Nota 1: este post no tiene fotos porque… hacía un día tan malo que no nos atrevimos a sacar la cámara de cuya marca no vamos a hacer publicidad porque ni nos patrocinan ni nada. Vale que no ponemos publicidad pagada pero… ponerla gratis… pues tampoco.

Nota 2: es un post largo. Demasiado. Si no te gusta leer mucho y entras aquí por las fotos… vete. No es para tí. Sin compromisos.


 


 

Del 14 al 15 de junio // Niebla, frío y lluvia // Unos… 17º diría yo

Partimos de que “no les caes bien a los animales”. El primer paso es reconocerlo y será por eso por lo que sueles presumir tanto de que tienes mejor suerte con la climatología y con las personas. Así que, vas a por Adam´s Peak con la tranquilidad de que vas a ver el mejor amanecer que hubo nunca ni habrá. Para ello, hay que subir la nada desdeñable cantidad de cinco mil y algo escalones (cuenta que pierdes cuando llevas contados unos 274). Como la oferta es tan amplia, hay escalones de todo tipo. Los hay altos que permiten poner a prueba tus cuádriceps, los hay anchos y cómodos, los hay estrechos donde casi no te cabe el pie e incomprensiblemente bajos, donde no te cabe la pericia.

Cuenta la leyenda que Adam´s Peak fue el primer lugar donde Adán puso un pie en la tierra. Y es la noche de antes cuando te preparas mentalmente para semejante encontronazo con la historia zumo de mango en mano. En ese momento, se os acerca un chino que, en un humilde inglés parecido al vuestro, os pregunta si vais a subir a Adam´s Peak esa noche.

Nota: porque sí, empezará de noche la cosa, para ver el amanecer y subir cinco mil y tantos escalones… recomiendan salir a las 02:00 hora zulú.

Tú, que aunque aún te estás preguntado por qué viniste, no tienes dudas de que si ya estás en Dalhousie es para subir, respondes que sí. Y es en ese momento, cuando se produce una torsión en el lado de la fuerza y el sujeto te pregunta si él y su mujer (que no levanta la mirada del móvil) pueden subir con vosotros.

Inciso: no tienes nada en contra de los chinos. Es más, te encanta China y ya dejaste por escrito que: “los chinos de los chinos, no son los chinos de China”. El caso es que estos chinos están fuera de China y… ya sabes cómo se las gastan cuando hacen turismo. Normalmente no paran de hablar entre ellos, no les gusta andar, están haciendo fotos constantemente a cualquier cosa y sin ningún tipo de criterio ni sentido y se meten delante de las tuyas como si fuera un deporte nacional.

Y después de tres segundos de tensión y suspense… dices que sí. Dices que sí porque vas por la vida de mochilero buenrollero. Porque al parecer les da miedo subir solos. Por educación. Y porque… seamos sinceros… no te lo esperabas y te ha pillado a “no cambiado”.

Después de una breve charla, te quedas pensando en el porqué de los acontecimientos y lo caprichoso del destino. Dudando de si estarán despiertos a las 02:00 tango delta charlie. De si llegarán arriba. De si te van a hacer parar cada 2 minutos. De la existencia en sí. Del de dónde venimos y a dónde vamos.

Tititití… titití… titití… titití… titití…

Es la 01:30 y te levantas con las mismas ganas de subir escalones que de enrolarte en un pesquero por el Pacífico durante tres meses con olas de cinco metros. Pero es en ese momento cuando brota el espíritu competitivo del ser humano contra los elementos y te prometes que los cinco mil y pico escalones no van a poder contigo. Para tu sorpresa y tranquilidad, los chinos llegan puntuales. Es en este momento cuando se presentan y dejarás de llamarles “chinos” para llamarles por su nombre. Él se llama Yong Zen y ella Lian (aunque no habla nada de inglés).

