna que otra anécdota, como la historia de una clienta que estuvo embarcada nueve meses y que casi no bajaba a tierra. Según parece, han visto de todo, pero no sueltan prenda sobre casos concretos. Están bien enseñados estos tripulantes. Hablando ya de su experiencia personal, te dicen que suelen estar en torno a diez meses seguidos «en el agua» con un par de meses de descanso. A pesar de estar a miles de kilómetros de distancia de sus casas y con la dificultad que supone comunicarse con sus familiares en alta mar, se les ve más que contentos… o lo disimulan muy bien. Lo más curioso, es cuando te dicen que casi no aguantan en tierra su periodo de vacaciones y tienen ganas de volver a embarcarse cuanto antes. Muchos han encontrado pareja en la propia tripulación, así que se llevan el amor puesto de aquí para allá. Su mundo es la vida a bordo. El mar. Lejos del mundo “real” y sumergidos en un mundo perfectamente perfecto que se renueva cada 7 días. Hablan con tanta pasión y alegría de todo lo que implica el crucero que, por un momento, te dan ganas de echar un curriculum en recepción. Luego te acuerdas de que de vez en cuando te mareas y que no aguantas estar en el mismo sitio cuatro días seguidos y se te pasa.

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Dejas de investigar y entre escalas y actividades varias, te dejas llevar por el uso y disfrute de los amaneceres y atardeceres. En tu opinión, lo mejor del crucero. Una droga total con dos dosis diarias. Por la mañana, madrugas a diario para subir a cubierta y asistir a la salida del sol con travelling incorporado mientras tres o cuatro runners dan vueltas y vueltas sin casi observar tan precioso acontecimiento (más locos, piensas… aunque es posible que ellos opinen lo mismo de ti). Por la tarde, no puedes dejar de contemplar cómo se despide el sol desde tu camarote. Camarote. Camarote. Camarote.

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La semana pasa rápido y no puedes negar que te lo has pasado mejor de lo que esperabas. Casi hasta te da rabia. Mientras no pierdes detalle de las maniobras de atraque final, valoras lo vivido con cierta objetividad. Has comido bien, te ha gustado el contraste brusco de estar en sitios diferentes de un día para otro, no te has aburrido ni un momento y has descansado más de lo que pensabas. Sigues pensando que no es tu forma ideal de viajar, pero puedes entender que a la gente le guste y sobre todo, lo respetas. Además, eres consciente de que sería nefasto que todo el mundo viajara de la misma forma. Sea en crucero o en mochila. Ya somos bastantes haciendo daño por el mundo (turísticamente hablando), como para quemar todos los recursos por una única vía.

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Te conviertes en Cenicienta de nuevo mientras bajas del barco y te vas muelle abajo, preguntándote qué fue antes… si el crucero o el crucerista. Mascando y digiriendo el aprendizaje de que por mucho que le digas a la gente que se anime a dejarlo todo y colgarse la mochila a la espalda, puede que no le apetezca en absoluto. Que no es para él/ella. Dándote cuenta de que para ser mochilero, crucerista o campervanista… te tiene que gustar mucho y tienes que querer hacerlo. Pero sobre todo, te vas por donde has venido con la sensación de que es muy posible que rompas la promesa que hiciste hace tan solo siete días. ¿Un crucero por los fiordos noruegos?… Mmmhhhh… ¿Por qué no? Eso sí, no lo dirás en voz alta en foros de mochileros viajeros cascabeleros como tú.

«A ver… entiéndeme, se supone que uno tiene (ejém) una imagen de aventurero que mantener».

 

Nota: quizá después de este post, debas leer «mochilas, mochileros u viceversa»

14 Comentarios

  1. Hola, buscando informancion en tu blog sobre Indonèsia y Maldivas, viaje que realizaremos este verano, me he colado en tu blog sobre cruceristas porque a raiz de mi cumpleaños mi madre me ha regalado un crucero en familia ( el verano se presenta movido). En mi caso he de decir que una vez que me he visto mentida en el lio, tenia claro que la prioritad eran los destinos: islas griegas. Siempre he sido muy exceptica, pero la única manera de poder opinar es atraves de las experièncias vividas.
    Te felicito por el post porque me he sentido totalmente identificada, sobretodo ahora que voy a hacer uno y cuando lo comento lo digo con la boca pequeña. Primos y amigos llevan años recomendandomelo y yo resistiendo. Ya veremos k tal.

    Por cierto, aprovechando el post queria consultarte sobre el Viaje que haremos por Àsia que es de cinco semanas. Hace 10 años estuvimos en Indonèsia pero nos faltaron lugares por recorrer y acabaremos en Maldivas (regalo de aniversario de mi pareja) viajamos con una niña de 10 años y vamos de mochileros. La duda es que no tengo claro cuantos dias estar en Maldivas. La idea es entre una semana y diez dias. Son demasiados? Somos muy playeros, pero no acabo de decidirme y Quiero comprar los vuelos internos. A ver si con tu experiència puedes orientarnos.

