Cuando llevas varios meses fuera de tu país, no son pocas las personas que te preguntan si echas de menos tu casa, tus amigos, tu familia… Es una conversación que vuelve una y otra vez. Especialmente cuando visitas países en los que «no se vive mal» y en los que nadie siente la necesidad de querer salir corriendo (como es el caso de Japón).

La gente se pregunta cómo puedes soportar eso de estar tanto tiempo lejos de todo lo que conoces. No entienden como resistes sin tu cama o tus platos de comida «de siempre». Algunos hacen la pregunta con cierto miedo porque piensan que no tienes familia, que les ha pasado algo o que estás peleado con ellos. Que lo que sucede es que no tienes un lugar al que volver y que por eso no te queda más remedio que vagar por ahí sin rumbo.

Otros se preguntan de dónde salieron esas ganas insaciables de recorrer mundo. Ese ansia por ver cómo se hacen las cosas en otros lugares, por explorar cada rincón en primera persona, por saber si lo que dicen los telediarios sobre cómo son las personas de otras culturas es verdad o todo lo contrario. Ha sido especialmente en Japón, un país en el que los hijos deben total obediencia a sus padres, donde varias personas te han preguntado cómo es que tu familia te permite vivir de esta manera.

Para explicárselo, les cuentas que hay muchos motivos por los que tienes que darle las gracias a tu familia, pero que a decir verdad, todos los días te duermes pensando que no son conscientes del doble regalo de vida que te han hecho: darte raíces y alas.
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Las raíces que te han tocado son fuertes y eso ayuda mucho a que aunque a veces te azoten fuertes vientos, seas capaz de mantenerte en pie. Sin raíces, levantarse es posible, pero con ellas… es más difícil tambalearse. Tus raíces te ayudan a no perder el norte, a recordar de dónde vienes y quién eres. Parece algo evidente, pero esa sensación de pertenencia a algo es absolutamente necesaria para no desorientarte después de muchos meses de viaje. Las raíces te unen a la tierra y de ella vienen los nutrientes que te mantienen vivo. Las tuyas no están ligadas a un lugar concreto, pero sí a unas personas que no importa dónde se encuentren, sino el saber «que están ahí». Esa sensación es un tremendo apoyo para enfrentarte a un destino tras otro y dejar que las cosas te sigan sorprendiendo. Esa es la metáfora que utilizas para explicarle a alguien que no es que estés explorando el mundo porque no tienes familia ya que raíces, tienes.

Acto seguido… llega la cara de desconcierto del interesado en cuestión, que te pregunta: «si tienes familia y tanto la quieres… ¿por qué has elegido esta forma de vida?» Aquí es dónde viene la segunda parte de tu explicación. La otra parte del regalo…

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Las alas que te pusieron son grandes y fuertes. Hechas pluma a pluma desde que eras muy muy pequeño. Con cada ejemplo. Con cada aprendizaje. Con cada pequeña moraleja. Alas que hacen que te desplaces siguiendo el único camino que realmente vale: el que tú elijas. Siendo tú mismo, sin tenerle miedo al mundo, sin agobiarte si las cosas no salen como pensabas… Alas con las que poder buscar nuevos horizontes si el que tienes delante no te convence. Alas para volar. Cuando quieras. Dónde quieras. Para ir… para volver… para ser feliz.

Paradójicamente, las raíces te las dieron para no caerte. Las alas, para no parar de crecer. Con todo lo que supone. Con todo lo que implica. Con todo lo que duele saber que todo lo que estás haciendo, es para que tu hijo se vaya algún día de tu lado. Lejos. Muy lejos. Pero feliz y seguro con unas profundas raíces y unas fuertes alas… sin duda, el regalo más generoso del mundo.

 

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31 Comentarios

  1. Hola Lucy!
    Por fin alguien que habla de un tema, que al menos a mí aprendiz de viajera, me llega muy hondo.
    Soy una persona muy familiar, me encantan mis raíces, adoro a mi familia… y necesitaba saber que todos los viajeros a los que admiro como tú, también tienen esos sentimientos. Que no son superhéroes que no echan de menos, que no sienten la lejanía…
    Así que gracias por recordarme que es posible tener unas fuertes raíces y unas grandes alas.
    Un abrazo 🙂

    • Gracias por tu comentario Fani. Los viajeros son como las personas ;), vamos que somos incluso personas (jajaja) y como tal hay de todos los gustos y colores. Es curiosa esa imagen del viajero que no le teme a nada, que nunca echa de menos y que puede con todo. Sin embargo, cuantos más viajeros conozco más descubro que justamente por vivir expuestos a que «pasen cosas», a echar de menos y a las despedidas tenemos claro cuales son nuestros miedos (el primer paso para poder enfrentarse a ellos). Así que de super héroes… nada de nada. A batir esas alas con raíces incluidas. Un abrazo gigante!

  2. Lucía, tengo una hija viajando y creo que decìs de una manera muy simple lo que he tratado de darle. Muy bueno!! felicitaciones

    • Me alegra mucho leer tu comentario. Que suerte tiene tu hija de tener una madre que la quiere libre. Un abrazo para las dos!

  3. Preciosa reflexión y grandes verdades envueltas en una prosa tan deliciosa como emocionante. Me acabas de robar una sonrisa enorme, Lucía. Mil gracias

    • Yo cuando me quedo sin palabras… tengo que tirar de emoticonos (carita sonrosada) (carita sonrosada) (carita sonrosada). Gracias por el comentario!

