– “Aquí la gente no necesita hacer más. Están bien así… Una vez, un alemán vino de vacaciones y se encontró a un hombre echado bajo una palmera y le dijo: ¿por qué no estás trabajando? Y el otro respondió ¿para qué? Pues… para ganar dinero. Respondió. ¿Para qué quiero ganar dinero? Le preguntó el maldiviano. Pues para poder comprarte un coche y una casa y seguir trabajando hasta que un día, cuando seas mayor, puedas venderlo todo y tener unos ahorros suficientes para poder irte a un lugar paradisiaco y tumbarte bajo una palmera para no hacer nada. Y el otro le dijo… bueno, no necesito trabajar ni esperar tanto. Ya estoy en un lugar paradisiaco tumbado bajo una palmera sin hacer nada”.

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Esta historia, te la contaba el padre de Sath nada más llegar a Maldivas. Te hizo mucha gracia porque ya la conocías. Para tí se trataba del típico “cuento urbano” que se cuenta, para que te des cuenta… de las cosas que hay que tener en cuenta. No estabas seguro de si lo habías visto en el típico formato de cartelito Facebook con tipografía poco acertada y fondo de color rojo o en el libro The 4-Hour Work Week. En cualquier caso, una vez empezaste a ir de isla en isla, tienes que reconocer que aquella historia, sobrevoló tu cabeza en varias ocasiones.

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Playas de catálogo. Palmeras hipnóticas. Siestas recurrentes. Té con shooties. Partido de fútbol con quien aparezca a eso de las 16:00. Conversaciones a medio hacer entre horas… y poco más. El único gran dilema si naces en Maldivas es si le vas a dar al submarinismo o al snorkel. Los maldivianos “de las islas inhabitadas” (en las que no hay resorts) se toman las cosas con paciencia máxima. Extrema. Infinita. Con muuuuuuuuuucha tran… qui… li… dad. Para ellos, ir a Male (la capital) es un estrés evitable. “Demasiado ruido”… “Mucho tráfico”… “Es una locura”… “Aquí estoy bien”…

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Tanto ellos como ellas, suelen molar bastante con su más preciosa posesión: una scooter (aunque vivan en una isla cuya recta más larga es de 954 metros), que les acompaña de bar en playa. De isla en puesta de sol. De siesta en charla. Te das cuenta también de que, cualquier maldiviano “de islas” que se precie, a pesar de serlo y estarlo… no lo parece. Van muy bien vestidos, peinados y siempre con un móvil last generation en la mano (3G estén donde estén). Conectados al mundo… desde el paraíso. Se trata de una especie de “ventana de gusano” que les muestra lugares y realidades que para nada anhelan. Aparatos que les reafirman en su esencia. En otros lugares has encontrado mucha gente que quería viajar… pero que no podían. Aquí no. “El maldiviano profesional”, está feliz con lo que tiene y para nada… se siente frustrado por “no ir a Nueva York” (aun pudiendo hacerlo).

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Paseando entre casas bajas rojas y amarillas y palmeras altas marrones y verdes, te fijas en la cantidad de artilugios que recuerdan a una hamaca home made que hay en cualquier lado. Si bien suelen tener forma rectangular, hay dos tipos bien diferenciados: aéreas y terrestres. Son una especie de zonas de descanso de emergencia por si… te pilla un golpe de siesta desprevenido mientras vas o vuelves de la playa. Muy útiles, la verdad. Al principio parecen un tanto incómodas por su rígido diseño pero… las apariencias engañan. Son capaces de llevarte a brazos de Morfeo en menos de un minuto.

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Sea en dichas sillas, o alrededor de cualquier mesa de bar (té en mano), se organizan charlas infinitas cuyos “tronistas” se van cambiando aleatoriamente sin sentido alguno. Se trata de una especie de “juego de la silla”, en formato conversación. Hablas lo que te dura el té o las ganas, te levantas y se sienta otro reenganchándose a la conversación que sea, esté en el punto que esté.

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Y tú, mientras ves todo eso, como para defender tus orígenes y naturaleza, dices en voz alta “sí, sí… yo podría venirme a vivir aquí pero, seguro que no aguantaba ni un mes… Me va la marcha”. Y ahora… pensando con calma te preguntas hacia adentro y con la mano en el pecho “¿será verdad?”.

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¿Será verdad que solo importa que las cosas pasen rápido para luego querer que pasen mucho más despacio? ¿Será que todos soñamos con eso de (cuando nos posean las arrugas) poder tirarnos bajo la palmera de un increíble lugar… frente al mar… donde la paz reine…? ¿Será que nos hemos creído el cuento de que hay que trabajar mil horas semanales hasta que el estrés nos ahogue para poder (algún día) decirle al estrés a la cara “ahí te quedas, estrés… he trabajado lo suficiente como para dedicarme ahora a no hacer nada”?

