De nuevo por Tailandia «y en familia» recuerdas que hace dos años, durante la vuelta al mundo también quedaste por aquí con una de tus mejores amigas. Está claro que este es el país de los reencuentros y los reenganches. Una entrada fácil e indolora para los que ponen un pie por primera vez en Asia. Una pequeña dosis de exotismo que convive con cajeros que aceptan tarjetas internacionales en cada esquina. Un lugar ideal para vivir tu primera experiencia como guía y un destino al que sabías que tarde o temprano volverías para saldar una gran deuda pendiente: sacarte la licencia de buceo.

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Nota: Aquí es cuando normalmente empiezan a llover piedras y/o abucheos… «¿En serio pasaste por Tailandia/el lugar más barato del mundo/con las mejores condiciones para aprender/la meca del buceo de los principiantes/y no te sacaste la licencia de buceo?»

Pues sí. Eso es exactamente lo que hiciste. O mejor dicho, lo que no hiciste.

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Y ¿cuál es el único motivo que le lleva a un viajero de largo recorrido a no hacer algo que realmente le apetece hacer? Uno se da diferentes argumentos: no me va a dar tiempo, es que tengo una reserva en un sitio… excusas, excusas y más excusas. La verdad es solo una: el miedo a quedarse sin dinero y que el viaje termine ahí.

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Tailandia era el tercer país de la vuelta al mundo. La cosa no había hecho más que empezar y todavía llevabas contigo muchas inseguridades que te impedían ser capaz de asumir un gasto no previsto. Por aquel entonces desconocías que aprenderías a ser capaz de generar dinero por el camino, que no solo acabarías el viaje sino que te plantearías incluso alargarlo más y que a la vuelta… no habría vuelta. Pero claro, por aquel entonces no sabías nada de todo eso. Así que con las cartas que tenías, decidiste (muy erróneamente) no asumir el gasto de sacarte la licencia de buceo y dedicarte en cuerpo y pulmón al más que honorable mundo del snorkel.

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El viaje siguió por lugares con increíbles puntos de buceo en los que snorkeleabas feliz durante el día y cerveceabas alicaído por la noche con todos aquellos que, dándote envidia entre trago y trago, sí podían curiosear ahí abajo… más abajo. Filipinas, Indonesia, Malasia, Ecuador, Australia, Sri Lanka… y ya, la gota que colmó el vaso fue cuando pasaste por Maldivas Cada nuevo destino, una colleja más y esa vocecita que te decía por dentro una y otra vez: «si te hubieras sacado la licencia en su día…»

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Había que ponerle fin a esta tortura acuática. Esta vez no vas a salir de Koh Tao hasta que no tengas la licencia Open Water y la camiseta de Pura Vida en tu poder.

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Cuando llegas a nuevos destinos tienes a tus ángeles de la guarda (a veces vienen de la mano de couchsurfing y otras surgen espontáneamente). Siempre has creído que Nastia e Igor te predispusieron para que China te encantara al enseñarte “su Beijing”. Durante estos días, Óscar y Zigor (los fundadores de Pura Vida) te dan la tranquilidad y buen rollo necesarios para no creer que vas a morir en un ataque de descompresión a modo de burbujas asesinas que te explotan dentro o algo similar y encima… en español. Hay que ver cómo se agradece eso de enterarte al 100% de cómo ver pececicos de colores a tope de seguridad. Tu ángel de la guarda reconvertida en instructora de buceo, se llama Arlet. Una mezcla de ternura, empatía, seguridad, pasión por lo que hace y responsabilidad en su trabajo que contagia a todo el que le rodea.

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Cuatro días de intenso aprendizaje, en el que pasas de andar por las calles de Koh Tao de la mano de tu libraco de iniciación al buceo con cara de «pringao con cinturón amarillo» a… «¿Qué pasa?… Soy buzo!»

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Ahora entiendes por qué hay tantos viajeros enamorados de este deporte. Bucear es parecido a llegar un nuevo país, pero uno que más bien es de otro planeta y sin necesidad de montarse en un cohete espacial.

