Nota: este post está escrito “en masculino” por varios motivos. El primero, porque así era más fácil. Obvio. El segundo, porque si lo hubiera hecho asexualmente hablando por aquello de buscar la igualdad, quedar bien y demás, habría salido muy raruno. Por eso, pido disculpas y un pequeño esfuerzo para extrapolar ejemplos a la realidad de cada uno/una. Mientras tanto, yo me autoinflijo un castigo de 200 flexiones a 20 repeticiones la serie. Solemos intentar que todo el mundo se sienta reflejado en nuestras líneas y con textos así, no lo conseguimos tanto. Intentaré no volverlo a hacer. Por mi culpa. Por mi culpa. Por mi gran culpa.

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Para no perder mucho el hilo, me gustaría recordar después de esta breve aclaración que el post se titulaba “Perdiendo los papeles por el mundo”. Y dice así:

Reconócelo. Así estás “cuando estás”… a 8.591 km de casa. Sin referencias. Sin tus motes de toda la vida. Sin todas esas etiquetas que hacen que te comportes de una u otra manera. Dure lo que dure el viaje, no eres “el jefe” o “el mensajero” de ninguna oficina; no eres el eterno “pequeño de la casa” cuando vas a la comida familiar de cada domingo; tampoco ese al que los amigos (por unanimidad y por tu falta de técnica) siempre ponen de portero en el partido de los miércoles… No eres el presidente de la comunidad. No eres al que siempre le guardan dos barras de pan “bien tostadas”. No eres una llamada más al que una operadora le quiere colocar una oferta única a cambio de una permanencia permanente e imposible de eliminar. No. Lejos de todo, no eres ninguno de esos “tús tan tuyos”.

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Solo eres un extranjero barra viajero barra turista más. Pero sobre todo, eres un tú desconocido para ti mismo. Ese “tú” que llevaba casi un año hibernando. 340 días escondido esperando que llegara su momento para quitarse varias capas (unas más pesadas que otras). Así que poco después de bajarte del avión, todos esos registros que asumes a diario sin casi darte cuenta, desaparecen.

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¿Lo notas? Es la falta de presión. Ya no tienes que ser tan gracioso como la gente del trabajo da por hecho que tienes que ser. Aquí, en este preciso momento, te puedes pasar dos horas en silencio mirando al infinito sin que nadie piense que te pasa algo. Sin tu familia delante te puedes permitir el lujo de no ser el que más sabe de bricolaje. Por una vez no eres el eterno manitas al que siempre pringan con pequeñas chapuzas que salen a su paso como champiñones. En este preciso momento, no te pesa el título de “suele vestir muy bien”. Una frase que al principio te hizo mucha ilusión, y que luego se convirtió en un castigo diario. Una etiqueta más.

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Miras a tu alrededor y resulta que estás haciendo lo que quieres. Lo que te apetece. Sin vergüenza. Sin presión. Nadie te conoce. Nadie espera nada de ti… ni mucho, ni poco. Aquí… ahora… lejos… Eres alguien por descubrir. Si antes hablabas mucho, ahora lo haces menos. Si te afeitabas a diario, ahora te dejas barba. Si comías compulsivamente, ahora no.

Y viceversa.
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Además, te animas a hacer cosas que sencillamente no sabías que eres capaz de hacer.
Te dejas llevar sin que a nadie le parezca bien o mal según lo que saben o esperan de ti… porque resulta que nadie sabe nada de ti. Poco a poco te atreves más. Te sueltas más. Te lanzas más. Puedes hacer lo que quieras. Y por eso lo haces. Justamente por eso. Porque te has salido del papel.

No estás encasillado.

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Pasan los días y entre unas “locuras cuerdas y otras”, casi sin darte cuenta, llega el momento de volver a la realidad. Sentado de nuevo en el avión que te devolverá a tu vida, cuando ya habías perdido por completo los papeles y con toda la confusión que este nuevo e inesperado tú ha dejado, te preguntas…

“¿Quién soy en realidad?”

