Querido aparato digestivo,

llevamos mucho mucho tiempo juntos y siempre nos hemos llevado bastante bien. Diría que nuestra relación ha sido más que cordial… «entrañable». Hemos tenido nuestros altos y nuestros bajos, no lo voy a negar. Sé que no olvidas aquella época entre los 16 y los 18 años en la que, no queriéndome quedar atrás socialmente, me daba a los tequilas un viernes sí y otro sábado también (aunque nunca me gustaron). Después de aquel exceso etílico, no lo he vuelto a hacer y tú lo sabes. Bueno, sí… ha habido encontronazos de cerveza másiva con vino peleón alguna que otra vez. De esos vinos que quieren libertad inmediata a media noche. Cierto. No era nada personal, sencillamente… ocurrió. Y ten en cuenta que cuando estábamos con media cabeza metida en el váter, no lo pasamos bien ni tú, ni yo. Lo sé… Sé que ha habido algún empacho severo por mi parte a modo de amplio cocido fuera de temporada o inesperado chuletón nocturno. Te pido perdón por eso también. Espero que después de tanto tiempo, al menos entiendas lo que supone la llegada de la Nochebuena, el Fin de Año y alguna que otra boda. Créeme, nada de esto fue culpa mía. Son tradiciones de las que no puedo escapar. Lo siento. Siento todos los malos ratos que te he hecho pasar trabajando más de la cuenta.

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Coincidiremos en que tampoco he sido yo el malo de la película siempre. Recuerdo innumerables ocasiones en las que te has rebelado a destiempo, sin motivo aparente y sin avisar. Con ese «punto de acidez» infinita que tanto te caracteriza. Siempre me pillaste en el peor momento. Sin un Almax o bote de leche a mano con el que salvar mi vida. Aun así, no te lo tengo en cuenta. En serio. Quiero que sepas que eres muy importante para mí.

No te escribo para sacar los trapos sucios y agitarlos con fuerza repartiendo trozos de «vete tú a saber qué»… No. Te escribo para explicarte lo que está ocurriendo en las últimas fechas «entre nosotros». Hemos pasado un maravilloso mes en Sri Lanka. Un país con increíbles paisajes, lleno de mezclas culturales y religiosas, plagado de ruinas de antiguas civilizaciones, salpicado con playas increíbles… y aderezado todo ello con picante. Mucho picante. Demasiado. Lo echan en la comida abundantemente. Como si lo regalaran. Fuera de control.

No creas que he vuelto a las andadas y que esto es una especie de vendetta personal o una nueva etapa de tortura. Para nada. Sabes bien que yo tampoco soy de picante. No me gusta. No lo entiendo. No lo valoro. No lo quiero en mi vida. Créeme cuando te digo que intento protegerte con todas mis fuerzas pero, no es fácil. Estoy rodeado.

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En estas tierras, no se entiende la comida sin picante y por mucho que yo diga: “no spicy, please”… da igual. Me aseguran moviendo la cabeza cual perro de la parte de atrás del coche que lo que he pedido no pica. Yo, que sé que sí pica, les digo eso de “not spicy for you is so much spicy for me”. Ellos me vuelven a hacer el gesto de infinito con la cabeza y me reaseguran que no pica y, adivina qué… cuando lo traen, pica más que una cucharada de wasabi bañado en mojo canario del fuerte.

Quiero que sepas que, por mi parte, he intentado hacer todo lo posible comiendo más arroz blanco sin nada que en toda mi vida junta pero, esto de viajar también consiste en probar cosas nuevas y a veces sale bien y otras, no tanto… como ya habrás podido observar saborear. Cada semana bajo un kilo de peso y no se me ocurre qué más hacer. Es imposible controlar las múltiples salsas traicioneras que aderezan cada plato o los rellenos malignos que residen rabiosos en cada shootie.

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Me gustaría que tuvieras un poco de paciencia. Que me des tiempo. Te prometo que esto pasará. Es una mala racha que estamos pasando pero… podemos superarla. Tú y yo. Juntos. Ten en cuenta al menos que tú sufres cada comida picante una vez… y yo dos. Por eso te pido que no te reveles. Que no te vuelvas contra mí. Que me entiendas.

No te voy a prometer felicidad inmediata porque en India la cosa no parece que vaya a ser diferente y no diviso mejoras a este respecto en próximos platos pero… te compensaré cada vez que pueda con un lassi, con un helado o con un chai. Ya vendrán viandas mejores que disfrutaremos como merecemos.

Atentamente, otro sufridor que siente y padece contigo.

rubén

 

16 Comentarios

  1. Acabo de leerle este post a mi querido sistema digestivo, para que me perdone. ¡Me siento muy identificada! Mañana mas plain rice y lassi….

