marta_algo_que_recordar_1Marta es una de esas personas que de vez en cuando, se pasa por algo que recordar para ver qué se cuece por aquí y que un día dejó caer una tímida invitación a su nuevo hogar en Colombo, la capital de Sri Lanka. Por haber acometido tal osadia, le cayó el castigo de cargar con nosotros en su casa durante cuatro días con todas sus noches…

Después de recorrer varios meses el sudeste asiático, Marta (diseñadora gráfica y profesora en una universidad de diseño) se lanzó a vivir esta experiencia de dar clases al otro lado del mundo en un país con una cultura y una organización social completamente diferente a la nuestra. Gusta escuchar la visión de los que llegan de fuera y no están de paso, al menos por un tiempo. No es lo mismo venir a conocer el país, que tener que levantarse cada mañana para trabajar en un lugar en el que además, hay que asumir que «las cosas aquí se hacen de otra manera y tú eres el de fuera». Hay quien se enfrenta a una experiencia como esta con la mentalidad de «hacer caja», los hay que buscan a otros expatriados con los que compartir vida social mientras esperan a que el tiempo pase, están los que llevan 4 años sin tener la más remota idea de qué se come en las casas de la gente local o quien decide tomar la actitud de compararlo todo (para mal) con su país de origen… y luego está Marta.

Esta amante de la buena tipografía, se levanta cada mañana y se pone su amplia sonrisa aunque al bajar a la calle tenga que cambiar a su ugly face (como ella dice), para dejarle claro un día más a los tuk-tuk-eros que «no», que tiene dos piernas que la llevan y la traen tan ricamente al/del trabajo. En 4 meses se ha preocupado por aprender algunas palabras de cingalés para desgracia de algunos avispados conductores y evitar que no la paseen: ¡izquierda… recto… derecha…!

No pierde oportunidad de interrogar a sus alumnos con todas las preguntas que se le ocurren sobre su cultura, su forma de entender la vida o la organización de la sociedad en Sri Lanka. Vuelve a casa y se sienta a preparar las próximas clases preocupándose de no aplicar ningún concepto que pueda resultar fuera de lugar en este país.

Mientras Marta trabaja, hay tiempo para conocer el templo budista de Gangaramaya, rodear el lago de Beira (con sus correspondientes horribles hidropedales con forma de pato) y de perderse entre las calles del comercial barrio de Pettah, donde seguir preguntando en la mezquita cómo se lleva eso de estar de Ramadán con semejante calor.

Los días de fin de semana y el «poya day» (día festivo en Sri Lanka que provoca la risa tonta de cualquier español. Sí, así de simples somos), aprovecháis para ir a conocer algunos rincones de Colombo con Mohamed (el mejor amigo de Sath, ese chico tan majo que te invitó a comer a casa de sus padres en Maldivas): el faro de la ciudad, el Hospital Holandés, «el final de la ciudad» y la tetería cool Dilmah . Alucinante la cantidad de combinados que se pueden hacer con el té en todas sus versiones.

Después de habernos conocido en persona con «todas nuestras cosillas a cuestas», esperamos que Marta, entre clase y clase, aún siga teniendo ganas de viajar con nosotros. Aunque pensándolo mejor, nos gusta mucho más que a partir de ahora forme parte también de algo que recordar fuera de las pantallas.

Marta, sabes que tenemos algoquearrejuntar a la vuelta… ¡Un beso enorme justificado a la izquierda!

 

 

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4 Comentarios

  1. Gracias Mercedes! Yo soy esa tal Marta de la que hablan! (Que afortunada fui con su visita!)

    Pues no sé si se produce para todo el mundo esa diferencia y alomejor tampoco es lo que buscan. A mi personalmente me enriquece y me gusta conocer de cerca la cultura, el país y su gente. Dicen que un país habla de cómo son las personas que viven en él.

    También decir que cada uno elije la forma de conocer un país y disfrutarlo y no para todos es la misma, por eso hay diferentes percepciones de los lugares, la gente y los momentos que vives en él. Creo que viajero, turista y visitante se acercan un poco en la forma de conocerlo a pesar de las diferencias entre estos (yo lo he vivido), pero he descubierto que se puede vivir en un país siendo viajero/turista/visitante aunque pases años en él, y no hay nada de malo en ello, es una opción. Yo prefiero sumergirme y disfrutar de lo que me gusta y conocer aquello con lo que incluso no acabo de sentirme agusto.

    Siempre es corta la estancia, siempre se quiere más. Es díficil lidiar con eso.

    Gracias por lo de maja! 🙂 Yo me animo a todo, así que no lo digas muy alto, ni muchas veces! jejeje

    • Que sepáis que no es la primera vez que a través de los comentarios del blog dos personas acaban de viaje juntas. Ahí lo dejo…:)

  2. Entre los que estamos dando la vuelta al mundo pero en velero se conocen a muchas Martas. Mucha gente piensa que es una vida de ricos y lujo, pero cuando el velero pasa de ser un barco a ser tu casa y el viajar ya no es cuestión de unas semanitas aquí y otras allá sino que se transforma en meses o incluso años en nuevos países. La gente se busca la vida para lograr continuar con este tipo de vida , unas cosen , otras trabajan en granjas, otras limpian en las marinas , otras , las más afortunadas como tu Marta y yo trabajan de diseñadores gráficos incluso en Papúa Nueva Guinea . Marta es afortunada pues yo he aprendido que cuando tienes que ganarte la pesetita en otro país es cuando llegas a conocerlo bastante mejor que entrando de visita. Aún así, yo siempre me he preguntado : Cuándo se produce esa diferencia entre viajero y turista?. O viajero y visitante? . Supongo que es cuestión de sumergirse lo más posible en la cultura , pero …existe un límite? . Lo menos que hemos estado en un país fueron tres meses y siempre nos vamos con la sensación que ha sido corta la visita, incluso tras los 9 meses trabajando en NZ o los seis que pasamos en Tonga con la ONG. Siempre queremos más… :)….por cierto tiene cara de maja, crees que se animaría a venirse con nosotros?. 😉

    • Hola Mercedes!
      La verdad es que antes veía muy clara la diferencia entre viajero y turista. Bastaba con que alguien se dirigiera a mí como turista para decirle rápidamente ofendida que «yo era viajera». Cada día que pasa me da más lo mismo. He conocido viajeros de manual con los que no se podía mantener una conversación e increíbles turistas. Creo que entre 0 y 100 hay muchos matices y siempre encuentras a alguien «más viajero que tú» que te recuerda que hace X años no había internet y nadie hablaba inglés. Para mí lo ideal es buscar la manera en la que uno se siente cómodo viajando en cada momento. Esa es otra. El momento. Vamos cambiando y con nosotros nuestras preferencias que también se reflejan en la forma de viajar. Dicha toda esta parrafada a mí me pasa como a ti: siempre me voy con la sensación de que me queda todo un universo por conocer. Pero claro, es que a día de hoy entro en un blog sobre Madrid y me descubre cosas nuevas. Así que aún poniéndolo todo de nuestra parte, el mundo es inabarcable!
      PD: Yo creo que Marta se anima a viajar en velero y a lo que haga falta.

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