Reflexiones

Published on febrero 28th, 2016 | by ruben

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¿Amigos para siempre?

Hoy te has levantado en plan místico. Con un rollo analítico encima que te desborda. Puede ser porque es domingo… porque llueve… o porque estás algo resfriadillo. Y entre té y té, te da por divagar y poner-te “profundo”. Enfrentado a la ventana viendo cómo se moja la gente afuera (¿puede haber una sensación mejor que esa?), te vienen un montón de caras a la cabeza. Caras amigas. Y con ellas, un barullo de sensaciones.

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Piensas que, si los amigos de verdad los puedes contar con los dedos de una mano, podríamos decir que hasta hace poco, todos tus amigos y conocidos cabían en un solo barrio (por no decir manzana o incluso edificio). Partiendo de esta “premisa truco”, te ataca la idea de que de golpe, tienes un montón de amigos repartidos por todo el mundo. Y eso, es una gran responsabilidad.

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Pero resulta que es verdad. Las circunstancias de una vida relativamente sedentaria en usos y costumbres te llevan a esa situación. Si no te fuiste de erasmus o tus padres no eran carne de camping, tus amigos han estado siempre localizados y encuadrados en lugares y/o actividades: colegio, partidillos de fútbol, universidad, trabajo… Amigos que más o menos estaban cerca en cuanto a distancia, pero a un par de semanas vista de poder quedar a tomar un café con calma: “estoy hasta arriba”… “este finde ya he quedado”… “nos llamamos el martes por la mañana entonces y ya vemos”…

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Y los quieres. Los quieres a todos pero, de alguna manera estaban tan cerca y tan lejos a la vez, que poco a poco os fuisteis separando más y más por culpa de tus rutinas y las suyas. Y es en el momento en el que te vas por ahí a “viajar largo” cuando suceden un montón de cosas (algo que esperabas) como: una gran cantidad de paisajes que llevarte a la retina, un derroche de sabores más o menos picantes que asimilar, un sinfín de experiencias que recordar y… haces una gran cantidad de nuevos amigos (algo que solo deseabas) que duran en el tiempo (algo que no podías ni imaginar).

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Para tu sorpresa y a pesar de tratarse de personas con las que has coincidido como mucho una semana, sigues en contacto con bastantes de ellas. Personas que se han convertido por causalidad, en amigos para “el resto de la vida”. Sí, es cierto, los puedes contar con las cremalleras de la mochila pero oye, ahí están. Puede que el resto de gente que conociste viajando no llegue al título de “almas gemelas”, pero querrás volver a verles cada vez que vayas a su país, vengan al tuyo u os crucéis en un tercero.

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En el fondo es normal. Viajando… estás cada día en movimiento, hablas con gente diferente constantemente y te expones a ello: a “conectar”. De todo eso no te das cuenta hasta que vuelves y miras para atrás. Ahí es cuando ves que tienes muchos nuevos amigos por el mundo y lo más importante (hasta aquí queríamos llegar): un montón “de nuevas casas” repartidas por ahí.

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Y esa sensación, la de tener nuevas casas a las que querer volver, hace que el mundo te parezca aún más pequeño. La idea de coger un avión mañana mismo y plantarte en (por ejemplo) Borneo o en El Chaco no te parece una locura. Total… ¡tu gente está allí también! Ahora te preocupa más lo que ocurre en esos otros lados que ya conoces. De alguna manera… te importan. No es que antes te dieran igual, sencillamente no existía ese cariño que hay ahora. No había lazos.

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Que ahora es más fácil viajar que hace años, no cabe duda. Eres más que consciente de que no eres un viajero tercer dan. Ni de lejos. Con la gran cantidad de medios que tienes a tu alcance a día de hoy… no puedes estar más informado, geolocalizado y conectado (con todos esos amigos de nueva creación, también). Por eso, quizá el mayor reto o “el mérito” de viajar en la actualidad (si es que hay que hablar de mérito en esto del viaje) no esté en la capacidad de moverse por el mundo, sino en la de mantener las relaciones personales. En la de hacer que la gente con la que te has cruzado o te ha ayudado abriéndote las puertas de su hogar y su país, no queden en el olvido. Que no sean momentos de intensidad efímeros condenados a diluirse con el paso del tiempo.

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A punto de ir a por otro té, caes en que esto de viajar (y sobre todo, “parar”) se está convirtiendo en algo agotador porque tienes mucho tiempo para pensar y plantearte cosas. Miras al horizonte (parece que va a parar de llover) y un gesto de resignación “te cruza la cara” cuando asumes que tienes trabajo doble: recuperar a los “amigos de toda la vida” con los que tanto cuesta quedar a tomar un café (esos que aunque no estén, están) y cuidar a los nuevos “amigos del resto de la vida” que te has echado por el camino (esos de los que tanto presumes de tener cuando no están delante).

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Lo dicho, o te has levantado con delirios de grandeza o con exceso de mocos.


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16 Responses to ¿Amigos para siempre?

  1. Vivi says:

    Chicos… cada vez que los leo mas afirmo esa amistad que a muchos puede parecerles loca, pero que me importa… para mi son mis amigos y en Buenos Aires o en cualquier parte del mundo donde este.. estan conmigo. Los quiero mucho y los abrazo bien fuerte, con mate y medialunas compartidas virtualmente pero con sentimiento.