La oscuridad es intensa por no decir absoluta cuando empezáis a subir. Hay niebla. Mucha. Y parece que ha llovido… Dos grandes pistas que dan que pensar en que un futuro peor es posible. Hay que reconocer que Yong Zen y Lian te sorprenden positivamente…

(Foto de un par de haces de luz que salen de sus respectivas linternas aquí)

Aunque piden parar de vez en cuando, su ritmo es muy bueno y constante. Vais charlando y Yong Zen te cuenta que nació en el Tíbet y que ahora vive en Beijing. Te dice que están de vacaciones por varios países para ver los templos y estupas budistas más importantes que existen. Transmite mucha paz hablando y tiene una mirada muy limpia. Aunque Lian no dice nada, te hace mucha gracia… en general. Aún no sabes porqué.

(Angustiosa foto en la que, a pesar de la oscuridad, se intuyen los miles de escalones que hay por delante. Se trata de una foto difícil por la poca luz que hay… pero está muy lograda)

Durante el camino, le sube una sanguijuela por la pierna y aplicas todos tus conocimientos aprendidos con estos animalejos de bien cuando os perdisteis en la jungla de Taman Negara y tuvisteis que dormir en un árbol. Al rato, adelantáis a un grupo de chicos asiáticos y os adelantan un par de parejas europeas. Hay que reconocer que nunca habías visto tantos escalones juntos y poco a poco empiezas a pensar en que, cada escalón que subes… tendrá que ser bajado en algún momento.

(Foto de occidentales apretujados unos contra otros y apoyados en una pared bajo la luz de una pequeña farola aquí)

A eso de las 04:20 llegáis arriba del todo. Es de noche, hace un viento que ya lo quisieran cien molinos y falta una hora y pico para el amanecer. La pregunta es… ¿por qué nos han dicho de subir tan pronto? Allí ya hay 4 parejas y un grupo de tres amigos (todos occidentales) muertos de frío intentado pegar ojo. Tú te solidarizas mientras poco a poco empiezan a llegar todos los asiáticos (en chanclas, claro).

(Ecléctica foto de densa y blanca niebla que todo lo cubre aquí)

Pasan los fríos minutos y se empieza a aclarar el día. Sin noticias del precioso amanecer. En su lugar, una cantidad ingente de nubes que no dejan ver más allá de tres metros. Chispea. Sigue el viento. Y para más pimienta… empieza a correr el rumor de que en “low season” no abren la puerta del templo… ¡¡¡¿Cómo?!!!

(Desgarradora foto de la puerta del templo cerrada con un par de cabezas de espalda a cámara como mirando hacia dentro por haber estado tan cerca y a la vez… tan lejos)

Sabías que en época de peregrinación encienden luces por todo el camino (haciéndolo más vistoso y tal) y tú aceptas perderte eso. Aceptas también que, en low season, puede hacer un día malo malísimo como este en el que no se ve nada de nada. Lo aceptas, claro que sí. ¡Viva el fair play! Pero… ¿que no abran el templo? Vamos a ver… si hacéis eso… ¡no dejéis subir a la gente hombre!

La resignación hace mella en la ilusión de la gente y poco a poco… los occidentales empiezan a irse y te quedas con todos los asiáticos. Te llama mucho la atención este movimiento de mareas al que le intentas buscar una explicación. Lo primero que te viene a la cabeza es: la paciencia… o más bien, la ausencia de ella. Con el paso de los minutos y de las recurrentes nubes, los asiáticos también desisten y al final… solo quedáis vosotros cuatro. Piensas en que cuando bajes y a pesar del sueño y el cansancio, tienes que coger dos autobuses para llegar a Kandy pero… de alguna manera, hoy sois compañeros y, si subiste con Yong Zen y Lian, bajarás también con ellos.

Entonces… Yong Zen saca una tela naranja de la mochila, se la enrolla, llama a una puerta de unos barracones aledaños de donde sale una especie de vigilante desaliñado y se pone a hablar con él. En el transcurso de la conversación, saca un billete de 1000 rupias (6,7€) y se lo da. Minutos después, el vigilante sale vestido de monje y nos abre la puerta del templo para nosotros cuatro.

Yong Zen y Lian dan tres vueltas en sentido de las agujas del reloj al templo, encienden tres inciensos y rezan un poco. En sus caras, se dibuja una sonrisa de oreja a oreja. No les importaban las vistas. No les importaban los escalones. Venían a lo que la gente realmente viene aquí… y lo consiguieron.

