Si hay dos palabras antagónicas entre sí son: mochilero y futbolero. Te llevas a pasear por el mundo esa incontrolable pasión por conocer nuevos lugares, a la vez que dejas a un lado otra de tus debilidades que mantienes más por nostalgia e inercia que por necesidad: ver cómo 22 millonarios en pantalón corto patean un objeto esférico «de última generación» hasta introducirlo entre tres palos (dos cortos, uno largo) que forman un rectángulo con el suelo. Leído así, suena banal. Casi primitivo. Pero mira… es lo que hay. A otros les da por jugar a la petanca. A otros por hacer punto de cruz. Tú… sueles ver fútbol. Es algo que asocias a momentos divertidos y con amigos y que te trae un saborcillo de antaño que te gusta.

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Las circunstancias hacen que te resignes a ver partidos que te encuentras por ahí entre chavales que corren “solo por diversión” detrás del balón (eso sí, en directo). A pesar de ir descalzos. A pesar de que falte una de las dos porterías. A pesar de que la mitad del campo sea irregular y la otra esté inundada. Tardes de risas anónimas que desaparecen y no pasan a la historia como “el partido del siglo”… El caso es que en viaje, este poco útil hobby de sentarse frente a un televisor (cerveza en mano) para ver cómo otros hacen deporte, se convierte en misión casi imposible. Varios son los factores en forma de muros prácticamente infranqueables que te separan de tus 11 admirados engominados forrados y tú.

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El proceso que se repite una y otra vez, se compone de 7 pasos no excluyentes:

1- Probablemente, la diferencia horaria es el freno más recurrente con el que te encuentras. Según en qué parte del mundo estés, el partido objeto de deseo te pilla en pleno trekking, visita a templo de turno o ya durmiendo hace rato. Puede que incluso ni te hayas enterado o acordado de que el partido tiene lugar y no te queda otra que enterarte del resultado por internet al día siguiente. Lo cual… no es lo mismo.

2- En caso de que el partido sea lo suficientemente importante (pongamos un Real Madrid-Barcelona) como para que estés pendiente de qué día se juega (pongamos que un domingo a las 02:00 al cambio horario), tienes que pensar en dónde poder verlo. Como últimamente le das mucho a Asia, “el evento” te suele pillar ya de madrugada, por lo que la primera opción es buscar un bar en el que lo echen. Mientras paseas por la ciudad o pueblo en el que estás, desarrollas un don que te permite escanear sin esfuerzo aparente todos y cada uno de los bares en los que intuyes que pueden ponerlo. Te acercas a preguntar a uno de ellos y la respuesta suele ser una de estas tres: “no tenemos el canal donde lo retransmiten”, “no seguimos La Liga española” o “cerramos a las 00:30”. En caso de que sí lo pongan (como ocurrió en la final de la Champions League entre el Barcelona y la Juventus que te pilló en Sri Lanka), lo más probable es que haya música a tope y gente a la que el partido le importa menos que nada. Tú puedes verlo… pero evidentemente, no es lo mismo. Es… como… como si estuvieras paseando por el campo a las 2 de la mañana tú solo (¿que por qué harías eso?… Bueno, digamos que… el post lo escribo yo) y llegara un platillo volante del que se baja un simpático alienígena que te choca la mano, agarra una oveja que pasa por allí y se va. Todo sin que nadie más lo vea. Sin nadie con quién poder compartir tu extraña locura.

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3- Cuando ya has sufrido «el plan bar» un par de veces, intentas anteponerte a lo inconcluso de lo aleatorio y hacer por quedarte en un hostel que tenga televisión por cable. Por alguna extraña razón, o el hostel no tiene contratado el canal en el que lo dan o justo resulta ser un canal de pago a cargar en tu habitación. Habiendo ya hecho un esfuerzo extra por tener televisión por cable, no te da la gana de hacer otro más por verlo sabiendo que, además, es más que posible que te duermas a los diez minutos de que empiece.

