Praga, Viena y Budapest. Las tres ciudades imperiales del circuito clásico de Europa central catalogadas en todas las listas habidas y por haber como 3 de las ciudades más bonitas del mundo. Un triángulo cultural que en tu caso, andaba cojeando de una pata y que ya tienes ganas de cerrar para contar con una opinión propia al respecto.

Después del recuerdo agridulce de esa Praga que ha terminado de perfilar los detalles de la teoría del «despiadado ciclo turístico» (a la quel por otro lado, toca agradecer lo que fue en su día y así como la oportunidad que te pone en bandeja de conocer en persona a la familia Zapp), llega el turno de Budapest. La ciudad dividida por el Danubio Azul, de los baños termales del anuncio de yogures y la que también cuenta con una carga relativamente reciente de momentos históricos muy duros. En este caso, a Budapest le tocaron las penurias que pasaron los del otro bando. La otra cara de una misma moneda: la de los horrores de la II Guerra Mundial.

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Las similitudes entre los hechos que cuenta el conocido como Museo o Casa del Terror de Budapest y lo que puede verse en el campo de concentración de Sachsenhausen saltan a la vista. Diferentes ideas impuestas; mismas estrategias de extorsión, manipulación y maltrato. Muerte a todo aquel que tuviera un credo diferente, tortura y dolor. Es cuestión de cambiar las insignias de los responsables entre lo que pasó en un lugar con el del otro. Por si te quedaba alguna duda y obviando los temas ideológicos con los que cada uno puede estar más o menos de acuerdo, los hechos fueron los hechos. Desgraciadamente el nazismo y el comunismo fueron la misma harina pero diferente costal. Personas con el derecho de quitarle la vida a otras por el simple hecho de pensar de manera distinta. Dos infiernos con dos nombres, pero infiernos al fin y al cabo.

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Siendo una de las capitales parte de ese triángulo imperial en el presente y con un oscuro pasado -rechinar de dientes-, posee los ingredientes perfectos para ser otro plato de mal gusto con el que volver a saborear las consecuencias de ese turismo mal gestionado. Sin embargo, resulta que en ningún momento has tenido la sensación de respirar ni una bocanada de ese «aire» amargo. 

Puede ser porque en un contexto en el que en Europa cerramos fronteras a los que huyen de la guerra y afloran los separatismos, resulta reconfortante llegar a una ciudad que antes fueron dos y que en un momento dado decidieron ser una para unificar bajo un mismo nombre las dos orillas del río Danubio.

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Puede ser porque Budapest te deja pasear por sus calles a paso poco ligero. Dejando a un lado el Parlamento y a otro Isla Margarita. Atravesando el Puente de las Cadenas y divisando a lo lejos el Buda Castle. Subiendo a la Citadella y bajando hacia el Gellert Baths, y así es fácil olvidarse del agobio del gentío.

Quizá no tenga que ver con nada de eso y el verdadero responsable de tu bienestar sea el transporte de la ciudad. Porque desplazarse cada mañana en sus tranvías o en ese estético metro de 3 vagones, paradas cortas, señores de uniforme leyendo el periódico que venden tickets… azulejos, espejos, madera… y ese sonido de aviso entre paradas que te recuerda al de «bola gratis» del ping ball, te hace sentir como dentro de una película.

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Es posible que sea su arquitectura y esos edificios de corte soviético. Cada uno diferente entre sí. Cada uno con identidad propia y en los que no hay cabida para el impersonal ladrillo visto. Con techos altos y grandes ventanales. Con patios interiores. Edificios antiguos pero no viejos que quedan tan bien en las fotos.

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O la influencia que la cultura de los baños termales ejerce sobre sus habitantes, que se remojan plácidamente en piscinas con variopintas concentraciones minerales, mirando al infinito o ya puestos… buscando el jaque mate mientras se hidratan con un mejunje líquido que no acabas de saber qué es. ¿Quien te iba a decir a ti lo fácil que te iba a resultar pasar un día entero dentro del Szécheny Thermal Baths en el City Park, sin desesperarte porque lo único que pasa es… nada?

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Será por esa última revelación delante de la Plaza de los Héroes (Hősök Tere) donde te cruzaste con ese fugaz pensamiento. Budapest, el destino, la casualidad o tus propios ojos están poniendo delante de ti una cantidad de caras diferentes de las que reconocerías a priori como europeas. La cercanía con Rumanía, Bulgaria, Polonia, Ucrania…  étnicamente la Europa del Este está presente en Budapest. Esa gran desconocida. La que despierta tanta curiosidad y a la que cada día tienes más ganas de conocer de primera mano.