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Vale, sí… te tocó nacer en otro lugar (incluso debes de reconocer que tuviste suerte en dicho sorteo) y “las reglas” para cada uno son distintas. Los retos. Los sueños. Las circunstancias… Aun así, no puedes dejar de pensar en aquel alemán que trabajó todo el año para poderse pagar dos semanas de vacaciones… hablándole a aquel maldiviano bajo “su palmera”. Más, después de haber pasado por aquí.

«Mamá… de mayor, quiero ser maldiviano».

 

20 Comentarios

  1. Hola!
    He leído tu blog en más de alguna ocasión y me ha gustado, pero este artículo me llamó la atención porque de acuerdo a lo que sé, en Maldivas la situación social y política, especialmente para las mujeres, no es para nada positiva. Creo que las islas tienen dilemas más profundos que elegir hacer buceo o snorkel, y pienso que al ser viajero (y no turista) se debiese ahondar más en la realidad social, política y cultural del lugar a donde se va, que quedarse con lo lindo de las playas y paisajes. Imagino que la gran mayoría viajamos en busca de conocer paisajes que nos dejen sin aliento, pero un país o región también es su gente, su historia, su cultura y sus problemáticas. Mi afán con esto no es perjudicar tu publicación, pero sí hacer una crítica constructiva ya que sería bueno mostrar a quienes te leen que para muchas personas, especialmente mujeres, ser maldivano es una pesadilla y no el sueño relax que tu planteas.
    Te dejo este artículo que apoya lo que digo.
    Saludos!
    http://m.libertaddigital.com/internacional/mundo/2013/03/26/las-islas-maldivas-un-paraiso-el-infierno-que-viven-a-diario-todos-los-no-musulmanes-1276485914/

    • Hola Alejandra. En primer lugar, gracias por tu mensaje y por pasarte por aquí de vez en cuando a leernos. En cuanto al tema que propones y, hablando como siempre desde nuestra experiencia en la que pasamos por 9 islas de las Maldivas (de las 203 habitadas que tiene), nos reafirmamos en que, lo que vimos, es lo que hemos descrito. No estuvimos en resorts sino en «islas inhabitadas» (así llaman a las islas donde vive la gente local). Tratándose de un país mayoritariamente musulmán, te diré que encontramos una gran hospitalidad y que nos quedamos en sus casas o sus guesthouses. Les preguntamos por cómo se vivía allí, qué situación política tenían, cómo era su día a día, qué temores tenían… y nos contestaron «su versión». No sé si mejor o peor que la de libertad digital (medio al que haces mención y que tiene una linea editorial cuanto menos… especial). No vimos maltrato a la mujer ni a ninguna minoría étnica. Al menos, en las islas en las que estuvimos. Se podía percibir y sentir mucha paz y calma y así nos lo transmitía la gente con la que hablábamos. Sí percibimos otros problemas tanto políticos como climatológicos (temas de los que libertad digital no se hace eco). Normalmente, tendemos a sacar nuestras propias conclusiones después de visitar el país y hablar con la gente más que a través de los medios. Nuestra versión, es la que te cuento. También te diré que es muy posible que haya injusticias en Maldivas… (como en muchos otros países por no decir todos) y que al final, la noticia que queda, es la negativa. ¿Sabes qué? En algunos países en los que hemos estado, la gente asegura (por las noticias que les llegan) que España es un país con mucha delincuencia, con violencia de género, racista y en el que hay terrorismo. ¿Qué te parece? No estamos diciendo que la noticia no sea real, sino que nosotros no percibimos esto (en nuestro paso por allí) ni nadie nos lo transmitió. No obstante, gracias por compartir este artículo y ya que este veranos volveremos por allí, intentaremos investigar al respecto. Un saludo!

  2. ¿Y cómo se hace? Llevo mucho tiempo soñando con eso, con poder vivir en un lugar tranquilo, lejos del estrés de las grandes ciudades, lejos de los sueldos que dan para pagar y pagar, lejos del consumismo, …. pero ¿cómo?
    De qué me ganaría la vida, cómo conseguiría tener ingresos mínimos para sobrevivir en algún lugar así….. eso es lo que me pregunto a diario…. se me queman las neuronas de tanto pensar hasta que me doy por vencida, pero sé que algún día encontraré la forma de hacerlo, de alejarme de este tipo de vida en la que cada cual va como hormiguita, trabajando y trabajando porque pensamos que no hay otra forma de seguir adelante.

