Bolivia potosi_bolivia_algo_que_recordar_14

Published on mayo 9th, 2014 | by ruben

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Potosí

Del 4 al 6 de abril // Temperatura: 18º // Sol fresquito toooooooodo el rato

Tenías ganas de llegar a Potosí. No sólo porque ya llevabas varios días encerrado en Sucre sino porque hay lugares que sólo por su nombre, te atraen antes de ir. Puede que sean pueblos o ciudades imán con los que tienes algún tipo de conexión con una vida anterior… o que exista un campo magnético entre tu yo individual y el eje espacial del lugar… o que… o que hayas oído mil veces el dicho: ¡Vales más que un Potosí!

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Aaaahhhh… que va a ser por eso. Ya decía yo que lo de las estrellas y las conexiones espacio temporales no iban mucho contigo. Tú eres más de… cómo decirlo… “siento un vacío interior que me inquieta terriblemente… voy a comer algo”. Hablando de comer, no te parece que decir el nombre “Potosí” es como pronunciar el de un dulce: “¿Me pone un potosí de chocolate con una bola de helado de chocolate y un poco de sirope de chocolate para rebajar?” Po-to-sí. Reconócelo… mola decirlo en alto: Potosí… Potosí… A primera vista (aunque llegas de noche), se trata de una ciudad-pueblo bastante bonita. A ver qué tal se ve de día…

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… Pues mucho mejor. Es lo que tiene la luz del sol, que se ve todo perfectamente. El caso es que Potosí, te recibe a 4000 metros. Pocas veces habías estado tan alto y aunque has ido subiendo poco a poco y te has aclimatado bien… se… nota… que… aquí… te falta… el aire. De primeras, te sorprende la cantidad de balcones de madera y fachadas en general que te recuerdan a “tus Islas Canarias”.

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Cinco minutos después de echar a andar, te rodean los cientos de improvisados puestos que venden papas rellenas, salchipapas, “kamisetas” de tu equipo de fútbol, jugos tropicales “hand exprimade”…

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Todo ello aderezado con el vaivén de las “cholas” (señoras con sombrero, coletas y falda ancha) que salpican de color las calles bajo la atenta mirada del Cerro Rico. Esa montaña que antaño fue fuente ingente de plata de gran calidad y que hoy es un queso gruyer que cualquier día (esperemos que no) se va a venir abajo. A esa montaña que gobierna la ciudad-pueblo desde casi 5000 metros de altura van todos los días a trabajar cientos de mineros cuya esperanza de vida máxima ronda los 50 años.

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Como no es lo mismo contarlo, que vivirlo… te apuntas a “una excursión” y te metes dentro de una de esas minas durante dos horas (hojas de coca en boca). Hay que decir que, aunque te parece un momento más que interesante, cuando vives este tipo de experiencias, te sientes bastante mal. Perdón… muy mal. Por una parte ves mundos ajenos e inexplicables en primera persona, aprendes más de la vida que en un año entero de universidad y “te haces cargo de según que situaciones y realidades”.

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Por otro, te avergüenzas de la suerte que tienes y te sientes como un espectador de circo o zoo en el que hay personas que sufren y mal viven para subsistir mientras tú… estás ahí “haciendo fotos” desde la barrera. Ya sentiste algo parecido en el volcán Ijen. Son recuerdos que vuelven y que no dejan de golpearte en la cabeza.

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El caso es que, cuando los mineros te dicen que hace tiempo se acostumbraron a la sensación de “entrar cada mañana sin saber si voy a salir”, te da por imaginar si podrías llevar esa vida ahora. Cuando llevas 30 metros, te crees dentro de una película o de un documental. Cuando estás a más de 600 y llevas tres cuartos de hora allí, guardas la compostura por educación pero… te rompes un poco por dentro. Ya no es “tan divertido”. Sencillamente no, no podrías hacer esto todos los días. Ya no.

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Este tipo de vivencias es parte de un viaje como este. Y alguien me dirá… “muy bien mochilero viajero aventurero… ole tú… has estado con los mineros… en la mina… ¿en qué mejora eso su vida?” Y tienes cierta razón. Mañana subirán a la mina igualmente y no se acordarán de mi. Hoy he ido, les he llevado agua, hojas de coca, algún refresco… he pagado cierta cantidad y me han dicho que un porcentaje es para ellos. En estos casos, lo que dejamos no es mucho… y sabe mal. En otros momentos del viaje en los que las cosas dependen de nosotros y no nos desbordan las circunstancias por todos lados, hemos dejado más. Y no hablo de dinero.

