Actualizado 28/02/18

A pesar de que Hoi-An es una pequeña ciudad excesivamente turística, no deja indiferente a nadie.

Bueno, como esto sólo lo has hablado con tu acompañante y opina lo mismo, pues tienes el 100% de fiabilidad al afirmarlo. Es cierto que tiene muchas tiendas, mucho restaurante, mucho “entertainment”… pero hay que reconocer que es bonita (se nota que no sufrió los bombardeos en la guerra) y que hay mucho que ver y hacer. Si vienes desde Ninh Binh o Hué, te hace ilusión encontrarte con un sitio así y claro, “caes”.

Caes y te haces un mix turístico-mochilero: recorres las calles de Hoi-An una y otra vez hasta que casi te las conoces de memoria, entras una y otra vez a su curioso mercado, vas a comer al Mango Rooms, a las Islas Cham, a las ruinas de My Son, te haces un vestido a medida en Yaly… y claro, como te has pasado dos pueblos, compensas con una excursion en bici freestyle, comes en todos los puestos callejeros que puedes, bebes “fresh biar” (barata y en pequeña botella de plástico) y te dedicas a observar…

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Cuando piensas en Vietnam, te preguntas si es verdad que van con ese sombrero tan característico y transportan cosas “a palo sobre el hombro”. Es algo tan característico como normal en cualquier ciudad del país (sea grande o pequeña). Y es en esos momentos cuando te alegras de que la globalización no tenga los dedos tan largos.

“Las peluquerías” vietnamitas son dignas de un reportaje en profundidad. A veces te encuentras con peluqueros autónomos (artistas de la tijera que desempeñan su importante labor estética en plena calle) y otras, en establecimientos especializados…

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En este caso, te gusta la profesional y perfecta postura del maestro peluquero. Te encanta el poster de la chica como ejém… “posible corte de pelo que hacerte” en la pared, la mirada del sujeto objeto del corte de pelo… (siempre que le miras a los ojos te preguntas qué estará pensando). Propongamos tres opciones, aunque se admiten más sugerencias:

1) Lo sé… yo tampoco tengo claro que este tío me vaya a dejar bien.

2) Otro occidental “metiendo la cámara” donde no le llaman.

3) ¿Y tú qué miras si eres calvo?

También reparas en el prototipo de familia Vietnamita standard. Son cuatro. Ella, él, él pequeño y ella más pequeña. Se mueven en scooter (como todo el mundo) y se distribuyen de la siguiente manera: palito, palo, palito, palo. Los cuatro llevan en la cabeza cualquier objeto que no cumpla la función de un casco homologado: gorras del Barça, sombreros, una simple tela para eso sí -protegerse del sol-, semicascos imitación de Burberry´s que no aguantan ni un estornudo, etc. Eso, si estás de la mitad del país hacia el sur. En el norte han depurado la técnica y muchas veces no llevan nada. ¿Qué puedes decir? ¿No es realmente enternecedor? La familia que viaja unida, concentrada y compacta… permanece unida.

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Y así pasas los días en Hoi An… entre aracciones turísticas, restaurantes de bien y observaciones de campo que te dejan con la boca abierta.

 


 

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Este post forma parte del viaje que hicimos por Vietnam y Camboya durante un mes que bautizamos como “las últimas vacaciones”. Si quieres leer el resto de los artículos de esta serie haz click aquí.

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