    • Haz una cosa: cópialo, pones al final algoquerecordar a tamaño 8 y debajo tu firma electrónica a tope de «hight resolution». Cumples con el creative commons y ella ni lo va a notar. Pero cuéntanos luego sus impresiones que las madres siempre sorprenden. La mía me mandó un wassupp que decía «a ver si vamos ya replegando un poco esas alitas».

  4. Me encantáis SIEMPRE, pero hoy os habéis salido. Os lo cojo prestado para «regalárselo» a mí papis 🙂 Gracias !!

  5. Mª José S. R. Responder

    Lucía, muy bonito post . Me gusta y los comentarios también. Con una lagrimilla besos y achuchones.

  6. Precioso, como siempre. Raíces y alas aunque parezcan contradictorias no lo son. El hecho de volar no implica olvidar tus raíces y quererlas. Además tus raíces lo único que quieren es tu felicidad, así que que esas alas te lleven hasta dónde este 😉

    • Así lo entendemos nosotros también Juan Ramón Jiménez «Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen.» (Diario de un poeta recién casado).

  7. Muy buen post y cuanta verdad. Creo que el arraigo a algo no supone quedebas permanecer junto a el porque pienso que lo llevas siempre dentro de ti allá donde estés, desde el momento que descubres eso te es más fácil volar de su lado!
    Un fuerte abrazo chicos alli donde estéis, se os recuerda con mucho cariño!

    • Gracias por el comentario Octavio. A lo que dices añado que además ahora cuando volvemos tratamos de priorizar más el tiempo para dedicárselo a esas personas con la idea de «más calidad que cantidad» porque nunca se sabe cuando nos volveremos a ir ni por cuanto tiempo. Otro abrazo grande de vuelta para los tres. Por aquí también se os recuerda!

  8. Bonito y ya está.
    Creo que mis padres estarán totalmente de acuerdo.
    Vamos a ver qué dicen 😉
    Un beso requeteguapos

  9. Wao, cuánta empatía con tus palabras Lucy. No sé cómo hacen ustedes para estar tanto tiempo lejos de los que más quieren; ah ya recuerdo, tienen súper poderes =) jaja. Como siempre, excelente post,

    • Gracias Samir. Cuando escribía este post, además de en nuestras familias, pensé varias veces en tus padres. Especialmente en tu madre. Ella es un claro ejemplo de lo que es regalar raíces y alas. Los super poderes van viniendo con el paso del tiempo. ¿No ves que somos más viejunos que vosotros? 😉

  10. Bonito regalo también vosotros Luci, junto a tus hermanos, nos hacéis crecer. Y aunque de vez en cuando sintamos un pellizco, ante la distancia, os sentimos cercanos. Y somos felices de que esas alas os permitan explorar y encontrar vuestros caminos en la vida.
    PD: Esto no se hace

    • Estamos lejos pero más conscientes de todo que nunca. Estamos lejos pero cuando volvemos sabemos lo importante que es priorizar el tiempo.
      PD: El fugaz paso por España de tres días y las largas horas de espera en los aeropuertos dieron para pensar en muchas cosas. Si a esto le sumamos las constantes preguntas de los japoneses… por algún lado tenía que salir la cosa. Menos mal que está el blog para soltar pensamientos y que no se hagan bola dentro (que a gusto se queda una).

  11. Todas tus palabras son tan bonitas y tan ciertas. Me has recordado todo lo que me enseñaron mis padres y que intento enseñar yo a mi hijo. Nada nos pertenece, solo vivir y disfrutar la vida. Ahora que ya no están, y soy mamá, reconozco que es el regalo más generoso que me dieron mis padres. Gracias por compartir tus reflexiones. Abrazo gordo.

    • Gracias por tu comentario Beatriz. Hay veces que tenemos el debate con otras personas de si el viajero «nace» o «se hace». Creo que es obvio unos nacen y otros se hacen, pero también pienso que la mayoría tenemos en común que fuimos educados con esa forma de entender la vida. Algunos viajaron más lejos con sus padres porque tuvieron la oportunidad, otros cerca o nunca viajaron pero casi todos crecimos con esa impronta y esa forma de pensar que hoy nos ayuda a ser libres. Que suerte tiene tu hijo de que pienses así. Otro abrazo de vuelta!

    • Debe ser de las cosas más difíciles que hay en la vida. Enseñarle a alguien a que viva libre. Gracias hermoso!

  12. mi querida Luci, te agradezco este sentir tuyo por lo que me toca, preciosos pensamientos, no quiero ponerme sensible, pero regalo si que es teneros a vosotros como hijos, no cambies nunca y seguid vuestro vuelo a donde os lleve, muuuuaaaa

    • Hasta el otro lado del mundo nos llega el regalo por las dos vías. ¿Se puede ser más suertudo? Creo que no… gracias y miles de muaaaas.

  13. Un regalo en forma de baobab, con las raices dadas la vuelta, apuntando felices hacia el cielo. Genial mi altamente sensible amiga 😉

    • Hay padres que además de dar la vida, nos dan a la vida. Gracias sensibleras de vuelta (jijiji).

  14. Luciaaa, que estoy en modo ultrasensible. Acabo de gastar el caudal lacrimal de la semana.
    Que hermosa reflexión.
    Gracias.

    • Que monín eres. He visto a rudos hombres convertirse en padres y saltárseles la lagrimilla con «Buscando a Nemo». Estáis hechos de otra pasta. Un abrazo mimosín!

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