Consejos felpudo de bienvenida

Published on julio 2nd, 2018 | by lucy

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Mi hogar es donde mi familia está…

… o como dice la cita en inglés, “home is where your heart is”. Así es como nos sentimos cuando estamos de viaje.

Para nosotros, la palabra “casa” tiene más que ver con estar juntos, que con que el entorno que nos rodea sea el mismo.

En el último año y medio hemos dormido en unas 100 camas diferentes entre habitaciones de hoteles, albergues, moteles, tiendas de campaña, alquiler de departamentos y también casas de intercambio. Ahora que Koke ya tiene un año y medio, muchas veces nos hacen la pregunta de si no extraña su cama o si duerme bien por la noche. El caso es que hasta la fecha, no ha demostrado ningún síntoma de que estos cambios le afecten mucho para conciliar el sueño. Cada vez que llegamos a un nuevo lugar, asume rápidamente que ese sitio sea el que sea va a ser nuestra casa durante un tiempo, igual que nosotros.

intercambio casas

Nuestra casita estadounidense junto al Parque Nacional de Yosemite

Desde que somos tres y practicamos el intercambio de casas, tener la sensación de que llevamos en un lugar toda la vida, es una cuestión de segundos.

Teniendo en cuenta que somos grandes aficionados a “los viajes largos”, el intercambio de casas se ha convertido en nuestra fórmula de alojamiento preferida (desde que somos familia) por todas las ventajas que tiene por encima de otras posibilidades. Es después de mucho tiempo fuera, cuando se hace más que necesario parar y sentirse en un hogar de verdad. Casi de manera espontánea y sin haberlo meditado mucho, nos hemos dado cuenta que hemos ido desarrollando nuestros propios rituales que emulan esa sensación de estar en nuestro nido.

Rituales para sentir que estamos en casa…

– Nada más entrar, nos quitamos los zapatos. Después de viajar por Asia es una costumbre que hemos hecho nuestra. Estar en casa significa estar descalzos. Lo contrario es como estar de visita. Si es invierno, con calcetines gruesos. Si es verano, descalzos (pero las suelas que pisan la calle no pasan de la entrada de nuestro hogar). El primer día además, hacemos una rápida primera exploración para tener claro cual es el espacio del que disponemos y si hay algún objeto delicado que corra peligro en manos de Koke para ponerlo en un lugar seguro. Miramos cuales son los utensilios que hay en la cocina, si hay plato de ducha o bañera, si podemos acercar la cama a la pared… En definitiva, hacemos un reconocimiento y “recolocamiento” del que será nuestro hogar. No lo hacemos con espíritu de curiosear cajones ni mucho menos, más bien porque la sensación de no saber lo que hay en casa nos lleva a sentir que no estamos en casa.

baño infantil

Si hay juguetes damos saltos de alegría

– Nos tomamos el primer café de muchos. Aunque sea de  los de sobre de 3 en 1. Imaginamos que los amantes del té también tienen esa misma placentera sensación cuando dan un sorbo a su taza. El sabor del café en taza (no en vaso de plástico o cartón de gasolinera) nos transporta directamente. Es una especie de bautizo del nuevo hogar, por decirlo de alguna manera. Es cierto que no hace falta estar en casa para ello, pero cuando llevamos semanas en las que siempre son otros los que nos sirven el café, nos gusta esa sensación de “hacérnoslo” nosotros mismos. 

– Preparamos un rinconcito para poder trabajar. Desde que traviajamos, tenemos mucho más cuidado con los equipos que utilizamos para desarrollar nuestro trabajo. Eso implica que cuando estamos en un hotel, tenemos que guardar bajo llave los ordenadores y la cámara cada vez que salimos a la calle. No sabéis el gusto que da no tener que meterlos y sacarlos por unos días. Con qué poquito somos felices…

Traviajando por el mundo

– Sacamos toda la ropa que llevamos, la colocamos en el espacio que encontramos para ello y guardamos las maletas o mochilas en un lugar que no esté a la vista. Tener las maletas por en medio llena de ropa asomando, nos da la sensación de que estamos de paso. Especialmente pasa con las mochilas, ya que tenemos un vínculo de amor que solo los que han viajado con ellas entienden.

