Y entonces llega el día en el que Lucy te dice que quiere hacer el vipassana…

  • Quiero hacer el vipassana en India…
  • ¿Y eso qué es?
  • Una especie de reclusión para meditar durante 11 días y conocerte más a ti mismo.
  • Ahá…
  • No puedes hablar, leer, escribir, hacer ejercicio físico…
  • Ahá…
  • ¿Quieres hacerlo conmigo?
  • Sí… bueno… no… es que…

A ver, que no es que uno no tenga vida interior, que la tiene aunque sea escasa y poco astral peeeeero, si no sientes la necesidad o no tienes las ganas de hacer algo así, mejor no hacerlo. No te llama mucho la atención eso de mirar al infinito y autoanalizarte para ser mejor contigo y con el universo. Si a eso le añadimos que la paciencia no es una de las virtudes que te tocaron de serie y que no puedes estarte quieto en la misma postura ni cinco minutos… mejor te vas a Rajasthan y todos tan contentos.

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Así, de esa manera tan poco buscada… empieza «el reto».

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Y mientras Lucy hace el vipassana, ahí estás tú, en medio de Jodhpur convertido en viajero solitario de la noche a la mañana por decisión divina. Después vendrán Udaipur, Pushkar y Jaipur. 11 días para ver qué sientes viajando por ahí sin la persona con la que has estado 24 horas seguidas durante los últimos tres años y medio.

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A decir verdad, en un primer momento, no sientes nada nuevo en tu interior. Sabías que no ibas a hablar mucho porque esa, no es tu función durante el viaje. Nunca fuiste una persona amante de esas largas conversaciones que se enlazan con otras mágicamente y que no van a ningún lado. Tú, no eres así. No provocas ese tipo de situaciones. Lo tuyo es observar. Tenías claro que eso es lo que harías… y que casi te pasarías los 11 días hablando lo mínimo posible. Haciendo fotos… escribiendo… dibujando… pensando… mirando…

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En Jodhpur, te limitas a pasear por el Mehrangarh Fort, el Jaswant Thada y el Ghanta Ghar. Te tomas un chai cada vez que la lluvia aparece, te abonas a los tali y fotografías todas las casas azules que te encuentras por el camino.

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Se podría asegurar sin miedo al error que no eres muy sociable. Definitivamente, no lo eres. No te encantan las constantes interacciones que empiezan por “¿De dónde eres? ¿Primera vez en India? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Hasta cuándo te quedas? ¿Te gusta India?” Sencillamente, es un peaje que te cuesta pagar enormemente. Una vez quisiste ir un poco más allá y, después de responder al interrogatorio de turno, te dio por preguntar ¿si tuvieras que decir que es lo que más y lo que menos te gusta de tu país, que sería? Resultado… colapso mental.

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En Udaipur sacas tu lado más bohemio. Aparte de alucinar con el City Palace, el Jagdish Temple y el Bagore-ki-Haveli, te dedicas a recorrer de un lado a otro el lago Pichola. Aunque la lluvia estropea lo mágico del momento, te encanta su nombre… Pichola. El pulao rice es tu mejor compañero y le das duro al mango lassi. El gris del cielo se apodera de tus fotos y encuentras un animando consuelo en la música de Human Fields.

Como nota diferencial en cuanto a “tu estado viajero anterior”, las decisiones son inmediatas y unilaterales. Madrugas y sales pronto a conocer mundo. Cuando quieres. Sin retrasos. Por otra parte, se producen fenómenos hasta ahora desconocidos como que el profesor de dibujo del hostel en el que estás te ofrezca un masaje gratis en tu habitación que tú rechazas elegantemente y te asaltan momentos que te gustaría poder compartir para que se conviertan en algo que recordar.

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Ya en Pushkar, entre ghat y ghat te dejas ver por el Brahma Temple, el Rangji Temple y el Naya Rangji Temple. Te abonas a los sandwichs vegetales y te da por tomar milk coffee. La lluvia no se quiere perder tu paso por Pushkar y se hace una con el barro, los regalos sagrados de las sagradas vacas y tus ya mundanos y permanentemente asquerosos pies.

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En cuanto a los progresos que vas haciendo con tu vipassana personal, caes en que dentro de poco va a ser tu cumpleaños y que te queda mucho mundo por ver. Un mucho, que quieres que sea con Lucy porque… va más lento, te mete en líos y hace que todo sea mejor. Incluso tú.

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Mientras todo esto ocurre por dentro, se te rompe una chola y el barro y tú, sois uña y mierda. Cuando consigues que te la cosan por 50 rupias, se acerca una chica gipsy para que le des la mano y te pinte con gena. Amablemente rechazas el ofrecimiento mientras el “zapatero ambulante” te ofrece los servicios íntimos de la chica que, educadamente, también rechazas.

