Cada vez lo tenemos más claro: viajar es sanador.

Que Fuerteventura nos ha atrapado, hace tiempo que dejó de ser un secreto. A algunas personas, los paisajes desérticos les atraen. Levantamos la mano. Los sentimos como un sincero espejo que nos ayuda a conectar con lo que realmente necesitamos en ese momento. Una puesta en escena compleja de llevar a pesar de su sencillez. Y es que, los estímulos desaparecen y solo quedan nuestros pensamientos para enfrentarnos a ellos.

Los lugares desérticos atrapan a las personas o las escupen. Y aunque ninguna opción es mejor que la otra, estos lugares no siempre te pillan en el momento para quedarte.

Después de casi 8 años vagando por el mundo pensando “aquí podríamos vivir… aquí no”, queríamos tener una base de operaciones. Un poco por las circunstancias. Un poco por necesidad. Un poco porque volver, también forma parte del viaje.

Casi por causalidad apareció la morada de madera, y después de ponerla a nuestro punto y de (por fin) gestar a Tindaya, las ganas de volver a viajar volvieron con fuerza (aunque realmente, nunca se fueron).

De la misma forma que nos íbamos emborrachando de amarillo, sal, arena, viento y espuma, la necesidad de paisajes verdes fueron aumentando. Las montañas, los bosques, los escondites de hadas, la nieve… Queríamos compartir con ese bebé que venía, ese bienestar que nos produce estar en movimiento (y que tan bien nos sentó con Koke en su momento). Había que viajar embarazada con ella también. Llenar nuestra botella personal de buenos momentos y transmitirle a ella todas esas emociones positivas.

Lago _Bled

Nos vamos, sí o sí.

La sed se apaga con agua y las ganas de viajar se curan viajando. Sería un viaje con unas características muy concretas. A ritmo muy lento. Con siestas. Con más bajadas de las montañas que subidas. Con más baños de bosque que grandes caminatas. Con idas y venidas para vacunas y revisiones varias pero un viaje al fin y al cabo. En furgoneta, en familia y hasta donde diera tiempo a llegar.

La idea inicial era llegar hasta Albania pero una vez asumida nuestra “realidad”, redujimos el camino hasta Eslovenia. Una ruta de 8.000 km en furgo en la que cruzar el norte de España y el sur de Francia, Suiza, Austria, Eslovenia y volver por los Dolomitas al norte de Italia. Un viaje con un objetivo claro: huir de las ciudades, bañarnos en los ríos, perdernos en los bosques. Naturaleza y verde en vena. En definitiva, lo que el cuerpo hacía meses nos pedía a gritos.

Nota: este viaje lo fuimos grabando a modo de diario sonoro y se convirtió en la quinta temporada de nuestro podcast Hola Mundo. Sensaciones, conversaciones profundas, reflexiones y momentos varios “en directo” en un viaje incierto, pero más que necesario y sanador.

Rios_de_Eslovenia

Viajando sin guión.

Somos de planificar los viajes en particular y la vida en general, más bien poco. Puede que esta no sea la manera de sacarle el máximo partido a los destinos, pero desde que viajamos en familia nos ha ayudado bastante con respecto a bajar las expectativas de lo que hay/no hay que ver sí o sí. Esta forma tan poco estructurada de movernos, permite concentramos en ir haciendo lo que va surgiendo y regala alguna que otra sorpresa durante el camino.  

Con estas premisas en las que salimos sin saber muy bien qué es lo que va a pasar, no es tan fácil encontrar compañeros de viaje (aunque ya sabemos que los encuentros casuales aparecen por todas partes). Así fue como la vida nos puso delante la compañía de las bodegas Luis Cañas para regar muchos de los encuentros que hemos ido teniendo por el camino con un poco del sabor de casa.

Botellas Luis Cañas

Los momentos cañeros.

Niños, campervan, embarazadas y vino. Menuda combinación. Sin embargo, después de un año y pico tan duro como el que todos hemos pasado, las ganas de celebrar se sienten muy latentes. Ha ocurrido en todos “los momentos que nos hemos ido encontrando” durante el viaje: amigos de la infancia, familias viajeras, cumpleaños, la vuelta de los viajes, volver a casa, tener el recibimiento de la familia…

Luis Cañas se ha encargado de regar cada uno de esos momentos en esta colaboración en la que nos hemos llevado un poquito de casa con nosotros. En total, 8 botellas que serían descorchadas con 8 excusas diferentes cada vez que encontráramos un motivo por el que brindar en compañía:

