Dejas atrás un par de semanas en la desconocida Taiwan, dos meses en el sorprendente, limpio y sabroso Japón y tres cómodas semanas entre las ruinas, los bosques y los fondos marinos de Tailandia para… ¡¿volver a India?! A la ruidosa, mugrienta y picante India. ¿Por qué? Te preguntas. ¿Por qué estás volviendo a un país en el que la gente te vuelve loco cada diez minutos; en el que sentarse a comer en casi cualquier lado es jugarse la vida en plan ruleta rusa de thalis y en el que todo está lleno de latas, botellas y envases? Miras por la ventana desde el asiento 22A como queriendo que esto sea solo un sueño del que despertar en cualquier otro lugar. Pero no es así… ¿Por qué te haces esto? ¿Qué es exactamente lo que te atrae de este país (si es que eres capaz de decirlo)? ¿Qué necesidad hay de castigarte de esta manera?…

kochi_algo_que_recordar_05Mientras una azafata te hace entrega del típico papel a rellenar para inmigración, intentas recordar qué te gustó tanto de este país para decidir meterlo en tu ruta de nuevo nada más salir de él y por qué no lo has sacado de la misma durante todo este tiempo que has disfrutado de baños limpios y secos, comida inofensiva que querer repetir una y otra vez y precios fijos “para todos los públicos”. Y sí, sí… empiezas a recordar que te gustó eso de dormir en una tienducha de Ladakh a casi 5.000 metros y conducir sinuosamente en una Royal Enfield por varias de sus montañas. También sientes de nuevo toda la fuerza de tu paso por el Golden Temple de Amritsar… la increíble visión de los ghats de Varanasi, los inolvidables momentos vividos en aquellos traslados en tren de 14 horas por Rajastán, eso de hacer el vipassana durante 11 días, las charlas inesperadas con toda esa gente que solo quería hacerse una foto contigo, El Taj Mahal, los lassis, los chais… el caos, la atención constante, la mezcla intensa, el desorden que a pesar de todo funciona… Lo nuevo. La sorpresa. Lo diferente.

kochi_algo_que_recordar_11Y de golpe, aterrizas. Despiertas de esa ensoñación en la que te veías recorriendo de nuevo el norte del país pero, ahora estás en el sur y con repentinas y renovadas ganas de ver lo que hay por aquí. En principio, tu intención era ir a Chennai, pero como por allí llevan un mes de lluvias y el agua, el barro y todo lo que flota en él y de él emerge le llega a la gente por la cintura, has decidido “ir un poco más allá” así que tu billete, termina en Kochi.

kochi_algo_que_recordar_08Un lugar del que, como casi de costumbre… no sabes nada, no has mirado nada y “no esperas nada”. Sales del aeropuerto y la primera en la frente… ¡nadie te viene a ofrecer servicios de cualqueir tipo! Nadie te quiere llevar en taxi a un céntrico hotel bueno bonito y barato o en tuk-tuk a una tienda “en la que no hace falta que compres”.

kochi_algo_que_recordar_06“¿Hola?”… «¡¡¡Hola!!!»… Todo el mundo pasa de ti. Extrañado, te subes al bus local que por menos de un euro y una hora de recorrido, te llevará a Fort Kochi. Una vez incómodamente sentado en él, te dedicas a mirar por la ventana. Aunque ves cabras en lugar de vacas sagradas e iglesias en número equivalente al de templos (si no más), sonríes al ver que todo sigue más o menos como lo dejaste. Caes de nuevo en que el marrón lo domina todo y que solo se ve salpicado de color por los sharis, los tuk-tuks o los montones de kum-kum.

kochi_algo_que_recordar_14Ves de nuevo a toda esa gente que comparte un mini-chai callejero de cinco minutos a golpe de risas en nombre de “vaya usted a saber qué”. Los montones de basura que, emulando a las dunas de un desierto, se mueven de metro en metro y de puerta de casa a puerta de tienda. Las carnicerías al sol. Las endebles casas sujetadas por irregulares andamios de bambú que parecen necesitar otro sistema de andamiaje que los refuerce a ellos. Los niños… a cientos. Las motos… a miles.

kochi_algo_que_recordar_20Llegas a tu destino y te abruma la sensación de paz que percibes. La gente va a lo suyo y como mucho, vas recogiendo saludos y miradas cómplices sin nada a cambio ni cheque regalo de por si acaso. Después de dejar tu inseparable mochila descansando en un más que apañado y decente hostel, te tomas tu primer chai de bienvenida. Ese en el que, por qué no reconocerlo, llevabas pensando desde hace varios días.

kochi_algo_que_recordar_10Lo haces cerca de la bahía, donde te encuentras con las 11 rústicas redes chinas de pesca que quedan por allí y que a día de hoy, siguen en perfecto funcionamiento. Durante los casi cinco días que estás en Kochi, te abonas a observar el continuo trajín de su subir y bajar a ritmo de subasta de pescados, gambas y calamares de todo tipo y tamaño.