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Con el corazón lleno de tierra… bajas de nuevo a “tu vida normal”. Aún impresionado no sólo por lo que has visto, sino por allá donde tu imaginación te lleva a golpe de pico y dinamita, te pierdes por la ciudad. Un poco de mercadillo que huele a varios “noséqué”…

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… Un poco de las tantas iglesias que abarrotan la ciudad y claro, la Casa de la Moneda. Será allí donde, entre muros que huelen a colonización y barbarie, se aclare el entuerto que te “atrajo hasta aquí”. Atención, redoble… la expresión “vales más que un potosí” se refiere a la moneda de 8 reales de la época y concretamente, a la alta calidad de la plata usada para acuñarla.

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Yo, que prefiero alimentar el corazón de sensaciones antes que llenar la cabeza con información y datos que pasan a peor vida, he creído oportuno aclarar de dónde viene esta expresión que dura a día de hoy y que podemos oír en nuestro mercado de confianza más cercano cuando doña María se lo dice a Juan (el pescadero) por guardarle el mejor trozo de merluza.

Bueeeeeeno… Ya me quedo mas tranquilo por la satisafacción del deber cumplido. Nos vemos en Uyuni… Pero antes, quería comentar dos cosas:

  1. Respeto total a los mineros y a las vidas que llevan.
  2. (Lo siento pero lo tengo que decir) Si has llegado hasta aquí… sí, sí, sí… “vales más que un potosí”.

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7 Responses to Potosí

  1. ANA LUCIA says:

    Cuando descubro un nuevo blog de viajes siempre empiezo leyendo sobre el Perú, mi país natal, o alguno que quiera y conozca mucho. Es mi manera de descriminar qué blog, sigo y cual no. Si es capaz de despertar en mí recuerdos y regresar a esos lugares conocidos, más que seguro que los relatos de lugares no visitados serán todo un descubrimiento. Y hoy me quedo leyéndolos.

  2. Ingrid Barrientos says:

    Hola Ruben, encantada con tu relato sobre mi tierra, sobre mi Potosí querido, es asi como lo perciben, lo entienden y lo sienten y no sabes lo orgulosa q me hacen sentir de ser potosina, triste a la vez porque las condiciones de la gente minera no cambia y el 70% de la población potosina vive de eso.
    Me alegra mucho q les haya gustado la arquitectura, la historia y la cultura de Potosí, sean siempre bienvenidos. Un abrazo y bendiciones

    • ruben says:

      Hola Ingrid! Qué ilusión encontrar un comentario “en Potosí”. Hace mucho que pasamos por allí y sí… nos gustó. Nos gustó el ambiente, las calles, los olores… Pero nos preocupó mucho ese Cerro Rico que cada día es más pobre y que ya es casi un queso gruyer. Ojalá cambiasen las condiciones de los mineros o apareciera otro “mini cerro muy rico” por ahí cerca para que todos estuvierais bien. Un abrazo!

  3. Makuteros says:

    Jo Rubén, que buen post. Aquí son poco más de las 8 de la mañana. Estoy leyendo en el patio de casa, en Graná, con un cafetito en la mano. Sólo nos queda un mes para comenzar el viaje que terminaremos en Bolivia, me encanta leer cosas sobre este país. Os queremos pareja.

    • ruben says:

      Muchas gracias chicos. Sabemos que “estáis ahí”, con nosotros… y que dentro de poco… salís de nuevo a familyrunnear a tope!!! Entonces, os seguiremos nosotros!

  4. Vito says:

    Espectacularmente vívido este relato de tu experiencia y de lo que te generó, querido Rubén.
    Muchas gracias por abrirnos el micrófono de tus diálogos internos.
    Abrazo grande amigo!
    Saludos desde el Sur 🙂

    • ruben says:

      Querida Vito… gracias a ti “por escuchar” al otro lado… Y nunca mejor dicho. Ganas de volver a encontrarnos. Abrazo enorme con beso incluido para mi querido Ross.

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