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Por todas estas razones juntas, por otras que estarás pasando por alto o por ninguna de ellas. En realidad, eso es lo de menos. El caso es que el resultado final ha sido que Budapest te ha caído especialmente bien como ciudad. Ha sido cómoda, estética, interesante y agradable contigo. Y además de todo eso, ha abierto una nueva ventana (o puerta, ¿quien sabe?) en tu lista de «expedientes que resolver». Te ha enseñado la patita de la Europa del Este. Esa que en tus libros de historia denominaban «el avispero».  Te ha recordado que el mapa de este continente no acaba aquí. Y lo poco que has podido intuir sobre lo que sigue te atrae bastante…

Nota: gracias por el chivatazo Budapest. Tomamos nota y nos ponemos las pilas para un futuro muy próximo. 

 

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8 Comentarios

  1. Precioso, muy de acuerdo excepto en vuestra reflexión de lo reconfortante que es llegar a esta ciudad en el contexto de cierre de fronteras. El pasado Octubre fue cuando yo fui y me encontré con los coletazos de esos miles de emigrantes refugiados que se quedaron allí varados, en su estación de tren. Y muchos más es las vallas de la vergüenza ya instaladas en sus fronteras. Nunca lo olvidaré, ni podré separar de mi recuerdo de esta ciudad. Hungría fue la primera puerta cerrada, no por iniciativa propia, pero su gobierno de derecha-derecha tampoco lo hizo a mala gana. Ironías de la historia, o como queramos llamarlo.

    • Veo que no hemos conseguido explicar bien a lo que nos referíamos en ese párrafo. Lo reconfortante es saber que en un contexto actual en el que se cierran las fronteras hubo un momento en la historia (de esta misma ciudad) que una frontera física como es el Danubio no fue un problema para unir dos ciudades en una. Lo cual nos lleva a tener esperanza. El asunto del cierre de las fronteras creo que es lo peor que ha hecho Europa en los últimos años. No hay por donde se pueda encontrar un motivo o una excusa que lleve a dejar tiradas en cunetas a miles de personas. Me imagino lo que debió de ser ver eso en persona. Esa visión de Budapest sería sería bastante diferente y triste, desde luego. :/

      • Sí, lo entendí… Yo tampoco me expresé del todo bien (desde el móvil, arg), pero aun así, destacaría más que la ciudad se unió en el pasado, y sin embargo en el presente ha protagonizado un terrible hecho que creíamos haber dejado atrás, como podemos ver en la Casa del Terror. Me temo que la historia se repite, de momento la mala. Espero que vuelva la buena, como aquella de la Unión de las dos orillas, aunque tarde :S
        Besos!!

  2. Hola! Yo he estado un par de veces, y me parece una ciudad de contrastes. Tiene casas y palacios preciosos, al lado de casas que se derrumban por no mantenerlas. Buenos restaurantes y cafés hasta arriba en la zona de la calle Liszt, pero la ciudad llena de gente viviendo en la calle. Afortunadamente, como decías, al menos no está masificada por el turismo, lo que siempre se agradece. Bonitas fotos! Aunque os ha faltado una de las típicas, la de Gallus Anonymus.. creo que todos los que van a Budapest se hacen una foto junto a esta estatua :)) Un abrazo!

    • Hola Germán. Te cuento que Rubén conoció la ciudad por primera vez hace muchos años (yo era la primera vez que iba) y me comentó que antes le parecía mucho más como tú describes. En esta última visita notó reformas y mejoras de varios lugares que antes estaban peor. En mi caso no tengo histórico con el que comparar así que me dio de lo que digáis los expertos.

      Con lo de la gente de la calle, te doy la razón. Es algo que también comentamos entre nosotros. Comparado con otras ciudad de Europa se nota pero no he escrito nada sobre ello porque no era algo como otros lugares en los que hemos estado tipo India (otra vez aparece por aquí la teoría de la relatividad). Igual me estoy volviendo una insensible después de haber visto ciertas cosas así que te agradezco que me lo hayas recordado. No lo debería ver como algo a pasar por alto. Me dejas pensando…

      Apuntado el Anonymus en fotos pendientes. ¡Otro abrazo!

      • Bueno, yo estuve por última vez en el 2012, así que igual ha mejorado… Además, es verdad que visto cómo anda España, creo que hoy ya no me llamaría tanto la atención. Hace años no veías tanta gente durmiendo en la calle y escarbando en los contenedores como ahora. Antes de eso estuve en el 2006, y en aquella ocasión me sorprendió el precio del… agua! Era más barato un litro de cerveza que un litro de agua mineral. Es más, nos costaba lo mismo una pizza que un litro de agua mineral. Es como si el agua mineral fuera un artículo de lujo! En 2012 no lo pensé, así que igual fue algo puntual por algún motivo…

        A disfrutar del verano! Y ya queda menos para el gran evento 🙂

        • Ay lo del agua. En Praga también. Tirando de grifos que no sé antes pero ahora es potable (o eso nos dijeron) 😉

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