Del 29 de junio al 3 de julio/ 26º/ Sol por las mañanas. Lluvia por las tardes.

El mini #euroHDtrip llega a Berlín. Son ya 8 veces 8 las que has estado allí. Berlín, sí… esa ciudad que cada vez que invocabas su nombre cerrando los ojos, te traía un aroma a tuberías rojas, graffities y bicicletas transportando niños. Esa, de color amarillo y gris tenue. Esa, en la que a nadie le importa cómo vas vestido. Esa, tu ciudad favorita tuya “y solo tuya” a la que una vez fuiste infiel con Kyoto.

Nota: no dirás mucho más al respecto ya que ya te has arrepentido several times por aquel imperdonable escarceo veraniego. Por aquel capricho pasajero. Por aquel inocente error.

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Han pasado 14 años desde tu primera visita a esta ciudad que tan loco te vuelve y a la que no te cansas de volver. Echas la vista atrás y tienes que asimilar que la ciudad ha cambiado mucho. Demasiado. Aunque la reconoces por sus esquinas, su esencia y porque sigue en obras, debes admitir que se ha vuelto un poco más orgullosa, algo más cara y notablemente más normal. Echas de menos su elegante decadencia; sus casas okupadas por arte alternativo, fresco, nuevo; y todas aquellas calles en las que a pesar de pasear prácticamente solo, pasabas más desapercibido que ahora. Sin miradas cruzadas. Sin molestar. Sin más.

Hoy percibes que con el paso de los años, el amor incondicional que sentías por Berlín se ha convertido en inquebrantable cariño. Desconcertado, decides descubrir alguna de sus facetas que años atrás, o no te había llamado mucho la atención, o sencillamente habías pasado por alto: llega el momento de ir al campo de concentración, trabajos forzados y semi-exterminio de Sachsenhausen situado en el pueblo de Oranienburg. Un lugar de obligada visita al que tú nunca te sentiste obligado a ir. Un lugar al que hay que ir no ya para recordar, sino para no olvidar. Y allá que te vas.

Nota: por no dártelas de historiador, relatar obviedades o cometer frivolidades varias… en estas líneas no quieres apuntalar números. No vas a interpretar cifras. No vas a clamar al cielo más de lo evidente. Sencillamente, quieres hablar en voz alta del “paseo” que das por el mismo suelo, entre los mismos muros y “bajo el mismo cielo”… pero 70 años después. Casi mudo. Sin muchas ganas de hacer fotos. Con el estómago pequeño chiquitito enano. Y dicho paseo por Sachsenhausen dice así…

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Justo hoy, hace un sol de justicia. Amplio. Para que no pierdas detalle. Pero al menos hay un molesto viento que ayuda a que la situación no sea del todo agradable. Según cruzas la entrada bautizada como “Puerta A”, te recibe un inquietante “el trabajo os hará libres”. Empiezas a andar con tu audioguía colgada de la oreja y a percibir asombrado lo extenso del lugar. Mientras tu lado derecho del cerebro intenta asimilar toda la información que te llega, el izquierdo empieza a imaginar cómo sería eso de que un mal día, te sacaran de tu casa y te metieran allí para, probablemente, no salir nunca.

berlin_algo_que_recordar_sachsenhausen_03Miras a tu alrededor. No sois muchos los que habéis venido hoy a Sachsenhausen. Comparado con la gente que suele acudir a diario a ver la Puerta de Brandemburgo… no hay nadie. Todos paseáis con distancia en el contrasentido de las agujas del reloj. El silencio solo es interrumpido por las embestidas que el aire os regala a los pocos que estáis por allí. Fiuuuuuuuuuuuu… (silencio)… fiuuuuuuuu… (más silencio)…

berlin_algo_que_recordar_sachsenhausen_04Las películas y documentales vistos hasta la fecha, hacen que la serena voz que te habla a la oreja, venga aderezada con todo tipo de imágenes. Es muy fácil hacerse a la idea a pesar de lo difícil que tendría que ser hacerse a la idea. Observas las alambradas. Los muros. Las torres de vigilancia. Casi puedes oír voces. Sirenas. Perros. Disparos.