  2. Fernando Sanabria says:

    Hola, Rubén

    He llegado hace poquito a algoquerecordar y me he enamorado de la manera en que escribes y lo cuidado de las fotos. Me parece que vuestra web tiene un toque diferente, más personal y sensible además de artístico. ¡Me gusta un montón! Que sepáis que, de leeros, el bichito de viajar se está haciendo más grande.

    ¡Saludos desde Sevilla!
    ¡Buena energía!

    Fernando Sanabria

    • ruben says:

      Pues Fernando… qué te puedo decir? Después de pasada “la sonrojez inicial”, te diré que para esto escribimos. Para recibir mensajes como el tuyo en el que alguien nos dice que (por nuestra culpa o parte) o se ha decidido a viajar, o se lo está pensando. Muchas gracias y un gran abrazo!

  3. Mariano says:

    Apoyo la moción del reencuentro, aunque esta vez te cambiaría el frío del salar por arena en los pies y coco en la mano. Sin dudas, lo más lindo de viajar es traernos esa lista de amigos planetarios. Y es un orgullo que estén en la mia! Se los quiere mucho chicos! 😀

  4. Samir Issa says:

    Mientras se viaja de manera constante, uno va conociendo gente (sea por pocos días o incluso horas) en el camino, creando vínculos que persisten para largo. Y no hay duda que con ustedes fue así =) Con Andrea esperamos el día en que nos volveremos a encontrar. Saludos chicos!

  5. Vito says:

    Me anoto en esa de “cruzarnos en un tercero”!
    Abrazos, desde otra ventana lluviosa…

  6. Javi says:

    Una de las mejores cosas que tiene viajar de esta forma es encontrar a gente que está tan “loca” como tu… Y después de un viaje largo, puedes hacer otro sólo para volver a encontrarte con ellos (ya he visto a 3 personas que conocí en el viaje en sus “ambientes normales” y la verdad es que es una pasada!).

    Espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar, mientras tanto sabéis que tenéis casa en Málaga por si queréis pasar 😉

  7. caro tapia says:

    esa “gente” que uno encuentra en el camino solo por unos momentos y uno cree que no va a ser nada, pero luego te das cuenta que marcaron un momento importante en tu vida. Esa “gente” que al final se queda contigo para siempre. Y yo creo que la vida tiene sus razones de porque pone a “esa gente” en tu camino.
    Se transforman en amigos que te aprecian y que esperan verlos pronto en cualquier parte del mundo!
    Un beso a ustedes y agradezco el momento en que nuestros caminos se cruzaron!
    xxx

  8. Mia says:

    ¡Ay tú y el filosofo que llevas dentro! Hoy a las 04:35 (GMT+2) me desperté, sabiendo no muy bien porque, pero normalmente solo veo la hora que es y pienso en el tiempo que me queda dormir aún antes que suene el despertador. (Madrugo si pero tan temprano no, porque a mí si me gusta dormir. Y cuando hace -13° fuera pues más.) Esta mañana en lugar de seguir durmiendo algo me hice hacer clic en el botón Actualizar…

    Lo que siguió fue una conversación corta con mi polo opuesto (fue “finlandesada” ya hace tiempo pero estaba soñolienta 😉 ). Creo que ya es necesario decir solo que tocaste la fibra. Estoy muy consciente de que hace casi un año estaba nerviosamente intentando meter en un maletín un poquito más que dos bragas 🙂 ) Esto me recuerda que mi castellano no ha salido a la calle en mucho tiempo entonces cuando quieras tomamos de nuevo el hilo de donde quedamos. Y es justo esto que es una de las cosas más lindas e indefinibles que ha surgido de todo esto: la facilidad, por llamarlo de alguna manera y a pesar de estar en/ser de diferentes países, retomaros donde nos quedamos cada vez mientras soñamos de juntarnos en donde sea. Es decir para mi tu pregunta es retórica.

    Tanta habla de té y cupcakes me da hambre. A ver si encuentro unas galletitas con jengibre en forma de estrellas ninja… Si aún te sientes resfriadillo te doy un remedio casero que uso para reforzar mi sistema inmune: preparate un té con agua (hirviendo), un poquito de jengibre (fresco, pelado y cortado) y miel.

    Os quiero.

    • ruben says:

      Mia, partiendo de la base de que también te queremos y que incluso te adoptaríamos si no fuera “porque no tenemos casa”… tengo claro que lo que hay que hacerte es una serie de televisión. Tú de protagonista y alguna abuela finlandesa auténtica, poco más. Lo íbamos a petar. En serio te lo digo.

  9. Mónica says:

    Tema sensible. Lagrimitas. Marchen unos cupcakes para acompañar ese té, como siempre, en la distancia.
    Tal vez es uno de los síntomas más peculiares del síndrome.. la amistad cobra un sentido totalmente diferente y después de la rabia de que todo este tan lejos y la frustración de no tener el superpoder de la teletransportación, entendemos que el mundo no es tan grande e imposible como lo pintan. Teniendo tantas casas en las que nos esperan, las distancias no se ven tan grandes.
    Churro.. hace cuanto no te digo que te quiero?

    • ruben says:

      Ya sabes Moni… que nos gusta mucho eso de “fastidiar al personal”. Hay gente con la que nos cuesta más, y luego estás tú, que eres una facilona por culpa de ese pedazo de corazón que no te cabe en el pecho. Nota: hace mucho que no me dices nada acabado en “mi amorrrrrrr”.

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