4- Si el partido coincide con que estás haciendo couchsurfing, cruzas los dedos para que a tu anfitrión le guste el fútbol porque claro, no es plan de ponerte a ver un partido a deshoras en casa ajena si no es con apoyo y complicidad. Esto no suele ocurrir y, para una vez en la que sí se dio el caso, te pilló en Paraguay (recordemos, ese país en el que «no hay nada que ver»). Se trataba del Real Madrid-Barcelona de 2013 que se emitía a las 15:30 de la tarde (de Paraguay)… hora en principio ideal para el visionado y disfrute que, por una incontrolable secuencia de alteraciones sin sentido de los acontecimientos, no llegó a la consumación. Cinco minutos antes de empezar el partido te encontrabas en medio del desierto de El Chaco asistiendo a una caza de codornices a escopetazo limpio. Resultado… Real Madrid 3 – Barcelona 4 (¡ojito!). Así. Sin más. Sin gritos. Sin emoción. Sin visionado posible de los goles durante ni después.

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5- Si no se dan la opción 3 ó 4, te queda la última y desesperada opción de poder ver el partido en directo: por internet. Llegado este punto, te preocupas por buscar un hostel que tenga una buena conexión lo cual, es como una ruleta rusa inversa. De cada 10 hostels/guesthouse preguntados, todos admiten tener wi-fi funcionando y potente a la hora de pagar para quedarte. En cuanto llegas a la habitación, pueden pasar varias cosas: que la señal no llegue a la habitación, que justo ese día “la estén arreglando y vuela en un rato» (cosa que nunca pasa) o (y esta es la menos mala) que la señal sea mínima. Escasa. Débil. Casi imperceptible.

Es, en este preciso momento, en el que te sueles encontrar la mayoría de “los partido importantes” (que, recordemos, cada día te lo parecen menos): una de la mañana, sin tele y con conexión de internet pésima. Por ejemplo y sin ir más lejos, en el último Real Madrid – Barcelona de hace un par de semanas.

Casi a contrarreloj y con una gota de sudor que te recorre la espalda por los nervios y el estrés, buscas desesperadamente algún portal pirata que emita en directo el partido. Es la 01:05 de la mañana hora de Singapur y el partido empieza a y cuarto. Llegados a este punto, aceptas el hecho de que no te importa si se trata de un canal chino o uno marroquí. Quieres verlo sí o sí. Llevas dos días desestimando bares y hostels. Luchando contra los elementos para sentirte “hombre de pelo en pecho” en la distancia y lo vas a conseguir como sea. Querías asegurarte de que esta vez sí o sí lo ibas a poder ver. Abres y cierras pantallas que te llevan de un lado a otro sin ton ni son. Abrir cada una de esas ventanas, es como entrar en un cyberuniverso bastante sórdido en el que se suceden mundos paralelos en forma de posibles virus que descargar, sospechosos formularios que rellenar y tetas y culos varios que hacer desaparecer “por lo que pudiera pensar” tu acompañante en un entrecerrar de ojos nocturno.

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Después de varios intentos, y tras ver y cerrar varios inoportunos anuncios, consigues pillar el partido en un canal indio. Ya ha empezado y recurres un canal de radio (del que no voy a dar nombre porque no nos patrocinan ni nada) para oír el partido en tu idioma. El caso es que, la narración en formato radio va unos 35 segundo por delante de la señal televisiva que, por cierto, cada 4 segundos se congela durante otros 3. El resultado de esta explosiva combinación, es la siguiente: mientras en la pantalla Sergio Ramos tiene el balón, oyes por la radio que Neymar ha metido el primer gol del partido. Esperas con resignación para ver el gol que está por venir pero, la imagen se congela. Cuando vuelve, Dani Alves corre por la banda y justo cuando centra, la imagen se congela otra vez. Mientras en la radio dicen que ya han sacado de centro de nuevo, la imagen vuelve y ves cómo Neymar se abraza a Alves celebrando el gol. Por no extenderme y terminar por aburrir a los no futboleros, decir que decides cerrar el ordenador portátil una vez has asumido que solo te queda seguir el partido por radio. Desenlace final: el segundo y tercer gol te los duermes enteros y el cuarto crees oírlo enredado con los cascos a eso de las tres de la mañana.

En resumen y por dar un poco de luz a todo esto… querido compañero de viaje que estás al otro lado de la pantalla, si alguna vez te da por ser mochilero low-cost, estás de suerte si no te gusta el fútbol. Si tu afición es más fuerte que tú, mejor que no te muevas por husos horarios excesivamente opuestos y ten en cuenta que es mejor que el partido te pille por detrás que por delante (en horario). En caso de que no haya manera… resígnate y piensa que ya has visto mucho fútbol en tu vida. Que el resultado no va a cambiar por ver o no el partido y que… lo que estás viviendo, es mucho más importante que el fútbol. Sobre todo, para ti. De alguna manera, es en estos momentos, en un país lejano y cumpliendo tus sueños… cuando tú también eres millonario (sin engominar, claro).

