Al mismo tiempo que se acaba la espera para que llegue «el tercer mochilero»… va llegando el frío por Madrid. Cada día más. Y con él, reaparecen los casi olvidados y tupidos abrigos que se escondían en el altillo, se produce una vez más el fenómeno de las nubes migratorias que vuelven para quedarse hasta casi mayo y llegan esas tardes en las que el gris lo inunda todo. Esas tardes que cada día se convierten antes en noche y en las que según a qué lado de la ventana estés, amas la hipnótica lluvia o la odias a cada charco paso. Y es entonces cuando piensas: «¡pero qué bien se está en casa!».

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Y eso mismo debe de pensar casi todo aquel con el que te encuentras por la calle últimamente y que después de tu vuelta al mundo de un año y tu siguiente viaje por Asia de 8 meses, «ahora sí ya por fin» espera, desea y supone que, como «con niños no se puede», te vas a quedar ya por estos lares para… (ejém)… siempre. Y entonces, después de contarte lo desencantado que está con el trabajo y las muchas horas que se pega entre cuatro paredes, te pregunta:

  • ¿Y qué tal el embarazo? He visto fotos por facebook… Ya queda poco, ¿no?
  • Muy bien… un mes como mucho.
  • Y ya os vais a quedar por aquí, claro.
  • Pueeeeees, no. Queremos irnos en mayo de nuevo.
  • ¿En mayo? ¿Con el niño? Pero, eso es… a ver… mayo…
  • Sí, tendrá seis meses. Lo justo para que tenga las vacunas necesarias puestas y ya.
  • ¿Pero cómo lo vais a hacer?
  • Estamos pensando hacer un viaje largo en camper.
  • ¿En camper?
  • Sí, es como una furgoneta… pero con cama, cocina y eso.

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A estas alturas de la charla te sientes un poco mal. Como culpable. Luchando contra corriente. Es verdad que en casa se está muy cómodo. Todo son ventajas: no tienes que hacer y deshacer la mochila cada tres días, siempre puedes prepararte un café tal y como a ti te gusta, abres el grifo y sale agua potable, el wifi es constante y potente, etc. Está claro que el tener a los amigos y la familia cerca es algo que valoras mucho pero, eso de que las vistas desde tu ventana sean siempre las mismas, ya no te hace tanta gracia. Es entonces cuando la conversación llega a un punto de inflexión…

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  • ¿Y qué vais a hacer con el colegio?
  • Bueno, hasta los seis años no es obligatoria la asistencia y hay otras formas de hacerlo a distancia. Además, nos llama la atención conocer de primera mano otros sistemas de educación más basados en la creatividad y el contacto con la naturaleza.
  • ¿Y si el niño no quiere viajar?
  • ¿Por?
  • Porque no le guste…
  • Bueno, los niños se adaptan a todo y esa va a ser su vida. No creo que le parezca mal. Me parece mejor crecer teniendo a tus padres todo el día contigo que tenerlos trabajando para pagar a una cuidadora y verlos con suerte media hora antes de dormir.
  • Pero tendrá que relacionarse con otros niños.
  • Claro, claro… A ver, al principio va a ser tan pequeño que tampoco se relacionaría mucho estando aquí. Después, bueno, va a estar en contacto con muchos niños. No serán los veinte niños de su clase, los tres o cuatro del parque y los hijos de nuestros amigos. Serán los niños de otros parques, los hijos de la gente que nos encontremos viajando, lo de los colegios que visitemos.
  • Pero es que…
  • Mira, hemos conocido a muchos niños viajeros… y son diferentes. Tienen una forma distinta de pensar, de hablar, de relacionarse. ¿Imaginas lo que es estar todo el día en contacto con la naturaleza, jugando con niños de otras partes del mundo sin importar religión y raza, lejos de la televisión? Y para nosotros, va a ser una forma nueva de viajar. Vamos a tener ponernos ojos de niño. Es como empezar de nuevo.
  • No sé, no sé… ¿y ya tenéis pensada la ruta?
  • Tenemos un par de posibilidades pensadas, sí.

Mientras le empiezas a contar por dónde puede ir la cosa, se produce ese momento que tanto te llama la atención últimamente. Según vas enumerando países, aparece en la cara de tu interlocutor: «esa mirada…».

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«Esa mirada» es la mirada del que «se escapa» por unos instantes de la realidad. Del que se evade y «ve». La mirada de un niño que se imagina llegando a la luna con una caja como casco y con varios rollos de papel higiénico como traje espacial. Se entrecierran los ojos un poco… se sonríe levemente de medio lado. Como si se parara el tiempo y con los ojos brillantes perdidos en el horizonte, ves que en su rostro se dibuja una expresión a medio camino entre el «me encantaría hacerlo» y el «en mi caso es imposible».