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Lo más probable es que seas esa persona que todos conocen (muchos años y una larga trayectoria así lo certifican) y que esto solo haya sido “una divertida y pasajera aventura veraniega”. Por el contrario, puede que seas esa otra personas a la que tú no conocías de nada y que, desde dentro, se ha intentado hacer con el descontrol. Tranquilo. Tienes otros 340 días por delante para pensarlo o incluso olvidarlo mientras te metes de nuevo en esos registros en los que tan cómodo te encuentras y con tanta soltura interpretas pero, ¿y si la pregunta que deberías hacerte no es quién eres en realidad sino… quién quieres ser tú realmente?

19 Comentarios

  1. Hola Ruben!
    No he leido nada más que esta entrada en el blog por lo tanto no se mucho de ti… Normalmente nunca comento en blogs pero en esta ocasion voy a hacerlo.
    Estoy escribiendote desde una habitación/armario sin ventana en Yangon (Myanmar).
    Entiendo muy bien lo que describes con el otro yo que aparece en el viaje pero si lo pienso de mi misma no estoy de acuerdo. Nunca entendí las personas que cambiaran tanto de un viaje a la vida rutinaria (no me gusta usar «realidad», para mi estar aqui en Yangon es tan real como estar en el bar de mi pueblo de toda la vida). Yo soy igual en Picanya (el pueblo que provengo de Valencia) que en Pekin. Quizas eres mas callado porque hay mas a tu alrededor que quieres observar, las bromas son diferentes porque en cada país el humor no es igual, o haces cosas que no sabías que podías hacer porque estás expuesto a nuevas circunstancias y nuevos retos y no sabías como ibas a responder.
    Pero si eres colorido, te va a seguir gustando los colores.. Yo trabajaba en una oficina en una empresa en Holanda… Aunque en Holanda podia ir vestida bastante informal a mi hay dias que me gustaba ponerme vestidos y faldas e ir mas «arregladita» pero siempre con mis bufandas/pañuelos y guantes de colores, mis pulseras de hilos, mi mochila quechua donde llevaba mi agua, comida, fruta, etc… Y mi humor seguía siendo el mismo.
    Ahora estoy viajando por Asia desde febrero con mi novio y estamos haciendo autostop, quedandonos con locales (couchsurfing) y mis ex jefes pueden ver mis fotos y ver lo que hago. Estoy segura que no están sorprendidos de lo que estamos haciendo…
    Si no puedes ser tu misma… Igual es que ese no es tu lugar…
    yo me considero igual (hablando de personalidad) pero con más experiencias vividas! Un saludo! Anna

    • Ante todo, felicidades por tu viaje. Espero que lo disfrutéis a tope! En segundo lugar… felicidades por la vida que tenías en Holanda y te espera a la vuelta. Evidentemente, siempre hay excepciones o puede que este post no sea para ti. Este post… estas palabras… este «hay luz al final del túnel»… va dirigido a todo aquel que se pasa un año trabajando a tope en su oficina gris y que, contra su voluntad y por obligación, se acaba ahogando en ese color. Va dirigido al que solo tiene dos semanas de vacaciones (porque no se puede coger más) y según llega a su destino, casi está descontando días pensando en la triste vuelta. Va para el que, a pesar de todo eso… no solo no es el mismo de siempre, sino que consigue «cambiar» y ser otro. Saltar. Bailar. Volverse un poco loco a pesar de la otra locura (mucho peor) que le espera de nuevo con sabor de alarma y olor a atasco. Va para los que descubren que en realidad, son otra persona. No para ti. Por eso, te felicito de verdad y te animo, como intentamos hacer nosotros con este blog, a motivar e inspirar a todo aquel que se siente atrapado en el gris y vea que es posible dar el paso para salir de ahí. A los que, como bien dices, si no pueden ser ellxs mismxos… salgan de su «no lugar». Un saludo y muy buen viaje!!!