Entre tanto, te dedicas a visitar lo que esta zona conquistada por Vasco de Gama esconde. Te das un paseo hasta la Sinagoga de Pardesi, entras en el impresionante lavadero de ropa Dhobikhana…

kochi_algo_que_recordar_12Te quedas a ver el partidillo diario de fútbol de los lugareños y coges fuerzas en la llamativa Catedral de Santa Cruz para, como cada día, acudir puntual a tu cita diaria para despedir al sol.

kochi_algo_que_recordar_15Entre “punto de interés” e “intereses con punto”, caes por casualidad en un par de buenos y nada picantes restaurantes, te sorprenden un par de cafeterías y pruebas uno de los mejores lassis que recuerdas. Solo te queda una cosa por hacer… y es ir a la obligada excursión por los Blakwaters que reinan en Kerala.

kochi_algo_que_recordar_03Un paisaje increíble visto “a barca lenta”. A todo silencio. Solo interrumpido por las paladas que mecánicamente clavan en el fondo marino los remeros (uno delante y otro detrás) para mover la barca entre canales y riachuelos varios.

kochi_algo_que_recordar_09Una escena que no te cansas de ver durante varias horas y que borra definitivamente todas las trabas que traías contigo en el avión. Entre tanto hipnótico vaivén, te olvidas de que hace solo unos días te resistías con fuerza a la dura empresa de volver a India. Qué curiosa es la capacidad de adaptación del ser humano… ¡Y qué rápida! Estás en India de nuevo sin echar nada de menos. Como si llevaras tres meses aquí. Asumiendo lo malo y disfrutando ampliamente de lo bueno. Dejándote llevar por la increíble India que tanto te asombra constantemente. Para lo bueno y para lo malo. ¿Se lo tienes que agradecer a Kochi o… simplemente nunca te fuíste de este país?

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11 Comentarios

  1. Vicente Abunassar Responder

    Uffff que grande son… y que relato. espero en un futuro muy cercano me vaya unos meses por esa India que tanto llama la atención.

    Saludos desde Venezuela

    • Muchas gracias Vicente. En cuanto a India, como en casi todo, si lo deseas con fuerza y le pones ganas puede que se cumpla. Seguro que la India te encuentra a ti 😉

  2. Me fui de India con la espinilla clavada de nunca haber visitado el sur. DEspués de leer esta entrada esa espinilla se ha clavado un poco más. Gracias. Pero bueno, ese pequeño dolor se compensa con la paz que me ha transmitido el video. ;P

  3. Bonito relato. He revivido esas sensaciones, la de paz, a pesar del desorden y el caos diario, los enormes contrastes, la alegría en la mirada de la gente, …. bella e imprevisible India! Espero volver….

  4. Wow si señor muy bonito el relato jejeje muy bien definida la relacion… ¿Por que atrae tanto la India si como bien has descrito es sucia y ruidosa? supongo que es por eso mismo, la belleza y el misterio que rodea al pais en si, no se ir a la India siempre es una experiencia diferente… no gratificante pero si diferente jejeje un saludo.

    • El gusto por el caos y lo inesperado. Eso es lo que te hace volver allí… supongo. Cuando se está «tan acostumbrado» a que todo funcione y a que sepas cómo tiene que ser todo, un poco de incertidumbre, se hace querer 😉

  5. Excelente relato. Ese amor y odio en el mismo instante. Eso es lo que nos vuelve a llevar una y otra vez a India 🙂

  6. Mismas sensaciones tuve, quizá porque hay muchas Indias, todo un subcontinentes, porque la segunda es, como bien dices, tras haber asumido lo malo.. Quizá por todo un poco

    • Probablemente, el hecho de haber asumido «lo malo», hace que la segunda vez vayas más relajado. Disfrutando más de lo bueno y sabiendo que, con lo malo… puedes.

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