(Alegre foto aquí de Yong Zen y de Lian dando vueltas alrededor del templo con su sonrisa, su tela naranja enrollada y sus baras de incienso en las manos)

En bajar tardas casi cuatro horas. Las piernas tiemblan y Lian, no para de hacerse selfies y fotos contigo. Paráis en otra estupa que está a medio camino y tus compañeros de experiencia ofrecen sus respetos, sus tres vueltas, sus rezos y sus inciensos de rigor.

(Bonita y descriptiva foto de ambos dos bajando las escaleras aquí. Llevan gorro de ala ancha y chubasquero).

Una vez abajo, Yong Zen te dice que ellos también van a Kandy. Que han venido en coche con un conductor y que os llevan después de una ducha y desayunar. Eso sí, previamente, pasan por Nuwara Eliya. La zona de campos de té por excelencia que te faltaba por ver y que cruzaste en tren. Y así, parando de mirador en mirador… viendo cascadas y laderas llenas de planta de té… llegáis a Kandy con unas cuantas lecciones aprendidas y «con una suerte menos» (la del favor climatológico), pero con la sensación de que, “la suerte más importante”, la de la gente… sigue estando ahí.

(Enternecedora foto de los cuatro haciendo un desafío… fíjate en los colores, la pose, las expresiones… ¡qué gran documento para acabar el post!)

15 Comentarios

    • Se merece tu grupo tener una pedazo de guía a su disposición como tú? Mmmmmmhhhh… esos sí que han tenido suerte! Besos!!!!!!

  1. A veces no hay nada como el blanco y negro. Pintas tan bien con palabras que no necesita más color. 🙂

    • Ay Mia, aunque lo intentes disimular, eres más dulce que el calcetín tejido por una auténtica abuela finesa.

  2. ¡JAJAJA!
    Pues oye, ¡que no han hecho falta las fotos! Os he imaginado la mar de divinos y con la cara de alegría y todo 😉

  3. Vanessa roquer Responder

    Me encanta como escribís! Yo sigo añorada de viajar y con vuestros relatos me alegro un poquito el dia. Felicidades por el super blog que teneis!

    • Hola Vanessa. Gracias por tu comentario. Mientas llegan nuevas aventuras… ya sabes dónde encontrarnos!

  4. Ja ja, menuda sorpresa la del amigo Yong Zen, ha resultado ser el más espabilado de los que subían, gran compañero de viaje! 😀

    Por cierto, la frase “los chinos de los chinos, no son los chinos de China” la he tenido que leer 5 veces antes de entenderla. Debe ser que los 35 grados (por la noche) que estamos teniendo por aquí nos pone espesos..

    Gran entrada!

    • Pero y qué bien se siente uno cuando decodifica juegos de palabras, eh? 😉
      Gran tipo el Yong Zen, de verdad. Con un gran ánimo vital y objetivos muy claros.
      Y ojo que Lian fue todo un espectáculo de divertida e inesperada extravagancia.
      Un abrazo!

  5. Ruben, te veo cada vez mas sabio. que bonita experiencia. En Kandy pregunta por el pintor Raju. lo conoce mucha gente. puedes ir a su casa si te lo curras un poco. muy interesante.

    • En la vida (y también en los viajes; porque no para todos los viajes forman parte de la vida, jajajajajaja) nunca se sabe qué vecinos te tocarán. Yo tengo unos que andan por ahí. Los echo de menos.

      • Créenos Ángel cuando te decimos que viajas con nosotros y que más de una vez hablamos de tí. Lo que más echamos de menos de Tetuán, se mueve en Harley. A la vuelta nos atizamos un par de vinos. Abrazo grande!

    • Gonzalo que eso se avisa antes!!! Nos pasó lo mismo con tu recomendación de Yala. El blog va dos semanas «por detrás» de nosotros. Vamos que, después de Adam´s Peak, hemos estado ya en Kandy, Polonarwa, Sigiriya, Trincomalee, Jaffna y Anuradhapura. Estamos ahora en Colombo para acabar de gestionar el visado a India ya que nos vamos este viernes para allá. Por delante: Calcuta, Varanasi, Agra, Delhi, Rajastán, Amristag y Cachemira. Lo digo… por si acaso. Abrazo grande!!! Ah, y gracias por lo del incremento porcentual de sabiduría 😉

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