    Gracias

    • Hola Lola y gracias por tu mensaje. Lo del crucero… sin duda es un mundo. Tiene sus cosas buenas y malas. Como todo. Pero bueno… hay cosas mucho «peores», ¿no? En cuanto a Maldivas, depende de lo que os vayais a mover. Si elegís un atolón y moveros por un par de islas, 10 días está bien. Si pretendéis ver mucho… ya no. Los vuelos internos son muy caros. Os recomendamos moveros en ferry a una main island. Un trayecto hasta Rasdhoo (por ejemplo) son unos 4€ o así y se tarda 4 horas. También tenéis la opción del speed boat. Se tarda una hora y viene a costar unos 80€ por persona. El avión… carísimo. 😉

  2. De las notas de cruceros que leí esta me resulta la más acertada. No tratas de convencernos lo genial o lo horrible que es, sólo observas y describes. Muy bueno. Gracias!

    • Gracias a ti! Intentamos ser objetivos y transmitir sensaciones en bruto. Sin destilar. Y ya cada uno, que saque sus conclusiones luego.

  3. Jajajaja! Me ha encantado! Porque yo también (hasta día de hoy) soy una hater silenciosa (pero curiosa) de los cruceros! Me gustaría entender qué le ven a eso de pasar tan rápido por las ciudades sin a penas conocerla… Pero ahora me quedo de piedra con lo que les gusta es navegar! Pero, como vosotros decís, no a todos nos va a gustar lo mismo y sabemos de primera mano que a muchos les horroriza la manera de viajar del de enfrente. Así que está claro que cualquier posibilidad es igual de buena y respetable! 🙂
    Yo que soy muy marítima no alcanzo a comprenderlo pero me da curiosidad! Y siempre hemos dicho que de hacer uno sería por los fiordos hacia el círculo polar. Anda que no tiene que molar navegar por ahí!

    • Es como otro mundo, la verdad. Lo interesante (al menos para mí), es ir de espectador. Hacerse a un lado y observar. Así, como a nivel antropológico. Es como conocer una cultura diferente que vive en el mar. Rollito Water World, pero a tope de ocio 🙂 Nota: Fiordos sin duda, sí.

  4. Buah, nunca lo habia visto asi… yo siempre fui de los primeros en renegar sobre los cruceros de hecho, lo veia como una alternativa para cuando me hiciera mayor (rollo inserso pero a lo caro).

    Nunca me puse en la piel del que vive así y si algo es cierto, es que nos gusta que se respete nuestra forma de vida «mochilera» y no sólo eso sino que hacemos por que nos entiendan! Intentamos convencer de nuestra via como la mejor.

    Por supuesto se respeta la vida de crucerista que colecciona barcos! Con ese titular hasta yo querria! Me he perdido algo porque no sabia yo que habiais ido de crucero jaja ni cuando… y eso que no se me pasa ni uno de vuestros articulos jajaj. Cuelo aqui disimuladamente lo siguiente: el video desde dispositivo movil se sale de pantalla viendose solo la mitad.

    A todo esto! Jorge bien no? Me habria gustado veros a los tres pero tube una semana muy liada por madrid y supuse que vosotros tendriais ya bastante trajín.

    En otra ocasión será.

    Espero que todo bien y un fuerte abrazo familia!!

    • Daniel… justo he escrito hoy otro post que habla de todo esto. No te lo pierdas y me dices. No quiero desvelar nada ahora pero, sí, hay que hacer un esfuerzo por entendernos unos a otros En cuanto a Jorge… muy bien. Haciéndonos los unos a los otros. A tope, eso sí. Y lo de los vídeos en el móvil… lo sabemos. A ver si encontramos un plugin que lo solucione de una vez. Abrazo!!!

  5. Yo si me deber tentar por el lado oscuro y lo probé hace unos años de forma casual, casualmente mente tenía la pata mocha y cambie una semana en el Lago di Garda y escalando en arco por un crucero por el mediterráneo. Y Magec con dos años. Yo os digo que con niños tan pequeños no mola, igual con preadolescentes tiene un pase pq los puedes dejar a su rollo, pero con bebés como que no. Lo único bueno la aproximación a ciudades que si te gustan ya volverás con calma. Y me puse en plan Obelix, uno que no tiene medida. A mi tardarán en volverme a pillar … aunque uno por lo fiordos mmmmm …..

    • Ay Javi… al de los fiordos no le decía yo que no tampoco. De verdad que te estoy visualizando agarrado al buffet las 24 horas. Me parto. Supongo que ir con un bebé de crucero no debe ser sencillo. Eso también puedo entenderlo ahora. Un abrazo!

  6. ¡Genial! Yo me identifico también con el primer párrafo como Sara, pero he de decir que con el tiempo he aprendido que cada persona tiene su forma de viajar, que no hay una mejor que otra y cada uno descubre el mundo a su manera.

    Siempre digo que «cuando sea mayor» iré de crucero, pero que mientras mis piernas, espalda y mochila aguanten, seguiré viajando como hasta ahora.

    También he aprendido que «nunca digas nunca» 😛

    Saludos desde tierra firme 😉

    Flavia

    • Pues muy claro lo tienes Flavia. Nosotros también estamos en el primer párrafo, pero bueno… a veces hay que «hacer cosas» y así, también podemos conocer otras opiniones 😉

  7. Ay Rubén, qué identificada me he sentido con este post, aunque nunca he hecho uno porque pertenezco (aún) al grupo del primer párrafo.

    Habrá que probarlo,tranquilo que la imagen de aventurero te la has ganado

    • Bueno… habrá que probarlo, o no! En nuestro caso, se puso en nuestro camino y claro, son muy grandes los cruceros. Te tapan el camino entero 😉

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