Del 12 al 13 de julio // Entre 25º y 32º // Nubes y claros… vamos, como siempre

Aún con el increíble sabor de boca que Varanasi le dejó a tus principios rotos, te diriges a Agra. En esta ocasión, lo haces con varias dudas en la cabeza ya que, no será la primera y última vez que “las dichosas expectativas” sean un compañero de viaje más. Aún recuerdas la primera vez que te enfrentaste a la Estatua de la Libertad en directo después de verla en tantas y tantas películas y fotos… qué pequeña te pareció. No lo llamarías desilusión, o bueno sí. Y temes que esto, te pase con el Taj Mahal. Has oído hablar tanto sobre el Palacio que el emperador Shah Jahan hizo construir en honor a su… ejém… esposa favorita Mumtaz Mahal, que lo último que quieres que salga de tu boca es un “pues no era para tanto”.

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Nota: a estas alturas del post, el lector está casi seguro de que esto va a acabar con algo parecido a un “el Taj Mahal es más bonito en directo de lo que imaginabas y destroza totalmente ese rollo de las expectativas que tanto te preocupan cada vez que vas a un lugar” (cansino, que eres un cansino con las puñeteras expectativas). Es posible pero, no adelantemos acontecimientos.

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Piensas bien en cuál será el mejor momento para ir y decides que será al día siguiente. Al amanecer. Hora zulú. Para no coincidir con mucha gente y tener una bonita luz. Esperas que por esta vez, el cielo sea benevolente con los pobres mortales entre los que te encuentras ya que, aún te acuerdas de la que te lió subiendo a Adam´s Peak y deseas que la cosa no se repita.

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Como tienes todo el día por delante, te preguntas escéptico… “¿qué más habrá en Agra?” No le tienes mucha fé al asunto porque lo que viene siendo la ciudad en sí, te parece terriblemente fea. Pero claro, como estas cosas van así… tiene lugar el advenimiento del efecto de la expectativa inversa o “inesperativa” (términos de nuevo cuño que quedan muy pintones a la vez que apropiados). Con la vista permanente del Taj Mahal al fondo, vas al Fuerte Rojo de Agra con el mosquito tras la oreja porque, “tú no has venido a Agra para esto”. Se trata de un enorme palacio amurallado que, una vez dentro, te llama poderosamente la atención y que sencillamente, no te esperabas. Enorme, muy cuidado, lleno de detalles, elaborado con derroche de buen gusto, laberíntico, interminable… ¿Por qué no habías oído hablar más de este lugar? Sobre todo, teniendo en cuenta que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Nota2: llegados a este punto, el lector empieza a pensar que el encuentro cara a mármol con el Taj Mahal va más camino de acabar en un “al final, tanto esperas de un sitio que ya habías visto mil veces, que acabas quedándote con la sorpresa y lo inesperado del viaje”. Quién sabe, quién sabe…

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Te das un paseo por la parte seca del río Yamuna. Bajo el enorme puente de hierro por el que pasa el tren. Allí, se dan muchas escenas que le llaman la atención a tu cámara (siempre con el Taj Mahal al fondo que ya has visto casi por todos lados). Allí parecen residir una enorme cantidad de bueyes y niños en remojo bajo los únicos cuatro metros de sombra que deja el puente a la hora que más pica el sol y un montón de lavanderos que golpe a golpe, le quitan la porquería de un susto a todos los manteles de hoteles y restaurantes de la ciudad.

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Pasado el calor, te acercas al Mausoleo de Itimad-Ud-Daulah conocido también como el pequeño Taj Mahal y la verdad es que te parece muy pero que muy interesante. Una fina y pequeña joya de edificio que rodeas una y otra vez mientras va cayendo el sol poco a poco.

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Por último, te acercas al Mehtab Bagh, unos jardines desde los que se ve, una vez más, el Taj Mahal (como si no hubiera otra cosa de la que hablar). En esta ocasión, la parte trasera del mismo. Y allí, pensativo durante un rato, te das cuenta de que el día no ha estado nada mal y que ya ha valido la pena venir hasta Agra. Te vas contento a cenar algo pero con el duro pensamiento de tener que madrugar al día siguiente (sin saber si lloverá o no) y pagar un dineral para ver el Taj Mahal de nuevo (cosa que evidentemente harás porque, para eso viniste).

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¡¡¡Tiririrí… tiririrí… tiririrí…!!!

Son las 4:50 y parece que no llueve. Te das una ducha a regañadientes y te preparas. Sales a la calle y sí, sí… está despejado. Todo. El cielo… y el suelo. No hay nadie a estas horas. Alguna vaca y ya. Solo al llegar a la entrada Oeste del Taj Mahal ves a uno o dos extranjeros más que también han hecho uso del despertador (la verdad es que esperabas mucha más gente haciendo cola). Pasas el rutinario control para demostrar que no llevas la mochila cargada de dinamita… cruzas el arco… y… y… te quedas… te… que… das…

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Nota 3: en estos momentos, el lector espetará en voz alta ratón en mano: “lo sabía… sabía que este post iba a ir por aquí”. Y evidentemente es así pero es que, oiga… ¡estamos hablando del Taj Mahal! A ver quién es el bloguer que dice que el Taj Mahal “no merece la pena”. Dicho esto, hay que añadir que también tenían razón todos los que antes te dijeron eso de que “da igual las veces que lo hayas visto en fotos… delante del Taj Mahal, te quedas sin palabras”.

11 Comentarios

  1. Mª José S. R. Responder

    Una vez más, gracias por llevarme con vosotros.
    Yo también me quedo sin palabras cuando os leo, cuando veo las imágenes, pero eso si con alguna lagrimilla… de emoción claro.

  2. Gabriela Arlettaz Responder

    Gracias Rubén por compartir, soy una potencial viajera que aún y a pesar de mis 39 años no me he animado a lanzarme a esta hermosa aventura, en realidad no es cuestión de coraje si no de situaciones . Besos y gracias nuevamente por compartir tus viajes, desde mi sedentarismo te sigo.-

    • Para esto no hay edad Gabriela. Hay gente que ha empezado a recorrer el mundo viajando largo con 65 años. Ya encontrarás el momento. Por ahora, encantados de llevarte con nosotros así que, a dónde te gustaría que nos fuéramos? 🙂

  3. Ja ja, el Taj Mahal, casi nada… a mi me pasó con el Coliseo de Roma. Da igual las veces que lo hayas visto, cuando estás delante de él por primera vez, alucinas. Debe ser una maravilla estar ahí y poder disfrutar del Taj Mahal, os envidio!! ^_^

  4. Nosotros también visitamos “el resto” de Agra antes de ir al Taj Mahal y también alucinamos con el Fuerte Rojo y el pequeño Taj. Pero sí, el Taj Mahal impresiona cuando lo ves… eso sí, hay maravillas en India todavía más alucinantes, Monte Abu, no diré más 😉

    • Demasiadas por ver y muy poco tiempo para hacerlo… Seguiremos batallando con las las expectativas y con las sopresas. A ver qué pasa! 🙂

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