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Entras en los barracones con una curiosidad extrema y sale el desconocido voayeur que llevabas dentro de ti. Te sientes mal pero, “quieres ver”. Pues hala… ahí lo tienes. Ya estás en los mismos servicios. En los mismos baños. Frente a las mismas pequeñas literas de madera para tres. ¿Satisfecho? No puedes dejar de imaginarte a ti mismo estando ahí y sabes que haciéndolo, te quedas corto.

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La visita continúa y pasas por “la cárcel dentro de la cárcel”. Una expresión que sencillamente, se te escapa. Pasas por delante de las celdas como no queriendo detenerte mucho. Como si te molestara. Eso sí, la foto que no falte… ¡click! Te estás sintiendo mal por todos lados. De eso se trata, ¿no?… Qué menos.

berlin_algo_que_recordar_sachsenhausen_07A estas alturas vas con el automático puesto. Pasas por el comedor y la lavandería hasta llegar a la Estación Z donde estaba la cámara de gas, el lugar destinado a la incineración de cuerpos y el paredón de fusilamiento. La voz que te habla y que no te deja respirar ni un momento, te susurra al oído: “si entrabas por la puerta A, debías salir por la Z… es decir, la muerte”.

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A estas alturas solo quieres que esto acabe cuanto antes y acto seguido piensas “Lo estás pasando mal , ¿verdad? Pobrecito tú”. Fiiiiuuuuuuuu… (silencio)… fiuuuuuuuuuiiiuuuuuuu… (más silencio)… Pues nada, te aguantas y sigues con el paseo.

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Para finalizar y “de postre”, te espera la enfermería. Aquí no puedes evitar imaginarte siendo cobaya para experimentos, pruebas y varios sin ningún tipo de cortapisas. Sin freno. Con barra libre de tiempo, utensilios y a tope de imaginación y “curiosidad científica”.

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Con la cabeza dada la vuelta y el corazón en un puño, te diriges a la salida. Agradeces no haber visto a nadie haciéndose selfies (te habían advertido que esto ocurría) o colocándose encima de una de las mesas de autopsia. Pero bueno… ¿quién eres tú para juzgar a nadie? Anda, vuélvete a tu bonita realidad. Vete al centro de Berlín y tómate una cerveza «para que se te pase el mal trago». Ejém.

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Nota: en el campo de Sachsenhausen y en un periodo de 14 años, murieron alrededor de 50.000 personas (esto vienen a ser unas 9 al día), las otras 150.000 que pasaron por allí, probablemente intentarían no recordarlo el resto de sus días… pero seguramente, no pudieron olvidarlo.

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Una vez en Berlín («merecida cerveza en mano»), te das cuenta, ahora aún más, de que esta ciudad es totalmente diferente al resto «por algo». Esa abundante y generosa explosión artística que recorre la ciudad. Ese «me da igual de dónde vengas y cómo vistas». Esa mezcla generacional que habita los beer gardens y cafeterías. Esa libertad de expresión extrema. Todo… tiene un origen claro que evidentemente intuías, pero que ahora tiene un sentido completo. Sobre todo, al ver cómo este va desapareciendo con el paso de los años. Al ver, cómo se diluye una esencia propia y única a golpe de franquicia, lugares cool y tiendas de chinos.

Puede que egoístamente (una vez más), quieras que no se pierda esa peculiaridad tan inusual que para ti siempre inundó Berlín. Que desees que todo siempre siga igual y esté ahí para cuando tú vuelvas. Puede que prefieras que esta ciudad no sea un lugar más que recordar… que «tú Berlín», no quede en el olvido.

12 Comentarios

  1. Hola Rubén, dewde Instagram Stories he dado con este artículo vuestro tan interesante.

    Como enamorada de «mi Berlín» y llevando muchos años viviendo aquí me he sentido muy muy identificada con tu relato. Me encanta la manera en que has plasmado las sensaciones que yo también tengo. Berlín está cambiando a un ritmo vertiginoso, aunque de una manera que no me gusta tanto como desearía. Si bien hay zonas que se han rehabilitado para bien, hay otras que están perdiendo totalmente su esencia.

    Pero siempre nos quedarán sus obras eternas para recordarnos que estamos en una ciudad en continuo cambio.

    Muchísimas felicidades por vuestro trabajo. Y si volvéis alguna vez, a ver si coincidimos!