Nota: me pongo los dedos en los ojos y repito en alto: “mi nombre es Lucía Sánchez y confieso que le he puesto nombre a todas mis mochilas”. De momento han sido dos pero verdaderamente siento como si hubieran sido auténticas compañeras de viaje.

Pues aún con todo ese amor desorbitado, cuando llegamos a una casa, nos damos un respiro. Puede parecer una chorrada pero hemos descubierto que verdaderamente ayuda no tenerlas a la vista por unos días y volver a encontrarnos con ellas cuando se produce el siguiente desplazamiento. Además de que a nivel práctico a la ropa no le viene mal airearse de vez en cuando un poco (esto último ha quedado muy de maruja).

ropa colgada en perchas

Hasta parecemos ordenados y todo

– Hacemos una compra de comida para los próximos días. Una de las cosas que más nos gusta de esta forma de alojamiento, es poder hacernos nuestra propia comida. Irse de vacaciones y comer unos días fuera no es un problema. Irse de viaje tres meses y comer fuera a diario (y más veces de las que quisiéramos, mal) se convierte en un dolor de cabeza. Los últimos dos años los hemos pasado prácticamente todo el tiempo de viaje. Para nosotros, tanto nuestra alimentación como evidentemente la de Koke, son muy importantes. Por eso, aunque nos encanta comer en todo tipo de restaurantes mejores y peores, también disfrutamos con la comida casera. Empezar el día con un buen desayuno todos juntos y hacer al menos una de las comidas principales dentro de casa es un hábito que no siempre podemos permitirnos cuando estamos en movimiento. Así que cuando tenemos casa, solemos hasta llevarnos la fiambrera para hacer picnic de comida casera.

– Ponemos una lavadora con toda la ropa que necesita entrar en boxes. Día de “laundry”, día de alegría. Eso es así. Y el que no ha sufrido viendo como se acaba la ropa interior de la que tirar sin ninguna lavandería a tres días vista, no conoce la verdadera emoción de la adrenalina. Tener toda la ropa limpia es claramente estar en casa y lavarla en una máquina que no la encoge, destiñe o machaca, un lujo.

bebe en lavadora

A la lavadora ¡y punto!

– Nos echamos alguna siesta en el sofá. En cualquier alojamiento uno puede echarse la siesta en la cama. Sí, es cierto. Pero no es lo mismo. No es lo mismo planear acostarse a que una siesta te pille por sorpresa y eso es algo que pasa en tu casa… normalmente en un sofá. Así que cuando estamos en uno de nuestros hogares por el mundo, dejarse atrapar por una siesta improvisada es casi tan delicioso como medio kilo de helado (otra cosa que por cierto, tampoco podemos permitirnos normalmente en un motel).

– Ponemos música y bailamos. Esta ha sido una de las nuevas incorporaciones que hemos hecho desde que Koke está con nosotros. A él le encanta y gracias a que sabemos que le gusta, nosotros nos animamos a hacerlo también. Tenemos nuestras canciones que nos acompañan por el mundo y vamos ampliando la lista poco a poco.  

siesta en el sofa

La siesta, esa gran costumbre

– Nos despedimos de la casa cuando nos vamos. No lo hacemos cada día, solo el último y así es como Koke entiende que el viaje sigue. Saca su manita y le dice adiós a la casa y a los juguetes que se ha encontrado dentro.