      • Gracias Ruben por tu respuesta!
        En realidad la vida que llevaba en Holanda no me gustaba. Es verdad que yo siempre me mostré yo misma en la oficina. Pero no me gustaba mi trabajo y por eso lo dejé. Por eso tampoco tengo planes de volver allí.
        Trabajar de algo que te gusta… Es difícil pero es mi meta.
        Cuando disfrutes en el trabajo, me imagino que no se verán los días tan grises 😉
        Espero que sigas motivando a más gente a dar el paso. Un saludo!
        https://m.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

  2. Yo considero estar ‘por el mundo’ desde vuestro punto de vista y estar fuera de mi zona de confort aquí. Esto tiene que ver con el hecho de que mi cerebro esta constantemente eligiendo la lengua en la que se expresa. Soy más lenta al escribir/hablar y más proclive a que me ataque una palabra en la punta de la lengua. Y esto de no poder expresarme como a mi me gustaría, no pocas veces, me agobia. Para mi seria más natural pasar dos horas mirando al infinito sin hablar y esto no parecería extraña a nadie. Bueno, al menos aquí no 🙂 Pero mientras miro, me pongo expectativas. Intentando a cumplir aquellas y/o hacer planes de cualquier tipo, me gustaría verme hablando a mi misma con más mimo. Me gustaría ser así.

    • Ya quisiera yo un cuarto del español que tienes para mi inglés. Entiendo lo que dices. A mí me pasa cuando estamos fuera y nos vemos en medio de conversaciones más allá del «cuánto cuesta esto?» Me frustra no poder expresarme ni al 37% con la fluidez necesaria. Créeme… a mí también me gustaría ser así.

    • Así que eres una especie de superhéroe a conciencia… ¡Con identidad secreta y todo! Cuenta, cuenta 🙂

      • Ja ja, ojalá. La cosa se limita a dejarme barba, vestir como un occidental pirado o ser más extrovertido de lo habitual (sobre todo en Japón, en comparación con ellos soy extremadamente sociable.. 🙂

        • Así que «por aquí» eres más bien reservado y fuera eres una especie de presentador de programa Late Night. Interesante… Ojalá coincidamos (en ambos sitios, claro… por comparar) 🙂

  3. Perfectamente descrito. El motivo de los viajes no es huir de nuestra rutina, intentar ser el otro yo… pero son consecuencias inevitables y hacen que «perdamos el control» que cada día nos lleva con inercia a comportarnos como somos o, como bien dices, como en realidad no somos… pero allá cada cual con sus cargas impuestas, a veces también es difícil desprenderse de las etiquetas… Ojalá todo el mundo hiciese lo que realmente quiere!

    • Sobre la gente que tiene difícil desprenderse de las etiquetas: ese ejecutivo que va serio en el metro y del que pensamos «qué señor tan gris» puede que hace solo dos semanas estuviera revolcándose por una duna… dejándose rodar… gritando… Puede, que incluso él mismo, siendo ahora gris contra su voluntad, recuerde los colores y «se eche de menos». Entonces yo me pregunto: ¿será sana esa desconexión de 25 días que sabe tan a poco y te devuelve con tanta dureza a tu mundo?

        • Claro que sí. Sería terrible solo trabajar. Me refiero a esa sensación nada más volver de pensar en las siguientes vacaciones para las que falta tanto tiempo. Hay gente que lo lleva muy muy mal. Las vacaciones de solo 18 días (porque no queda otro remedio) te dejan a veces «a medias». Desde el día 3 ya estás contando cuántos días faltan para volver: «me queda más de la mitad aún»… «ya solo me quedan 5 días»… Es como no desconectar del todo. Como enseñar el caramelo y quitarlo. Lo que quiero decir es que todo el que se sienta así, debería probar ir un poco más allá porque no debe de ser muy sano ese «coitus interruptus anual». A quien ya le va bien con esas dos semanas, perfecto.

          • Un paréntesis, un «kit Kat», o varios es necesario para seguir e incluso dar lo mejor de nosotros mismos en la rutina diaria. Se suele ser más permeable al entorno ya que no está la presión y las expectativas a veces obligadas del día a dia y, por lo tanto, volvemos con frescura.

          • Totalmente de acuerdo pero… si tan frescos nos sentimos durante esas dos semanas, qué tal si lo hacemos durante más tiempo? Qué crees que pasaría?

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