    ¿Sabes que he encontrado al único indio que te hace comida no spicy de verdad? Y cuando digo de verdad, es de verdad, que yo siento el más mínimo pique… ¡Y estaba buenísima! ¡Casi lloro de felicidad!

  2. Estuve en el 92 y dije “ vuelvo dentro de 10, 20 años y seguro que sigue igual” y leyéndoros lo constato. Sobre la comida llevo 23 años sin probar cocina hindú, si mexicana, árabe, asiática…pero un mes en la India me rompió los higadillos. El arroz blanco, el pan, todo picaba, yo digo que las sartenes y cacerolas llevan el picante adherido y lo transmiten a todos los alimentos. A mí me salvaron los plátanos.
    Salud y buen rodar caminos.

    • Todo todo todo pica. Ha sido un mes y medio largo y muy spicy. Ojalá lo soportara más. Es el precio que hay que pagar. Será cuestión de entrenamiento…

  3. Este post es el vivo reflejo de todos los no amantes del picante. Cuando comencé mi viaje al mundo, lo comencé por México y como una buena no amante del picante lo rechazaba, y me mentían…así que probé con la técnica de la mentira y de la cara de pena diciendo que tenia una ulcera. Si notaba que me mentían, les aseguraba que era sangrante. Prueba la técnica y nos cuentas.
    p.d. las pakoras son una buena alternativa al arroz. No pican.

    • Ya he intentado tácticas de esas… y no siempre me funcionan. Seguiremos probando a ver qué pasa! 🙂

  4. Genial post!Creo que es una carta abierta a todos los estómagos viajeros!Pero ayyy cuantas cosas ricas nos perderíamos sino…

    • Cierto, hay que arriesgarse. El problema es cuando te arriesgas muchas veces y según dónde, «toca premio siempre» 🙂

  5. Jajaja! Es excelente. Algo parecido me está pasando en Bolivia, y no tanto por el picante. Pero igual mi estómago se está revelando. Saludos.
    @srmencionado

    • No recuerdo Bolivia especialmente picante pero sí muy poco variado. Es por eso? Ánimo y, si el hambre te puede, pásate a Perú! 😉 Abrazos Fernando!

  6. JajaJaja! Nos sentImos taaannn identificados con este post. Y no solo en India, aunque si es verdad que la comida mas picante la hemos probado allí. Mi estómago aun no me ha perdonado del todo despues de varios años… 🙂

  7. Rubén, no sabes cómo me siento identificado con este post. Es la primera vez que os escribo (a partir de ahora no pararé… jeje) pero esta vez me he visto a mi mismo reflejado en esas líneas.

    Mi aparato digestivo y el tuyo harían buenas migas, seguro que tienen muchas cosas en común.

    Llevo casi un año viajando por el Sudeste Asiático y hace tiempo que me di por vencido en lo de preguntar ¿Esto es picante? ¡Me da exactamente igual lo que me respondan porque no me lo hoy a creer! Miento, en el fondo lo sigo preguntando y no se para qué…

    ¿Y qué me dices de lo que se supone que es «sweet»? ¿¿¿Desde cuándo algo «sweet» tiene chili???

    En Myanmar llegó un punto en que me alimentaba de arroz blanco y, con suerte, un huevo frito. Y me hice adicto al chocolate 🙂

    Seguiremos viviendo con ello…

    Es una de las razones por las que India me tira para atrás, pero seguro que tarde o temprano, acabaré probando el arroz blanco de allí también 🙂

    ¡Abrazo a ti y a la meditadora!

    • En Myanmar tienes esas 8 salsas que acompañan al arroz y es increíble pero, vas probando y cada una pica más que la anterior. Y no lo digo porque se sume el pico, no… sino por que tienen más demonios cabreados dentro! Yo me voy a pasar al arroz blanco desde ya. Gracias por «salir de la mochila» escribiéndonos. Un abrazo! La meditadora seguro que está bien. Ya tengo ganas de que salga y solo lleva dos días allí! 🙂

  8. Ja ja, me recuerda a un viaje a México, en el que me pasaba los días buscando leche en los supermercados para aliviar mi estómago… 🙂

    Siempre me decían que no picaba y… vaya tela! Hasta a un sandwich de jamón y queso le metían guindillas. Era imposible huir del picante…

    En fin, mucha suerte, sobrevivirás… 😀

    • Sobreviviré, sí. Pero sufriendo por el camino. Con lo que me gusta comer a mí y que poco lo disfruto cuando me rodea el picante extremo. En fin, me viene bien para la dieta. Voy a estar de portada del Men´s Health ese o como se llame.

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