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6 Comentarios

  1. En todos mis viajes siempre veo niños con viejas camisetas de fútbol, generalmente de la liga inglesa y española, niños que te sonríen cuando les dejas que te reciten de memoria los jugadores, como tu te sabías los de tu época cuando eras joven. ¿Por qué avergonzarse de ese vínculo que recorre la Tierra y nos une más allá de las fronteras, un vínculo tan pertinaz que no depende del éxito o el fracaso, independiente pero paralelo al transcurrir de nuestra vida?. Yo confieso haber puesto el despertador de madrugada en un hotelucho de Ciudad de México para rastrear desesperado todos los canales de televisión para intentar ver, sin éxito, un partido que se jugaba en Tokio. Yo he presumido de mi equipo y he tratado de explicar lo que era la Champions a gente que no sabía lo que era el deporte ni apenas tenia para comer. Y en pueblos en medio de la nada me he encontrado reunidos en torno a una tele alimentada por un generador a aficionados que sabían más de fútbol que yo.Y descreido de mucho, me siento de la misma cofradia de aquellos cuya pasión por viajar se formó a la vez con las novelas de Verne o Salgari, los tebeos del Capitán Trueno y de aquellas tardes de domingo de Carrusel Deportivo en que querías estar en todos aquellos estadios de donde te llegaba el sonido del gol. ¿Por qué ha de parar la fiesta? ¿Por qué he de elegir entre papá y mamá? ¿Quién nos impedirá soñar con estar en Milán el 28 de mayo? Para todos esos secretos cofrades, mi reconocimiento y mi complicidad. Seguimos en el camino

    • Después de leerte Carlos… ya tengo ganas de volverme a pelear con las páginas pirata, los canales de tele de pago-no pago y hasta de salir semi desnudo corriendo por la calle batiendo una bufanda futbolera. Bueno, de esto último puede que no 😉

    • Joder Martín… leyéndote hasta yo que soy poco futbolera (ojo que mis sentimientos son de indiferencia no de odio y hasta un poco de envidia por lo que disfrutáis otros) me dan ganas de esforzarme para convertirme en forofa. Hay lenguajes que son universales y desde luego el fútbol (no en todo el mundo pero sí en muchos lugares), es uno de ellos. Espero que un día nos crucemos y podamos ver los tres un partido juntos. Prometo gritar GOL con todas mis fuerzas 🙂 Gracias por tu comentario.

      • Lucy, a ver cuándo vas a gritar gol porque si vemos los tres un partido juntos me temo no nos pongamos de acuerdo con el momento adecuado. Contigo no sé, pero desde luego no con tu compañero de blog. No podemos soslayar el aspecto sectario que tiene este negocio, aunque desde luego sobran hooligans, faltan objetores y sobre todo echo de menos gente que se tome la vida con un punto de ironía. Al fin y al cabo si todos fuéramos corazones tan blancos no habría a quien evangelizar.
        Gracias por tu respuesta. Queda pendiente un encuentro en algún lado, una ronda de cervezas, fútbol en la tele y mucho camino por delante
        Saludos, hermanos

  2. Para Darío, siempre nos quedará el especial de Navidad de Downton Abbey.
    Volviendo al tema, yo tengo épocas super futbolera (soy del Barça) y otras que paso completamente del fútbol, ahora estoy en esa etapa pero cuando me da es muy fustrante. Me acuerdo cuando en 2008 vimos la semifinal de la Eurocopa en una pizzería en Hama (Siria) y yo era la única mujer chillando allí. O peor, el año pasado para ver la final de la Champions en Holanda, si, Holanda, pues no había forma de encontrar un bar para verlo! Rencorosos…jaja
    Yo ahora mismo no me perdería por nada Juego de Tronos pero esto es más facil de descargar y ver sin depender de horarios 😛

  3. Mira que no me gusta el futbol, pero me siento muy identificado con las sensaciones. Esas tan frustrantes de buscar placer en una afición y sólo encontrar dolor de cabeza. Las nuevas tecnologías que son las que nos traen estos placeres al final se convierten en nuestros peores enemigos cuando les da por no funcionar.
    En mi caso es Eurovisión, el capítulo final de Downton Abbey o la participación de Rosa López en Tu Cara me Suena. Pero en la desesperación de no poder ver, todos somos hermanos

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