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Antes de llegar a tu destino tienes una mezcla de nervios, miedo y emoción en el estómago que se pasan de golpe. Tus sentidos adormecidos por la rutina de lo conocido se despiertan para darte información de todo lo que está pasando a tu alrededor. Tienes que adaptarte y… observar. «Solo observar». Nuevos ritmos. Nuevas formas de hacer las cosas. Eres un invitado a otro mundo y debes comportarte como tal:

  • No molestes a sus habitantes, no les toques, no trates de que hagan lo que tú quieres.
  • Deja todo como lo encontraste. No te lleves ningún souvenir.
  • Muévete despacio. Cuanto más despacio te muevas, más podrás ver.
  • No dejes de respirar, mantén la calma y sobre todo, disfruta.

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Aprendes un nuevo idioma para comunicarte con tus compañeros y superas esos primeros momentos de nervios en el estómago cuando ves que todo funciona y que ahí abajo, hay mucho mundo por explorar. «Los habitantes locales» nadan a tu lado, te miran a los ojos, te rodean… y a ninguno parece estorbarle lo más mínimo tu presencia. Siguen en sus quehaceres cotidianos con la más absoluta calma. Disfrutas de haber llegado a un nuevo universo en el que los tamaños de las cosas cambian (todo parece aumentado por lo que puedes observar animales que te perderías si estuvieras en la superficie), los colores son diferentes, los sonidos viajan a otra velocidad y el ritmo de la vida en general, es otro. Escuchas tu respiración y tus pensamientos que, como siempre que te enamoras de un nuevo destino te preguntan: ¿cómo es posible que no hayas venido antes por aquí?

De Koh Tao además de la licencia te llevas una lección bien aprendida: en el viaje como en la vida tu lema ha pasado a ser “aquí y ahora” que mañana ya veremos por donde sale el sol. De momento… ¡¡¡sí, ya somos buzos!!!

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Nota: ahora solo toca repetir la puñetera vuelta al mundo para ver «el otro». El que hay debajo de Maldivas, Filipinas, Ecuador, Australia, Sri Lanka, Malasia, Indonesia…

Nota 2: aunque no somos mucho de hacer publicidad (y lo sabes bien), si vas a Koh Tao con intención de hacer un viaje submarino, pásate por Pura Vida y charla con ellos un rato. Si lo que ves y te cuentan te gusta… ¡al agua! Eso sí, no te vayas sin darles un abrazo muy grande de nuestra parte.


Este es un post patrocinado, esto significa que hemos recibido un descuento en los servicios mencionados en este artículo por mencionar a la empresa con la que vivimos la experiencia. Eso sí, nuestras opiniones son independientes y están basadas en nuestra percepción real sobre el servicio.

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12 Comentarios

  1. Los de Pura Vida son geniales. Tuve la suerte de bucear con ellos y la experiencia fue muy buena. Los recomiendo.

    • Nosotros la verdad es que lo disfrutamos mogollón. Ya hace tiempo que no metemos la cabeza debajo del océano y esta noche he soñado que bajábamos a ese otro universo. ¿Será una premonición? Un abrazo.

  2. Hola familia!

    Nos ha gustado mucho la forma en la que has relatado las sensaciones que se sienten la primera vez que buceas. La primera vez, como muchas otras experiencias se recuerdan con mucho cariño.
    Ya han pasado 3 años desde el curso, seguro que ya te han salido las branquias 😉 XD.
    Respecto a lo de bucear en familia es una experiencia de lo más positiva. Se crea una complicidad muy bonita por los valores que aporta el submarinismo, como trabajar en equipo y potenciar el compañerismo.

    En países como Francia, por la cultura buceadora que tienen, es muy normal que padres e hijos disfruten en compañía bajo las aguas. Nosotros, esto lo vemos mucho en el trabajo y es muy bonito. En España también es muy normal ver buceadores que practican este deporte con su familia.