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Por unos instantes, puedes percibir como se está saboreando a sí mismo con su familia haciendo algo fuera de lo habitual. Soñando despierto. El sueño que sea. El suyo. Personal e intransferible. Te das cuenta de que quiere pero, o no se atreve, o le han dicho tantas veces que «no se puede» que ha acabado creyéndoselo. En ese momento, la bocina de un enorme camión le devuelve a la realidad. Según su forma de entender la vida, situación actual y motivaciones varias, puede reaccionar de cualquier manera posicionándose con lo primero que se le venga a la cabeza. Lo cual, no tiene por qué ser exactamente lo que uno piensa o desea:

  1. Defendiéndose panza arriba para justificar su vida y poniéndose a adivinar el futuro diciéndote lo que va a ocurrir: «Con niños no se puede. Es que aún no eres padre, no sabes lo que es eso. Ya verás, ya. Los niños se resfrían, se ponen malos… Ya no va a ser como antes. Mírame a mí…».
  2. Diciéndote «Qué huevos. A mí me encantaría pero no sé ni por dónde empezar. Quizá algún día… cuando sean mayores. No sé… mi mujer se muere de ganas por viajar así pero yo, ahora no lo veo claro. No es el momento. Más adelante. Os seguiré. Os seguiré a ver cómo os va y a ver si me animo si eso».
  3. (PIENSA LO QUE DIRÍAS TÚ).

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A partir de ahí, habláis de lo que sea: fútbol, política, amigos comunes… Os despedís con un abrazo y con la seguridad de que volveréis a encontraros dentro de unos años en una calle cualquiera y os pondréis al día de nuevo. Cada uno, contará a donde le haya llevado la vida. Lo que ha pasado de aquí a entonces. Y así, un par de veces más.

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Te vas con un sabor agridulce. Pensando que a veces, en tu afán por «abrir los ojos», haces sentir mal a la gente. Siendo consciente de que lo que a ti te funciona, no tiene por qué valer para todo el mundo. Ya aprendiste hace tiempo que no toda la gente que te encuentras quiere viajar durante mucho tiempo. Ni siquiera poco. Y te parece bien. Pero teniendo muy claro que si alguien tiene sueños por cumplir, los que sean, debería de intentar ir a por ellos. Sabiendo, que si realmente se trata de sueños viajeros, no se tienen que poner a los hijos como excusa, al trabajo, a la novia, al coche… Mientras sigues andando con destino a ya no te acuerdas dónde, te reafirmas en esa idea que cada vez cobra más fuerza en tu cabeza de que, por el bien mental de cada uno, todo el mundo necesita creer que la vida que se ha montado es la mejor posible. Es normal. Lo que sí tienes muy claro, es que la mejor vida que uno puede tener… es la que a uno le hace feliz. Viajando o no. Eso depende de cada uno. Obviamente, los que la vida no les ha dado la oportunidad de elegir, no. Por eso, cuando ves «esa mirada» en alguien que sí puede, te dan ganas de hacer algo. De momento, durante estos meses de frío que tienes por delante, los quieres dedicar a llenarte de calor. De fuerzas y ganas para, cuando llegue el momento, demostrarle a los que quieren llevar una vida diferente, que ellos también pueden hacerlo.

Si ya eras pesado y cargante con esto de «los malditos sueños», a partir de ahora lo vas a ser aún más.

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Nota: ¿Ya tienes la vida que quieres? Entonces disfrútala a tope. Si no es así y a veces se te escapa «esa mirada»… haz algo YA para que eso cambie. Da un poco de vértigo, sí. Pero, seguro seguro seguro, que no te arrepientes. Ya me lo dirás cuando nos encontremos dentro de unos años por la calle.

23 Comentarios

  1. Me ha encantado vuestro post. Me siento muy identificada aunque no viaje tanto como vosotros. Mi marido y yo somos profes y aprovechamos nuestros maravillosos dos meses de vacaciones para pasarlos fuera, viajando. La gente, familia y amigos, nos mira con cara externa, entre envidia y no comprender muy bien por qué necesitamos irnos de viaje tanto tiempo y tantas veces. Y desde hace unos años, escucho habitualmente el «ya tendrás hijos». Y no hay manera de hacerles entender que seguiremos haciéndolo igual si alguna vez hay niños. Reconozco que me ponen muy nerviosa esos comentarios y me enfado mucho porque hay gente que es lo único que me responde cuando se entera de que me voy o me he ido de viaje un mes en verano. En fin, que me alegro de encontrar gente abierta como vosotros. Un saludo.