Vivir en una mansión o un departamento, en una casa con jardín o sin él, en un ático o en una campervan… no son diferencias definitivas para sentirse a gusto. Puedes estar en la casa más grande del mundo mundial del rascacielos más alto y sentirte peor que en un pequeño piso en el que por las tardes, entra una luz que te enamora. Las sensaciones placenteras y de seguridad que tenemos cuando estamos en el hogar, no tienen por qué depender de elementos materiales, sino más bien de un estado de bienestar que procede del interior de cada uno. Que nuestras decisiones vitales no dependan de la necesidad de tener una serie de cosas, son algunos de los beneficios terapéuticos que más nos gustan del viaje. La clave: “tenernos a nosotros mismos” con nuestros usos y costumbres.

 

Nota: si quieres saber más sobre el intercambio de casas, te explicamos cómo funciona este sistema que nosotros hacemos con Guesttoguest.


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7 Responses to Mi hogar es donde mi familia está…

  1. Martin Mak says:

    Una frase que me gusta mucho es “Home is where you drop the anchor”, así lo vengo llevando y me va súper.
    Saludos Lucy

  2. Tamara says:

    ¡¡Que bueno!! Mientras lo leía me sentía totalmente identificada. Sobretodo en lo de bailar, cocinar, hacer lavadoras, lo del cafe, lo de quitar de en medio las cosas con peligro de romperse…. definitivamente, creo que menos la siesta en el sofa, seguimos un ritual similar cuando paramos en una casa por unos días. Es más, cuando llego a una nueva casa en la que sé que nos quedamos unos días siento que me sale la vena de “mama ama de casa” ( que sinceramente no suelo tener), y lo disfruto un montón.

    Tenemos ganas de probar esto del intercambio de casas que hemos acumulado algunos puntos y nos gustaría usarlos. A ver si conseguimos alguno pronto.

    ¡Un abrazo familia!

  3. Lourdes says:

    Aun no hemos probado esta opción pero nos motiva mucho la idea de hacerlo. Quizás lo planteemos para nuestro próximo viaje largo en família ❤️ Esos detalles que tenéis para seguir sientiéndose en casa son divinos.

    • lucy says:

      Lo malo de probarlo una vez es que engancha. Ya nos contaréis qué tal la experiencia 😉

      Hace mucho tiempo hablé con una familia nómada intrigada por cómo lo hacían ellos con sus hijos. Me respondieron que viajar en familia es psicológicamente mucho más sencillo que viajar en pareja o solos porque tu arraigo y lo más importante de tu mundo, se mueve contigo 🙂 Entonces no lo entendí. Ahora sí y seguro que vosotros también. ¡Un abrazo familia!

  4. Pues mira que yo no le he puesto nunca nombre a una mochila… Lo de la taza de café y lavadora es lo más.
    Claro que sí, estar en casa es estar descalzos!

    • lucy says:

      Pues ya que sacas el tema… Mi primera compañera era “Cuasimoda”, mochila casi más vieja que yo, sin refuerzos, que heredé de mi padre y con la que me inicié en el mundo de los viajes. Por lo poco técnica que era no debería habérmela llevado a la vuelta al mundo (le salían achaques por todas partes) pero merecía un final glorioso así que terminó con cremalleras rotas el viaje y pasó a mejor vida. La que tengo ahora se llama “La Negra”. Transpirable, con refuerzos, ultra ligera… otro rollo. Como su propio nombre indica es negra y se llama así porque la primera vez que mochileé por Sudamérica me dejó flipada que dieran esos motes a la gente con todo el amor del mundo “la negra, el flaco, la gorda, el chino, la polaca…” Y me encantó esa forma tan honesta de dirigirse a los amigos. La Negra hizo el massala y algunos países del chincheta trip. La verdad es que la echo de menos porque últimamente estamos usando una maleta para los tres, pero sé que en cuanto Koke pueda llevar la suya propia, volveremos a reencontrarnos. Y hasta aquí mi rollaco 🙂 A la furgo sí que le has puesto nombre ¿eh?

      PD: A Rubén intenté convencerle de que bautizara a las suyas pero no hay manera de que me siga el rollo.

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