    Los críos, como bien comentas le cogen el truco en seguida. Tanto físicamente como psicológicamente se adaptan muy bien al medio. Para ellos es un juego y no suelen tener miedo.
    Formarles es muy divertido y gratificante. Hay cursos específicos para ellos como el bubblemaker que se puede practicar en piscina a partir de 8 años o el Seal Team, en el que los chavales hacen “Aquamisions”, utilizan linternas o hacen divertidos ejercicios de flotabilidad. Aquí un enlace oficial de PADI https://www.padi.com/es/cursos/seal-team

    Respecto a la edad máxima o a cualquier edad, es importante hacerse un certificado médico de buceo cada dos años y un seguro especifico.

    Un saludo y a ver si nos cruzamos bajo las aguas de algún pais!

    • ¡Hola pareja! La verdad es que me hubiera gustado haber podido aprovechar más el curso pero en la siguiente oportunidad que tuvimos de bucear yo ya tenía un bombo de 7 meses y lo que vino después ya os lo imagináis. Supongo que para la próxima inmersión tendré que hacer un poco de refresco de todo porque lo mismo me pongo a respirar por el chaleco en vez de por el tubo. Ahora Koke tiene 20 meses pero estamos deseando enseñarle el mundo submarino. Estas cosas cuanto antes las pruebes mejor, menos barreras mentales, menos chorradas en la cabeza y más disfrute. Cuando llegue el momento ya os buscaremos y si nos cruzamos antes ¡pues mucho mejor! Un abrazo grande y gracias por toda la info.

  3. ¡Que envidia! que ganas de sacarnos el PADI para poder disfrutar de ese otro planeta con animalitos de colores y paisajes tan diferentes

    • Pues ten cuidado que las cosas que se desean con mucha fuerza al final se convierten en realidad. 😉

  4. Bien!!
    Yo tengo el padi desde hace años, pero he buceado… 2 veces. Una en koh tao jeje. Si volvemos por ahí, a Pura Vida que vamos!

    • Eso debe ser como montar en bici ¿no? Un refresquito y a remojo! Por cierto, últimamente, mejor evitar el momento «full moon party» que se pone todo hasta arriba (o no, según gustos claro). 😉

  5. ¡Hola!
    El mismo miedo me ocurrió a mi cuando estaba en Australia, me quedé con ganas de inicarme en el mundo del Surf, pero el dinero… yo decía me tiene que bastar para 3 meses, la gente me preguntaba ¿aún no has hecho surf?, pues no, no hice. Mala decisión.
    Luego me salió la oportunidad de ir a las Fidji… no fui por si me quedaba sin dinero y mi plan era quedarme esos meses en Aus… en su lugar hice otras cosas, increibles también, como visitar Nueva Zelanda y hacer rafting y otros deportes. No me torturo con ello, pero al final si hubiera sabido que iba a estar 2 años en Australia, hubiera aprovechado ese momento para saltar a las Fidji!
    Y aún me pregunto en dos años….¿por qué no probé el Surf?!
    Tarea pendiente =)
    Gracias por teletransportar de nuevo!
    Ade

    • Hola Ade. Como no queríamos volver a tropezar con la misma piedra en Bali probamos el surf por primera vez y luego seguimos con ello (nivel de iniciados) en Canarias. Tiene delito lo tuyo y lo nuestro, pero si te sirve de consuelo Rubén es canario, nos hemos sentado cientos de veces en la orilla a ver a los surferos y nunca antes lo habíamos probado. Está claro que hay veces que no es tu momento y me gusta pensar que es por algo, que el «error» cometido nos enseña y que justo de eso va el cuento. El que este libre de pecado viajero… 🙂 Un abrazo!

    • ¿También hay ganas de viaje submarino? Están empezando a hacerlo muchas familias juntas. La edad mínima creo que es 10 años y según comentaban los instructores a los niños se les suele dar fenomenal (tienen menos ralladuras de coco y eso es justo lo que hace falta). Edad máxima no hay, así que por esa parte no hay problema 😉

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