  1. Los reencuentros. Desviarse de la ruta para ir a visitar a alguien con quien no cuesta hacer kilómetros para verse. Un fenómeno que hemos experimentado en varias ocasiones estando de viaje. Llegando incluso a quedar con amigos en un tercer país para juntarnos unos días (con lo que cuesta a veces encontrar un momento para tomar un café con alguien que vive a 3 calles en Madrid). La amistad y las distancias no tienen mucho que ver. El problema es otro.
  2. Vuelven los viajes. El MOTIVO. Los que gritamos “al avióooooooon” cuando cruzamos un finger, aquellos a los que se nos llena el estómago de mariposas solo imaginando que nos vamos a otro lugar, somos viajeros antes que todo lo demás. No viajamos para trabajar. Trabajamos para poder viajar y hemos buscado la fórmula para poder hacerlo la mayor parte del tiempo posible.
  3. Maridaje suizo español. Viajando en furgo volvemos a valorar esas pequeñas cosas de la vida cotidiana. Darse una ducha caliente, poner una lavadora y aprender cómo (por ejemplo) se come una auténtica fondue suiza de la mano de personas que llevan años viviendo en el país y que lo conocen como la palma de su mano. Sandra estudió con Rubén en Las Palmas y junto con su marido y su hija llevan años viviendo en Suiza. Además de contarnos un montón de curiosidades y cosas sobre el país y su funcionamiento, nos prepararon una super cena que merecía un buen vino sí o sí.
  4. Cumpleaños del abuelo Luis Cañas. No llegamos a conocer “al abuelo”, pero viendo como le brillan los ojos a todo el que nos ha hablado de él, nos hubiera gustado poder hacerlo. Por lo que parece era una de esas personas que se encarga de enseñar y transmitir desde su ejemplo. Apasionado de su trabajo, enamorado de la tierra y muy buena gente. Así que también quisimos celebrar “el día de su cumpleaños” como celebraba él la vida cada día: con un vasito de vino blanco y unas aceitunas a eso del medio día.
  5. Volver y seguir soñando con nuevos destinos.  Como decimos en el Síndrome del Eterno Viajero II “la vuelta no es el fin del viaje, solo forma parte de él”, o eso nos repetimos nosotros cada vez que nos toca volver y poner en marcha alguna de las claves para sobrevivir a la vuelta. Soñar con nuevos destinos es una de nuestras preferidas. Además de que es gratis da mogollón de gustito.
  6. Cumpleaños de Rubén. “El Señor” de la familia cumple años en agosto. Este Leo ascendente Leo se ha pasado la vida celebrando sus cumpleaños solo hasta llegar a la edad adulta en la que los cumpleaños han pasado a convertirse en celebraciones “around the World”. Lo mismo cumple años en Camboya, que en medio del caos de la India o en la ordenada Suiza. Sus regalos han dejado de ser cosas para transformarse en experiencias, comidas exóticas y momentos que recordar. Y sus tartas han dejado de ser perfectas para convertirse en un muffin, una tableta de chocolate o una bola de helado improvisadas sobre la marcha y no siempre con velas que soplar.
  7. Juntarse con la familia. Todos los que nos vamos lejos sabemos que de vez en cuando soñamos con esas croquetas de mamá, el arroz de los domingos o el gazpacho veraniego. Los sabores de casa en compañía de los de casa. Aquellos que nos regalaron raíces y alas y que han decidido acompañarnos a diferentes destinos en más de una ocasión. Los que han pasado de ser padres a ser abuelos. 
  8. Volver a casa. De todas las veces que hemos ido y hemos vuelto esta ha sido la más guay con diferencia. Por primera vez, volvíamos a nuestro hogar. Nos esperaban nuestras camas, nuestras pocas cosas (que poco a poco van siendo otra vez demasiadas), los amigos, la huerta convertida en casi jungla… el paisaje apocalíptico de Fuerteventura y la cuarta nube. 

Convoy furgo

Las montañas a ritmo slow

Fueron los japoneses los que le dieron nombre a esta practica que tiene más que ver con la meditación en la naturaleza que con la actividad física a la que estamos más acostumbrados y la llamaron “baños de bosque”. Necesitábamos los bosques y el verde, pero en esta ocasión no podíamos hacer grandes trekings. En una de las ecografías salió un parámetro de tensión en las arterias intrauterinas alterado y eso implicaba más revisiones y la recomendación de hacer vida tranquila.

Nota: con esta noticia iniciamos el primer programa de la quinta temporada del podcast Hola, Mundo. Un jarro de agua fría que hizo que nos planteáramos la posibilidad de cancelar el viaje. Queríamos darle a Tindaya (ya desde la barriga) todas esas sensaciones que nos invaden cuando viajamos. Que empezara a asociar el movimiento con el bienestar en sus memorias uterinas. Y sí, que se fuera acostumbrando a lo que vendrá.

Finalmente hubo paseos cortos, baños de bosque entre árboles, subidas a las cimas en telesilla y varias bajadas a cámara lenta. Una forma muy light de vivir las montañas aunque también con múltiples beneficios (y si no, que se lo digan a los japoneses que utilizaron los baños de bosque como terapia para reducir los niveles de estrés de la población).

Niño bosque

El viaje de las cuevas

Cuando dejamos de lado lo que hay que hacer y lo que hay que ver para centrarnos en lo que realmente necesitamos, en ese momento, justo entonces… surge la magia (aunque solo una vez que miramos hacia atrás cobra sentido). Algo así como las figuras que se forman uniendo puntos. Solo que somos nosotros los que vamos tomando decisiones en función de cuál es la siguiente dirección a la que queremos ir. Para después, una vez terminado, separarnos del papel y descubrir cual ha sido la figura que ha quedado. Nosotros no sabíamos que este se iba a convertir en el viaje de las cuevas. Empezamos por la cueva de El Soplao en Cantabria para seguir con cuevas de Hielo en Austria y las cuevas de Postojna en Eslovenia.

¿A qué os recuerda una cueva?

Es algo oscuro, recogido, protegido y con una temperatura más constante que la del exterior. Una cueva es un útero subterráneo de gran tamaño y ahí hemos pasado gran parte de este verano. Nunca fue algo previsto. Simplemente, sucedió.

Cueva de Hielo

Dicen que la serendipia es un fenómeno que aumenta su frecuencia en gran medida en los viajes y aunque el diccionario la describe como “encontrar por casualidad algo que no se buscaba”, a nosotros nos gusta pensar que este verano salimos de Fuerteventura en busca de momentos que celebrar, de baños de bosque y de cuevas (aunque no lo sabíamos).

Por cierto, aunque todo el mundo pensó que este viaje era una temeridad, en las siguientes revisiones aquel parámetro que había salido desajustado, volvió misteriosamente a la normalidad justo por hacer lo que más nos gusta: viajar. Ya sabes, “esa enfermedad que te salva la vida”.

 

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