  3. Hola! Que buen post! Hermoso blog! Mas tarde lo paso a leer junto a mi novia, que me muero de ganas que lea esto! Gracias por compartir!

    • Pues cuéntanos qué le parece!!! Gracias a tí por leerlo con tanto entusiasmo y por compartirlo con ella 🙂

  4. Podría vivir perfectamente. Puede que los canarios seamos un poco aplatanados, pero eso de vivir sin «estrés» es una maravilla. Me estoy haciendo mayor!!!!

  5. Efectivamente nos han vendido el cuento de que hay que vivir muchos años estresad@ para, casi al final, disfrutar un poquito de la vida en cualquier paraíso…

    Un post genial que hace pensar, sin duda. 😉

  6. Lo importante de este post es que cada cual sienta, desee y piense lo que quiera hacer de su vida. Sé que vosotros lo sabéis y eso es lo que vale para mí… Y si con vuestras reflexiones hay quien encuentra su rumbo, genial!!!! L.Q.T.P. (T.q.)

    • Ojalá le serviera a alguien para encontrar aunque fuera un pequeño sendero. Quiera ser maldiviano o no… sí que tengo claro que madre querría tener 🙂

  7. Conforme leía el principio, sí, parecía una cita del típico libro o post de face para hacerte «replantearte la vida». Como decía Germán (y ya metisteis en la anterior entrada) habrá cosas negativas que quiebren la imagen perfecta del espejo… pero la realidad es que si un propio maldiviano te dijo esa frase es porque lo siente y porque a ellos esa realidad, con sus malos y buenos, les vale suficiente para ser felices. Y en eso consite el cuento, a fin de cuentas… Lo ideal es poder llevar la felicidad dentro y conectarla con el sitio que visites (no quería culminar con frasecita típica de libro pero es que me he venido arriba al final
    : D)

  8. Hola! Genial post para pensar 🙂
    Yo estuve en Ghana durante 4 meses y volví hace un par, y el tiempo que llevo aquí no paro de pensar en esto que habéis contado en este post. Tengo tantos amigos con estrés durante todo el tiempo, que incluso los que han tenido la suerte de conseguir en lo suyo están esperando que llegue el fin de semana lo antes posible para poder dejar de pensar en el trabajo… Viendo este panorama no puedo dejar de pensar si esto es lo que quiero, lo que queremos de verdad. Nos han hecho creer que un modo específico de vida es el correcto, pero si abrimos nuestro campo de visión…nos damos cuenta de que no tiene por qué, que cada uno tiene su ritmo, y que llevando una vida más tranquila se puede ser igual de feliz…o más 😉
    Enhorabuena por vuestro trabajo! Y gracias por alimentar mi envidia sana y darme fuerzas para vivir la vida que yo quiero 🙂

    • Es así, Irene. Tal cual. Todo está montado para que la noria gire y gire. Unos están abajo, haciéndola girar sin tener tiempo ni para respirar. Otros, están sentados en las cabinas creyendo que pueden disfrutar de esas vistas para siempre (lo malo es que «a veces»… bajan y no tienen nada que ver). Los menos, contemplan cómo gira la noria mientras se toman una copita de champagne. O dos.

  9. «Prisa mata ameego!» como me gustan los lugares en los que el tiempo se ralentiza y el extres parece no existir (muchos de veras ni lo conoceran…!)
    Es cierto que aunque todo tenga su parte mala, y seguramente las cosas no funcionen tan bien en otros aspectos, este texto invita a la reflexión… ¿realmente es necesario vivir a la carrera? tampoco el mundo va cambiar a mejor por correr mas y disfrutar menos!
    digo yo….

    • La verdad Alcia (y tú lo sabes bien)… es que nosotros cambiamos de vida por esa prisa y ese estrés que no machacaba el higadillo a diario. No somos objetivos.

  10. Suena idílico! Pero, ¿de verdad es todo tan bonito? ¿Qué tal andan de libertad política, sexual o religiosa? ¿Educación? ¿Sanidad? No es por llevaros la contraria, pero a menudo estos paraísos tienen gato encerrado (o estarían atestados de gente y dejarían de ser un paraíso.. 🙂

    • Hola Germán… claro que no todo es perfecto. Próximamente hablaremos de ello (Ukulhas y sobre todo, en Cifras y sensaciones) y algo “de lo negativo” cayó ya en el post de Thoddoo. En este caso, hablamos “solo” de la paz del día a día carente de estrés. Y eso, es real. Se percibe en las islas alejadas de Male. El reloj va a otro ritmo 🙂 En este post no solo “hablamos de Maldivas”… es una reflexión sobre la vida. Bueno… lo pretende y eso.

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