    • Gracias Miriam! De alguna manera, es una especie de «auto-protección». Es la forma de justificar que uno no lo hace y de sentirse bien con la vida que lleva o tiene. Nos parece maravilloso que haya gente a la que no le guste viajar y lo respetamos mucho. Pero, a quien sí le gusta, no debería poner a sus hijos como excusa. Los motivos reales son la pereza o «el miedo a lo desconocido». Vosotros, si lo tenéis tan claro y vienen hijos, seguro que seguiréis como hasta ahora. Eso sí, si ese momento llega, preparaos para el «total, si no se va a acordar» https://algoquerecordar.com/chinchetatrip-tokyo-total-si-no-se-va-a-acordar/ Un saludo!

  2. Muy buen post! vi por FB que se encontraron con la hermosa familia de los Zapp 🙂
    me imagino que los bombardearon de preguntas jaja!

    es verdad… es curioso como a muchos le dicen que algo «no se puede» y se lo terminan creyendo. obviamente depende de la situación de cada uno si se le hace mas o menos complicado de realizar lo que uno desea, pero también uno es el que tiene que cambiar el «chip» mental. En definitiva, uno crea y es el encargado de su propia realidad y no el exterior.

    un abrazo chicos! Buenos caminos!

  3. Se que se puede, y no pierdo la ilusión por realizarlo. Tengo 61 años y antes que después (estoy seguro que antes) lo voy a realizar. Que extraordinario post para dejarme claro que hay que hacerlo. Seguir contandonos vuestras andanzas. Gracias.

    • Tomás… tienes una edad maravillosa para hacerlo. Hay gente que empezó mucho después: kandy «la abuelita mochilera» o José Antonio «el africano». Lo importante es tenerlo decidido. Esa es la parte más difícil y tú lo tienes claro. Seguiremos contando viajes, claro que sí. En cuanto seamos tres y «todos estemos vacunados» 😉 Un abrazo!

  4. Yo pienso que el mejor argumento es el propio ejemplo!
    Así que ojalá este blog se llene muy pronto de historias viajeras en familia para cambiar «esa mirada» con hechos.

    Yo estoy segura de que así será, porque SI SE PUEDE…
    Igual que se pudo:
    – Dar la vuelta al mundo…
    – dejar un trabajo fijo por un futuro «incierto»
    – Tener mas de 30 y seguir viajando sin parar…
    – Reinventar un trabajo a medida…
    – etc etc etc….

    Un abrazo!

  5. De nuevo un post que me resulta difícil leer porque se me humedecen los ojos.

    Si ya es incomoda a veces la situación cuando intento explicarle a alguien que quiero vivir viajando, como para añadirle a eso el factor «ser padre». Se lo que es eso de que te miren como algo raro que solo sueña cosas imposibles mientras en mi cabeza, lo tengo todo muy claro.

    También tengo clarisimo que yo haría lo mismo que vosotros (esto es lo que diría yo en el punto 3).

    Este post lo voy a compartir en mi fb y en humildadmochilera, con el hastag algoquecambiar ya que va al pelo no solo por que algo va a cambiar en vuestras vidas sino que, también puede hacer referencia a que ya es hora de cambiar los tópicos, estereotipos, miedos etc… concienciando de que de otras maneras, es posible.

    Gracias Ruben. Sois unos craks!

    • Gracias a ti Daniel! Estoy seguro de que tendrías mucho que decir en el punto 3… como otra mucha gente que no tiene las excusas por bandera. Y no se dan cuenta, de que es muy posible que se arrepientan de haberse atado a esas anclas tan gruesas y oxidadas. Ojalá no. Un abrazo viajero humilde 😉

  6. Me ha encantado!! Yo he pasado por varias de las fases, por tener esa mirada, por decirme que más adelante.. .Y ahora nos lanzamos y nos toca estar al otro lado.
    Simplemente probar, ir a por lo que soñamos, me he dado por fin cuenta de que es muy importante.
    Es nuestra primera vez viajando en familia en otro continente, no tenemos ni idea de cómo acabaremos pero lo que sí se es que necesitamos probarlo y hacerlo.
    Gracias, gracias, gracias, por este buen rato.
    Y…¡feliz invierno!

