Nacer, crecer y pasarse una gran parte de la vida en grandes ciudades ha dejado una importante una impronta en nosotros. Sin embargo, con este contexto y en este momento vital no nos sentimos tan cómodos en las grandes urbes.

Nosotros, que siempre fuimos ratas de asfalto que disfrutaban del bullicio y el vibrar de cientos de personas cruzando a la vez un paso de peatones a las 8 de la mañana. Los que éramos capaces de responder una llamada, mientras escribíamos un email a la vez que nos tragábamos un café para llevar y parábamos a un taxi. Los que para respirar aire puro íbamos a los parques o la sierra los fines de semana. Esos mismos que ahora perseguimos lo contrario.

metamorfosis

NOTA: mientras escribo estas líneas una pequeña añarita se ha posado en mi pantalla. Como si me estuviera diciendo… ¿en serio para ver naturaleza teníais que ir a buscarla ? Por cierto… aquí vuelve la arañita.

De este nuevo seguir lo que nos pedía el cuerpo y esperando a que pase el «chaparrón» que está cayendo por ahí fuera la vida nos ha traído a Fuerteventura. Para hacer nuestro nido en La morada de Madera. En esta isla en la que hay censadas más cabras que personas y en la que todo se siente más africano que caribeño.

Inspirados por un nuevo entorno y una forma de vida totalmente diferente a la de las ciudades surgieron esta serie de publicaciones en instagram para hablar de cómo esta siendo el proceso de metamorfosis de ratas urbanas a cabras majoreras.

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El desierto

La nada. El silencio. La arena. El malpaís. La vida en el desierto es la constante meditación que ayuda a ordenar pensamientos, clarificar ideas y crear desde dentro. Cuando del horizonte desaparecen las distracciones lo único que queda eres tú y tus pensamientos. El desierto es un espejo gigante que te devuelve tu reflejo. Por eso, algunos se sorprenden, otros se quedan atrapados y muchos otros huyen espantados. Qué miedo da encontrarse a veces contigo a solas.
Fuerteventura es arena y polvo que se mete por todas partes. Los recién llegados creemos que a base de mopa y escoba, podremos con el desierto. Hasta que poco a poco vamos entendiendo que solo queda rendirse ante su profundidad. Mirar nuestro reflejo. Aceptar los defectos. Abrazar los demonios. Sonreírle a los miedos. Descubrir que en la nada, en ese lugar en el que lo único que podemos hacer es “ser”, la felicidad nunca tuvo que ver con algo o alguien que estuviera en el exterior.
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El viento

“En Fuerteventura nos salva el viento, que se lo lleva todo”. “Si no soplara el viento, aquí nos moríamos de calor.” – dicen los habitantes de la tierra del viento. Con viento nos recibió la primera que vez que vinimos en tienda de campaña. Por eso, nos gusta decir que Fuerteventura, muestra su cara más salvaje en sus primeras citas. Es la forma que tiene de protegerse de los que no están hechos para ella. O no es su momento. O andan buscando fuera, lo que no encuentran dentro.
El viento es el que marca la orientación de la vida. Las casas se construyen pensando en el viento. Los planes cambian en un par de minutos en función del viento. No tardarás mucho en descargarte una aplicación que te diga, cómo, cuanto y de dónde sopla el viento.
El viento en Fuerteventura, nos obliga a ser flexibles. Porque donde hace un rato se estaba bien ahora no hay quien se pare. A buscar alternativas, porque muchas veces es solo cuestión de cambiar nuestra posición y buscar un zoco o un corralito para que el vendaval no nos afecte.
El viento mueve las cometas de los kitesurfistas y empuja las tablas de los windsurfers. El viento nos despeina, todo el tiempo. Nos obliga a mostrarnos tal y como somos a los demás. El viento seca la ropa de tres lavadoras en una mañana y termina con las gotas de tu cuerpo antes de que te tumbes en la toalla.
El viento suena, silva, canta y grita. Unas veces sopla muy fuerte y otras, sin embargo calla. “Así es esta isla”. La isla de la buena ventura.
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El salitre

El salitre es el perfume natural que lo inunda todo. Decía Eurípides que el agua de mar cura todos los males del hombre. La brisa marina, cargada de iones negativos, restablece el equilibrio nervioso y estimula la renovación celular. Respirar las pequeñas gotas saladas que quedan suspendidas en el aire da sensación de bienestar y relaja.
El salitre se cuela por las grietas de las rocas formando pequeñas salinas. Se pega en las cejas, en las pestañas y en el pelo. Seguro que conoces esa sensación de “mmm… ya huele a mar” y ahí empiezas a relacionarte con el salitre.
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Los volcanes

Isla de viento y de fuego. Otra de las grandes fuerzas que habitan en Fuerteventura: la de las entrañas de la Tierra. Se parecen a las montañas, pero a diferencia de ellas, en algún momento, dejaron salir la furia del interior de nuestro planeta.
Volcanes salpicados por el horizonte. Coladas de lava. Tubos volcánicos. Calderón Hondo, Escanfraga, Bayuyo, Volcán de la Arena… Están dormidos pero hubo un tiempo en que no lo estuvieron.
NOTA: Fuerteventura es uno de los 150 lugares de interés geológico mundial definidos por la Unión Geológica Internacional. Emergida desde hace unos 22 millones de años, es la isla más antigua del archipiélago canario.
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La arena

En la dunas, en las playas, en los caminos, en las ventanas de los coches y hasta en tu cama. En Fuerteventura somos ¾ partes de agua y el ¼ restante casi seguro que de arena.
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La marea

Baja y abre caminos para llegar a cuevas en las que buscar tesoros escondidos. Sube y todas las grutas desaparecen. Baja y deja charcos y pozas en los que podemos bañarnos. Vuelve a subir y más te vale salir de allí a tiempo.
Los habitantes de esta tierra saben diferenciar entre supermareas, mareas vivas y muertas, solares y lunares, altas y bajas. Saben cuando viene “reboso” y donde hay una piedra isla en la que descansar en medio del nado. Esperan a las mareas para pescar, para surfear, para pulpear, para bucear. Esperan. Porque saben que después de bajar, vuelve siempre a subir, para volver a bajar de nuevo. Las mareas y la vida.
Y hasta aquí la serie que trata de explicar un poquito más de las peculiaridades de una isla que nos tiene enamorados por un montón de motivos, además de los aquí mencionados. Pero esos… ya forman parte de otra historia.
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