Del 15 al 16 de julio de 2013 // Temperatura: 32º // Nubes y claros… muy agradable

Hangzhou es, según el Gobierno Chino, la la ciudad más bonita del país… ¡Qué aventurado me parece hacer semejante declaración! A veces, este tipo de sentencias son fruto de la subjetividad y el amor que cada uno le profesa a «su tierra» pero… que te lo diga el Gobierno Chino… No sé… ¿Qué pensará el resto de personas de por aquí que viven en ciudades más que estéticas? Y ahí estás tú, sentado en el coche de Cheng cual «señorito adinerado» entrando en Hangzhou y sólo ves grupos de experimentos de clonación de edificios de 30 plantas o más (¡cómo serán esas comunidades de vecinos!)… te fijas en otros de 5 o 6 plantas con miradores cuadrados y vinilados en verde o azul en todo lo alto… carreteras… puentes… y piensas: «ya me la han liado». Pero cuando la inquietud, el malestar general y los síntomas de resfriado te invaden… llegas al casco antiguo y como suele ocurrir en todas partes dices… «Ah, bueno».

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-Breve inciso- Es muy triste que nos hayamos vuelto tan locos construyendo una cantidad ingente de edificios «desinteresantes» que acumulan «cuerpos en pena» encima de otros a costa de construcciones que formaban parte de la identidad de una gran urbe. Eso sí, ahora ensalzamos ese escaso legado para que sea el «corazón» de cualquier gran, poco pensada e impersonal ciudad. Ojo… que no estoy hablando sólo de China.

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Volvamos al casco antiguo de Hangzhou… Sí, esto es otra cosa. Varias calles con un montón de casas de tejados a cuatro aguas… con sus columnas de madera… y sus… espera, espera… ¡Y sus tiendas! Sí, todas las casas de la parte antigua son tiendas de ropa, té, dulces… Bueno, más de lo mismo, esto lo he visto en otras partes también: reclamo concentrado – turistas acumulados – tiendas encantadas (de conocerse) que no encantadas (de magia).

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Y llegas al lago. Porque sí… hay un lago en Hangzhou. De hecho, es lo que da fama a esta ciudad y, como no han podido construir edificios dentro, se ha quedado así. Pero ahora sí que sí. Ahora… dando un largo paseo a su alrededor… viendo «la gente pasar»… te relajas y entiendes que ha merecido la pena venir hasta aquí. Andas. Andas un poco más. Otro poco… y sin darte cuenta, llevas dos horas alrededor del lago. «¿Habrá que pensar en ir volviendo, no?» Entonces, eliges un camino por el que no has venido a ver qué hay y apareces en la calle Dama Long. Te encuentras con un mercado en el que no hay turistas pero sí ranas, anguilas y «huevos de colores». Hay fruta que no habías visto nunca y verduras como traídas de otro planeta. Sales de allí y, dejándote llevar por la curiosidad, llegas a una pequeña calle donde sólo los chinos están comiendo (buena señal). Te plantas delante de unas «enormes croquetas marrones» y descubres que son pollos cocinados dentro de arcilla. Sigues andando y llegas a Zongshan South Road y ves todo tipo de brochetas: carne, verdura, arañas, escorpiones, caballitos de mar, gusanos… Y te decides por el pollo dentro de la croqueta gigante. Valor el justo. Un zumito de mango para bajarlo todo… y al hostel.

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Un hostel que te ha costado sólo 15€ y que tiene patio interior chino y una habitación con dos alturas, aire acondicionado y baño privado con mampara. Y entonces piensas… mirando hacia las vigas de madera: «Vaaaaaale… mola Hangzhou».

 

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