    • Bueno, bueno, bueno!!! Felicidades! Os deseamos el mejor de los viajes y un montón de experiencias que recordar. ☺️

  7. ¡Muy buen post! Retrata a la perfección la realidad y lo que nosotros nos vamos encontrando por la calle cuando decimos que nos vamos a dar la vuelta al mundo.

    Esa mirada condescendiente como de que sois unos ingenuos y el tiempo os lo dirá…Puede llegar a ser un poco agotador, la verdad. En nuestro caso, al no ser padres todavía añaden eso de «ahora es el mejor momento para hacerlo». A lo que yo añado un «bueno, con niños también se puede». Y ahí ya me miran como si acabara de aterrizar.

    Pero también hay miradas de admiración y animo. Esas son las que te dan fuerzas y te reafirman en tu decisión de vivir la vida que te hace feliz.

    ¡Un abrazo!

    • «Como si acabara de aterrizar» jaja en el mundo de «los normales». Es verdad que hay miradas de admiración. No todas son de incredulidad y de «estáis locos». Pero es cierto que entrando en el mundo -viajando con niños- se ven más de «esas miradas». Abrazos!!!

  8. Lo importante es que el niño tenga una familia que le quiera y le escuche, sea rodando o estando en un mismo lugar. Lo demás, a criterio de cada cual.
    Yo estoy viviendo en mi casa número 32 y tengo 36 años. De pequeña, mis padres me tuvieron de aquí para allá hasta tal punto que a los casi 15 años mi padre se quedó en el País Vasco, mi madre en Madrid (sin estar separados, por trabajo) y compraron una casa donde ahora viven y me mandaron allí, a Gijón, sola y mi padre venía una vez al mes a dejar comida como si yo fuera el perro que tienen en el campo. De lo que puedes deducir que hace años que no nos hablamos, mi infancia fue un infierno, nunca conseguí hacer amigos de verdad porque no parábamos en ninguna parte el tiempo suficiente y para más INRI ni siquiera se molestaban en escuchar lo que yo sentía. Y todo porque ellos estaban más preocupados en hacer la vida que ellos querían que en escuchar las necesidades de la niña que llevaban consigo y de la que eran responsables por encima de sí mismos.
    Vosotros estáis muy ilusionados con la llegada de Jorge y está claro que lo estáis planeando todo para él, modificando vuestra vida para acogerle dentro de ella. Los compis de Un Mundo para Tres lo han hecho y Álvaro es todo un campeón.
    Lo que diga la gente… pues es lo que dice la gente. Que hablan mucho y de muchas cosas.
    Ganas de verle el caretillo ya al sobrinillo postizo. Abrazos.

    • Annick, a mí también me movieron mucho. Muchos colegios. Muchas casas. Amigos intermitentes. Puede que por esa inercia, yo mismo lo hiciera después. Hace tiempo que dejé de contar el número de casas en las que he vivido ya. Por suerte, mi infancia no la sentí como un infierno. A mí me cuidaron y me tuvieron siempre en cuenta. Incluso, una vez, ante un nuevo cambio de ciudad, me negué y… «me hicieron caso». Ahora lo pienso y se me ponen los pelos de punta. Moverse mucho no tiene porqué ser malo. Al menos, no en mi caso. Siento lo que te ocurrió a ti. Está claro que lo importante, te muevas o no… es que los padres, estén con sus hijos. En todos los sentidos. Gracias por tu mensaje tan sincero y abierto. He tardado en responderlo porque he tenido que digerirlo. Un beso.

  9. ¡Pues a mí me hubiera encantado que mis padres me hubiesen llevado por ahí a conocer mundo! ¡Qué de años perdidos en el mismo pueblo! jejejeje
    Muy chulo el post y a seguir «luciendo» así vuestra manera de pensar y vivir!
    Un saludete

    • Pero ya estás recuperando «el tiempo perdido», ¿no? (O mejor dicho: «los viajes perdidos»). A mí me pasó algo igual. Nos movimos mucho de ciudad, pero no hicimos viajes «fuera». Pues eso… nunca es tarde. Besos!

  10. Os aseguro que se puede, y que vuestro hijo es un ser afortunado por teneros, y por atreveros a brindarle una infancia feliz. Enhorabuena, disfrutad de sentiros «envidiados», es señal de que estáis donde tenéis que estar.
    Y mucha suerte en vuestro próximo «viaje», esta vez a Planeta Parto.
    Besos

    • Muchas gracias Mamen. Esperamos estar a la altura de lo que queremos «para el bajito». De momento, directos a Planeta Parto! Besos

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