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Ya en Jaipur y siempre bajo esa fina lluvia con la que tanto has llegado a intimar, pasas por el Ambert Fort, el City Palace, el Iswari Minar, el Jal Mahal, el Hawa Mahal, el Jantar Mantar, el Birla Mandir y algún Jal… Tal o Mahal más que eres incapaz de recordar ya. La ciudad se te hace grande y algo hostil al paseo.

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En el hostel, se te acerca una chica que se presenta como suiza y cuya conversación es de la categoría «de dónde vienes y a dónde vas». Lo más sorprendente es que cuando le cuentas un poco tu historia y que tu novia está haciendo el vipassana, se acaba repentinamente la charla.

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Llega el día 11 y te quedan un par de trenes para llegar a Karnal a ver qué ha sido de Lucy, de su reclusión y sus conclusiones. De su encuentro interno y sus sensaciones externas. Esperas que no te la hayan cambiado mucho porque ya te gustaba cómo era antes… con su pereza matutina, con sus preferencias low cost ante cualquier tipo de transporte y hospedaje, con sus decisiones siempre arriesgadas y con todas esas cosas que tú, no has hecho durante estos días porque eras el que decidía unilateralmente.

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Y te das cuenta…

Te das cuenta de nuevo de que admiras notablemente a los viajeros solitarios. Sus vacíos. Sus depresiones invisibles. Su capacidad de relacionarse. Su capacidad de aguante. Su lucha personal con el sexo, el amor y lo incontrolable de ambos. Te das cuenta de que tú, que te creías tan independiente, no lo eras tanto. De que Lucy te hace mejor mochilero, mejor viajero y mejor persona. Te das cuenta de lo vulnerable que puedes ser… y de lo mucho que necesitas a los demás aunque pensaras que no es así. Te das cuenta de que eso de estar a solas con uno mismo y conocerse un poco, aunque sea a tu manera… no era una tontería para modernillos espirituosos que comen lechuga y miran al horizonte a pesar de tener los ojos cerrados. Te das cuenta de que el vipassana fuera, no te ha venido nada mal. Y claro… te preguntas de qué te habrías dado cuenta si hubieras hecho «el vipassana dentro».

20 Comentarios

  1. Definitivamente me voy a cambiar de bando Rubén. Ya he aprendido mucho como viajero en solitario pero es que con una chica que te hace mucho mejor… no hay color tío…

    Lo que me cuesta decir esto oye. jajajaj.

    ¿Deberíamos hacer un post Viajar en solitario VS viajar en pareja, lo mejor y lo peor?

  2. No es que quiera que os separéis de nuevo, pero es que en este post «solitario» los has bordado y me ha encantado.
    Me ha recordado a mis experiencias conmigo mismo y me he sentido muy identificado.
    Como siempre, tremendas fotos.
    Un abrazote!

    • De momento, vamos a tener que dejarte «con las ganas». No tenemos pensado separarnos por ahora 😉 Mil gracias!

    • Oye Marc… ¿pero tú de que lado estás? A ver si ahora se va a crecer y se piensa lo de independizarse 😉

  3. A ver…

    Estoy medio esperando que me interrumpas 😉

    En retrospectiva no estoy tan segura que “saludos” fríos esos estaban fuera de lugar en los pueblecillos indios de desierto…

    Y ahora ¿qué? El reto 2.0 es hacerlo de nuevo pero al revés? O a la vez?

    • Mia… sabes que yo no valgo para hacer el vipassana de verdad máxime si tenemos en cuenta que no me ha salido bien hacer «el de mentira». Un reto nuevo? Mmmhhhh… puede ser…

  4. Me encanta esta entrada! Hay que ver como has aprovechado el tiempo… Lo mejor: la charla (repentinamente abortada) de la mochilera suiza, ja ja (que no se entere Lucy! 🙂

    • En cuanto me despisto… Algo me decía mi sexto sentido cuando meditaba allá por Karnal. No se le pude dejar suelto a este Rubén. 😉

      • Ja ja, solo, extranjero y en la India… era imposible que no surgieran oportunidades! Pero se portó fenomenal…!

  5. A fines de Agosto empiezo mi primer viaje sola!, son «solo» 2 meses pero muchos miedos que vencer!, al igual que tu no soy lo más sociable pero decidí lanzarme! 🙂

    • Felicidades por tomar «la decisión». No te arrepentirás y poco a poco… verás que «no estás sola». A disfrutarlo!!!

  6. Lucy es tu alma gemela ¡¡que bueno!! se nota que la echaste mucho de menos.
    Como el anuncio de movistar, la vida compartida es masss.
    Besos grandes a los dos.

  7. Que genial! como viajero solitario me sentí muuuuy identificado en este vipassana en el exterior…. me ha pasado de pasar por ciudades enteras sin hablar con nadie, mirando solamente. Es fuerte también! saludos desde lejos 😉

    • Con la de kilómetros que tienes a las espaldas tú… me encanta haber podido reflejar un poco de lo que se siente. Pero sí, eso de estar como espectador, tiene algo, ¿no? Algo que engancha.

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