  2. Un post genial, tus palabras y las imagen hacen que lo vivas desde casa, con sensaciones incluido. No sé si alguna vez iré, pero, si voy sera una de las visitas que haré.
    Gracias por trasmitir tanto y a la vez felicidades por tu magnífico trabajo.

    • La verdad es que es una visita que te hace pensar mucho. Evidentemente, te sientes fatal… pero de alguna manera, «algo bueno» sacas. Algo que no te puedo transmitir. Tendrás que ir tú 😉

  3. Tuve la misma sensación de malestar cuando estuve en el campo de concentración de Auschwitz y Birkenau, una sensación muy extraña mezcla de querer saber más y, a la vez, ganas de salir corriendo… Huir de la historia…
    Me costó meses escribir un post sobre el lugar, saber qué escribir, cómo, me resultó muy complicado y salió esto que os comparto (tampoco fui capaz de hablar de cifras):

    http://deilusionarecuerdo.com/auschwitz-como-llegar/

    Un saludo chicos
    Patri

  4. Gracias Rubén por el recuerdo de mi ciudad de origen incluso de sitios que nunca visité. Muy impresionante y conmovedor. Sea como sea estoy convencida que Berlin siempre tendrá algo único, diferente de otros lugares del mundo porque ésto siempre ha sido el caracter de la ciudad con tanta historia impactante y tanta gente de multicolor!

    • Berlín es muy muy importante para mí. Una de las pocas ciudades en las que viviría sin dudarlo. Espero que esa esencia, esa mezcla, esa fuerza… se mantengan siempre.

  5. Muy buen articulo, pero a la vez escalofriante y desgarrador, ver ese campo de concentración, sobre todo por la cantidad de peliculas que han echo sobre este genocidio, pero por lo demas , si que deberia de hacer una escapada a berlin.

    Citas esto :(te habían advertido que esto ocurría) o colocándose encima de una de las mesas de autopsia)

    ahy que tener cuerpo y estar un poco mal de la cabeza creo yo, aun que ahy gente para todo.

    • Me habían advertido de que se daba eso de hacerse selfies. Agradecí no verlo. Lo de subirse en las mesas… espero que no haya ocurrido nunca. Pero si te digo la verdad, apostaría a que sí.

      Anímate, Berlín te espera

  6. Nunca he estado en Berlín pero espero que esto cambie pronto. Tengo muchos amigos enamorados de la ciudad y habrá que verla ya que visto desde «fuera» me da la impresión de ser una ciudad muy gris.

    En Holanda visité un campo de «tránsito», allí no mataban a nadie pero repartían a la gente hacia los campos de exterminio del resto de Europa, por ejemplo Anna Frank y su hermana.

    No había cámaras de gas pero el hecho de ver como los nazis crearon toda esta red de campos súper organizados como si de una nave de distribución de Amazon se tratara «sorprende» y horroriza a la vez. Te vas de allí con la convicción que los nazis eran unos hijos de puta calculadores hasta el extremo, sin dejar al azar ni un mínimo detalle. Aterrador 🙁

    • No te preocupes por el cemento gris de Berlín (que lo hay). Es una ciudad con mucho color y mucho que decir. No sé si te enamorarás también de ella, pero no creo que te arrepientas de haber ido.

      Ahora vamos camino de Budapest. Allí está también La Casa del Terror. Habrá que ir, no? La verdad es que hay que ver las barbaridades que ha hecho y sigue haciendo el «ser humano». Muy aterrador, sí.

  7. Muy buen post Ruben! Algún día de estos tendré que visitar Berlin y todo lo que la rodea! A este paso después de leeros, iré a algún sitio y será como… «en serio no estuve aquí ya?» y recordare que fue un post! y no otra ocasión jejeje

    En serio pone la frase de «Trabajar os hará libres»? No se si peco de inculto desconociendo eso pero flipa! Detesto como suena eso sin asociarlo siquiera a un campo de concentración! 😉

    En fin! que siga bonito el #euroHDtrip!

    Un abrazo crak!

    • Muchas gracias Daniel. Sí, al parecer pone eso. Ya ves… «dulce ironía» que hace que te sientas aún más incómodo. No dejes de ir a Berlín, seguro que tiene algo para ti. Abrazo!

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